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Elkin Emilio Villegas Mesa De Cicerón a nuestros días
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En esas circunstancias, es claro que se termina por atentar contra la subjetividad humana. Por ello, se podría decir que la humanidad parece haber estado lisiada simbólicamente desde los inicios, en cuanto a la tensión que corresponde a los deberes y los derechos humanos, los cuales, en la presente elucidación, están ligados a las nociones de paz y sociedad, a partir de la interpretación del tratado sobre los deberes en Cicerón, así ello sea tildado de reduccionismo. A partir de esta perspectiva se podría decir que las preocupaciones fundamentales de Cicerón, si bien se enmarcan en la defensa de los derechos y en la creación de condiciones mejores para la sociedad de su tiempo, giran realmente en torno a la cuestión central de la búsqueda de la paz, que no debe entenderse como ausencia de conflicto. En realidad, la paz que nunca llegó para Cicerón y que tampoco ha sido continua desde Kant hasta nosotros, probablemente siga teniendo múltiples obstáculos, tanto internos (dadas las pasiones del ser, la primacía del narcisismo, que da lugar a la inexistencia del otro y las formas imaginarias de la ley y del lenguaje) como externos (por los conflictos socioeconómicos, las prácticas políticas corruptas y la inadecuación entre la verdad y las formas jurídicas).39 Según Stavrakakis: “Probablemente nos iría mejor si admitiéramos esta relación paradójica en lugar de reprimirla, si reconociéramos esta tensión entre saber y experiencia que marca nuestra vida, si inscribiéramos una y otra vez los límites del discurso en su propio entramado simbólico” (2010, pp. 29-30).
Entonces, no hay paz desde una perspectiva simbólica y real, por la presencia de impulsos o inclinaciones destructivos. Es esto lo que le va a permitir a Freud afirmar, en El malestar en la cultura, sin denegaciones, desmentidas y rodeos que
el ser humano no es un ser manso, amable, a lo sumo capaz de defenderse si lo atacan, sino que es lícito atribuir a su dotación pulsional una buena cuota de agresividad. En consecuencia, el prójimo no es solamente un posible auxiliar y objeto sexual, sino una tentación para satisfacer en él la agresión, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infligirle dolores, martirizarlo y asesinarlo (1979, vol. XXI, p. 108).
Según este autor, apoyado en Plauto, “el hombre es el lobo del hombre” (Homo homini lupus), razón por la que consideramos que existe una articulación lógica ineludible entre los derechos humanos y la sociedad. Conceptos que se subsumen en el valor máximo de la paz y que, en la perspectiva de la banda o cinta de Moebius, se sitúan topológicamente en la externalidad, pero operan gracias a la conexión interna con los deberes morales.
Bajo esta onda de pensamiento germinó en Medellín, ciudad sitiada por la muerte, como la Roma de Cicerón, el Festival Internacional de Poesía, el cual
nació precisamente como respuesta a ese asedio y a nuestra indeclinable voluntad de tener un país justo y en paz. De esta guerra, pues, que ya contabiliza poco más de 50 años, hemos dedicado 25 a la búsqueda de la paz, y lo hemos hecho desde el alto e inviolable territorio de la poesía. Las condiciones son hoy sin duda menos oscuras que las de años anteriores, en algunos de los cuales la búsqueda de la paz fue considerada sinónimo del terrorismo. Pero la paz es ya algo más que un propósito nacional: es también, lo ha sido siempre, la ambición perpetua de la poesía.40
Este esfuerzo cultural se solidariza con las preocupaciones de Cicerón, quien por su trabajo en pro de la paz romana es considerado un contemporáneo de nuestras propias inquietudes como colombianos.
Puede pensarse que Cicerón sabía, al igual que nuestro prócer Antonio Nariño, quien tampoco fue un tirano, que para encontrar la paz en la vida social es necesario practicar el perdón, así sea difícil, en palabras de Paul Ricoeur (2004), y aún el olvido, para llevar a cabo una verdadera reconciliación.41 En uno de los muros del Museo Casa de la Memoria de Medellín, dice un eslogan: “La paz no es una búsqueda reciente”, lo cual es una verdad que se puede verificar revisando la historia. Al respecto, la periodista Claudia Palacios afirma:
Para hacer la paz no es imprescindible firmar un acuerdo de paz. De hecho, Colombia ha firmado al menos cinco en los últimos treinta años y aún el país no está en paz […] la paz más firme, la menos vulnerable, es la que se fundamenta en la convicción personal de que cada individuo en sí mismo es un constructor o un destructor de paz (2015, p. 11).
Entonces, la paz siempre se ha buscado en Colombia, pero también en todos los territorios en los que ha tenido lugar una comunidad insatisfecha; y al parecer ello ha sucedido así desde la más remota de las noches de todos los tiempos. La humanidad siempre ha buscado la paz con tanta obstinación, como en el ámbito del amor ha perseguido la relación sexual o en el campo religioso la salvación cristiana, las cuales sospechamos, con Freud y Lacan, son más una ilusión que algo real. En esta perspectiva es necesario operar una resignificación de nuestras expectativas sobre tales expresiones o significantes y otras reformas sobre la experiencia humana.
Erróneamente se ha considerado que el olvido es saludable o terapéutico, que es un medio para alcanzar la tranquilidad del alma y la paz social; sin embargo, la literatura, el arte y el psicoanálisis ponen en evidencia que el olvido es un mecanismo a través del cual se potencian el malestar, la culpa y la repetición de aquellos males que se pretendían evitar. El problema es que aún se procura imitar o reproducir la “política de perdón y olvido”, la cual, en el pasado, fue un claro fracaso en países como Argentina y Chile. La paz es un efecto de la elaboración del odio, la agresividad y la violencia por medio del diálogo, no solo con la subversión sino también con los gobernantes disidentes vecinos. Interpretando a Freud (1979), en El Malestar en la Cultura, se trata de sublimar la pulsión de muerte por medio de los recursos simbólicos que nos brinda la cultura, entre los cuales podríamos mencionar aspectos concernientes al problema de la culpa, el arrepentimiento y la reparación. Es lo que en parte consideramos que hizo Cicerón por medio de la subversión cultural que llevó a cabo, y que se asemeja en varios puntos a la que autores como Hegel, Freud y Lacan también realizaron, según Yannis Stavrakakis (2010), por medio de sus respectivas izquierdas.42
Ahora, a tal lesión alegórica o estado del alma, varios filósofos griegos y romanos, en especial Sócrates, Platón, Aristóteles, Marco Aurelio, Séneca y Cicerón, no cesaron de referirse en sus respectivas épocas y contextos socioculturales. Cicerón, por ejemplo, percibió, a partir de los estoicos, a quienes admiraba, la inclinación natural a hacer el bien, por lo cual ellos decían: “Haz el bien y evita el mal”. Es por esta vía como se podría decir que Cicerón encuentra el fundamento de los derechos humanos en la recta razón, la cual tiene por función discernir lo bueno (en el comportamiento humano) como algo justo, virtuoso y verdadero, y lo malo como algo injusto, perverso y falso.43 Lo malo es malo aquí y en Capernaum.44 Matar, por ejemplo, es malo y no existe en ninguna parte un código moral o de procedimiento penal que avale la muerte injusta de un semejante. En cuanto a esto, Cicerón le confesaba a Ático, su editor, dos de sus más grandes temores: “He conocido la pobreza y no la recuerdo con placer. Los que jamás la han conocido pueden decir que tiene sus encantos. Eso es mentira. Temo a la pobreza tanto como a la muerte. Ambas son degradantes” (Caldwell, 2011, p. 750). Barba Azul (o Gilles de Rais, 1404-1440), por ejemplo, se dice, gozaba como sádico asesino dándoles muerte a otros; pero por el hecho de que él experimentara placer no podemos decir que ello sea bueno. Es como decir que porque el psicópata no siente culpa o remordimiento al cometer un crimen, entonces ello no es malo y tal conducta debería ser imitada por la mayoría.
Para concluir, digamos que el esfuerzo de Cicerón se caracteriza por intentar transformar una vida mundana en algo sublime. En esta perspectiva se podría decir que tanto la moralidad, como los deberes y la culpabilidad, esta última derivada de los dos factores anteriores, constituyen un progreso en la civilización, más exactamente, en la terminología de Freud (quien también creyó, como Cicerón, en la razonabilidad civilizada de los hombres), una sublimación, es decir, una satisfacción sustitutiva indirecta de las inclinaciones o pulsiones humanas, las cuales nos desnaturalizan al no estar sujetas a instintos biológicos. Recordemos que el deseo humano no es natural.45 La represión de tales inclinaciones da lugar, en la perspectiva de Freud, a la creación de la moral, la cultura y las prohibiciones, como fundamento de los derechos humanos. La ética de los deberes en Cicerón es en la contemporaneidad otro de los nombres de la culpabilidad, la cual, desafortunadamente, está más ausente que presente en la época en que los grandes ideales y la función paterna han caído, como efecto de la influencia del capitalismo salvaje y cognitivo. Por la sublimación los seres humanos somos como dioses: capaces de crear y encauzar nuestras pasiones incestuosas y parricidas.
Por la capacidad para la sublimación (entendida con Lacan como el paso de la parálisis del dolor del síntoma a la creación del sinthome o del Significante-Nombre-del-Padre) los seres humanos también hacemos ciencia, arte, poesía, literatura, derecho y religión,46 oficios estos que llevamos a cabo para no pensar y defendernos de nuestra propia desgracia y perversión. Es por esta razón por la que indicamos que los deberes simbólicos (no imaginarios) en Cicerón constituyen, lo mismo que los tratados morales y la convención de los derechos humanos, un progreso civilizado en pro de las distintas formas de la simbolización, la cultura y la paz mundial. Sin embargo, parece ser que en la actualidad la paz que se oferta por parte del discurso publicitario y los dispositivos del consumo (como un significante producto del mercado ideológico de quienes se angustian a la hora de enfrentar la falta estructural del ser como algo real de la experiencia humana) es más el porvenir de una ilusión que algo coherente con la realidad social. Por ello, parafraseando a Cicerón a partir de Stavrakakis, se podría decir, en términos de la lógica de la perversión: “Sé muy bien que la paz nunca llegó, pero, aun así, sigo luchando por ella, cuésteme lo que me cueste”. Desmentida que al parecer ha operado en el curso de la humanidad; aún seguimos esperando que la tranquilidad del alma y la paz social lleguen sin esfuerzos y renuncias, lo mismo que la salvación cristiana.
Elkin Emilio Villegas Mesa
Psicólogo social-Psicoanalista
Medellín, 11 de septiembre de 2019
2 Tanto la adecuación como la oposición entre las palabras y las cosas es conocida en la filosofía antigua por pensadores como Heráclito, Parménides y Pitágoras. Para este, por ejemplo, las palabras corresponden, por naturaleza, a las cosas. La realidad está en los números; de ahí que, al ser nombrada la realidad, la palabra se adecúe a ella.
3 Aspecto que se asemeja a las nociones de palabra plena y bien decir en Lacan, por lo cual el psicoanalista francés debió tener razones de sobra para apreciar la obra de Cicerón.
4 Idea obsesiva que lo hizo entrar en confusión con sus afectos, pues prefirió apoyar más fácilmente a Pompeyo (un militar respetuoso de la ley) que a su amigo de infancia César (enamorado del poder), con lo cual “comprendía que al ponerse de parte de Pompeyo arriesgaba su vida, pero ya no le importaba” (Caldwell, 2011, p. 778).
5 Sobre la incertidumbre recomiendo el texto: “La ética de la incertidumbre en las ciencias sociales” de François Houtart (2009), que hace parte del libro El camino a la utopía desde un mundo de incertidumbre.
6 Entre los cuales figuran las Bacrim (Bandas Criminales), quienes, con Pantera (el jefe) a la cabeza, consideran que sus acciones están plenamente justificadas por una moralidad que, al parecer, ha perdido el norte, pues desconoce las diferencias esenciales entre el mal y el bien. En la época del declive de los deberes morales, al parecer, todo está permitido (Caracol Televisión, 21 de junio de 2015).
7 Llevado a cabo los días 15 y 16 de abril de 2015, en el auditorio Aula Magna de la Universidad Pontificia Bolivariana y en la Casa Museo de la Memoria, respectivamente. En tal contexto, el profesor Álvaro Sánchez Bravo, de la Universidad de Sevilla, España, decía que es más conveniente hablar de sobrevivientes del conflicto armado en Colombia que de víctimas. Al respecto, también es oportuno pensar tal noción a partir de la teoría psicoanalítica sobre el concepto de superyó, la cual se articula con la noción de los deberes en Cicerón. En la perspectiva de León Valencia, director de la Fundación Paz y Reconciliación, es un deber de los colombianos trabajar por estos dos grandes propósitos de la vida en sociedad. Ver https://www.facebook.com/fundpares, los cuales se vinculan con la emoción, el afecto y la pasión, así, en el curso del siglo xx, las ciencias sociales hayan procurado eliminar tales afecciones.
8 Nombre que proviene del latín y que significa hombre que usa el bastón.
9 O el “leviatán” en la perspectiva de Thomas Hobbes, quien consideraba que el Estado tenía la obligación de imponer el deber de obedecer la ley. Cicerón definía la naciente noción de Estado en los siguientes términos: “Es una multitud de hombres ligados por la comunidad del derecho y de la utilidad para un bienestar común” (Wikipedia, s. f.).
10 Enseñanzas que le fueron impartidas en la familia y en la escuela de Pilón por parte de su compañero de estudios, el judío Noé ben Joel, de quien “pudo aprender el hebreo, la lengua de los sabios, que era un idioma articulado como el latín” (Caldwell, 2011, pp. 71-79).
11 Los deberes son pensados básicamente desde dos perspectivas: moral y jurídica. Sobre tal distinción, sugiero leer el artículo titulado: “Los deberes humanos”, del profesor peruano Pedro Donaires Sánchez. Recuperado de http://www.derechoycambiosocial.com/RJC/Revista13/deberes.htm.
12 Como la guerra del Peloponeso, llevada a cabo en los años 431 y 404, en la que Atenas y Esparta luchaban por la primacía de Grecia. O la paradójica guerra santa (yihad) de las organizaciones islámicas en la actualidad, la cual parece que es efecto de la “caída del nombre del padre” o “del orden patriarcal”, que se asocia con las dificultades estructurales para poner en práctica los derechos humanos y la paz en la vida social. En esta perspectiva, Freud (1917) decía en la “16ª Conferencia. Psicoanálisis y Psiquiatría”: “Nunca he podido convencerme de la verdad de la sentencia según la cual la guerra es el padre de todas las cosas” (Obras completas, XVI, 1979, p. 224), afirmación con la cual Cicerón, como pacifista de la antigüedad, también habría estado de acuerdo.
13 Lucio Sergio Catilina “fue un destacado político romano de la era tardo republicana, perteneciente a la facción de los populares. Catilina ha pasado a la historia por ser el protagonista de la llamada conjuración de Catilina, una conspiración que, según las acusaciones formuladas por Marco Tulio Cicerón, habría consistido en destruir la República romana. Las dos fuentes principales de información sobre Catilina son precisamente las más hostiles al personaje. Marco Tulio Cicerón, su mayor enemigo político, no ahorró ninguna denuncia contra él, especialmente en sus discursos llamados Catilinarias, mientras Cayo Salustio Crispo le atribuyó algunos de los más viles crímenes en su monografía moralista Bellum Catilinae. A pesar de ello, la ‘Conjuración de Catilina’ sigue siendo uno de los más famosos y turbulentos hechos de las últimas décadas de la República romana” (Wikipedia, s. f.).
14 Tanto en los pensadores griegos como en el discurso y la oratoria de Cicerón, es posible rastrear e identificar distintas formas y relaciones entre lo imaginario, lo simbólico y lo real. Categorías o registros que probablemente el psicoanalista francés Jacques Lacan construyó, elaboró y resignificó a partir de aquellos. Según Lacan, el sujeto está constituido por esos tres registros y antecedido por el lenguaje, de donde se sigue que el lenguaje también está compuesto y atravesado por esas mismas categorías. Tres formas del pensamiento que se articulan y se expresan en el lenguaje y la cultura humanos, dando lugar (en el caso de Cicerón) a la creación de un vademécum moral que podría permitir los pactos simbólicos para vivir en relativa paz.
15 En cuanto a los derechos humanos, digamos que son humanos porque son del hombre, de la esencia de lo humano, y es el hombre el único destinatario de ellos, razón por la que tales derechos demandan reconocimiento, respeto, tutela y promoción de parte nuestra, y en especial de las autoridades, las cuales, como en la época de Cicerón, tienden a desconocerlos, al no primar en ellas una postura democrática, sino la simpatía por el dinero y el poder.
16 En esta onda de pensamiento, se esboza una intertextualidad entre los deberes de Cicerón y la noción de prudencia entre los griegos, en especial en Aristóteles, desde la óptica del texto intitulado La prudencia en Aristóteles del filósofo Pierre Aubenque (1999), quien concentra su elaboración en las tres éticas que nos han llegado del estagirita: la Ética a Eudemo, la Ética a Nicómaco y los Magna Moralia. Se podría decir que la prudencia en Aubenque es la síntesis de todas las virtudes: es el buen juicio, el arte de la medida y de la oportunidad en el obrar. Prudencia para el autor implica valor, templanza, justicia y sabiduría práctica. Factores todos ellos necesarios para esbozar, elaborar y edificar la lógica de los derechos humanos.
17 La obra sobre los deberes (De officiis) de Cicerón ejerció una “especial influencia en los padres de la Iglesia, sobre todo en San Ambrosio” (Cicerón, 1984a, p. XII). Ahora, la palabra plena de la que aquí hablamos se asemeja a lo que Cicerón dice de su maestro Catón el Viejo, quien usaba el lenguaje con regla y medida al hablar. Un pensador en el que la vida estaba en “perfecta armonía con las palabras” (Cicerón, 1992, p. 49). Sin embargo, tal palabra no está desprovista totalmente de deseos, ilusiones y factores imaginarios.
18 Noción por la que el filósofo y psicoanalista Jacques-Alain Miller, según AME, propone reemplazar en la actualidad el concepto freudiano de inconsciente, argumentando que la idea lacaniana del parlêtre está en relación más íntima con los conceptos de letra, palabra y ser que el de inconsciente; conceptos que a su vez podrían estar en relación lógica con la tríada de lo real, lo simbólico y lo imaginario.
19 Milán, 15 de marzo de 1738-28 de noviembre de 1794.
20 Sobre la justicia transicional ver: https://www.ictj.org/sites/default/files/ICTJ-Global-Transitional-Justice-2009-Spanish.pdf y http://www.razonpublica.com/index.php/politica-y-gobierno-temas-27/7075-justicia-transicional-sus-cinco-retos-en-colombia.html.
21 Título a partir del cual, quien aquí escribe, le preguntó: “si lo ‘del verano’ podría ser una gran metáfora, justamente doscientos años después del nacimiento en Occidente de la leyenda del vampiro y de Frankenstein, un ser viviente compuesto con fragmentos de cadáveres, ‘de la paz’ en Colombia”. A lo que dijo, parafraseando su respuesta, que “quizá, pero de manera inconsciente” (lanzamiento de la novela realizado en Medellín, en el contexto de la 9ª Fiesta del Libro y la Cultura. Leer la vida). De hecho, manifestó, como dato curioso, no haberse desconectado nunca de la realidad social de nuestro país; incluso, a los tres años de haber iniciado la novela, tuvo que hacer un alto en el camino para escribir el ensayo sociológico titulado Pa’ que se acabe la vaina. Ahora bien, parece ser que las expectativas de paz en Roma, en la perspectiva de Marco Tulio Cicerón, fueron tan utópicas como lo son en nuestro medio. En cuanto a la utopía, nos dice el autor griego Yannis Stavrakaki: “La ‘utopía’ capitalista es principalmente una ‘utopía’ virtual. Ya sabemos que la armonía prometida por el fantasma publicitario no puede hacerse realidad” (2010, p. 271). Recordemos que la función del fantasma consiste en satisfacer el deseo, así ello sea imposible.
22 Y a propósito de grupos guerrilleros y de subversión, es oportuno recordar que el pasado 6 de noviembre de 2015 se conmemoraron en Colombia los treinta años de la sangrienta toma (con noventa y ocho muertos) del Palacio de Justicia, por un comando de guerrilleros del Movimiento 19 de abril (M-19) (Wikipedia, s. f.).
23 Tal como lo dice Juan David Nasio, nos dice Yannis Stavrakakis: “La fórmula de Lacan, ‘no hay relación sexual’, es precisamente un intento de delinear lo real, de localizar o cercar la falta del significante del sexo en el inconsciente” (2010, p. 31). Aunque nunca podemos simbolizar plenamente lo real de la experiencia en sí, es posible delinear (incluso de forma metafórica) los límites que impone a la significación y la representación, los límites que impone a nuestras teorías.
24 La monarquía es asociada con un dios único, creador y director del mundo por medio de unas admirables reglas de la razón en autores como Platón, Aristóteles, Antístenes, Tales, Pitágoras, Anaxímenes y en estoicos como Cleanto, Crisipo y Zenón o entre los romanos Séneca, Marco Aurelio y Cicerón.
25 Pensamos que tanto Cicerón con su oratoria como el discurso psicoanalítico operan como instancias de reivindicación del sujeto, mientras que el consumismo actual funciona en la dirección del caos, del goce y de la destitución de la sensibilidad subjetiva.
26 “La obra fue escrita entre el año 55 a. C. y el 51 a. C. Se desarrolla (con fundamento en La república de Platón) también en forma de diálogo (hipotético) en el año 129 a. C. entre Escipión Emiliano, que moriría pocos días después, Lelio y otros personajes menores, en la villa suburbana del mismo Emiliano. En el escrito se analizan las formas de gobierno y sus degeneraciones (de monarquía a tiranía, de aristocracia a oligarquía, de democracia a oclocracia o gobierno de la muchedumbre y la vuelta a la monarquía). De los seis libros que la componían quedaron completos solo los primeros, además de lo transmitido por otros autores, como Macrobio, Lactancio, Nonio y san Agustín. Se tienen, además, fragmentos del tercer al quinto libro y la conclusión del sexto, que fueron descubiertos por el cardenal Angelo Mai en 1819, en un palimpsesto en El Vaticano bajo el comentario de San Agustín a los salmos 119-140 de David. Partiendo del diálogo platónico, Cicerón, moviéndose en el ámbito del estoicismo de su formación filosófica, expone la teoría constitucional de la Roma antigua, estableciendo el nexo existente entre la moral de las costumbres políticas y las virtudes morales de los comportamientos individuales” (Wikipedia, s f.). Aunque Cicerón prefiere, de todas las formas de gobierno, la monarquía, considera que mejor que ella es la combinación, un gobierno mixto de los tres modos descritos, más realista que la idea imaginaria de Sócrates con la democracia.
27 En cuanto a la democracia, Yannis Stavrakakis, inspirado en Cross, nos dice: “En el pasado, la democracia perdió muchas batallas contra el nacionalismo, el racismo y el fundamentalismo. Ahora está perdiendo la guerra contra la posdemocracia consumista, porque incluso ‘las metas relativamente abiertas y poco exigentes que se propone la democracia liberal para la vida pública han fracasado en su competencia con el consumismo’” (2010, p. 305).
28 He aquí una alusión fundamental a la interesante obra de Martha C. Nussbaum (1995), titulada La fragilidad del bien: fortuna y ética en la tragedia y la filosofía griega.
29 En este sentido, habría que pensar los efectos de la moralidad extrema de Cicerón y cómo esta pudo influir en el desenlace trágico de su hijo, pues, gracias al psicoanálisis, en la actualidad sabemos que existen crímenes del superyó (o de una conciencia moral severa), desenlace que sumió a Cicerón en una profunda depresión.
30 Cicerón se muestra orgulloso de la Constitución de la República de Roma en varios apartes de su obra Sobre la república, obra que dio lugar a otra, Sobre las leyes (que se puede definir como un tratado general de la filosofía del derecho), tal y como lo había hecho Platón, el filósofo preferido por Cicerón. Además, Cicerón sueña con el príncipe republicano ideal, en contraposición al príncipe de Maquiavelo, a quien podríamos pensar como representante de lo real.