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Джулс Хониг Las cosas que dejamos pendientes
Las cosas que dejamos pendientes
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Джулс Хониг Las cosas que dejamos pendientes

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La campanilla de la puerta suena cuando entra. A esa hora el local está más tranquilo que la noche anterior. Cerca de la ventana hay dos estudiantes con portátiles, una mujer lee un libro y un hombre habla por teléfono en voz tan baja que parece estar contando un secreto. Mateo está detrás de la barra. La ve casi inmediatamente.

Cassie espera una reacción, aunque no sabe cuál. Una sonrisa especial, una sorpresa, quizá una broma sobre su regreso. Mateo simplemente levanta una mano.

-Hola.

-Hola.

Perfecto. Dos adultos perfectamente normales saludándose como si no hubieran pasado media noche pensando en la conversación anterior. Cassie se acerca a la barra.

-¿Qué tal el primer día?

Ella lo mira con cierta sospecha.

-¿Cómo sabes que hoy empezaba?

-Ayer dijiste que volvías por un máster.

-Dije que empezaba un máster. No dije cuándo.

Mateo se apoya un momento en la barra.

-Empieza octubre, Cassie. No ha sido una investigación policial.

-Tienes razón. Me estaba preocupando.

-¿Por mi inteligencia?

-Por tu nueva carrera como detective.

Mateo sonríe y coge una taza.

-¿Lo de siempre?

Cassie mira la cafetera.

-¿Sabes qué? Hoy quiero azúcar.

Él se queda quieto.

-¿Azúcar?

-Sí.

-¿Estás bien?

Cassie intenta mantener una expresión seria.

-He cambiado mucho en cuatro años.

Mateo deja un sobre de azúcar junto a la taza.

-Esto sí que no me lo esperaba.

Ella termina riéndose. La incomodidad que esperaba sentir desaparece un poco, y durante unos minutos hablar con él resulta tan familiar que casi parece peligroso. Mateo le pregunta por el máster, Cassie le cuenta que ya ha conocido a una chica que se pierde en una ciudad de quince minutos, y él le habla de una clienta que lleva toda la mañana ocupando una mesa con un solo té. No hablan de los últimos cuatro años. Hablan alrededor de ellos.

Cassie se da cuenta poco a poco. Cada vez que una pregunta puede acercarlos demasiado al pasado, uno de los dos cambia de tema. Cuando Mateo pregunta por Madrid, ella responde hablando del tráfico. Cuando Cassie pregunta si él sigue estudiando Arquitectura, Mateo empieza a contar una historia sobre un profesor insoportable. Es casi divertido. También es agotador.

-Entonces sigues con Arquitectura -dice Cassie.

-Sí. Estoy terminando el proyecto final.

-¿Después de cuatro años?

-Cinco.

Cassie arquea una ceja.

-No me mires así. Arquitectura es una forma de vida, no una carrera.

-Una forma de vida muy larga.

-Gracias por tu apoyo.

-Y trabajas aquí.

-Algunas tardes y los fines de semana. Mis padres siguen llevando el café, pero mi padre está intentando trabajar menos.

Cassie recuerda al señor Ruiz detrás de la misma barra muchos años antes. Siempre llevaba una camisa clara y llamaba «jefa» a cualquier mujer menor de treinta años.

-¿Cómo está tu padre?

-Bien. Más tranquilo. Mi madre dice que no sabe estar jubilado porque todavía no se ha jubilado.

-Eso tiene mucho sentido.

-En mi familia sí.

Mateo coloca una cuchara junto a su taza. Cassie mira sus manos y recuerda, sin querer, unas manos más jóvenes llenas de tinta negra después de una clase de dibujo técnico. Aparta la mirada antes de que el recuerdo pueda crecer demasiado.

-¿Y tú? -pregunta Mateo-. ¿Qué pasó con Madrid?

Ahí está. La primera pregunta que no puede responder hablando del tiempo.

Ponerse al día

Cassie mueve lentamente el sobre de azúcar entre los dedos. Ni siquiera lo ha abierto.

-¿Qué quieres saber?

-No sé. Cuatro años son bastante tiempo.

-Tres y medio.

Mateo la mira.

-¿Los has contado?

-No. Simplemente sé matemáticas básicas.

-Claro.

Cassie abre el azúcar y echa solo la mitad en el café. No le gusta especialmente dulce, pero ahora ya no puede cambiar de opinión sin darle a Mateo la satisfacción de comentarlo.

-Trabajé en Madrid después de terminar la carrera -explica-. Primero en una empresa pequeña y después en otra bastante más grande. Al principio me gustaba.

-¿Y después?

-Después me gustaba cobrar.

Mateo suelta una risa.

-Esa es una razón bastante buena para trabajar.

-No suficiente para levantarte cada mañana odiando el sonido del despertador.

La frase sale con más sinceridad de la que Cassie esperaba. Mateo no hace una broma esta vez.

-¿Por eso te fuiste?

-En parte.

Él espera, pero Cassie no continúa. No quiere hablar todavía de Marcos, de los últimos meses en Madrid ni de la sensación de estar viviendo una vida que había elegido casi por accidente. Mateo parece entender el límite y no insiste.

-¿Y el máster?

-Quiero cambiar un poco de dirección. O al menos descubrir si quiero cambiarla.

-Plan muy concreto.

-Tengo una carpeta con documentos. Eso siempre hace que un plan parezca serio.

-Eso sí lo recuerdo de ti.

Cassie levanta la vista.

-¿Qué cosa?

-Tus carpetas. Tenías una para todo.

-No es verdad.

-Tenías una carpeta para organizar otras carpetas.

-Eso es una mentira.

Mateo sonríe.

-Era azul.

Cassie abre la boca para responder y se detiene. Era azul. Durante un segundo, ninguno dice nada. Hay recuerdos pequeños que deberían desaparecer antes que los importantes: el color de una carpeta, una bebida favorita, una canción que alguien odiaba. Sin embargo, esos detalles permanecen escondidos durante años y regresan cuando menos se espera. Cassie bebe café.

-¿Tú nunca te fuiste? -pregunta.

-De Salamanca, dices.

-Sí.

-Unos meses. Hice prácticas en Valencia el año pasado.

-¿Valencia?

-¿Ves? Tú tampoco sabes nada de mi vida.

No lo dice con reproche. Precisamente por eso, la frase duele un poco más. Cassie baja la mirada hacia la taza.

-Perdimos el contacto.

-Sí.

No hay acusación en su voz, pero tampoco intenta suavizarlo. Cassie piensa en todas las veces que podría haber escrito. Cumpleaños. Navidades. Una noticia que le recordó a él. Una fotografía de Salamanca que apareció en su teléfono. Siempre había una razón para no hacerlo: estaba ocupada, era tarde, había pasado demasiado tiempo, quizá Mateo tenía novia, quizá ya no quería saber nada de ella. Después de cierto punto, el silencio se había convertido en costumbre.

-Yo también podría haberte escrito -dice Mateo.

Cassie levanta la cabeza.

-No estaba diciendo que fuera culpa tuya.

-Ya lo sé.

-Pero lo has dicho como si...

-Cassie.

-¿Qué?

-Estamos hablando de un mensaje de WhatsApp, no de un tratado de paz.

Ella lo mira dos segundos y termina riéndose.

-Bien. Retiro mi discurso.

-Gracias.

Por primera vez, el tema queda abierto entre ellos sin convertirse en una discusión. No lo han resuelto, pero tampoco han fingido que nunca existió. Para Cassie, ya es bastante.

Lo de siempre

Una pareja entra en la cafetería y Mateo tiene que volver al trabajo. Cassie se lleva la taza a una mesa junto a la ventana y abre el portátil. Intenta leer un artículo para la clase del día siguiente, aunque durante los primeros diez minutos lee el mismo párrafo tres veces.

Fuera, el viento empuja pequeñas hojas amarillas por la acera. Una bicicleta pasa demasiado rápido sobre un charco y salpica a un hombre que responde con un gesto poco elegante. Cassie sonríe detrás del cristal. La tarde se va oscureciendo poco a poco, y las luces del café se reflejan en la ventana hasta mezclar el interior cálido con la calle gris.

Es una de las cosas que más había echado de menos sin saberlo: los lugares pequeños donde una persona puede quedarse durante horas sin que nadie tenga prisa por echarla.

En Madrid todo parecía moverse. El metro, la gente, los planes, los trabajos, las conversaciones. Incluso descansar parecía una actividad que había que organizar. Aquí, sentada junto a una ventana mientras empieza a llover otra vez, Cassie siente que el tiempo avanza de otra manera. Una hora después guarda el portátil. Mateo está limpiando una mesa cercana.

-¿Has estudiado mucho?

-He leído tres páginas.

-Impresionante.

-Y he mirado por la ventana durante cuarenta minutos.

-Eso explica el éxito académico.

Cassie se pone el abrigo.

-Gracias por el café.

-Has pagado este.

-Entonces gracias por permitirme comprarlo.

-De nada. Intentamos ofrecer un servicio completo.

Ella se coloca el bolso al hombro y camina hacia la puerta.

-Cassie.

Se vuelve. Mateo señala la mesa.

-El azúcar.

El sobre está vacío junto a la taza.

-¿Qué pasa con él?

-Has usado medio.

-¿Y?

-Que mañana volverás al café sin azúcar.

Cassie lo mira.

-¿Mañana?

Mateo se encoge de hombros, pero hay una pequeña sonrisa en su cara.

-O cuando vuelvas.

Ella podría decir que quizá no vuelva. Podría recordarle que tiene una cafetera arriba, aunque produzca una bebida que apenas merece ese nombre. Podría hacer como si la idea de regresar no fuera evidente para los dos. En lugar de eso, abre la puerta.

-Buenas noches, detective.

-Buenas noches, Cassie.

Sale a la calle. La lluvia es fina y el aire huele a piedra mojada. Cassie camina los pocos pasos hasta la entrada de su edificio y, antes de sacar las llaves, mira una vez hacia la ventana del café. Mateo ya está atendiendo a otra persona. Todo parece normal. Quizá eso es precisamente lo extraño.

Durante cuatro años habían sido dos personas que ya no formaban parte de la vida del otro. Ahora viven a tres pisos de distancia y pueden encontrarse cualquier tarde delante de una taza de café.

Cassie sube las escaleras despacio. En el segundo piso escucha llorar al bebé del que Carmen le habló. Un poco más arriba empieza a sonar una guitarra y comprende que Carmen tampoco exageraba sobre eso.

Cuando entra en casa, deja el bolso sobre una silla y abre una de las cajas que todavía quedan en el salón. Mientras coloca varios libros en la estantería, piensa en la conversación de esa tarde. Valencia. El proyecto final. Su padre. Detalles pequeños de una vida que continuó sin ella. Se pregunta qué más no sabe. Y, por primera vez desde que volvió a Salamanca, se permite admitir algo sin buscar una explicación razonable. Quiere averiguarlo.

Ejercicios de vocabulario

1. Completa las frases

1. Después de cuatro años sin hablar, Cassie y Mateo intentan __________ una conversación.

2. Al principio hacen bromas para __________ y sentirse más cómodos.

3. Los dos necesitan __________ porque saben muy poco de sus vidas actuales.

4. Cassie intenta __________ su curiosidad por Mateo.

5. Durante varios años, Cassie y Mateo habían __________.

6. Mateo __________ el tema de Madrid, pero Cassie no quiere contar todos los detalles.

7. Cuando una pregunta resulta demasiado personal, uno de los dos intenta __________.

8. Cassie se __________ que Mateo recuerda detalles muy pequeños de su pasado.

9. Algunas cosas entre ellos siguen sin resolverse y ambos tienen asuntos __________.

10. A pesar de los años, hablar con Mateo todavía le __________ a Cassie.

2. Relaciona las expresiones con su significado

1. ponerse al día

2. perder el contacto

3. sacar un tema

4. quedarse con las ganas de

5. darse cuenta de

6. hacer como si

a. empezar a hablar de un asunto

b. fingir que una situación es diferente

c. dejar de comunicarse con alguien

d. intercambiar noticias después de un tiempo

e. notar o comprender algo

f. querer hacer algo y finalmente no hacerlo

3. Elige la opción correcta

1. Cassie vuelve a Café Libertad porque: a) Mateo la invita; b) necesita café y decide dejar de buscar excusas; c) Nora quiere conocer el lugar.

2. Mateo está terminando: a) Medicina; b) un curso de cocina; c) su proyecto final de Arquitectura.

3. Cassie cuenta que dejó su trabajo en Madrid porque: a) empezó a odiar su rutina; b) la despidieron; c) quería trabajar en el café.

4. Mateo vivió unos meses en: a) Sevilla; b) Valencia; c) Barcelona.

5. Al final de la capítulo, Cassie admite que: a) quiere conocer la vida actual de Mateo; b) quiere volver a Madrid; c) no piensa regresar al café.

4. Reescribe usando el vocabulario

1. Cassie y Mateo dejaron de comunicarse durante varios años.

2. Mateo empieza a hablar del pasado.

3. Cassie comprende que sabe muy poco de la vida actual de Mateo.

4. Los dos actúan como si todo fuera completamente normal.

5. Cassie y Mateo intercambian noticias después de mucho tiempo.

5. Responde con tus propias ideas

1. ¿Es fácil retomar una amistad después de perder el contacto durante años? ¿Por qué?

2. ¿Qué temas sueles evitar cuando acabas de reencontrarte con alguien?

3. ¿Crees que los pequeños detalles pueden demostrar que una persona todavía se acuerda de ti?

4. ¿Alguna vez te has quedado con las ganas de escribir a alguien?

5. ¿Es mejor hablar directamente de los problemas del pasado o esperar hasta tener más confianza?

Respuestas

Ejercicio 1

1. retomar

2. romper el hielo

3. ponerse al día

4. disimular

5. perdido el contacto

6. saca

7. cambiar de tema

8. da cuenta de

9. pendientes

10. resulta familiar

Ejercicio 2

1-d

2-c

3-a

4-f

5-e

6-b

Ejercicio 3

1-b

2-c

3-a

4-b

5-a

Ejercicio 4

1. Cassie y Mateo perdieron el contacto durante varios años.

2. Mateo saca el tema del pasado.

3. Cassie se da cuenta de que sabe muy poco de la vida actual de Mateo.

4. Los dos hacen como si todo fuera completamente normal.

5. Cassie y Mateo se ponen al día después de mucho tiempo.

Ejercicio 5

Respuestas libres.

Capítulo 3. La ciudad que recuerda

Vocabulario


Español

Русский


recorrer

recorrer, проходить, объезжать


traer recuerdos

вызывать воспоминания


venir a la memoria

приходить на память


reconocer un lugar

узнавать место


haber cambiado

измениться


permanecer igual

оставаться прежним


tener nostalgia

испытывать ностальгию


cruzarse con alguien

случайно пересечься с кем-либо


dar un paseo

прогуляться


quedarse atrás

оставаться позади


guardar un recuerdo

хранить воспоминание


estar a punto de

собираться что-либо сделать


atreverse a

осмелиться


borrar

стирать, удалять


seguir adelante

двигаться дальше

Una mañana dorada

El jueves amanece con un cielo limpio después de varios días de lluvia. Desde la ventana de su apartamento, Cassie ve una luz suave sobre los tejados y pequeñas gotas que todavía brillan en las barandillas de los balcones. El aire parece más frío que el día anterior, pero el sol convierte las fachadas de piedra en superficies doradas y hace que las hojas húmedas tengan colores más intensos. Algunas son amarillas, otras casi rojas, y muchas forman pequeños montones junto a las puertas de los edificios.

Cassie sale de casa más temprano de lo necesario. Podría tomar el autobús hasta la facultad, pero decide caminar. Desde que ha vuelto, tiene la sensación de que siempre está yendo de un sitio a otro sin mirar realmente la ciudad. Durante sus primeros años en Salamanca conocía cada calle del centro, sabía qué cafeterías cerraban tarde y qué caminos eran más rápidos cuando llegaba tarde a clase. Ahora quiere comprobar cuánto recuerda.

Al principio, el paseo resulta agradable y sencillo. Compra una botella de agua en una tienda pequeña, cruza una plaza donde varias terrazas empiezan a llenarse y pasa junto a una librería que no reconoce. En el escaparate hay novelas, cuadernos y una colección de postales antiguas de Salamanca. Cassie se detiene unos segundos. Antes había allí una tienda de ropa barata donde ella y sus amigas entraban después de clase, casi siempre sin comprar nada.

La ciudad ha cambiado, piensa. Luego mira el edificio de enfrente, una fachada estrecha con balcones de hierro y macetas pequeñas, y recuerda que una vez Mateo esperó allí casi cuarenta minutos porque ella había confundido la hora de una cita para estudiar. Algunas cosas han cambiado. Otras siguen exactamente en el mismo lugar, esperando a que alguien vuelva a mirarlas.

Cassie continúa andando. No está triste, pero siente una nostalgia extraña, menos dolorosa de lo que esperaba. Volver no significa recuperar una vida antigua. Esa vida ya no existe. Sin embargo, caminar por estas calles le permite encontrar pequeñas partes de sí misma que había dejado atrás sin darse cuenta.

Lugares que no olvidan

Después de las clases, Nora propone comer juntas, pero tiene una cita en el banco y se marcha pronto. Cassie podría volver directamente a casa. En lugar de eso, guarda el móvil en el bolso y empieza a caminar sin un destino concreto.

El centro está lleno de estudiantes y turistas. Cerca de la Plaza Mayor, un músico toca la guitarra mientras una pareja intenta hacerse una fotografía sin que aparezcan veinte desconocidos detrás. En una terraza, varias personas toman café bajo unas mantas que el camarero ha dejado sobre las sillas. El viento mueve las ramas de los árboles y de vez en cuando una hoja cae sobre una mesa o queda atrapada entre los pies de alguien.

Cassie cruza una calle y reconoce un bar pequeño con una puerta roja. El nombre ha cambiado, pero el interior parece casi igual. Durante el primer curso, ella, Mateo y otros compañeros iban allí los jueves porque las bebidas eran baratas y nadie tenía todavía suficiente dinero para elegir un sitio por su calidad.

Una imagen le viene a la memoria con tanta claridad que Cassie se detiene. Mateo está sentado frente a ella con diecinueve años, el pelo demasiado largo y una camiseta que Cassie odiaba. Está intentando convencerla de que puede reconocer cualquier canción con solo escuchar tres segundos. No podía. Había fallado cinco seguidas. Cassie sonríe sola y continúa caminando.

Un poco más adelante encuentra una pequeña plaza. Hay bancos bajo los árboles y el suelo está cubierto de hojas secas. Dos niños corren detrás de una pelota mientras su padre habla por teléfono. Cassie reconoce el banco de la esquina inmediatamente. Aquí estudiaron juntos una tarde antes de un examen.

Bueno, «estudiaron» quizá no sea la palabra correcta. Mateo pasó la mayor parte del tiempo dibujando edificios en los márgenes de sus apuntes y Cassie intentó explicarle un tema que él no necesitaba conocer. Después compraron bocadillos y se quedaron hablando hasta que empezó a hacer frío.

Cassie se acerca al banco, pero no se sienta. No quiere convertir el paseo en una visita organizada a todos sus recuerdos con Mateo. La ciudad también fue suya. Tuvo amigas, profesores, exámenes, noches en las que volvió sola a casa escuchando música y mañanas en las que se sentó en una biblioteca sin hablar con nadie durante horas. Aun así, Mateo aparece en demasiados lugares. Eso resulta irritante. Y un poco bonito. Cassie decide no analizar la segunda parte.

Una coincidencia

Cuando llega a una calle cercana a la universidad, entra en una panadería para comprar algo dulce. Sale con una bolsa de papel caliente y una decisión bastante firme de regresar a casa. En ese momento escucha su nombre.

-Cassie.

Se gira. Mateo está al otro lado de la calle con un tubo grande de cartón bajo el brazo y una mochila colgada de un hombro. Lleva un abrigo oscuro y parece tener prisa. Cuando los coches pasan, cruza hacia ella.

-Hola.

-Hola.

Mateo mira la bolsa.

-¿Eso es comida?

-Excelente observación.

-Gracias. La carrera me ha enseñado mucho.

Cassie abre un poco la bolsa.

-He comprado una napolitana.

-¿Una?

-Sí.

-Entonces no pensabas encontrarte conmigo.

-Definitivamente no.

Mateo pone una mano sobre el pecho, fingiendo estar herido.

-Qué recibimiento.

Cassie se ríe. Después mira el tubo de cartón.

-¿Proyecto?

-Planos. Tengo una reunión dentro de media hora y todavía no estoy seguro de que uno de ellos tenga sentido.

-¿No se supone que un arquitecto debe estar seguro de esas cosas?

-No hasta que le pagan.

La respuesta le resulta tan familiar que Cassie vuelve a sentir esa pequeña confusión de los últimos días. Mateo es distinto y, al mismo tiempo, algunas partes de él no han cambiado en absoluto.

Empiezan a caminar juntos. Él va hacia la facultad de Arquitectura y Cassie puede acompañarlo durante unas calles antes de tomar el camino de casa. Hablan de cosas fáciles: las clases, Nora, el vecino que toca mal la guitarra y la cafetera del apartamento de Cassie.

-¿Tan malo es el café? -pregunta Mateo.

-Creo que técnicamente no debería llamarlo café.

-Puedes bajar al Libertad.

-Qué casualidad que recomiendes el negocio de tu familia.

-Tenemos una estrategia de marketing muy agresiva.

-Sí, ya lo veo. Persigues clientes por la calle.

Mateo sonríe. Al llegar a una esquina, ambos reducen el paso. Delante de ellos está la pequeña plaza por la que Cassie acaba de pasar. Mateo mira hacia los bancos.

-¿Te acuerdas?

Cassie sabe exactamente de qué habla.

-No.

-Qué mentirosa.

Ella sonríe.

-De algunas cosas.

-Te pasaste una tarde entera intentando enseñarme economía.

-Y tú dibujaste sobre mis apuntes.

-Eran mejoras visuales.

-Dibujaste un edificio encima de una definición.

-Era un edificio excelente.

Cassie niega con la cabeza. Durante unos segundos, el recuerdo pertenece a los dos y ya no parece algo que ella haya encontrado sola en una calle antigua. Entonces Mateo mira el reloj.

-Tengo que irme.

-Sí. Tus edificios te necesitan.

-Probablemente.

Da un par de pasos y se vuelve.

-Cassie.

-¿Qué?

-Me alegro de que hayas vuelto.

La frase es sencilla y la dice sin dramatismo. Precisamente por eso Cassie no encuentra una respuesta rápida. Mateo levanta una mano.

-Nos vemos.

Ella lo observa alejarse entre la gente hasta que desaparece detrás de una esquina. Solo entonces continúa hacia casa. La napolitana se ha enfriado. No le importa.

Lo que permanece

Por la tarde, Cassie intenta estudiar en casa. Abre el portátil, prepara una taza de té y coloca los apuntes sobre la mesa junto a la ventana. Durante casi una hora consigue concentrarse. Después empieza a oscurecer y la habitación cambia de color. La luz azulada de la calle entra por el cristal mientras las lámparas de los edificios de enfrente se encienden una a una.

Desde abajo llega el ruido de Café Libertad. No puede distinguir las conversaciones, solo un murmullo constante, el sonido ocasional de una puerta y alguna risa. Cassie piensa en bajar, pero esta vez decide quedarse. No quiere que cada día en Salamanca termine con Mateo. Además, necesita construir una vida que no dependa de quién trabaja tres pisos más abajo. A las ocho, Nora le envía una fotografía de un libro que necesita para clase.

Nora: ¿Tú entiendes la página 47?

Cassie abre el documento.

Cassie: No.

Nora: Gracias. Me siento mejor.

Cassie: Podemos fingir que el profesor tampoco la entiende.

Nora: Ese es mi plan académico.

Cassie sonríe. Hablan unos minutos sobre el trabajo de la semana siguiente y quedan para estudiar juntas el sábado. Cuando termina la conversación, Cassie mira el salón. Todavía hay cajas sin abrir, pero ahora hay libros en la estantería, una manta sobre el sofá y una taza junto al ordenador. Poco a poco, el apartamento empieza a parecer suyo. Quizá con las ciudades ocurre lo mismo.

Uno no vuelve y recupera inmediatamente lo que dejó. Tiene que acostumbrarse otra vez a las calles, encontrar nuevas rutinas y aceptar que algunos lugares ya no existen. También tiene que descubrir qué partes del pasado todavía quiere conservar.

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