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Gabriel Pérez Gómez Álvaro d'Ors
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[47] Epistolario R. G., Pontevedra, 13-IX-1995.
[48] Por la mañana Paulis [Juan Pablo] y yo vimos gran parte de la Exposición (a pie). Por la tarde seguimos viéndola con Tío Fernando (en coche). La Exposición es formidable. Apuntes de un veraneo. 1929.
[49] Hay magníficos Rembrants, Van Meers, Rubens, Tintorettos, Tizianos y luego, como joya, la perfecta Madona Sixtina de Rafael, donde el maestro puso su máxima inteligencia unida al genio pictórico y estético. Apuntes de un veraneo. 1929. La referencia es al Museo de Dresden, que visita el 5-VIII.
[50] Me ha gustado mucho Il Allegro e Il Penseroso de Milton. Está bien esta expresión de “Where more is meant than meets the ear”. Apuntes de un veraneo. 1932. La expresión de John Milton («que dice más de lo que el oído percibe») es muy parecida a otra de Séneca (Epist. 114): «In quibus plus intelligendum est quam audiendum». También es muy significativo este otro pasaje: Martes 19. Por la mañana he traducido veinte versos de la Elegía III del L. IV de las Tristes y por la tarde doce versos más, pero no estoy contento, no sale bien. Sigo para no desanimarme, pero esta parte requerirá una traducción más seria. Por la noche he terminado la introducción al Catulo (edición de la Université de France, Budé) y las tres primeras poesías. Me encanta, y creo que siguiendo a la vez el texto latino y la traducción se debe aprender antes. Jueves 21. He traducido 23 versos de Ovidio, ahora va muchísimo mejor. ¡Cómo se desentrena uno en pocos días! Apuntes de un veraneo. 1932.
[51] De los hermanos de María Pérez Peix, Álvaro se casó con Carmen Bofill Benessat (hermana de Emilio Bofill, padre a su vez de Ricardo Bofill, conocido por su trabajo como arquitecto). Pilar se casó con un militar y terrateniente andaluz, Alfonso Martínez. Por su parte, Fernando permaneció soltero.
[52] «De su infancia solo recuerdo los días que pasaba en Argentona entre los otros primos de Madrid y Cataluña. Nunca se enfadaba, cosa tan frecuente en los niños». Ana María Pérez Bofill, carta al autor. Barcelona, 27-XI-2004. «Hasta antes del año 1931 y dado que yo era un niño y Álvaro un muchacho, solo tengo recuerdos físicos (con esa edad no se mantienen conversaciones) tales como que me bañaba con él en la Playa de Vilassar de Mar y que intentaba enseñarme a nadar». Fernando Martínez Pérez-Peix, carta al autor, La Palma del Condado, 4-X-04. Vilassar de Mar se encuentra a pocos kilómetros de Argentona.
[53] A principios de 1959 (C. P., p. 4.522) Álvaro hizo un resumen, en forma de cuadro, de sus capacidades fundamentales donde constataba su falta de fuerza en los brazos y su confianza en las piernas:
incapaz de ------------soy------------ capaz* deconducir vehículoshacer largas caminataslevantar grandes pesosaguantar el miedohacer grandes discursosdar leccionesser propietarioengendraraguantar el sueñobeber sin embriagarmebailarconducir una batallapersuadirrenunciar al aplausoser diplomáticoser actortocar un instrumentodirigir una orquestajugar al rugbyesquiar*capacidad fundamental, aunque pueda faltar la preparación técnica.
[54] Carta de María Pérez Peix. Sin fecha. Podría datarse en los primeros meses de 1923.
[55] Ana Rosa Bello Valenzuela, hija de Antonio Bello (hermano de Pepín Bello, que ha sido el superviviente más longevo de la «Residencia de Estudiantes»), guarda una colección de fotografías de esta época; entre ellas, algunas de este memorable viaje de estudios a Marruecos. De Pepín Bello, Álvaro d’Ors escribirá: Era hermano de un querido compañero mío de Bachillerato, Antonio Bello, naturalista y agricultor; el padre había sido un ingeniero conocido como continuador efectivo de los desvelos hidráulicos de Joaquín Costa. Veladas imaginarias, cit.
[56] Catalipómenos, cit.
[57] «Aún creo verte con tu marinera negra y tus borlas en las medias, cuando juntos a nuestros nueve años íbamos cantando camino del 1º-A ¿te acuerdas? Tú siempre fuiste el mejor. ¿Te acuerdas cuando aprendimos ‘La carrera’, aquella poesía larga...?». Carta de Jaime Nadal a Álvaro d’Ors, Palencia, 23-VII-1937. Los alumnos del Instituto-Escuela debían aprender todos los meses, de memoria, una poesía del tipo Los motivos del lobo, La sonatina, La marcha triunfal, A la gloria inmortal del Duque de Osuna… Por lo que se refiere a la indumentaria de Álvaro en este momento, se ve que el clima de Madrid había sido motivo de preocupación para su abuelo, acostumbrado a inviernos menos rigurosos: «Como tú eres un buen estudiante y hace tanto frío por las mañanas y por las tardes cuando vas y vuelves del colegio, me parece que lo mejor que te puedo regalar es un ruso de abrigo y unas botas fuertes, con doble suela». Carta de Álvaro Pérez González. Alicante, 18-II-1924.
[58] Se refiere a Tomás de Atauri. Se conservan varios cuadernos de Álvaro en los que esmera su caligrafía y reproduce, también con colores, muchos de estos dibujos a los que alude. Otro profesor de Ciencias Naturales era Federico Gómez Llueca.
[59] Catalipómenos, cit. Otra visión de este mismo asunto, sosteniendo que eran muy pocos los que «daban» religión: «La proporción de los que estudiábamos Religión en el grupo A era pequeñísima: unos seis o siete sobre treinta». Julio CARO BAROJA, Los Baroja (Memorias familiares), Caro Raggio, Madrid, 1997, p. 148.
[60] Juan TORROBA GÓMEZ-ACEBO, “Años de estudiante de Álvaro d’Ors”. En Homenaje a Álvaro d’Ors. Fernán Altuve-Febres Lores (compilador). Lima, 2001, p. 21. Por lo que se refiere a la Música, la clase la dirigía el maestro Rafael Benedito Vives. Entre otras actividades, los alumnos interpretaban canciones de distintas regiones españolas. «Los pastores» quedó como himno oficioso del Instituto-Escuela.
[61] Rafael DOMINGO, «In memoriam. Álvaro d’Ors», Nueva Revista (95), septiembre-octubre 2004, p. 62. En el mismo sentido: Sobre el bachillerato (…) reconozco que «lo más formativo» para mí, de esos años, fue el hacer cacharros de barro en un torno y decorarlos, dibujar mapas, traducir griego y latín, y hacer una colección de insectos. Epistolario E. V., Pamplona, 3-III-1992.
[62] C. P., p. 5.546s.
[63] Muchos años después recordaría esta actitud suya: Yo me dejo llevar y traer, y procuro estar contento allí donde esté; lo que más me cuesta es moverme, y veo en esto un rasgo de mi infancia, cuando no me gustaba salir de casa. El viejo vuelve a la infancia... También mis dibujos de hoy, aunque más ambiciosos, recuerdan el estilo de los que hacía de niño. Epistolario R. G., Pamplona, 19-X-1994.
[64] Notas a M.T.
[65] Juan TORROBA GÓMEZ-ACEBO, “Años de estudiante de Álvaro d’Ors”, cit., p. 22.
[66] C. P., p. 5.540.
[67] Juan TORROBA GÓMEZ-ACEBO, “Años de estudiante de Álvaro d’Ors”, cit., p. 22-23.
[68] Veladas imaginarias, cit. En el mismo sentido, Julio CARO BAROJA, Los Baroja (Memorias familiares), cit., p. 152, añade: «Los domingos celebraba un rito especial. Consistía este en ir en un tranvía o el metro a los Cuatro Caminos, salir por allí a Peña Grande y meterse en El Pardo, por una parte que quedaba sin tapia. Al pie de una encina, frente a la sierra, don Martín Navarro desplegaba su manta, sacaba un almuerzo frugal y peroraba o dialogaba socráticamente con algunos alumnos». Navarro Flores murió en el exilio mejicano.
[69] Se trata del padre del político Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón.
[70] «El cuerpo docente del Instituto-Escuela se estructuraba en tres niveles: Maestras de primera enseñanza. María de Maeztu, María Goyri, Juana Moreno, Teresa Recas, María Rodríguez, Amalia Lafuente, Teresa Olivé y Pepita Castán. Profesorado de clases especiales (Idiomas, Trabajos manuales y Música). Odette Boudes, Jacinto Alcántara, Francisco Benítez, Lorenzo Gascón, Roselló, Rafael Benedito, Srta. Mayor, Hnas. Quiroga. Doce catedráticos de enseñanza media: Francisco Barnés Salinas, Julio Carretero, Miguel Catalán Sañudo, Luis Crespí, Samuel Gili y Gaya, Federico Gómez Llueca, Miguel Herrero García, Andrés León Maroto, Antonio Marín, Martín Navarro Flores, José Sánchez Pérez y José Vallejo Sánchez». Germán SOMOLINOS, «El Instituto-Escuela». Boletín de la Corporación de Antiguos Alumnos de la Institución Libre de Enseñanza, del Instituto-Escuela y de la Residencia de Madrid; Grupo de México. Circular nº 37; 7 de junio de 1961.
[71] Catalipómenos, cit. A este mismo compañero se refiere también Julio CARO BAROJA, Los Baroja (Memorias familiares), cit., p. 146: «Había un niño (...) muy grande, gordo y como adormilado (...) Le iba a buscar una doncella o ama, muy alhajada, como las ‘añas’ de Bilbao, que llevaba un termo de café con leche para que el pobre ángel merendara a su hora. El espectáculo del niño con su ama y su termo excitaba la risa y la broma de los otros. Así, durante años se le conoció con el apodo de ‘Pepito Biberón’».
[72] C. P., p. 187s. [la anotación es del lunes 7-IX-1936]. La referencia al «diario de Kostia Riatzef» alude a la obra de N. OGNEV que posiblemente Álvaro d’Ors conociera en su versión francesa: Journal de Kostia Riabtzev, trad. d’aprés l’originale et adapté par H. Pernot, Calmann-Lévy, París, 1928. El original, en ruso, vio la luz en Moscú un año antes.
[73] Julio Caro Baroja, Los Baroja (Memorias familiares), cit., p. 170.
[74] Autoscopia, cit. Por lo que se refiere a la presencia de Maruchi Fresno en el grupo citado, conviene aclarar que no era propiamente alumna del Instituto-Escuela, sino hermana de un compañero de curso, de apellido Gómez Pamo, hijos del caricaturista y actor Fernando Gómez del Fresno, “Fresno”. Ella tomaría el segundo apellido de su padre como nombre artístico para su carrera de actriz de cine y teatro. Se licenció en Ciencias Químicas en 1939, si bien cinco años antes ya había comenzado a trabajar como actriz. A lo largo de su vida profesional intervino en más de 40 filmes.
[75] Julio CARO BAROJA, Los Baroja (Memorias familiares), cit. p., 170.
[76] Por ejemplo, un ensalmo de Marcelo Empírico contra la amigdalitis: «Albula glandula/ nec doleas nec noceas/ nec paniculas facias/ sed liquescas tamquam salis in aqua», o este otro de Vegecio Renato, contra la hemorragia de las bestias: «Focus alget, aqua sitit, cibaria esurit/ mula parit, tasca masce, venas omenes». Recogidos en Veladas imaginarias, cit. Sobre los ensalmos volvería a escribir en más ocasiones. Por ejemplo: El uso de ensalmos de la vieja curandería pertenece al mismo ámbito que la confianza irracional en la manipulación inexplicable del científico moderno. El hombre de fe que cura en nombre de Dios es un taumaturgo, pero el que aparece curando por la virtud de sus propias manipulaciones secretas es un mago. “Correo académico”, El Faro de Motril. 21-VII-1970, p. 9.
[77] Homenaje a Julio Caro Baroja, Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid, 1978. En la dedicatoria de su artículo, en una nota inicial, Álvaro d’Ors dice que hace medio siglo, cuando Julio Caro Baroja y yo íbamos por los primeros cursos del bachillerato, en el Instituto Escuela, de Madrid, él era ya un sabio del mismo fuste y facha que hoy. Luego, en los años de Universidad, su erudición me animó a estudiar las incantationes de la curandería romana, para las que él me ofrecía material comparativo, sobre todo vasco. No sin emoción vengo a ofrecerle hoy una contribución de homenaje que recuerda aquellos temas de nuestras conversaciones juveniles. p. 815.
[78] Vid. infra lo relativo a la concesión de este premio bajo el epígrafe “Magnanimidad”.
[79] Julio CARO BAROJA, Los Baroja (Memorias familiares), cit., p. 157.
[80] Francisco Barnés Salinas estaba casado con Dorotea González de la Calle, hermana del que sería profesor de latín de Álvaro en la Universidad, Pedro Urbano González de la Calle. Francisco Barnés se exilió a México, donde murió en 1947.
[81] Cristóbal ROBLES MUÑOZ, La Santa Sede y la II República (1934-1939). Paz o victoria. Acci, Madrid, 2016, 2ª ed., p. 274. Vid. también Francisco MARTÍ GILABERT, Política religiosa de la Segunda República Española, Eunsa, Pamplona, 1998.
[82] Por las cartas que le escribe a su amigo se puede ver cómo la religión forma parte muy importante de sus charlas. En estas cartas de Barnés a d’Ors hay referencias a conversaciones previas sobre este asunto.
[83] La historia —novelada y sin mencionar el nombre auténtico del protagonista— la relata Pío BAROJA en Aquí París, Caro Raggio, Madrid, 1998 y Miserias de la guerra, Caro Raggio, Madrid, 2006. Don Pío conocía al personaje a través de su sobrino Julio Caro. Por otra parte, Barnés se entrevistó con el novelista en París, poco antes de regresar a España para incorporarse a las filas del Ejército Republicano. La entrevista se celebró en la sede del Colegio de España, donde don Pío se encontraba temporalmente refugiado. Barnés acudió en compañía del que sería su cuñado, un hijo de José Giral. También Caro Baroja cuenta los mismos hechos porque se los relató una compañera de la Facultad de Filosofía en San Sebastián (posiblemente Carmen García Parra) nada más terminar la guerra. Según la versión de don Julio, el asesinato de su amigo pudo deberse a cuestiones no políticas: «Tenía su cadáver dos tiros que le habían dado, traicioneramente, por la espalda, algunos soldados de sus mismas filas que le eran hostiles por rivalidades monstruosas: le consideraban ‘señorito’, joven, guapo, con éxito entre las mujeres, etc. Y esto fue bastante para que segaran su vida». Los Baroja (Memorias familiares), cit., p. 310. En un cuaderno titulado Memoranda familiae, en el que Álvaro d’Ors recoge casi todos los acontecimientos importantes de su familia desde 1853 (fecha del nacimiento de su abuelo Álvaro Pérez), en la hoja correspondiente a 1937 puede leerse: 22/6. Muere en el frente rojo mi amigo Juan Barnés. Enterrado en el Cementerio del Este. Zona 7, nº 283, fila 3ª.
[84] «Escribo desde la infancia. Ya en el Bachillerato fundé una revista con Álvaro d’Ors, hoy ilustre catedrático…» Gregorio MARAÑÓN, ABC, 24-III-1972, p. 34.
[85] Autoscopia, cit. La entrevista la había conseguido Juan Pérez de Ayala, que tenía acceso al torero a través de su padre. Hay una reseña en La Gaceta Literaria de 15-III-1928, en la que su director, Ernesto Giménez Caballero, da cuenta de la aparición de la revista y de sus redactores, «todos los Hijos de sus ilustres Padres», que revelan, a veces, «intimidades de los padres, que se entrevén por los temas y ambientes que tratan los hijos. Así, el de Ortega se descubre como un entusiasta novelista (…) Marañón y Moya muestra genio directriz de sangre periodística pura. Álvaro d’Ors, sale puntual y viajero, como su padre…».
[86] Catalipómenos, cit. Por lo que se refiere a Pola Negri, se trata del seudónimo de Barbara Apollonia Challupiec (1894-1997), la que fue la rival de Gloria Swanson mientras el cine era mudo.
[87] Eugenio d’Ors y José Ortega y Gasset «se medían» y mantenían una cierta distancia: Xènius decía que Ortega y él «solo coincidían en las listas alfabéticas».
[88] Vid. para este asunto “Álvaro d’Ors Pérez-Peix”, Oretania (23-24), mayo-diciembre 1966, p. 315. El artículo, que está sin firmar, dentro de la serie “Galería de colaboradores”, podría ser obra del director de la publicación, Rafael CONTRERAS DE LA PAZ.
[89] C. P., p. 5.539s.
[90] Cuore figuraba como libro de lectura en la escuela elemental. Estos gustos literarios están extractados de sus propias confesiones en Veladas imaginarias, cit.
[91] Veladas imaginarias, cit. Se conserva el original de un esbozo de novela que no tiene título, y sí muchas ilustraciones suyas. Su protagonista es un judío que se llama Samuel Benslivon, y es de ca. 1930. No sería imposible que esta fuese la que él menciona, pero que no llegó a quemarla. O no...
[92] La Libertad, Madrid, 9-I-1929, p. 5.
[93] Catalipómenos, cit.
[94] Catalipómenos, cit.
[95] Le gustaba el montañismo, aunque decía que «la montaña no me da paz, me atemoriza». Testimonio de Javier Nagore, Pamplona, 29-IX-2005.
[96] Samitier destacó en el F.C. Barcelona por su perfección técnica. Más tarde ficharía por el Real Madrid. La relación con Juan Ors la sabemos a través de una entrevista a don Eugenio: «Me hice zamorista, en oposición a mis hijos que eran samitieristas (...) Mi verdadero instructor ha sido Samitier. Entonces este jugador estaba de dependiente en casa de un pariente mío, don Juan Ors. Le mostraba gran simpatía y se encontraban muy contentos con tenerle en casa. Pero un día se fue para no volver más. Había dejado sus cosas de pequeño aprendiz de comercio por el fútbol». Entrevista a Eugenio d’Ors bajo el título de La quiniela de... Eugenio d’Ors, firmada por “Cronos”, Arriba, Madrid, 16-III-51, p. 19. Refiriéndose a un encuentro internacional de fútbol en 1966, Álvaro d’Ors comentó a Emilio Valiño que, frente a Samitier (que pretendía hacer solo todo el juego), los jugadores de ese momento, como Eusebio o Boby Charlton, le parecían muy superiores.
[97] Se refería, en conversación con el autor, a su discípulo Rafael Domingo, que, entre los años 85 y 89, ya jubilado don Álvaro, trataba de que su maestro no perdiera contacto con los alumnos. Con ese objeto, procuraba que diera alguna que otra clase, lo que le deparaba una especial satisfacción por seguir sintiéndose «útil para el servicio». Su incompetencia futbolística (En el equipo de fútbol de mi colegio no pasé de ser «suplente». Autoscopia, cit.) le llevó a apreciar la de otros, en especial, la de sus hijos cuando, de pequeños, practicaban este deporte: Ángel tuvo muy buenas notas. Los otros las esperan; sin gran preocupación por parte de Miguel, que jugó un partido de fútbol «con camiseta», de extremo izquierdo, y metió el gol del desempate… Epistolario R. G., Roma, 25-VI-1959.
[98] Catalipómenos. Cit.
[99] Veladas imaginarias, cit. Su colaboración en la Revista Internacional de Estudios Vascos, 42 (2), 1996, lleva por título el nombre de su amigo: «Julio Caro Baroja». También se reunía con Caro en otras tertulias como la del Mesón del Segoviano, en el Café de Varela, en el de Platerías y hasta en su casa de la calle Ruiz de Alarcón. Entre otros contertulios fijos, se encontraban Antonio Bello, José Vallejo, Antonio Tovar, Ángel Pariente y Manuel Fernández Galiano. «En nuestra vida universitaria fundamos, o más bien fundaron y yo me incorporé, un círculo ingenuo y encantador en que comentábamos y exponíamos nuestras lecturas. Teníamos impaciencias semejantes en campos mentales totalmente distantes, como se demuestra en las personalidades de los amigos (…) Otro de los contertulios era Álvaro d’Ors, que luego habría de ser catedrático de Derecho Romano. Era un estudioso, pero además, contagioso, factor que en pocos he apreciado…» Antonio BELLO LASIERRA, Visión del mundo actual por un naturalista, Ayuntamiento de Huesca, Gráficas Alós, S.A., Huesca, 1993, p. 19.
[100] Julio CARO BAROJA, Los Baroja (Memorias familiares), cit., p. 175. Es posible que Caro Baroja escribiera el párrafo transcrito con cierta sorna, ya que el papel de sacristán en el entremés de Luis Quiñones de Benavente (1589-1651) es muy escaso, con solo 4 intervenciones breves. El protagonista es el dueño de una casa desde la que se puede ver la corrida de toros en la plaza del pueblo. Sin su consentimiento, la autoridad le «instala» como invitado a un viajero italiano que quiere ver cómo es la «Fiesta Nacional». Para evitar quedarse sin su sitio, simula su propia muerte a causa de una hipotética peste y conseguir así que el italiano, temeroso de contagiarse, no acuda. Álvaro d’Ors hizo el papel de italiano, con 15 diálogos largos. A esta representación asistió Federico García Lorca, que logró interesar a Juan Barnés para que se uniera a su grupo de teatro —«La Barraca»—, si bien este lo dejó a los pocos días.
[101] Se conserva un certificado con el sello de The Polytechnic: «This is to certify that Álvaro d’Ors was awared First Class Pass with Distinction in English for Foreigners —Intermediate Stage— at the examination held on 28th August 1931».
[102] En una carta a su madre, Álvaro dice que «después de cenar, me quedo hablando con Thomas Marshall, que es el músico o me subo al cuarto y trabajo hasta las 10 o así». Carta a María Pérez Peix, Londres, agosto, 1931.
[103] Veladas imaginarias, cit. En la biblioteca de Álvaro d’Ors se conserva un libro de TREND: A Picture of Modern Spain Men & Music, Constable & Co. Ltd., London, 1921.
[104] Carta a María Pérez Peix. Londres, agosto, 1931.
[105] Catalipómenos, cit. En los últimos años del siglo XIX, se descubrieron en la región de Tanagra (Beocia) gran cantidad de figurillas en el interior de unas tumbas. Por su procedencia, a estas piezas se les da el nombre de «tanagras». Más que su por su valor artístico, tienen interés por el testimonio que ofrecen sobre la vida cotidiana de la época. En una carta a su madre le dice que «Casi todas las mañanas me paso dos o tres horas en la Sala de Terracotas del British». Carta a María Pérez Peix, Londres, agosto, 1931.
[106] Catalipómenos, cit. Es mi poesía preferida de toda la literatura inglesa. Veladas imaginarias, cit. La «Ode on a Grecian Urn» de John Keats describe en 50 versos lo que le sugiere la decoración de la pieza y su misma forma, para dar paso desde ahí al poder del Arte para eternizar la vida, dotándola de una verdad esencial. La última estrofa dice así: «Thou, silent form! dost tease us out of thought/ As doth eternity: Cold Pastoral!/ When old age shall this generation waste,/ Thou shalt remain, in midst of other woe/ Than ours, a friend to man, to whom thou say’st,/ Beauty is truth, truth beauty, that is all/ Ye know on earth, and all ye need to know». Desgraciadamente no disponemos de ninguna de las traducciones que, con certeza, hizo Álvaro d’Ors. Una aproximación a este texto —difícil— podría ser así: «Tú excedes, callada forma, al pensamiento/ como la eternidad: ¡égloga fría!/ Cuando el tiempo consuma a esta generación/ continuarás en medio de otro infortunio,/ como amiga del hombre al que dices:/ “la belleza es verdad; la verdad, belleza, esto es cuanto/ sabes sobre la tierra y lo que necesitas saber”».
[107] Veladas imaginarias, cit. También: La traducción de Keats por Mariano Manent (…) me parece excelente. Yo hice muchas traducciones de poesía inglesa, y también latina, pero es muy difícil, pues el castellano, que sirve estupendamente para el tono sordo de san Juan de la Cruz, y para el sentencioso cuplé, no sirve para la poesía musical y brillante, por exceso de vocales. Epistolario R. G., Pamplona, 26-IX-1971.
[108] Catalipómenos, cit.
[109] Juan Torroba Gómez-Acebo, “Años de estudiante de Álvaro d’Ors”, cit, p. 23.
[110] Sus nombres son: Juan Torroba, Gustavo Jiménez, Leopoldo Castedo, Manuel Pausa, José Campos, Enrique Allais, Alberto Tapia, Ramón G. Peris, Agustina Palacios, Juan Pérez de Ayala, Manuel de Sola, Julio García, Julio Bermejo, Juan Negrín, Alfredo Bustinduy, Antonio Bello, Enrique Moles, Calvo, Joaquín Sánchez Covisa, Eduardo de la Serna, Julio Romeo, Manuel García Moreno, Manuel Ballesteros, Demetrio Palazuelo, Rafael Bartolozzi, Julia Galindo, Teresa Sánchez Covisa, Isabel Palencia, Aurora Cuartero, María Teresa Díez-Canedo, Manuel Robles, Luis Vaquero, Carmen García Parra, Rosario Sáinz Armesto, Guillermina Betancort, Nogueras Piniés, Agustín Barbón, Alfonso Vitórica, Ángel Castilla, Luis García Linares, Vicente Landeta y Cayetano Ortega. La relación de los personajes fotografiados se debe a las anotaciones que hizo Antonio Bello Lasierra, facilitadas por su hija Ana Rosa Bello Valenzuela, completadas por Carmen García Parra de Palacios.
[111] Catalipómenos, cit.
[112] «Ya estás pensando en nuevos trabajos. El D[ere]cho Romano es tan demasiado estrecho para ti, que quieres conquistar también el D[ere]cho Político. Detente hombre, detente... no arrolles. ¡Latín, griego, alemán, D[ere]cho Romano, D[ere]cho Político, etc., etc. ¿Falta algo?». Carta de Juan Barnés a Álvaro d’Ors, Ávila, 23-VII-1934.
[113] Morente me examinó de ingreso, antes de ordenarse, tras su conversión, y, naturalmente, me preguntó «Kant». Epistolario R.F.C., Pamplona, 30-XII-1995. La primera vez que yo hablé con Morente fue, como alumno, en el examen de ingreso a la Facultad de Filosofía y Letras. De esto hace ya veinte años. Me preguntó Kant. Y yo, después de expectorar los tópicos de rigor, pasé muy ladinamente a Platón, que me era algo más familiar. Morente me dejó en mi discurso. Después de todo, Kant no es una lectura para muchachos. «Recuerdo agradecido». Ateneo (32), Madrid, 11-IV-1953.