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Gabriel Pérez Gómez Álvaro d'Ors
Álvaro d'Ors
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Gabriel Pérez Gómez Álvaro d'Ors

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A finales del curso 1935-36, en medio de las tensiones sociales y políticas por las que atravesaba España, se podía presagiar que algo iba a ocurrir, pero quizá nunca la magnitud de los acontecimientos que iban a producirse en aquellas vacaciones. Álvaro d’Ors, por tanto, hizo sus planes como en cualquier otro verano: permanecería los primeros días de julio en Madrid y, para la segunda quincena, tenía previsto un viaje a Basilea y a Heidelberg[148]. De camino, había pensado pasar unos días junto a su abuela Teresa, en Argentona.

[1] Carta de Xènius a Juan Ramón Jiménez, Barcelona, 22 de abril de 1915. Publicada en “Correo Literario”, Punta Europa (104), 1964, p. 22. La revista reproduce tres cartas de Antonio Machado y Eugenio d’Ors a Juan Ramón Jiménez (Residencia de Estudiantes. Colina de los Chopos. Hipódromo. Madrid), cedidas por los herederos de este a Punta Europa. El «tómese nota de él como de un futuro residente» se refiere a la Residencia de Estudiantes. El juego de palabras con “Zenobita” hace referencia a Zenobia Camprubí, que se casaría con el poeta un año más tarde.

[2] Álvaro d’ORS, Autoscopia [Original inédito, sin paginar]. La Casa de les Punxes era obra del arquitecto Josep Puig i Cadafalch, también conocida como Casa Terrades. Se levantó en el n.º 416 de la Avenida de la Diagonal en 1905. En esta casa vivieron los d’Ors Rovira-Pérez Peix entre 1910 y 1922.

[3] Tel∙lina era hija de Juan Ors Rosal, hermano de José, el padre de don Eugenio. Murió poco después de la guerra civil. Fue mi madrina de bautizo y la que me inició en la música. Recuerdo que, mientras vivíamos en Barcelona, nos veíamos frecuentemente con esa familia y el día de Reyes, siempre íbamos a recoger los regalos que teníamos en aquella casa. Notas a M.T. Para Álvaro d’Ors se trataba de una figura especialmente querida, tal como reseñaría en el momento de su muerte: 25 de Noviembre [de 1939]. Hoy fallece Concepción Ors —Tel∙lina— mi muy querida madrina, la que me puso el nombre de Jordi. ¡Dios la tenga en su santa gloria! Cuadernos Personales (en adelante C. P.), p. 1.266. Sobre los Cuadernos Personales, vid. infra el epígrafe del mismo título.

[4] Eugenio D’ORS, “Confesión de un hijo del otro siglo. Memorias de Eugenio d’Ors”, Confesiones y recuerdos, Ed. de A. GARCÍA NAVARRO, Pre-textos, Valencia, 2000, p. 30s. En la partida de bautismo del abuelo de Eugenio d’Ors (Joan Ors i Font) este aparece como hijo de Josep Horts i Vila, posiblemente como consecuencia de una falsa etimología. En la misma partida de bautismo (15-I-1831) también figura como madrina Ignés Horts, «muller de Josep Rubió, impressor i llibreter», padres de Joaquín Rubió i Ors, primer poeta de la Renaixença y autor de Lo Gayter del Llobregat. La partida de bautismo quizá no sea del todo fiable para cuestiones ortográficas, ya que está redactada en un catalán no normalizado: «Als quinse de Janer de mil vuit cents trenta y un, en las fonts baptismals de la parroquial Iglesia de S. Just y S. Pastor de Barcelona, amb llicencia de mi, lo infrascrit, el Rev. D. Joseph Mariano Estrada, Pbre. beneficiat de esta parroquial Iglesia, batejá a Joan Baptista, Joseph, Pau, nat lo mateix dia, fill llegitim y natural de Joseph Horts mestre mañá y de Lluisa Font conjg. naturals de Barcelona. Foren padrins: Camillo de la Flor, veler e Ignés Horts, muller de Josep Rubió, impressor y llibreter». Iglesia Parroquial de los santos Justo y Pastor, Libro 44 de Bautismos, fol. 306, 15-I-1831.

[5] En el mismo año de su muerte, Álvaro d’Ors le regaló a su nieto Álvaro Pérez d’Ors una caja con sobres de correos dirigidos a él en donde el apellido estaba escrito incorrectamente: «Álvaro Dos», «Álvaro 2», «Álvaro Dios», «Álvaro Dior», «Álvaro Deors», «Álvaro Dor’s», «O’dors», «d$Ors», «D’Oors», «Álvaro D’Dos», «Od’rs», «D?ora», «Dorss», «o’Dor»... Otras variantes relacionadas con la dirección postal (Calle Aoiz, de Pamplona), con su profesión o con la Universidad de Navarra, daban lugar a cartas —¡que llegaban!— como estas: «Sr. D. Roman D’Ors Alvaro», «Sr. D. Álvaro d’Ors, calle D’Aoiz», «Herrn Prof. Alvaro. AOJZ 18. d Ors-Pamplona» o «Ilmo Sr. D. Álvaro d’Ors. Universidad Católica. Astorga, León (Espanha)». Mi nombre, en el sobre se ha convertido en «J’Or2»; una variante nueva para mi serie de deformaciones de este tipo, menos divertida que la que recibió mi hermano: Juan Pablo «0’02». Epistolario R. G., Pamplona, 4-VI-2003.

[6] C. P., p. 5.544. En los años 70, cuando comenzaron a confeccionarse indiscriminadamente los primeros “bancos de datos”, trataba de burlar algunos de estos trámites cambiando el número del documento de identidad por el del teléfono y otras combinaciones similares. Era una manera de sabotear la maquinaria estatal que no le gustaba. Vid. Antonio Carlos PEREIRA MENAUT, «Un concepto orsiano de constitución», Revista de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso XXVI. Valparaíso, 2005, pp. 315-326.

[7] José Enrique se fue a vivir primero a Manchester y después a Francia. Allí se casó con una franco-suiza llamada Leontina Nora Isiagini. Como director del Comptoir National d’Escompte se marchó a Egipto, donde tomaría parte en la explotación del Canal de Suez. José Enrique murió en 1931 en El Cairo, donde había fundado una sociedad de beneficencia y presidía el Comité de las Escuelas Españolas. La noticia de su fallecimiento causó una fuerte impresión a su hermano Eugenio: Cuando llegó la noticia —quizás un telegrama— mi padre quedó tan conmovido que, en pleno día, se metió en la cama, quizá para llorar. Notas a M. T. Con la única hija de este matrimonio —Bibiana, Vivienne, también conocida familiarmente como “Tota”, casada con Derryck Ward, un general inglés largamente condecorado durante la Segunda Guerra Mundial— y con sus hijos, Álvaro d’Ors mantendría una relación muy cordial durante toda su vida. Se conocieron siendo niños, en un viaje que, junto a sus padres, Bibiana hizo a España. Álvaro d’Ors recordaba en ocasiones la calidad de los insultos que su prima había aprendido entre los árabes, como, por ejemplo, «especie de excremento reseco de camello pegado al trasero» y otros similares. Bibiana murió trágicamente ahogada en una playa de la Isla de Santa Lucía. Hace poco tiempo murió ahogada en el Caribe mi única prima Ors —Bibiana— casada con un inglés. Epistolario R. G., Pamplona, 30-VI-1991.

[8] Álvaro Pérez, nacido en Valladolid, era hijo de Matías Pérez Huergo (que también se dedicaba al negocio de los textiles) y Jacoba González Vitores, de la comarca de Cameros (Rioja).

[9] Nacida el 31 de agosto de 1879, María era dos años mayor que Eugenio. Hasta 1966, la fecha que se había dado como la de nacimiento de Eugenio d’Ors había sido la del 28-IX-1882. En enero de 1967, Enric Jardí publicó una biografía de Xènius en la que, basándose en el Registro Civil (Sección de Nacimientos del Juzgado Municipal número 6 de Barcelona), rectifica esta fecha para situarla exactamente un año antes, el 28-IX-1881. El hecho no tendría mayor interés de no ser porque el propio Eugenio d’Ors, conocedor de este extremo, nunca intentó rectificar este error. Vid. Enric JARDÍ, Eugeni d’Ors. Vida i obra, Aymá, Barcelona, 1967.

[10] También los de Octavio de Romeu, El Guaita, Un ingenio de esta corte, Joan de Deu Politeu, Pedro Llerena y Monitor. Sus dibujos y caricaturas solía firmarlas como Xan, Miler y Lucas.

[11] Enric Prat de la Riba i Serra (1870-1917) fue el creador de la Lliga Regionalista de Catalunya y primer presidente de la Mancomunidad de Cataluña (1914). Anteriormente había dirigido La Veu de Catalunya. Como presidente de la Diputación de Barcelona, el primer encargo que dejó en manos de Eugenio d’Ors fue la creación de la Biblioteca de Catalunya (1907).

[12] En su familia se comentaban los elogios que Rodin había hecho de sus manos. Como escultora, hay algunas referencias de exposiciones suyas recogidas por la prensa de la época, como en Diario de Barcelona, que, en una Crónica de arte y letras firmada por Zenón, se da cuenta de la Exposición Telur en las Galerías Layetanas: «Telur nos presenta quince obras escultóricas del mayor interés (…) Una de estas estatuillas es una Virgen María Mediadora, realizada con gracia y con fervor, llena de delicadeza y de unción». Diario de Barcelona, 25-IV-1932, p. 7. De la escultura de María Mediadora de la que se da cuenta aquí, Álvaro d’Ors dijo que con esa imagen terminó la obra escultórica de su madre. «En tamaño reducido, iba a servir como proyecto para una capilla con esa advocación en la iglesia agustina de San Manuel y San Benito de Madrid. La incidencia de la guerra frustró ese proyecto, pero quizá de modo providencial esa imagen que preside ahora mi cuarto de estudio, pudo influir también en mi alma». Álvaro d’Ors, La devoción del Sagrado Corazón de Jesús [original inédito], p. 3. Algunas muestras de la obra escultórica de María Pérez Peix fueron incluidas en 2006 en la exposición Escultoras del siglo XX. Reexistencias, organizada por la Dirección General de Archivos, Museos y Bibliotecas de la Consejería de Cultura y Deportes de la Comunidad de Madrid y la Consejería de Empleo de la Junta de Andalucía. En las páginas 23-24 y 198 del catálogo correspondiente se recoge información sobre la actividad artística de la esposa de Eugenio d’Ors, y en las 86-89, fotografías de algunas de sus obras.

[13] C.P., p. 5.533s.

[14] La diferencia que hay entre oír y escuchar es comparable a la que hay entre la compasión, que es psicológica y pasiva, y la misericordia, que es moral y activa. Los que pasaron de largo, en la parábola evangélica del «Buen Samaritano», quizá pudieron tener compasión del infeliz caminante malherido por unos bandidos, pero no la misericordia de aquel samaritano que supo cambiar sus planes de viaje para atenderlo y llevarlo a un hostal donde pudiera recuperarse a propia costa. Álvaro d’ORS, Una meditación sobre el Salmo II, Palabra, Madrid, 1999, p. 11.

[15] Ante el temor de su padre, un hombre obsesionado con la higiene, de que en contacto con otros niños pudiera contagiarse de las enfermedades que, a finales del siglo XIX, hacían estragos en España, Eugenio d’Ors sería educado en primera instancia por sus padres, y después por profesores particulares, hasta que, en 1891, sin escolarización primaria previa, se matriculó en el Colegio Cataluña y, después en el Instituto de Enseñanza Media de Barcelona. De manera parecida a como después haría su hijo Álvaro, su formación no se limitaría a una sola carrera: licenciado en Derecho en la Universidad de Barcelona, también hizo estudios de Matemáticas, Filosofía y Biología en distintas universidades extranjeras. Con este bagaje personal, en una sola convocatoria, se examinó en la Universidad de Barcelona de la carrera de Filosofía y Letras, con todas las asignaturas que se cursaban en 1912. Existen dudas acerca de un posible doctorado suyo en Derecho hacia 1905, con una memoria doctoral sobre la Genealogía ideal del imperialismo, que, al parecer, no gustó a Gumersindo de Azcárate, su director. Sí hay constancia de su doctorado, en 1913, en Filosofía, con una memoria titulada Las aporías de Zenón de Elea y la noción moderna de espacio-tiempo.

[16] La Vanguardia, 6-X-1945, p. 1. «EN LOS DÍAS DE LA MERCED. Un verdadero exvoto el que me cumple repetir, hacia estos días, en honor de la imagen de la Virgen de la Merced. Y en cuya impávida sonrisa buscó un día consuelo, también hacia estos días, un padre, peor que atribulado, en desesperación ya. Cuantos saben lo que significa, en un niño de corta edad, enfermo de meningitis, la evasión de la niña en el globo del ojo, desaparecida tras el párpado superior, entenderán eso. Y el sacrificio devoto que el referir lo que entonces aconteció representa para quien doblemente repugna a descubrir intimidades… porque esto que refiero ocurrió hace casi treinta años y el padre a quien ocurría, yo…» Cuenta d’Ors, en la glosa, que esos días estaban en La Garriga y que hubo de ir a Barcelona para comprar la medicina que había recetado un médico, pero que no llegó a tiempo de tomar el tren de vuelta que tenía previsto, por lo que decidió acudir al templo de la Calle Ancha. Allí tuvo la idea de comprar unas sales de plata que, según había oído, podían servir para la curación del niño. Volvió pues a la farmacia, compró las sales y tomó el siguiente tren para La Garriga. Sin consentimiento médico, nada más volver, comenzó a administrar las sales a su hijo que, esa misma tarde ya empezaba a fijar la vista y, de madrugada, a cerrar los párpados. «A los dos días —concluye— un plato de sopas venía a humear sobre la almohada que había soportado una cabecita trágica la antevíspera». La referencia que hace Eugenio d’Ors en 1945 al tiempo en que ocurrió este suceso —«hace casi 30 años»— nos sitúa en los primeros años de vida de Álvaro. Si tenemos en cuenta la diferencia de edad con sus hermanos —5 años con Juan Pablo y 7 con Víctor— cabe suponer que el diminutivo que utiliza —«una cabecita»— se refiera más a un bebé que a un chiquillo de 6 u 8 años.

[17] C. P., p. 5.541. Juan LLONGUERAS había creado un Instituto, en el que ponía especial énfasis para la educación de los niños en el sentido del ritmo. Fruto de su experiencia escribiría El ritmo en la educación y formación general de la infancia, Labor, Barcelona, 1942.

[18] El apelativo familiar venía, muy posiblemente, al hacer en castellano —”abita”— el diminutivo de abuela —”avia”— en catalán. Los hijos de Juan Pablo y Álvaro también se referirían a la abuela María de la misma forma.

[19] Catalipómenos [Original inédito].

[20] «En los años de Santiago, al principio nos entretenía dibujándonos casi siempre lo mismo, quizá porque sabía que los niños exigen que se les cuente siempre el mismo cuento sin variar ningún detalle: un perro echado en el suelo, atento, con las orejas enhiestas y un gran hueso atravesado transversalmente en la boca. Ya en los últimos años cincuenta aquel clásico perro fue alternándose con otros asuntos». Miguel D’ORS, “Mi padre”, Acto académico in memoriam, 26 de marzo de 2004, Rafael DOMINGO (coordinador), Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, Pamplona, 2004, p. 36.

[21] Autoscopia, cit.

[22] Autoscopia, cit.

[23] Con el tiempo, su letra empeoraría más. Así, por ejemplo, ya octogenario, le llevaría a una situación cómica, como la que se desprende de una carta a su amigo Rafael Gibert: Lamento que no entiendas bien mi letra, como tampoco yo bien siempre entiendo la tuya. No tenemos un árbitro en caligrafía que decida quién la hace peor. Epistolario R. G., Pontevedra, 8-IX-2001.

[24] «La nueva nurse se llama Estrella. Totó dice a su hermano, al oído, con aire misterioso: ¿Sabes? Cada noche es su santo». Eugenio D’ORS Gnómica, “Los caprichos y las ciencias” (VI), Astronomía. Col. Euro, Madrid, 1941.

[25] Estando yo repasando gramática latina, me dijo que le preguntara las declinaciones y conjugaciones, y comprobé que las recordaba perfectamente. Notas a M.T.

[26] Álvaro D’ORS, Catalipómenos, cit.

[27] Autoscopia, cit. Álvaro d’Ors se refiere a un poema de Baudelaire, «La voix», que transforma ligeramente al reproducirlo de memoria. «La ceniza latina y el polvo griego me rodeaban…». Baudelaire escribe que «Todo, la ceniza latina y el polvo griego se mezclaban». El original francés, en el que se pueden encontrar otras coincidencias biográficas, dice: «Mon berceau s’adossait a la bibliothèque,/ Babel sombre, où roman, science, fabliau,/ tout, la cendre latine et la poussière grecque,/ se mêlaient. J’étais haut comme un in-folio./ Deux voix me parlaient».

[28] C. P., p. 5.536s. Hay otra referencia a estos días de obligada escolarización: «Estuvimos ocho días juntos en un colegio de Barcelona ¡pero fue un sueño!» Carta de Guillermo Pérez Bofill a Álvaro d’Ors. Barcelona, 27-X-1946.

[29] Le hacía mucha gracia un pasaje escrito por su padre sobre la bisabuela, Eloísa García Silveira: «Otra de mis abuelas (…) se hacía acompañar a misa por su negrito, portador de un silletín y que, en la iglesia, se quedaba respetuosamente unos pasos atrás de su amita. Un día, a poco de empezado el Santo Sacrificio, el negrito se acercó al oído de la señora y, doliente, le deslizó, bajito: “¡Mi amita, Panchito se afoga! ¡Quítate el cuello!”, le aconsejó, con un susurro, ella. Al cabo de unos momentos, aquél volvió a la carga. “¡Quítate el cinturón!”, deslizó la señora a la nueva queja. Por tercera vez, el “¡Panchito se afoga! ¡Pues quítate los zapatos!”. Aún deslizó el pobre una confidencia final. Pero esta era de alivio y satisfacción. “Mi amita, ¡qué bien está Panchito!”» Eugenio D’ORS, Confesiones y recuerdos, cit., p. 33-34.

[30] En alguna ocasión, Álvaro d’Ors refirió una anécdota de su tío Fernando, quien se hacía visitar por un barbero a diario para que lo afeitara y le arreglara el pelo. El barbero era conocido por «Pepito». En un momento, en plena guerra civil, como consecuencia de los bombardeos de la aviación, Pepito tuvo miedo y se marchó a su pueblo. Fue sustituido por otro colega. Pasado un tiempo, con Pepito ya recuperado de los sustos iniciales, el tío Fernando sintió lástima de despedir al suplente, por lo que se dejaba afeitar dos veces al día, por la mañana y por la tarde, por uno y por otro. Pero la situación se hacía insostenible y el cutis del «afeitando» ya no soportaba un régimen tan continuado por lo que decidió nombrar a Pepito como secretario-acompañante para que le llevara los papeles y le hiciera pequeños encargos. También le regalaba sus trajes cuando dejaba de usarlos —que era al muy poco tiempo de estrenarlos—. A base de tanto trato con el hombre de negocios y acudir tantas veces a su domicilio, el nuevo «secretario» terminó por tomarse algunas «confianzas». El tío Fernando tenía a gala cambiar a diario de bastón (poseía un surtido considerable) y una mañana, después del afeitado de rigor al que le había sometido su «ex»-colega, Pepito salió de la casa al mismo tiempo que el dueño. Observó que tomaba un bastón y se decidió a hacer él lo mismo, para encontrarse con el siguiente correctivo: «Pepito, con bastón solo el señor».

[31] Autoscopia, cit. Por lo que se refiere a la «Semana Trágica» (última semana de agosto de 1909), sus causas no fueron estrictamente laborales, sino también políticas y hasta religiosas. El desencadenante fue el decreto de movilización de reservistas para acudir a la Guerra del Rif. El balance de esos siete días de agitación fue el de 3 muertos y 27 heridos por parte del ejército —que salió a la calle para contrarrestar las algaradas derivadas de la huelga general—; 1 muerto y 46 heridos de la Guardia Civil; 82 muertos y 126 heridos de la población civil, y 4 muertos y 18 heridos de la Cruz Roja. Fueron asaltados e incendiados 80 templos y establecimientos religiosos, profanándose los cementerios particulares de algunos conventos. En los días siguientes, alrededor de un millar de personas fueron detenidas, acusadas de participar en estos desmanes o de instigarlos. Como consecuencia de estos acontecimientos, poco después cayó el gobierno de Maura. Para este asunto, vid. Eduardo COMÍN COLOMER, La Semana trágica de Barcelona, Publicaciones Españolas, Madrid, 1959.

[32] La anécdota está recogida en C.P., p. 5.334.

[33] Le divertía la ocurrencia de su amigo Rafael Gibert que, también incapaz de arreglar lo que se estropeaba en su casa, lo solucionaba poniendo un cartelito con una palabra mágica: “avería”.

[34] C. P., p. 5.534ss.

[35] Tampoco tenía ningún reparo en participar estas incapacidades a sus amigos: Tampoco soy capaz de manejar el fichero electrónico de la Biblioteca, a la que cada día voy menos tiempo; ni sé manejar un tocadiscos estereofónico que tienen mis hijas, y sigo con el viejo de mi despacho. Todo lo que sea cosa de manos me va mal, y, afortunadamente, todavía ando a gusto con la pluma (o bolígrafo) en la mano. Epistolario R. G., Pamplona, 15-X-1985. Según Rafael Gibert, Álvaro d’Ors prefería la pluma al bolígrafo porque decía que este último era demasiado rápido.

[36] Josep Puig i Cadafalch (1869-1956) ejerció la presidencia de la Mancomunidad de Cataluña entre 1917 y 1924, en que Primo de Rivera acaba con la institución.

[37] Epistolario R. G., Pamplona, 21-III-1995.

[38] El original está en catalán.

[39] La nota hecha pública por la Mancomunidad dice así: «No es exacto que la dimisión del señor d’Ors tenga su fundamento en una divergencia de ideas. La ocasiona una cuestión de prácticas administrativas: la divergencia de ideas no se ha presentado durante los dos años en que dicho señor ha formado parte del Consejo de Pedagogía, ni en los dos años y medio en que ha ejercido el cargo de director de Instrucción Pública de la Mancomunidad. La divergencia en las cosas de administración ocasionó el apercibimiento y voto de censura del Consejo por resistencia a justificar a través de un presupuesto un gasto a hacer para la instalación de la Biblioteca de Canet, inaugurada el pasado 8 de diciembre, y el acuerdo de una inspección administrativa en su departamento, votados por unanimidad, los días 3 y 4 del mismo mes respectivamente» [El original está en catalán]. Según el diario El Diluvio (11-I-1920), «la acusación es ésta: ‘Resistencia a hacer un presupuesto para la Biblioteca de Canet’. Es decir, resistencia a hacer un gasto... El Noticiero de ayer noche dice sobre esta cuestión: ‘Creyendo que, en la nota oficiosa facilitada a la prensa respecto a su dimisión de la Dirección de Instrucción Pública no había la necesaria diafanidad, el señor Eugenio d’Ors ha enviado al presidente de la Mancomunidad dos amigos en demanda de una aclaración terminante. Parece que en la nota decía el señor Puig i Cadafalch que el señor d’Ors dimitía por cuestiones administrativas, fórmula equívoca que este último no acepta’. Esta cuestión ha removido apasionamientos que seguramente darán motivo a fuertes polémicas entre nuestra gente literaria y política. Esperemos la respuesta que ha de dar el señor Puig i Cadafalch». Para este tema, vid. Guillermo DÍAZ-PPLAJA, La defenestració de Xènius, Ed. Andorrá, Andorra la Vella, 1967 y Enric JARDÍ, Eugeni d’Ors. Vida i obra, cit., p. 175ss.

[40] Vid. E. JARDÍ, Eugeni d’Ors. Vida i obra, cit. La misma idea sigue vigente 50 años después de la muerte de Xènius. Por ejemplo: «tomó la decisión de marcharse a Madrid. Y por despecho fustigó el catalanismo, cosa que transformó en odio la mucha envidia que se le tuvo, incluso por parte de quienes más le habían seguido. Y si bien su defenestración fue algo arbitraria, a d’Ors no se le perdonó su traición. Y la cosa todavía dura. Visto a distancia es posible que se equivocara al emigrar a la capital del reino. Mucho mejor le hubiera ido de haberse exiliado a París…». Oriol PI DE CABANYES, «D’Ors, medio siglo después», La Vanguardia, 22-IX-2004.

[41] C. P., p. 5.537s. «Querido Babo: ya sé lo mucho que te diviertes con el Abito y que juegas con Guillermo. Supongo debes ser cada día más bueno y que te preparas muy bien para tu 1ª Comunión...». Postal de María Pérez Peix, Madrid, 17-V-1923.

[42] C.P., p. 5.538. El autor de la imagen a que se refiere Álvaro d’Ors es Joan Borrell i Nicolau.

[43] Por ejemplo: «Acompañado de su familia, ha salido para Salzburgo (Austria) nuestro ilustre colaborador D. Eugenio d’Ors». ABC, 7-VIII-1923, p. 8. «Desde Barcelona han salido para Lausanne nuestro ilustre colaborador D. Eugenio d’Ors y su familia». ABC, 17-VIII-1924, p. 19 «Desde Barcelona se han trasladado a Cortina d’Ampezzo (Venecia Tridentina) nuestro ilustre colaborador D. Eugenio d’Ors y su familia». ABC, 15-VIII-1925, p. 16.

[44] Autoscopia, cit.

[45] C. P., p. 5.541ss.

[46] La violencia y el orden, Dyrsa, Madrid, 1987, p. 13-14. En el mismo sentido: [Sobre] la actitud política de mi padre ante los dos jefes militares que gobernaron en España. Ya lo he escrito en algún sitio: la noticia del golpe de Estado de Primo de Rivera nos sorprendió en Suiza (después de terminado el «Guillermo Tell» en Schafberg-alp, cerca de Saint Gilgen, en Austria), y recuerdo su comentario espontáneo: «A ver si se arregla España». Epistolario R. G., Carballedo, 4-VIII-1995. Refiriéndose al Nuevo Prometeo encadenado y al Guillermo Tell, Álvaro d’Ors dice que ambas obras corresponden al mismo momento biográfico, el exilio de Cataluña. Tell es un alegato anti-cantonalista, como el Prometeo es anti-burgués. El «enemigo» es el mismo: el cantonalismo-burgués. Epistolario R. G., Pamplona, 29-XI-1969. Vid. para este asunto el estudio preliminar de Rafael GIBERT al Nuevo Prometeo encadenado. Guillermo Tell, Magisterio Español, Madrid, 1970, así como su contribución al homenaje a Gonzalo Fernández de la Mora (“D’Ors durante la Dictadura, 1923-1930)”, en Razonalismo. Homenaje a Fernández de la Mora, Fundación Balmes, Madrid, 1995.

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