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Eloy Tizón Velocidad de los jardines
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A esa hora, en el otro extremo del mundo, una espiga cae tronchada por el peso de la calma. Se producen besos. Tío Néstor estará intentando cazar becadas sin resultado, volverá empapado como un río, morirá sangrando majestuosamente. Cuando me haga viejo y torpe y sin respuesta, tal vez recuerde este instante en que me siento triste o bostezo. ¿Se alegra Dios al vernos crecer? Sí, Dios se alegra al vernos crecer porque para Él lo más importante del mundo son los hombres. Lo estable se modifica, las piedras fluyen, hay columnas con el interior comido por las larvas. El capitán Nemo estará luchando en la sala de máquinas, la profesora de francés que tuve en 5.º curso beberá su leche cada tarde, un astro entra en mutación y el cielo se interrumpe. Una pupila se esconde tras un párpado, y hay un vago pugilato de sombras sobre mi almohada. Y después nada, el silencio. La exquisita elocuencia del silencio.
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