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Leo En PHI Tarot en PHI: Paradigma Hermético Iniciático
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Este mito es riquísimo en contenido simbólico, y de hecho contiene varias escenas arquetípicas, pero nos enfocaremos en aquellas que hacen al mejor entendimiento de la energía de esta carta.
Lo primero a destacar es que el Carro Solar no se mueve solo: necesita de la fuerza y de la sangre de cuatro poderosos corceles. Lo segundo es que estas bestias no saben adónde tienen que dirigirse, ni son conscientes de las consecuencias que tiene su paso si van por aquí o por allá. Es el Auriga quien completa esta tríada aportando su guía y direccionalidad. Sin embargo, como tristemente muestra la historia de Faetón, ocupar ese lugar en el Carro no implica necesariamente habitar el rol del Auriga. Tampoco basta con “saber” cuáles son las instrucciones, ya que conocerlas no es lo mismo que vivenciarlas, y de la vivencia – de las experiencias personales- es que surge la verdadera Sabiduría que implica dominar las riendas con la firmeza necesaria para dirigir a los caballos por donde uno desea, la disciplina para no contagiarse del pánico ante un problema y la aplicación del justo correctivo cuando estas emociones –pues eso simbolizan estos caballos, hijos de Poseidón, dios de los Mares- no se canalizan por donde deben.
Es interesante cómo se repite en muchos libros que hablan sobre esta carta y el Tarot en general, una omisión tan alevosa y significativa que por ello mismo probablemente queda oculta a la vista de todos. Hablo de que normalmente se habla mucho del conductor, de sus ropas, y hasta expresiones, así como de los caballos, esfinges, elefantes o cualquiera sea la bestia que arrea el carro… pero poco se menciona sobre el Carro en sí, siendo que la carta no se llama El Auriga ni Los Caballos. Como mucho se describen detalles pictográficos de sus elementos: sus Ruedas, con alguna analogía a las Ruedas de Samsara, si el palanquín es techado o no, etc. etc. La cuestión es que el Carro en sí es más que un tercer elemento: en esta Carta tiene el rol protagónico. Por ejemplo, podríamos preguntarnos por qué Faetón no le pidió prestada a Helios su corona, o uno de sus caballos, o cualquier otra cuestión para el caso; no: lo que deseaba era conducir el Carro Solar, convertirse en la mente sutil que direcciona las emociones para provocar en lo denso la experiencia real del movimiento del sol durante el día.
La imagen del Carro Solar no es propiedad intelectual exclusiva de los antiguos griegos, sin embargo. En el Rig-Veda, el texto hindú más antiguo que se conoce –de aproximadamente mediados del segundo milenio antes de Cristo-, se hace mención al carruaje solar tirado por siete caballos que conduce al dios Suria a través de los Cielos.

Barca Solar del dios hindú Suria
En el caso de los nórdicos, el sol etaba representado por una diosa, Sól, quien gobernaba un carruaje tirado por dos corceles llamados Arvak y Alsvid (“Madrugador” y “Muy Veloz”, respectivamente), que eran perseguidos todos los días por un lobo gigante llamado Sköll, de quien se decía que en los eclipses éste estaba tan cerca ya del carro que su sombra ocultaba parcial o totalmente al carruaje divino.

Sól en su carruaje solar, perseguida por el lobo Sköll
No obstante, el carro solar no es más que una versión más moderna –relativamente, por supuesto- de un símbolo mucho más antiguo: el de la barca solar, presente por ejemplo en la mitología egipcia. Según ésta, el dios Ra recorre el cielo sobre una barca llamada Mandyet de Este a Oeste, y al llegar allí sube a otra llamada Meseklet, sobre la cual atraviesa el Inframundo junto a otros dioses, como Set, que le ayudan en su viaje subterráneo donde se enfrentan a poderosos enemigos, entre los cuales el peor era la serpiente Apofis (el Caos). Luego de vencer estos peligros, Ra consigue emerger nuevamente por el Este, donde vuelve a embarcarse en Mandyet para dar comienzo a un nuevo día.
He puesto el acento en el Sol en todos estos mitos porque no es casual que en todas estas importantísimas culturas la simbolización divina del principal astro esté vinculada a un vehículo. Podría pensarse a primera vista que dicha asociación está vinculada a la velocidad con la que recorre el cielo; sin embargo, un dios realmente vinculado a la velocidad (Hermes) no monta un carruaje ni una bestia; simplemente lleva zapatos y un gorro alados. ¿Por qué entonces el Carro o la Barca Solar?
La respuesta a esa pregunta comienza a acercarnos más en profundidad a a la Energía que encierra este Arcano Mayor.
Recordemos, por ejemplo, que la Barca Solar de Ra no sólo lo conducía por el Cielo, sino que también lo ayudaba a atravesar los ríos del Inframundo. Un resabio griego de este aspecto lo ofrece la Barca de Caronte, aquél que conduce las almas de los muertos a través de las aguas del río Aqueronte en el Hades, previo pago de su óbolo: una moneda de oro (sería el precio del pasaje en la actualidad). No es casual que Caronte signifique en griego brillo intenso… un nombre como mínimo curioso para un dios antiguo, hijo de la Noche y la Oscuridad, destinado a vivir en las entrañas de la tierra, ni que la moneda deba ser de oro, otra alusión al Sol (por eso en Alquimia, el símbolo del oro es el astrológico del sol)
Entendemos entonces que el Carro nos habla, además de movimiento, dinamismo, cambio y velocidad, de un vehículo, un conducto que proporciona o facilita dichas situaciones. Y este vehículo puede ser una persona, un evento, un encuentro, un viaje… o incluso un accidente: cualquier oportunidad que el Universo ponga ante nosotros (aunque a veces no nos parezca tal) de forma que actúe como un agente a través del cual se pueda producir en nosotros ese cambio, ese movimiento, esa conducción en nuestro Viaje Interior. El joven Enamorado de la Carta anterior ha logrado vencer su inmovilidad y tomar su Decisión, finalmente; y ello le ha colocado sobre este carruaje divino. Estará en él, y en su pericia y alineación emocional, el dirigirlo con la victoriosa seguridad de Ra o Helios… ¡o con la impulsiva e inexperta emocionalidad de Faetón!
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