
Полная версия:
Bill Hull La Iglesia Hacedora de Discípulos
- + Увеличить шрифт
- - Уменьшить шрифт
La iglesia debe convertirse en un equipo, uno que coordine sus dones y recursos para ganar el mundo. Eso requiere la creatividad del Espíritu Santo obrando a través de miembros discipulados, la suavidad de los dones de amor, la corrección de los dones de palabra y la determinación de los dones de liderazgo. Trabajar juntos es la clave.
5. En el Cuidado Pastoral: Pasando de Cristo Satisfaciendo Él solo Todas las Necesidades a Cristo Satisfaciendo Necesidades a través de los Dones del Cuerpo.
Qué tiene que ver un buen cuidado pastoral con el discipulado y cuál es su relación con el entrenamiento? Sin un buen cuidado pastoral, no puede haber una iglesia discipuladora. Jesús es el Buen Pastor, el Pastor Principal, el que podría y puede satisfacer cada necesidad. Mientras Él estuvo en la Tierra, los discípulos no tuvieron que acudir a nadie más que a Él, a ningún otro ser humano, para tener satisfechas sus necesidades. Como hemos visto, el modelo de discipulado cristocéntrico pone un fuerte énfasis en una persona que vierte su vida en otra.
En el modelo eclesiocéntrico, lo que Jesús era para los discípulos, ahora los miembros del cuerpo lo son unos con otros. Eso no implica que los miembros del cuerpo sean sobrenaturales, sino que Cristo escoge satisfacer muchas de las necesidades del cuerpo a través de otras partes del cuerpo. Por ejemplo, yo puedo orar a Cristo por ánimo, y un amigo puede llamarme por teléfono y orar conmigo. Si yo estoy enfermo, dos miembros de mi Grupo de Estudio Bíblico, pueden traerme una comida caliente. A través de su Espíritu, Dios motiva a los miembros a ministrarse unos a otros.
Descentralizando el cuidado pastoral. Históricamente, el cuidado pastoral ha sido asignado al clero, cuando por derecho le pertenece a toda la iglesia. Dentro del llamado a la descentralización del ministerio se encuentra la descentralización del cuidado pastoral. Muchos tipos de anclaje emocional y de personas dotadas para mostrar misericordia, ayudar, dar y exhortar o animar pueden ser desarrollados dentro de la iglesia como ministros efectivos.
Efesios 4:16 señala que la iglesia alcanza su punto más alto cuando cada miembro está haciendo su parte. Como la iglesia discipuladora descentraliza el ministerio pastoral, esta permite a los miembros ministrar y de hecho, pueden hacerlo mejor que el clero.
“Todos los creyentes eran de un solo sentir y pensar. Nadie consideraba suya ninguna de sus posesiones, sino que las compartían. Los apóstoles, a su vez, con gran poder seguían dando testimonio de la resurrección del Señor Jesús. La gracia de Dios se derramaba abundantemente sobre todos ellos, pues no había ningún necesitado en la comunidad.”
Hechos 4:32-34
Estos versículos muestran el obvio beneficio de la descentralización en la iglesia del primer siglo. Debido a que las necesidades de la gente habían sido satisfechas, un poderoso ministerio fue posible.
Cuidado pastoral es discipular. Tal declaración puede parecer escandalosa, pero no estoy afirmando que el cuidado pastoral es todo lo que hay para discipular; cualquier enfoque adicional a entrenar habilidades ministeriales o de evangelismo, sólo llena esa necesidad, pero cuando ponemos juntos el desarrollo de liderazgo, el entrenamiento y el evangelismo, tenemos discipulado.
El cuidado pastoral proporciona un fundamento de vida en la comunidad de Cristo que hace posible el entrenamiento y el evangelismo (1 Tesalonicenses 2:7-12). Quienes no han sido cuidados tienden a volverse antagonistas y proyectan sus heridas sobre el liderazgo. Como resultado, una relación de adversarios se desarrolla entre los líderes de la iglesia y la congregación. Por otra parte, cuando los líderes crean un ambiente amable y de aceptación, la gente puede abandonar voluntariamente muchas diferencias menores y trabajar juntos.
El cuidado pastoral es parte de desarrollar personas hacia la madurez en Cristo, así que debemos considerarlo como discipulado. La gente tiene ventanas especiales de oportunidad en sus vidas cuando se abren a Dios más de lo normal. Durante esos períodos transicionales o de crisis, si la comunidad de Cristo se encuentra en ellos, la gente misma se abrirá a Él. Cuando alguien se siente amado, bajará sus defensas y permitirá que la Palabra de Dios y otras personas entren a sus vidas.
Entrenamiento pastoral. Si usted desea descentralizar el cuidado pastoral en la iglesia, no lo podrá hacer sin entrenamiento. Esto requerirá varias etapas:
1. La gente debe saber que ellos son ministros y que tienen contribuciones por hacer. Hasta que ellos sientan esta confianza, no serán capaces de actuar.
2. Los cristianos necesitan descubrir y desarrollar sus dones específicos.
3. Ellos necesitan poder experimentar con sus dones en su área de interés.
4. Una y otra vez, ellos necesitan tener esa oportunidad y ser respaldados en ello. Frente al fracaso, ellos necesitan tener la oportunidad de intentarlo de nuevo, en una nueva manera, para descubrir cuál fue el error y cómo puede ser corregido. En procura del éxito, ellos necesitan tener la oportunidad de intentar nuevas cosas.
5. Los miembros con dones pastorales necesitan reclutar gente para reclutar y enseñar a otros, para multiplicar sus esfuerzos.
Con este concepto de cinco puntos, una iglesia puede dar un discipulado que obre dentro de la congregación y gane al mundo con el evangelio. Como resultado, la gente es mejor cuidada y los miembros del cuerpo encuentran satisfacción al ejercitar sus dones.
Nuestro modelo para el proceso de discipulado está basado en las experiencias de la iglesia del primer siglo. Cómo desarrollaron ellos un programa de discipulado en multinivel como este? Veamos cómo empezó el discipulado en la primera iglesia, en Jerusalén.
Reflexión
Qué significa hacer discípulos? Responder la pregunta requiere un ejercicio con claridad. El estado de las cosas desde 1990 hasta 2010 no ha cambiado mucho respecto a la salud del corazón de la iglesia norteamericana. Después de todo, veinte años no es más que un bache en la historia de la experiencia norteamericana. En la década de los 90’s se estimaba que la asistencia alcanzaba el 43% de la población. Parece innegable que más personas asistían a la iglesia en aquellos días. Sin embargo, esa información ahora ha sido cuestionada por David T. Olson en su excelente obra, La Iglesia Americana en Crisis. Olson presenta una descripción más detallada y precisa en su libro. Su investigación demuestra que en el 2005 alrededor del 17,5% de los americanos asistían a una iglesia: 9,1% evangélicos, 3% protestantes y 5,3% católicos.3 Se podría decir con confianza que la asistencia a la iglesia está decreciendo y si la tendencia continúa, la iglesia en América lucirá más como en Europa que como en África o Asia, donde la asistencia a la iglesia está creciendo.
Un decrecimiento en la asistencia de la iglesia puede que no nos diga todo lo que necesitamos saber. La asistencia a la iglesia podría estar creciendo, pero al mismo tiempo, su capacidad de transformar a la gente y a la sociedad podría estar disminuyendo. Un compromiso de hacer discípulos no asegura el crecimiento de la iglesia, al menos de la manera que se anuncia. Hay otras razones por las que las organizaciones religiosas crecen o decrecen; todas, desde malas condiciones económicas que conducen a grandes cantidades de personas de una comunidad a un cambio pastoral que no haga lo mismo. En ambos casos, la iglesia puede estar muy enfocada en todas las cosas correctas y de hecho, puede estar practicándolas. La teología correcta y las prácticas correctas no salvan a la iglesia de condiciones económicas de pobreza o de un ajuste equivocado, incluso si el pastor tiene un espíritu correcto.
Podría decirse también que el crecimiento numérico de la iglesia creado por un exitoso mercadeo, una comunidad en crecimiento o un líder pastoral cautivante, están altamente sobrevalorados. Lo que realmente importa es la calidad de vida espiritual de los miembros de la iglesia y el efecto de la enseñanza de la iglesia en su vida diaria.
Es fácil para la gente llevar una singular vida religiosa; muchas personas pueden mantener un comportamiento aceptable por cortos períodos de tiempo, cuando se reúnen para adorar o participar en un estudio bíblico. La verdadera prueba es la reputación que ellos tienen en sus familias, en sus lugares de trabajo y en su vecindario. Los compañeros de trabajo y los vecinos son los más confiables jueces de la validez de un cristiano. Estén siempre alertas de un cristiano cuyos familiares se disculpan con demasiada frecuencia por su mal comportamiento. Esto es lo que normalmente se llama encubrir su doble vida.
Después de todos estos años, yo continúo buscando la respuesta a la pregunta: “Qué clase de gente estamos produciendo?” Un escritor ha afirmado que estamos alcanzando los resultados exactos que nuestras prioridades organizacionales han diseñado que se produzcan. Yo creo que lo que él quiere decir es que nuestro evangelio no exige mucho para entrar y permanecer en la fe y que por tanto, producimos miembros superficiales. En otras palabras, respecto a la cultura, la iglesia tiene la capacidad de penetración de una gelatina: sólo golpeamos el recipiente, la dejamos caer, la despedazamos y la mezclamos. Así mismo, la superficialidad genera miembros religiosos, La religión está presente para salvar nuestro pellejo, revelar nuestra culpa y gritar en tiempos de angustia. Esta es la razón por la que la gente deja de ir a la iglesia. No es desafiante ni crítica para la vida misma ni parece estar yendo para alguna parte. Hay muchas felices excepciones, pero la tendencia continúa cada vez más en descenso.
Cómo cambiaría esta tendencia un enfoque en ser y hacer discípulos, o son las fuerzas de la cultura demasiado poderosas? La iglesia es una isla de lógica tradicional y absolutos rodeados por un mar de relatividad, donde la verdad se ha vuelto una construcción social. Lo que es diferente de los siglos anteriores es que la verdad ha colapsado como una categoría; no tiene un apoyo público. Lo que es igual es que muchas religiones ahora están mezcladas en una misma ciudad o región. La globalización ha integrado al cristiano promedio con hindúes, musulmanes y budistas. Ahora es más difícil que antes decirle a una persona que irá al infierno por ser parte de una religión diferente.
Recuerdo un viaje en tren en Tokio, en el que los pasajeros estaban hacinados en cada vagón, muy lejos de lo legal. Con una estatura de más de 1,90 m., mi cabeza y hombros sobresalían por encima de la muchedumbre, de manera que podía ver a través de las ventanas que había al final de cada vagón, y empecé a pensar en cómo muchos conocían a Cristo. Yo estaba seguro de que muy pocos lo conocían y que la mayoría sólo sabrían que Él era el líder del cristianismo. Entre un 1 y 3% pueden haber oído alguna clase de evangelio convincente. Yo pensé: “Qué le pasará a nueve de cada diez personas en este tren?” Mi teología cristiana dice que sin Cristo, ellos irán al infierno. Subí a ese tren con mi teología intacta y salgo de él confundido.
Esta “aldea global” que es ahora nuestro hogar, hace más difícil mantener las doctrinas ortodoxas y esta es otra razón por la que la gente ha dejado de ir a la iglesia. Lo que ellos están aprendiendo en la aldea global está en contradicción con la enseñanza cristiana. La aldea global enseña la tolerancia como un valor moral absoluto y no como la gracia para estar de acuerdo o no. El relativismo enseña que Verdad, con V mayúscula, está más allá de la lógica y la razón humanas. Es casi lo mismo que la posición cristiana que afirma que la revelación de Dios pone todos los fragmentos de la verdad juntos, en la Verdad con V mayúscula. La posición cristiana es que usted puede conocer la Verdad. La posición secular es que usted no puede conocerla, pero si pudiera ser conocida, sería por encima y más allá de la lógica o la razón. Se hallaría en la mente de Dios (siendo Dios una fuerza que desafía la definición). Así que al final, la Verdad es revelada a medida que evolucionamos como pueblo. Nosotros subiremos la escalera del conocimiento y mientras lo hacemos, descartaremos tales nociones anacrónicas como la de que una religión es la verdad.
Esta deconstrucción de la verdad y la ortodoxia ha hecho que ahora sea más difícil que le interese a una persona más joven. Oí a un inteligente y joven cristiano decir que “las respuestas del cristianismo ortodoxo no son lo suficientemente más grandes y radicales para confrontar las perplejas preguntas que confrontan ahora a la raza humana". Los cristianos más jóvenes y los que buscan a Dios, están a la espera de algo que suene lo suficientemente grande y robusto intelectualmente para coincidir con su deseo de hacer que sus vidas importen. Hace treinta años, los cristianos no se decidían a evangelizar porque no conocían los suficientes fundamentos para convencer a un incrédulo. Hoy, los cristianos evaden el evangelismo porque temen ser acusados de ser unos arrogantes “sabelotodo”. Entonces, qué significa ahora hacer discípulos? Cómo le enseñamos a la gente a vivir en un mundo pluralista?
Yo mantengo mis pensamientos iniciales en esta sección escrita hace más de veinte años. Aún creo que hacer discípulos está en el corazón de la misión de la iglesia. Esta es la razón por la que sólo discípulos maduros reproducen y crean movimientos que pueden ser sostenidos para la evangelización mundial. Predicar el evangelio a toda la raza humana está en el corazón de Jesús y de nuestra comisión. Jesús dejó esas instrucciones; por lo tanto, este es el plan para cada discípulo y cada iglesia. Todo lo demás es una pérdida de tiempo.
Nuestro carácter es nuestra influencia. Eso es lo que significaba hacer discípulos en el primer siglo y lo que significa aún hoy. La iglesia parece insistir en tratar de ganar el mundo sin hacer discípulos. Esta omisión ha dañado seriamente nuestra reputación y nuestra capacidad de interesar a otros en Cristo y descuidado la instrucción de “enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes”. Ya que muchos líderes de iglesias en Occidente se han entregado al enfoque de la importancia y la conformación de congregaciones más grandes, el compromiso de un ejemplo personal y de una transformación del carácter individual a semejanza de Cristo ha sido disminuido.
Dallas Willard afirmó enfáticamente a finales de los 80’s, lo que aún hoy es radical: “Los ministros prestan demasiada atención a gente que no viene a los servicios. En términos generales, esas personas deberían recibir del pastor exactamente el trato que ellos le dieron a Cristo. El líder cristiano tiene algo mucho más importante que hacer que perseguir a los impíos. La tarea del líder es equipar a los santos hasta que sean como Cristo (Efesios 4:12), y la historia y el Dios de la historia esperan que él lo haga.”4
Cuando uno investiga la escena de la iglesia en el mundo, la iglesia norteamericana es la que está ahora en el campo misionero. La iglesia en Asia y África (e incluso en China), están haciendo ahora los esfuerzos más serios por hacer discípulos. La energía de los líderes de la iglesia debe dirigirse a conseguir que hombres y mujeres más jóvenes se vuelvan aprendices (discípulos) de Cristo. Esto supone que los líderes actuales vivan de tal manera que sean buenos ejemplos para el rebaño.
He concluido que las prioridades de los líderes de la iglesia deben cambiar del éxito corporativo hacia uno personal, pues ahí, en la vida común y personal más que en la vida pública, radica el verdadero poder espiritual. Esa es la razón por la que es mucho más importante ser un discípulo que tener un plan para hacer discípulos. Cuando los individuos son discípulos, encontrarán una manera de hacer otros discípulos. De hecho, no podrán parar de hacerlo.
notas
1. Eberhard Bethge, Dietrich Bonhoeffer: A Biography (Minneapolis: Fortress Press, 2000), 83.
2. Yo he cubierto este texto desde el punto de vista del pastor en algunos detalles en mi libro El Pastor Hacedor de Discípulos (Bogotá D.C., Colombia: Ediciones Berea, 2008).
3. David T. Olson, The American Church in Crisis (Grand Rapids: Zondervan, 2008), 29.
4. Dallas Willard, The Spirit of the Disciplines (San Francisco: Harper and Row, 1989), 246.
2
Parte
La Primera Iglesia: Jerusalén
La iglesia hacedora de discípulos empezó a esparcirse en Jerusalén. Con la venida del Espíritu Santo, en Pentecostés, la incipiente organización empezó a crecer a una tasa que casi desafía la imaginación.
Todo eso sucedió porque los apóstoles siguieron las lecciones que habían aprendido de Jesús y condujeron a un pequeño grupo a obedecer el mandato del Señor de predicar el evangelio.
Durante el camino, los apóstoles enfrentaron muchos problemas y desafíos que los forzaron a practicar los métodos y principios que Jesús les había enseñado por tres años. Su respuesta a esa prueba creó un modelo de crecimiento de la iglesia que resume el desarrollo de la comunidad de la iglesia desde sus primeros pasos hasta su plena madurez. En las páginas del libro de los Hechos de los Apóstoles, vemos los torpes pasos de los primeros conversos y los fracasos que tuvieron. Pero también vemos el mensaje y los principios que ellos esparcieron exitosamente por todo el mundo.
Los problemas y errores de la primera iglesia también son los nuestros. Muy poco es lo que ha cambiado al interior de las congregaciones y tenemos tanto que aprender.
3
Capítulo
Fundando la Primera Iglesia
Después de la Ascensión de Jesús, empezaron los cambios en la primera iglesia en Jerusalén. En las páginas de Hechos 2-7, vemos la fundación de la iglesia, por el curso de cerca de seis años. Una vez que el campo de trabajo fue establecido, el evangelismo se puso en marcha bajo Felipe, Esteban y Pedro. Hechos 8-11 describe este crecimiento, el cual tuvo lugar por dos años.
Observando los primeros cinco a siete años de la iglesia, podemos conocer su naturaleza y características. En principio, la iglesia en Jerusalén tenía las mismas funciones, las mismas prioridades del mandato de Cristo y los mismos conflictos internos de las iglesias de hoy. En esta sección tomaremos nota de la manera especial que los discípulos procesaron y aplicaron las enseñanzas de Cristo a sus congregaciones.
Las Etapas del Desarrollo de la Iglesia
A medida que una iglesia crece, cambia. En las páginas del Nuevo Testamento, vemos cómo la iglesia del primer siglo se alteraba y desarrollaba. Podemos aplicar estos patrones a nuestras iglesias.
Las tres iglesias del Nuevo Testamento (la primera iglesia, la iglesia misionera y la iglesia discipuladora), pasaron por cuatro etapas generales. Tomando como enfoque primario los métodos, seguidores, viajes y escritos de Pablo, veremos estas fases en los cuarenta años del ministerio apostólico:
Fase Formativa. Todas las definiciones al respecto tienen como base la idea de estructurar o conformar algo. De igual manera, los apóstoles dieron estructura, creando una nueva y creciente entidad. Ellos empezaron con la predicación que produjo conversiones y agrupando a los nuevos creyentes en unidades manejables para el desarrollo.
Fase de Desarrollo. Una vez que establecieron las bases, los apóstoles tuvieron que desarrollar principios alrededor de los cuales pudieran edificar la vida de la iglesia local. Ellos crearon una estructura corporativa, prácticas estandarizadas y establecieron una forma de vida. En la Escritura, hay descripciones generales que describen este proceso.
Fase Correctiva. En el desarrollo de la iglesia, los líderes tuvieron que ajustar desequilibrios, abusos de dirección y rebeliones contra las prioridades y prácticas. Algunas iglesias encuentran que esta etapa se convierte en una manera de vivir.
En esta fase, podemos también incluir medidas más positivas de corrección que vienen con la obediencia y los roles internos y externos que juega la oposición en el proceso de madurez.
Fase Reproductiva. A diferencia de la iglesia en Jerusalén, muchas iglesias nunca alcanzan esta etapa. Mientras no se reproduzca en una muy extensa base individual y a nivel corporativo, la iglesia estará incompleta. Una congregación local debe evangelizar eficazmente su campo de cosecha y reproducirse mediante la plantación de iglesias.
Yo proporciono estas fases como herramientas de comunicación, espacios donde podemos ver los hechos y aprender a aplicarlos. Ayudaría si entendiéramos que todas las cuatro obran simultáneamente en la iglesia.
Con estas fases, espero ayudarle a ver la naturaleza progresiva de la madurez de la iglesia. Enfóquese en su ministerio actual. Está usted estancado en una fase? Usted puede salir de allí.
El camino de la primera iglesia en Jerusalén hacia la iglesia discipuladora en Éfeso tomó veinte años. Durante ese tiempo, muchos procesos tuvieron lugar en la mente de Pablo y en las prácticas de la iglesia. Gran parte de esto fue martillado en el debate y sobre el yunque de las experiencias humanas.
Las prioridades de la iglesia no cambiaron durante ese tiempo, pero sus prácticas evolucionaron. En la primera iglesia, la iglesia misionera y la iglesia discipuladora, vemos los principios que Jesús enseñó y practicó. Aunque la literatura escritural es limitada, como Pedro de manera elocuente lo expresa, tenemos todo lo que necesitamos (2 Pedro 1:3).
La Etapa Formativa de Jerusalén
Al igual que la reacción inicial de un soldado al disparo de un arma de fuego o la respuesta de una madre al llanto de su bebé, la primera inclinación de los discípulos revela mucho. Los Doce, junto con los demás en el aposento alto, no tuvieron tiempo de escribir una estrategia. Antes que ellos pudieran analizar su experiencia, salieron a las calles y predicaron el evangelio en lenguas que no conocían. Los recuerdos de cómo hacer las cosas rondaban sus cabezas, tal como Jesús había dicho que sucedería: “Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho” (Juan 14:26, resaltado agregado).

Los apóstoles sabían que ellos iban a dar testimonio de Jesús, pero cómo saldrían de Jerusalén hacia Judea, Samaria y finalmente, a los más remotos confines del mundo? Su reacción visceral a los eventos naturales y sobrenaturales surgió de sus recuerdos de Jesús.
Esa reacción revela sus creencias profundamente arraigadas y practicadas.
Lanzando la Iglesia de Jerusalén
Al igual que un misil balístico dirigido, la iglesia de Jerusalén estalló con un extraordinario poder sobre la ciudad. Como 120 hombres y mujeres con ojos desorbitados tropezaban por las calles, balbuceando y parloteando, parecía ser el clímax de una orgía de ebrios. Pero diez días de oración, una llenura del Espíritu y tres años de entrenamiento hicieron posible la respuesta de Pedro a la situación.
Las multitudes llenas de asombro, pensaban que aquellos charlatanes estaban borrachos. Sin embargo, cuando Pedro se paró y habló, ninguno expresó sorpresa alguna; Pedro sabía qué hacer con una multitud. Una vez su Maestro se había parado en medio de una multitud de adoradores, justo cuando el sacerdote estaba derramando agua sobre el altar, simbolizando la promesa de Dios de la venida del Espíritu, y había dicho: “Si alguien tiene sed, venga a mí, y el que crea en mí, beba... Del interior de aquel correrán ríos de agua viva” (Juan 7:37-38, DHH). Durante la Fiesta de la Pascua, el Maestro de Pedro se llamó a sí mismo el Pan de Vida. Jesús había tomado ventaja de cada situación y Pedro empezaba a experimentar esa lección.
El Espíritu prometido había llenado el corazón de Pedro y las palabras del profeta Joel vinieron a su mente (Joel 2:28-32). Pedro explicó el Pentecostés, exaltó a Cristo y exhortó a quienes lo escuchaban a comprometerse.
Él contextualizó su mensaje para la audiencia judía que creía en el Antiguo Testamento.
El Mensaje Predicado
De manera inherente en esta historia vemos principios para empezar una iglesia. Gente inspirada comunica un mensaje a los que eran cautivados por una demostración del poder de Dios. El mensaje vino de una fuente respetada y de autoridad, y los que oyeron fueron llamados a una decisión y una acción.