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Bill Hull La Iglesia Hacedora de Discípulos
La Iglesia Hacedora de Discípulos
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Bill Hull La Iglesia Hacedora de Discípulos

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Qué incluye el Discipulado?

Con dos palabras, bautizar y enseñar, Jesús dejó claro el proceso del discipulado. Bautizar nuevos discípulos significa llevarlos a manifestar públicamente su fe. A través de este único momento de testimonio público, ellos hacen su declaración de lealtad a Cristo.

En el primer siglo, el bautismo era una declaración valiente y costosa. Hoy, ha perdido su impacto público. Culturalmente es algo esperado y una ocasión para estrenar vestido, fiestas y videos caseros. El desafío hoy es enseñar el evangelio como una invitación a seguir a Cristo y entregar el control de la vida de uno para hacerlo. Cuando una iglesia ha sido edificada sobre una profesión de fe en lugar de que la fe esté cimentada en la obediencia, ser bautizado no implica mucho cambio.

Enseñar, sin embargo, es un proceso de toda la vida. La instrucción exacta es: “enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes” (Mateo 28:20).

Dónde establecemos la línea que separa una actividad de discipulado de una que no lo es? Qué podemos incluir legítimamente en el discipulado? Cristo establece el límite: “todo lo que les he mandado a ustedes”. Todo lo que cae dentro de los mandamientos y directrices de Cristo podemos considerarlo discipulado. El Sermón del Monte, el mensaje del Aposento Alto, los mandamientos de orar y amarse unos a otros, todo cae dentro del plan del discipulado.

Muchos tienen la falsa idea de que el discipulado involucra una estrecha enseñanza de las habilidades del ministerio y una acumulación de conocimientos bíblicos, pero el discipulado es de hecho de un alcance tan amplio como las enseñanzas de Jesús. Al incluir todo lo que Él enseñó, ampliamos nuestra comprensión del discipulado. Sin embargo, aunque nuestro alcance sea más amplio, no debemos permitir que se convierta en una excusa para una falta de intención. Ni debemos perder la noción de la necesidad de una obediencia constante: “enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes”. Si a usted no se le ha enseñado a obedecer ni animado a ello a través del seguimiento, no tenemos discipulado.

Jesús: el Modelo del Hacedor de Discípulos.

Cuando Jesús dijo a los discípulos que fueran e hicieran discípulos de todas las naciones, ellos sabían lo que Él quería decir: Él les había enseñado a través de su ejemplo y ellos entendieron los principios y las prioridades que habían visto en su comportamiento. Ellos fueron a ganar a otros para la fe y hacer que fueran como ellos.7

Jesús les dio el ejemplo tanto de una estrategia como de un estilo de vida. Jesús dijo que cuando un discípulo “haya completado su aprendizaje,... será como su maestro” (Lucas 6:40). Así que cuando alguien pregunta, si los discípulos discipularon, podemos responder: “Por supuesto que sí. Cómo podían ellos hacer algo diferente a lo que Jesús les había enseñado? Ellos hicieron exactamente lo que sabían hacer.”

Algunos han tratado de argumentar que Jesús no tenía una estrategia intencional. “Deben estar leyendo una Biblia diferente a la mía,” les replico yo. Si una cosa se muestra claramente en los evangelios, es que Jesús fue un hombre con un plan, unas prioridades y una meta.

Jesús tuvo un plan de desarrollo en cuatro fases fundamentado en cuatro puntos claves, cada uno de los cuales inauguraba una nueva fase de entrenamiento (vea el Cuadro No.1):

“Vengan y Vean.” En esta etapa formativa, Jesús extendió una invitación para que la gente lo conociera a Él y su obra.

“Vengan y Síganme.” Esta es la etapa de desarrollo en la cual Jesús entrenó y afirmó a creyentes maduros. Él les mostró cómo y lo hizo con ellos.

“Vengan y Quédense Conmigo.” Al unir la corrección a la etapa de desarrollo, Jesús desafió a quienes tenían habilidades de liderazgo a ser como Él. Fuera de esto estuvieron los Doce, que recibieron una posición y autoridad especiales.

“Permanezcan en Mí.” En la fase final, Cristo esperaba que los discípulos se reprodujeran. Él los envió al mundo a obedecer su mandamiento y hacer discípulos.


Podemos ver la estrategia intencional de Jesús en su resistencia al maligno en el desierto (Mateo 4:1-11), en su negativa a satisfacer una sentida necesidad inmediata a expensas de un objetivo mayor (Marcos 1:38), y en su declaración de que Él hace “solamente lo que ve que su Padre hace” (Juan 5:19). Jesús recibió sus instrucciones desde el cielo y no se apartaría nunca de la agenda de su Padre.

Ninguno de nosotros puede dudar que Jesús siempre tuvo presente su objetivo. En al menos cinco ocasiones Él dio a los discípulos las instrucciones de la Gran Comisión (Mateo 28:18-20; Marcos 16:15-18; Lucas 24:44-49; Juan 20:21; Hechos 1:8). La idea de esparcir el evangelio llenó sus pensamientos incluso desde su encuentro con la mujer en el pozo (Juan 4), cuando Él llamó la atención de sus discípulos sobre los campos maduros para la cosecha.

Consciente de la necesidad, Jesús lamentaba: “La cosecha es abundante, pero son pocos los obreros. Pídanle, por tanto, al Señor de la cosecha que envíe obreros a su campo” (Mateo 9:37-38). Su respuesta inmediata fue ampliar la base de trabajadores: “Subió Jesús a una montaña y llamó a los que quiso, los cuales se reunieron con Él. Designó a doce, a quienes nombró apóstoles, para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar” (Marcos 3:13-14). Al preparar a otros para la responsabilidad más grande, Jesús podía multiplicar su influencia. Cinco meses después de su llamado, los Doce salieron de dos en dos, sin su presencia física (Mateo 10). Más tarde ellos liderarían a los setenta en los viajes de ministerio. Pero en cada caso, ellos se reportaron de nuevo con Él para su evaluación y recomendación.

Él inculcó en ellos un sentido de responsabilidad fundamentada en la relación mientras el proceso de aprendizaje continuaba.

Jesús no podía enfocar todos sus esfuerzos en los setenta, pues era un grupo demasiado grande para lidiar con ellos exitosamente. En su lugar, Él estableció relaciones cercanas con los Doce. Los discípulos proporcionaron una variedad de personalidades, dones y peculiaridades, y al enfocarse en un grupo de ese tamaño, Jesús podía enseñarles a trabajar juntos y a través de las diferencias; pero los números nunca llegarían a ser inmanejables. Los discípulos de hoy han descubierto que un grupo pequeño sigue siendo la mejor herramienta de discipulado.

Lentamente Jesús llevó a los discípulos a asumir su ministerio, dándoles gradualmente cada vez más responsabilidad mientras ello pasaban de una etapa a la siguiente. Él había seleccionado a estos hombres sobre la base del carácter y los dones. Ya ellos habían puesto a Cristo antes que a sí mismos, que sus posesiones e incluso que a su familia (Lucas 14:25-33); ellos se sacrificarían voluntariamente y comenzarían su misión (Lucas 9:23-25). A través de estos pocos dedicados, Él podría obrar, expandiendo el ministerio en una manera que ningún hombre podría. Esta descentralización llegaría a ser más relevante después de su ascensión y la venida del Espíritu Santo.

El Modelo de los Primeros Discípulos.

Por las clases de iglesias que formaron los apóstoles, sabemos que ellos hicieron discípulos. Miremos los tres ejemplos dominantes en Hechos y en las Cartas: La primera iglesia, en Jerusalén; la iglesia misionera, un conglomerado de congregaciones que Pablo plantó en sus primeros dos viajes misioneros; y la iglesia discipuladora, fundada en Éfeso (vea el Cuadro No.2). Los principios de los apóstoles fueron establecidos en la primera iglesia, expandidos en la iglesia misionera y madurados en la iglesia discipuladora.


La Primera Iglesia.

En Hechos 2-7, vemos los primeros cinco a siete años del discipulado en la primera iglesia. Como se ve en Hechos 2:42-47, las principales diferencias entre el liderazgo de los apóstoles y la manera en que Cristo dirigió a los Doce llegaron a ser manifiestas en la congregación.

“Ellos perseveraron en la doctrina de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. Todos estaban asombrados por los muchos prodigios y señales que realizaban los apóstoles. Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno. No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos.”

En lugar de seguir un modelo cristocéntrico, ellos empezaron a establecer un enfoque eclesiocéntrico en la congregación. Al expandir el discipulado, los Doce podían alcanzar su objetivo: ganar a todo el mundo para Cristo.

La Iglesia Misionera.

De un puesto de avanzada llamado Antioquía, emergió el primer gran impulso evangelizador del cristianismo. Dos hombres que no habían seguido a Cristo durante su ministerio en la tierra lideraron el camino, estableciendo las mismas prioridades y prácticas que Él había enseñado y los apóstoles habían aplicado en la primera iglesia.

Aunque gobernada por los mismos principios y prioridades de la primera iglesia, la iglesia misionera era diferente. Estaba compuesta por toda una familia de pequeñas iglesias, dirigidas por ancianos desconocidos para la iglesia madre. La iglesia misionera nos proporciona un ejemplo de cómo las iglesias crecen y se multiplican, revela las etapas de madurez que las iglesias atraviesan y lo que ellas necesitan mientras se desarrollan.

De hecho, las iglesias deben pasar por cada etapa que los apóstoles experimentaron bajo el liderazgo de Cristo. Cualquier iglesia que se estanca morirá. Miles de iglesias americanas han probado la verdad de esto mientras la vida empieza a alejarse de ellas.

La Iglesia Discipuladora.

Pablo pasó más de tres años en Éfeso y aquí aprendemos más acerca de la naturaleza de una iglesia discipuladora madura. Tenemos más información acerca de Éfeso que de cualquier otra iglesia en el Nuevo Testamento, y en ella vemos un agresivo ministerio que ganó toda Asia con el evangelio.

La Carta de Pablo a los Efesios detalla las prioridades de la gente y sus Cartas a Timoteo, el pastor de Éfeso, detalla las prioridades pastorales. El relato de Lucas en Hechos proporciona otro punto de vista del trabajo de Pablo. De estos escritos tenemos una rica información para entender una moderna versión de la iglesia discipuladora.

notas

1. Esto se aclara en G. W. Bromily, The Theological Dictionary of the New Testament (Grand Rapids: Eerdmans, 1967), 457–59.

2. Ibid., 441.

3. Michael Wilkins, The Concept of Disciple in Matthew’s Gospel as Reflected in the Use of the Term Mathetes (Boston: E. J. Brill, 1988), 160.

4. Robert Coleman, El Plan Supremo del Discipulado (Bogotá D.C., Colombia: Ediciones Berea, 2004), 99.

5. Parafraseado de Wilkins, Concept of Disciple. Debo anotar que Wilkins no está de acuerdo con esta tesis y argumenta muy eficazmente en contra de ella.

6. Recomiento grandemente la lectura de los artículos del Dr. Michael J. Wilkins, publicados en el apéndice de The Anchor Bible Dictionary (Garden City, NY: Doubleday, 1992).

7. Mi libro, Jesucristo, el Hacedor de Discípulos (Bogotá D.C., Colombia: Ediciones Berea, 2015) está dedicado a la creencia de que Jesús puso el ejemplo de hacer discípulos.

2

Capítulo

El Enfoque de la Iglesia Hacedora de Discípulos

En sus palabras en el Aposento Alto, Jesús dio a sus discípulos simultáneamente un seminario y una advertencia de que su relación nunca sería la misma. Pronto ellos se relacionarían con Él a través del Espíritu Santo, en lugar de disfrutar su presencia física.

Cuando Él dijo, “les conviene que me vaya” (Juan 16:7), los discípulos no lo creían. Lo haríamos nosotros? Si tuviéramos que elegir entre la presencia física del Señor Jesucristo y la presencia del Espíritu Santo, no tomaríamos a Cristo? Es difícil imaginar que realmente pudiéramos ser mejores con el Espíritu Santo.

Cuando Cristo ascendió, los discípulos pasaron de la etapa de “Vengan y Quédense Conmigo” a la fase de entrenamiento de “Permanezcan en Mí” (Juan 15:7). Ellos usarían el mismo proceso de entrenamiento de cuatro puntos que Jesús les había enseñado. (Ellos no sabían que estaban usando un proceso de cuatro puntos; ellos sólo estaban haciendo lo que Jesús les enseñó). Su nuevo contexto requería alteraciones en quiénes y cuántos harían la obra, en cómo el grupo conocería la voluntad de Dios, cómo serían entrenadas las personas, cómo extenderían el mensaje y cómo satisfacer las necesidades de la gente. Aunque los discípulos no querían que Jesús se fuera, ellos adaptaron sus enseñanzas para acoplarse a las nuevas circunstancias.

La Iglesia necesita un cambio?

Gran parte de la iglesia contemporánea ha estado tan ocupada enfocándose en lo que Jesús hizo que ha ignorado los cambios que los apóstoles instituyeron. El enemigo ha usado este descuido para su conveniencia al retener a la mayoría de la iglesia fuera del proceso de discipulado.

En el modelo cristocéntrico, Jesús era el Maestro y los discípulos los aprendices. Debido a que Él era Dios, Jesús era suficiente para los Doce: Él podía dirigirlos, satisfacer cada necesidad y llevar a la madurez a cada seguidor. Ninguno tenía que hacer conjeturas acerca de la voluntad de Dios o decidir dónde anunciar. Sólo debían preguntarle a Jesús.

El uso efectivo de este modelo aún permanece en uno o dos ministerios de grupos pequeños que se mantienen en los límites de la iglesia y en organizaciones paraeclesiales. Este atrae a gente que piensa de una misma manera, talentosa y orientada a labores, y, enfatiza la acumulación de conocimiento y desarrollo de habilidades ministeriales.

El modelo cristocéntrico obra en un grupo plenamente comprometido con una meta clara y precisa, como la misión de una organización. La naturaleza orientada a labores y de una visión común de tal grupo permite al modelo obrar exitosamente; el evangelismo se enfoca en una estrecha parte de la Gran Comisión, sin comprometerse con la multiplicidad de agendas y la complejidad de la iglesia local. Donde todos los miembros pueden adquirir las mismas habilidades, tomar el mismo entrenamiento filosófico y encajar en un claro objetivo de misión, el modelo se vuelve efectivo.

A la luz del total deterioro de la iglesia evangélica, Dios en su gracia ha levantado muchas misiones para ocuparse de lo que necesita ser hecho. Pero eso no significa que convendría intentar poner la filosofía paraeclesial a la iglesia local. Sería como poner una clavija cuadrada en un agujero redondo.

La organización paraeclesial atrae a una persona orientada a la Palabra, agresiva en evangelismo y comprometida con la labor (una iglesia promedio probablemente tiene cerca de un 20 ó 30% de este tipo de personas). El modelo estrechamente cristocéntrico no ha obrado mucho en la iglesia porque no se ajusta a su variedad. Mucha gente en la congregación local es talentosa en otras áreas, miran la vida a través de diferentes lentes y tienen una multiplicidad de creencias respecto a las prioridades de la iglesia. El modelo cristocéntrico simplemente no puede alcanzar o interesar lo suficiente a la gente para llegar a ser el corazón de la iglesia.

La Necesidad de un Nuevo Modelo

Dado que el modelo cristocéntrico no satisface las necesidades de la iglesia, no podemos concluir que los miembros de la iglesia no necesitan tomar parte en el discipulado. El fracaso en la contextualización de lo que significa hacer discípulos en nuestra sociedad y nuestro tiempo ha conducido a la iglesia débil y desobediente de hoy. El discipulado debería permanecer en el corazón de la iglesia, pero necesita un enfoque multidimensional, uno con aplicaciones más amplias que la iglesia acepta por lo general.

Donde nosotros hemos fracasado, los apóstoles actuaron exitosamente: ellos tomaron el modelo de discipulado cristocéntrico paraeclesial y adaptaron sus principios para la iglesia. Nosotros podemos seguir esa transición pasando a través de la primera iglesia, la iglesia misionera y la iglesia discipuladora. Por el tiempo en que Pablo dejó Éfeso, él había forjado el modelo eclesiocéntrico, lo cual hizo de la iglesia discipuladora una realidad.

Qué es el Modelo Eclesiocéntrico?

En el discipulado eclesiocéntrico, existe un equipo de trabajo entre el cuerpo de Cristo. El evangelismo tiene lugar a través de los diferentes dones de toda la iglesia y no sólo de una pequeña porción de la congregación. Aunque algunas personas son fuertes en la oratoria, otras juegan un papel de apoyo, pero todas obran juntas en pos de un objetivo común. Por ejemplo, el cuidado pastoral juega un papel vital en atraer a la gente a la iglesia y afirmarlos en Cristo. A menos que haya una comunidad amorosa y cariñosa que ayude a los bebés recién nacidos y sane a los heridos, la gente no vendrá a Cristo ni permanecerá lo suficiente para ser entrenada. El amor dentro de la comunidad de Cristo es la más poderosa de todas las herramientas evangelísticas de la iglesia.

El modelo eclesiocéntrico reconoce la riqueza en diversidad y talentos del cuerpo de Cristo y la manera en que obran juntos como un equipo para crear un ambiente de discipulado. Cuando los estrechos pasillos del modelo cristocéntrico son derribados y reemplazados por los grandes salones del modelo eclesiocéntrico, muchos de los que han rechazado el discipulado como la prioridad para una iglesia viable, querrán darle una segunda mirada.

El Discipulado y el Modelo Eclesiocéntrico

Para definir el discipulado, yo he propuesto quitar las barreras y abrir las puertas ampliamente, conservando el distintivo del discipulado. Por lo tanto, he desarrollado esta definición: el discipulado es el entrenamiento intencional de discípulos, con seguimiento y sobre la base de relaciones cariñosas.

Observe los componentes de esta definición:

Intencional. Al igual que Jesús, debemos tener una estrategia planeada. Jesús sabía qué clase de personas estaba formando y su propósito para ellos. El equipo de liderazgo de una iglesia discipuladora tiene un propósito definido y ha pensado en cómo hacer discípulos. El liderazgo debe definir lo que significa ser un discípulo, desarrollar un método para hacer discípulos y dar el ejemplo ante la congregación de lo que es un discípulo y cómo hacer un discípulo. Transmitir la visión y el conocimiento de cómo hacerlo es importante.

Entrenamiento. Discipular significa más que desarrollar habilidades, aunque debe incluir eso también. El entrenamiento implica un curso prescrito de estudio y un proceso al que la gente se someta para alcanzar ciertas metas. Los pequeños grupos y otros medios pueden proveer un camino en el que la gente pueda hacer progresos. Cada persona en la congregación debería recibir una invitación para aprender acera de las Escrituras, descubrir sus dones y usarlos en su servicio a Cristo.

Con rendición de cuentas: Dado que la gente necesita ayuda para mantener sus compromisos con Dios, la iglesia debería proveer una variedad de medios para que la gente rinda cuentas. De hecho, sin este elemento no se puede hacer discípulos. Se pueden hacer una serie de acuerdos dentro del programa de discipulado de la iglesia y deberían proporcionarse medios tanto formales como informales de rendición de cuentas, todos desde el sistema de compañerismo hasta los pactos relacionales.

Sobre la base de relaciones amorosas. Todo ministerio exitoso está basado en relaciones. La iglesia discipuladora debe hacer de la edificación de la comunidad una muy alta prioridad, y todo el grupo principal de la iglesia debe animar a la gente a compartir sus necesidades. Un ambiente amoroso y de apoyo edifica la equidad emocional que actúa como un cojín cuando el ministerio enfrente golpes y turbulencias. Esta ancla emocional necesita ser liberada para formar la base relacional de la iglesia.

Para mantener un discipulado efectivo, recuerde que el discipulado no es un evento, sino un proceso. Ningún sistema puede hacer un discípulo, porque el discipulado requiere que la voluntad de una persona sea activada por el Espíritu Santo. La iglesia tiene la responsabilidad de proporcionar la clara visión y los medios que traigan a los cristianos a un discipulado maduro. El crecimiento y la rendición de cuentas deben ser parte de la vida de cada cristiano, por todo el resto de su existencia; la necesidad de ambos no termina hasta que uno sea transferido al cielo.

La clave para el discipulado eclesiocéntrico es trabajar en equipo en un ambiente amoroso que mantiene los distintivos de la misión, la rendición de cuentas y que forma en habilidades ministeriales. La verdadera evidencia de éxito será la producción constante de discípulos que se reproducen y de líderes que se convierten en multiplicadores.

Usando Efectivamente el Modelo Eclesiocéntrico en la Iglesia

La disertación doctoral de Bonhoeffer, “Una Comunidad Santa”, fue considerada por Karl Barth un milagro teológico. Su idea central fue que Cristo está presente en el mundo a través de su iglesia. La existencia de Cristo como comunidad a través de los miembros es un concepto revolucionario. Es absolutamente aterrador darse cuenta de que Dios piensa así de muchos de nosotros que daría esta vital misión a su pueblo. Esto está en el centro del modelo eclesiocéntrico, el cual llama a una descentralización del poder y del proceso.1

Cinco importantes cambios serán necesarios para cualquier iglesia que desee pasarse del modelo cristocéntrico al eclesiocéntrico. Enfocado en estos cambios, un grupo de liderazgo puede empezar a formar un grupo de discipulado efectivo.

1. En Liderazgo: Pasar del Modelo donde Cristo Lidera a los Apóstoles al de Líderes Nombrados que Dirigen una Congregación.

Si Jesús hubiera enfrentado a los miles en Pentecostés, cómo los habría organizado? Cuando llegó el momento de expandir el ministerio más allá de Jerusalén, cómo habría llevado a cabo Jesús la misión? Sin duda, para cumplir estas tareas, Él habría hecho algunos cambios en la manera en que trabajaba. Si Él hubiera tenido tres mil discípulos bautizados, estoy convencido que Jesús habría hecho exactamente lo mismo que hicieron los apóstoles. Él habría expandido el ministerio a los gentiles de la misma manera que Pablo lo hizo. Pero en tanto Jesús permaneciera, los discípulos no podrían desarrollarse plenamente y la gente se habría resistido a su autoridad mientras ellos tuvieran a Jesús para consultarle.

La partida de Jesús da origen a la pregunta: Quién estaba a cargo aquí? Mientras Él estuvo en la tierra, los discípulos discutieron sobre quién se quedaría con los mejores palcos celestiales y quién era el más grande, pero ninguno de los evangelios registra su pregunta sobre quién estaba a cargo. Después de su ascensión, cuando los apóstoles se encontraban en una habitación mal ventilada con otros 110, con una decisión que necesitaba ser tomada, ellos se miraron entre sí y empezaron a hablar. Ellos pasaron de una autoridad basada en una persona a una autoridad compartida.

Cristo es la cabeza del cuerpo, pero qué hacemos nosotros ahora? Pablo escribió que Cristo es la cabeza del cuerpo y esa es una buena teología, pero cuando debe tomarse una decisión, Jesús generalmente no da instrucciones con voz audible. Mientras Cristo estaba en la tierra, la autoridad residía en una persona; después de su ascensión, los líderes la compartieron. El modelo cristocéntrico establece una relación maestro-alumno; el modelo eclesiocéntrico, por su parte, establece una de líderes-congregación. Mientras el modelo cristocéntrico desarrolla un grupo élite de trabajadores dedicados, el eclesiocéntrico incluye una gran cantidad de discípulos en varias etapas de su desarrollo: algunos trabajadores dedicados, pero también un grupo incluso más grande de gente sin estudios, apática, resistente y ambiciosa. En un grupo así, el discipulado se convierte en una tarea multidimensional.

Podríamos comparar la distribución de la autoridad de la iglesia a un árbol: Cristo es el tronco, los apóstoles son las ramas principales, los líderes locales son las ramas secundarias y los miembros son las ramitas. Hoy, Cristo ya ha ascendido y los apóstoles están con Él; al equipo de líderes se le ha dado autoridad para dirigir la iglesia. Para un grupo de líderes regenerados, llenos del Espíritu de Dios pero aún con pies de barro, liderar a un grupo de discípulos es muy diferente al liderazgo de Cristo sobre los Doce. Funcionalmente, eso requiere cambios en la manera como la iglesia opera.

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