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Амос Оз Cuentos de Asia, Europa & América
Cuentos de Asia, Europa & América
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Амос Оз Cuentos de Asia, Europa & América

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Primera edición electrónica, 2021

Coordinación

Silvia Eugenia Castillero Manzano

Compilación

José Israel Carranza Ramírez

Víctor Ortiz Partida

Sofía Rodríguez Benítez

Textos

© Amos Oz (Deborah Owen Ltd), Lídia Jorge, Ray Bradbury (Don Congdon Associates), Angélica Gorodischer, Eduardo Antonio Parra, Autar Krishen Rahbar (Indian Literature), Hélia Correia, Claudia Apablaza, David Miklos, Yoon Sung-Hee (Literature Translation Institute of Korea), A. B. Yehoshua (ITHL), Lutz Seiler, Hugo Chaparro Valderrama, Susan Straight (Dunow, Carlson & Lerner Literary Agency), Amar Mitra (Indian Literature), Baltasar Porcel, Ana María Shua (Mertin Literary Agency), Aharon Appelfeld (The Wylie Agency) , Kim Keun, John le Carré (Curtis Brown), Soledad Puértolas, Fernando Ampuero, Carmen Boullosa, Paul Zachari, Antonio Tabucchi (María José de Lancastre), Aimee Bender, Alberto Fuguet, Claudia Salazar Jiménez, Fabio Morábito, Michael Jaime Becerra (Macmillan Publishers), Ann Heon Mi, Devibharathi, Juan Manuel de Prada (MB Agencia literaria), John Mcgahern, Monika Maron (Goethe-Institut), Alberto Garlini, Carmen Ollé, Juan Manuel Roca, Luis Panini, Shukti Roy, Mariella Mehr, Alessandro Baricco, Liam O’Flaherty (Peters Fraser + Dunlop), J. A. González Sainz, Nora Bossong (Hanser Literaturverlage), José Luis Peixoto, David L. Ulin (The Shipman Agency Inc.), Ignacio Padilla, Diamela Eltit, Edgardo Rivera Martínez, Octavio Escobar Giraldo, Fernanda García Loa (Schavelzan Graham Agencia Literaria Barcelona), Juan Ramírez Biedermann, Pyun Hye-Young (Barbara J. Zitver Agency), Felipe Benítez Reyes (MB Agencia Literaria), Dacia Maraini (Rizzoli Libri-Mondadori Libri S.P.A.), Hipólito G. Navarro (Centro Andaluz de las Letras), Rinny Gremaud, Patricia Reis, Philip Hoare (Georgina Capel Associates LTD), Sascha Reh (Schöffling & Co.), Alonso Cueto (Antonia Kerrigan Literary Agency), Ricardo Silva Romero (Indent Agency), Nicolás González Marzzucco, Alejandra Costamagna (Indent Agency), Ben Ehrenreich (Watkins/Loomis Agency, Inc.), José Manuel Torres Funes, Enrique Serna, Chandrakanta Mura Singh (Indian Literature), Gila Almagor (ITHL), Dino Buzzati (ALI International Literary Agency), Gonzalo Calcedo Juanes (Agencia ICAL), Ingo Schulze, Tessa Hadley (United Agents the Literary & Talent Agency), Carola Aikin, Dulce María Cardoso (Mertin Witt Literarische Agentur), Leo Felipe Campos, Alberto Laiseca, José Gai, Héctor Abad Faciolince, Joya Mitra, Paola Lagazzi, Juan Pedro Aparicio (Antonia Kerrigan Literary Agency), Ulrich Peltzer, José María Merino (Antonia Kerrigan Literary Agency), A. M. Pires Cabral, Amrita Nilanjana (Indian Literature), Orly Castel-Bloom (ITHL), Peter Stamm (Liempan AG), Isabel Río Novo, Miguel Bayón, Ned Beauman (Lutyens and Rubinstein), Pilar Salamanca, Etgar Keret (The Wylie Agency), Valeria Correa Fiz, David Machado, Louise Welsh (RNC Literary Agency), Antonio Skármeta (Agencia Balcels), Roberto Carlos Pérez, César Aira.

Traducción

© Raquel García Lozano, Renato Sandoval Bacigulpo, Alberto Chimal, Atahualpa Espinosa, Eduardo Padilla, Ana María Bejarano, Gonzalo Vélez, Luis Zapata, David Areyzaga Santana, José David Ampudia Béjar, Marta Lapides, Pablo Duarte, Iván Soto Camba, María Teresa Meneses, Luis Panini, Miguel Ángel Zapata, Rocío Cerón, Gerardo Gambolini, Juaísca Rodríguez, Christina Lembrecht, Silvia Cruz, Camila Fadda Gacitúa, Jorge Alberto Aguayo, Inés Garland, Laura Solórzano, Jorge Curioca, Marcela Tavera Soria, Arturo Vázquez Barrón, Luis Alberto Pérez Amezcua, Luis Carlos Cuevas Dávila, Gerardo Lewin, Teresa Meneses, Shukti Roy, Beatriz Galindo, Claudia Barrera, Carlos Ponce Velasco, José Aníbal Campos, José Molina, Françoise Roy.

Hemos intentado conseguir la autorización para reproducir todos los textos que componen esta obra; sin embargo, en algunos casos fue imposible identificar a los actuales titulares de los derechos respectivos. Por lo que si alguno de ellos ha sido inadvertidamente omitido, hacemos patente nuestro compromiso de realizar la acreditación correspondiente en la primera oportunidad.

Coordinación editorial

Iliana Ávalos González

Jefatura de diseño

Paola Vázquez Murillo

Cuidado editorial

Juan Felipe Cobián Esquivel

Fernanda Hernández Orozco

Jorge Orendáin Caldera

Sofía Rodríguez Benítez

Diseño y diagramación

Maritzel Aguayo Robles

Cuentos de Asia, Europa & América. Luvina 100

se terminó de editar en noviembre de 2021, en las oficinas de la Editorial Universidad de Guadalajara, José Bonifacio Andrada 2679, Col. Lomas de Guevara, 44657, Zapopan, Jalisco ...el periplo de veinticinco años: circulaciones, circunnavegaciones, circunvalaciones y circunvuelos en Asia, Europa y América:

Índice

Presentación

silvia eugenia castillero

Entre amigos

amos oz| israel

La luz rosada

lídia jorge| portugal

El verano de la Piedad

ray bradbury| estados unidos

Adsum

angélica gorodischer| argentina

En la orilla

eduardo antonio parra| méxico

Me olvidaste, mi amor

autar krishen rahbar| india

El vestido

hélia correia| portugal

No quiero que J. pase por el escáner

claudia apablaza| chile

La vida parasitaria

david miklos| méxico

Palabras inconclusas

yoon sung-hee| corea

Amigo del alma (apunte)

a. b. yehoshua| israel

En el búnker cine

lutz seiler | alemania

Un hombre de otro tiempo

hugo chaparro valderrama | colombia

Tesoro

susan straight | estados unidos

Danpatra, acta de donación

amar mitra | india

Los gigantes

baltasar porcel | españa

Unos días en la playa

ana maría shua | argentina

Bronda

aharon appelfeld | israel

Pasillos

kim keun | corea

La musa fiel

john le carré| inglaterra

La misma mujer

soledad puértolas | españa

Voces

fernando ampuero | perú

A la sombra de dos gatos por uno

carmen boullosa| méxico

Muerte y funeral de la hermana Alphonsa

paul zachari | india

Muchos saludos

antonio tabucchi | italia

El final de la ruta

aimee bender | estados unidos

Cinéfilos

alberto fuguet | chile

Aquellas olas

claudia salazar jiménez | perú

El gesto

fabio morábito | méxico

Ana, verano de 1994

michael jaime becerra| estados unidos

Mentiras telegráficas

ann heon mi | corea

Adiós, Mahatma

devibharathi| india

Los antípodas

juan manuel de prada| españa

Por qué estamos aquí

john mcgahern | irlanda

De noche

monika maron | alemania

Julio, el último vuelo

alberto garlini | italia

El puente

carmen ollé | perú

Capítulo que trata de la carta enviada por Funes el Memorioso a Don Lorenzo de Miranda

juan manuel roca | colombia

Problemas derivados de algunos círculos concéntricos

luis panini | méxico

La tierra natal de Meherunnisa

shukti roy | india

Recuerdos (y otros relatos)

mariella mehr | suiza

West Coast, September Eleven

alessandro baricco| italia

La carrera de la cosecha

liam o’flaherty | irlanda

Aunque haya siempre quien se imagine otra cosa

j. a. gonzález sainz | españa

Vanidades

nora bossong | alemania

El cadáver de James Joyce

josé luís peixoto | portugal

Universal City

david l. ulin | estados unidos

La balada del pollo sin cabeza

ignacio padilla | méxico

Un solo correazo

diamela eltit | chile

Jezabel ante San Marcos

edgardo rivera martínez | perú

Pruebas circunstanciales

octavio escobar giraldo | colombia

Familia de vidrio

fernanda garcía lao | argentina

Los latidos

juan ramírez biedermann | paraguay

Cenizas y rojo

pyun hye-young | corea

La voz tras el cristal de color ámbar

felipe benítez reyes| españa

El futbolista de Bilbao

dacia maraini | italia

El infierno portátil

hipólito g. navarro| españa

Un mundo de baratijas

rinny gremaud | corea

Furia

patrícia reis | portugal

Es difícil decir «No sé»

philip hoare | inglaterra

Caer tras de sí

sascha reh | alemania

La amante de la enfermedad

alonso cueto | perú

Nueve y media de la noche

ricardo silva romero| colombia

Fotos

nicolás gonzález marzzucco | argentina

Gorilas en el Congo

alejandra costamagna | chile

Devoción

ben ehrenreich | estados unidos

Corazón de volcán

josé manuel torres funes | honduras

Cine Cosmos

enrique serna | méxico

Los orioles han regresado

chandrakanta mura singh | india

El chico de las semillas

gila almagor | israel

Una visita difícil (4 de julio de 1943)

dino buzzati| italia

De carne y hueso

gonzalo calcedo juanes | españa

Cómo es en realidad el ser humano. Ensayo sobre un amigo

ingo schulze | alemania

Brocado de seda

tessa hadley | inglaterra

La mentirosa

carola aikin | españa

Retrato de un joven poeta

dulce maria cardoso | portugal

La lengua

leo felipe campos | venezuela

Gracias, Chanchúbelo

alberto laiseca | argentina

Peligrosas formas de quitarse la vida

josé gai| chile

Mientras tanto

héctor abad faciolince | colombia

Shadon y sus caminitos

joya mitra | india

Algo dulce

paolo lagazzi | italia

La línea de sombra

juan pedro aparicio | españa

El diablo, probablemente

ulrich peltzer | alemania

Tres cuentos distópicos

josé maría merino | españa

Flávio Cerqueira o Nueves,Fuera Nada

a. m. pires cabral | portugal

Ribereño

amrita nilanjana | india

Seis cuentos

orly castel-bloom | israel

La maleta

peter stamm | suiza

La casa de verano

isabel rio novo | portugal

La gallina de Róber

miguel bayón | españa

Recipientes sellados

ned beauman | inglaterra

Sobre un tatami blanco

pilar salamanca | españa

Yad Vashem

etgar keret | israel

Un amor imaginario

valeria correa fiz | argentina

La historia del Joca

david machado | portugal

Punto de fuga

louise welsh | inglaterra

Visión total del azul mar de mi patria

antonio skármeta | chile

Alrededor de la medianoche

roberto carlos pérez | nicaragua

Los broches

césar aira | argentina

la exploración del túnel de las correspondencias, la excavación de la noche del lenguaje, la perforación de la roca: la búsqueda del comienzo, la búsqueda del agua.

Octavio Paz, Los privilegios de la vista

Presentación

silvia eugenia castillero

La revista literaria Luvina publica el presente libro de 100 cuentos del mundo, recogidos de entre sus primeros100 números y con los que cumplió 25 años de editarse sin interrupción.

A lo largo de su historia editorial, Luvina ha publicado extraordinarios textos de la literatura nacional e internacional bajo el criterio de lo que Georges Steiner llama “el misterio del lenguaje”: su condición intermedia entre el carácter espiritual y la articulación física, convencidos de que toda literatura es una construcción de palabras, imaginación y memoria, que conmueve y emociona.

Provenientes de los números de Luvina dedicados a la literatura del país invitado de honor de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, desde 2004 hasta 2019, de autores de Alemania, Argentina, Chile, Colombia, Corea, España, Estados Unidos, Honduras, India, Irlanda, Israel, Italia, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, Portugal, Reino Unido, Suiza y Venezuela, estos 100 cuentos poseen en su entramado una visión de la vida y del lenguaje muy particulares. No obstante, todos comparten la cualidad multilingüística de las literaturas contemporáneas, pues la globalización, el entrecruce cultural y sobre todo la migración cada vez mayor, han producido el mestizaje de las lenguas, una especie de transformación interna de vocablos que se introducen —a veces por imitación, otras por traducción— y enriquecen las capacidades de expresión de cada idioma, logrando la coexistencia misteriosa de diferentes posibilidades lingüísticas y de significados profundos, en cuya base se encuentran la especificidad de cada lengua y el sentido renovado de sus vocablos.

En cada uno de los cuentos, el lector podrá internarse en la singularidad humana al mismo tiempo que a los entramados de su núcleo lingüístico. Relatos cuya belleza encierra vitalidad y resignificación de lo real, gracias al encuentro de lenguajes renovados y de la imaginación puesta en juego desde el texto y resuelta en cada lector.

La Editorial Universitaria y la revista Luvina tienen a bien ofrecer esta muestra de Cuentos de Asia, Europa & América como un puente entre los lectores y la labor editorial que cotidianamente desempeñan en el seno de la Universidad de Guadalajara; muestra formada por distintas literaturas en el afán de nombrar nuevos y originales mundos, en una dimensión de esencias espirituales dentro de la lengua habitada en su total integridad.

Entre amigos

amos oz

israel

Al amanecer comenzaron a caer las primeras lluvias sobre las casas del kibutz y sobre los campos y las plantaciones. Un olor fresco a tierra mojada y a hojas limpias de polvo llenó el aire. La lluvia lavó los tejados rojos y los cobertizos de zinc e hizo sonar los canalones. Con las primeras luces, un ligero vapor de niebla se quedó detenido entre las casas y sobre las flores de los jardines brillaron gotas de agua. Un aspersor inútil seguía dando vueltas y regando el césped. Algunas bicicletas rojas y mojadas permanecían inclinadas en diagonal en medio del camino. Desde las copas de los árboles ornamentales, pájaros sorprendidos emitían sonidos agudos y apremiantes.

La lluvia despertó a Nahum Asherov de una pesadilla. Por unos instantes, en duermevela, le pareció que alguien estaba golpeando las contraventanas. Alguien había ido a informarle de que algo estaba ocurriendo fuera. Se incorporó en la cama y escuchó atentamente hasta que comprendió que habían llegado las primeras lluvias. Hoy mismo iría allí, haría sentar a Edna en una silla frente a él, la miraría directamente a los ojos y hablaría con ella. De todo. Y también con David Dagan. No podía pasarlo por alto.

Pero, de hecho, ¿qué podía decirle a él? ¿O a ella?

Nahum Asherov era el electricista del kibutz Yikhat, un viudo de unos cincuenta años. Edna era la única hija que le quedaba después de que su primogénito, Yishai, muriera algunos años antes en una de las acciones de represalia. Era una joven decidida, de ojos negros y piel oscura como la aceituna, en primavera había cumplido diecisiete años y estaba haciendo el último curso en el colegio del kibutz. Al atardecer iba a verle desde la habitación que compartía con tres chicas en el centro educativo y se sentaba frente a él en un sillón, rodeándose los hombros con los brazos como si siempre tuviese algo de frío. Hasta en pleno verano se rodeaba los hombros con los brazos. Casi cada tarde pasaba con él cerca de una hora. Él preparaba café y un plato de fruta pelada y cortada, y ella, con su voz queda, hablaba con él de las noticias de la radio o de sus estudios, luego se despedía y se iba a pasar el resto de la tarde con sus amigos y amigas o tal vez sin ellos. Por las noches, ella y los de su quinta pernoctaban en el centro educativo. Nahum no sabía nada de sus relaciones sociales, y tampoco le preguntaba, y ella no se ofrecía a contarle nada. Le parecía que los chicos aún no le interesaban especialmente, pero no estaba seguro de ello y no se molestó en averiguarlo. Una vez oyó algo sobre una relación fugaz con Dubi, el socorrista, pero luego el rumor se desvaneció. Su hija y él jamás hablaban de sí mismos, tan sólo de cosas externas. Edna decía, por ejemplo:

—Tienes que ir al ambulatorio. Esa tos no me gusta nada.

Nahum decía:

—Ya veremos. Tal vez la semana que viene. Esta semana vamos a poner un nuevo generador en las incubadoras de pollos.

A veces hablaban de música que les gustaba a los dos, y otras veces, en lugar de hablar, ponían un disco en el viejo gramófono y escuchaban a Schubert. De la muerte de la madre y del hermano de Edna no hablaban nunca. Tampoco de los recuerdos de infancia ni de los proyectos de futuro. Ambos acordaron tácitamente no tocar los sentimientos ni tocarse el uno al otro. Ni un ligero roce, ni una mano en el hombro, ni un dedo en el brazo. Al salir, decía Edna desde la puerta: «Adiós, papá. Acuérdate de ir al ambulatorio. Volveré mañana o pasado». Y Nahum decía: «Sí. Ven. Y cuídate. Adiós».

En unos meses, Edna iba a ser llamada a filas con toda su promoción, y ya le habían informado de que serviría en el cuerpo de inteligencia, porque había estudiado por su cuenta la lengua árabe. Y resulta que unos días antes de las primeras lluvias, el kibutz Yikhat se quedó consternado al enterarse de que Edna Asherov había cogido su ropa y sus enseres y se había ido a vivir con David Dagan, un maestro y educador de la edad de su padre. David Dagan era uno de los veteranos y líderes del kibutz, un hombre elocuente con un cuerpo fuerte y robusto, unos hombros recios y un cuello corto, ancho y nervudo. En su bigote espeso y recortado ya despuntaban algunas canas. Solía discutir con ironía, con ingenio y con una serena voz de bajo. Casi todos aceptábamos su autoridad en asuntos ideológicos y también en cuestiones cotidianas, porque estaba dotado de una aguda lógica y de una fuerza de convicción inapelable. Te interrumpía a mitad de la frase, te ponía la mano en el hombro y te decía con cariño y con firmeza: «Permíteme sólo un instante, pongamos juntos un poco de orden». Era un marxista convencido, pero amaba profundamente el canto sinagogal. Hacía muchos años que David Dagan era profesor de Historia en el centro educativo. Cambiaba con frecuencia de pareja y había tenido seis hijos con cuatro mujeres distintas, de nuestro kibutz y de otros dos de los alrededores.

David Dagan tenía unos cincuenta años y Edna, que había sido alumna suya el año anterior, sólo tenía diecisiete. No es de extrañar que los chismorreos alrededor de la mesa de Roni Shindlin en el comedor crecieran como la espuma. Dijeron, Abisag la Sunamita,1 Lolita, Barba Azul. Yoske M. dijo que esa ignominia hacía temblar los cimientos del centro educativo, cómo era posible, un profesor y una alumna joven, había que convocar con urgencia al comité de educación. Joschka discrepó: «No podemos enfrentarnos al amor. ¿Acaso no hemos abanderado siempre el amor libre?». Y Rivka Risch dijo: «Cómo ha podido hacerle algo así a su padre después de todas las pérdidas que ha sufrido. Lo siento mucho por Nahum, sencillamente no podrá soportarlo».

—De repente, las jóvenes generaciones quieren ir a estudiar a la universidad —dijo David Dagan con su profunda voz de bajo junto a su mesa del comedor—, ya nadie quiere trabajar en el campo ni en las plantaciones —y añadió en un tono muy duro—: debemos marcar unos límites en el asunto de los estudios superiores. ¿Alguien tiene alguna otra sugerencia?

Nadie discutió con él, pero el kibutz se compadeció de Nahum Asherov. A espaldas de Edna y de David Dagan decían: Esto no acabará bien. Y decían: Él es un auténtico canalla. Siempre ha sido un canalla con las mujeres. Y ella sencillamente nos ha dejado atónitos.

Nahum guardó silencio. Le parecía que todo aquel que se cruzaba con él por los caminos del kibutz se sorprendía de su actitud o se burlaba de él: Han seducido a tu hija, ¿es que no tienes nada que decir? En vano intentaba apelar a sus ideas progresistas en cuestiones de amor y de libertad. La pena, el desconcierto y la vergüenza llenaban su corazón. Cada mañana se levantaba y se dirigía al taller de electricidad, arreglaba lámparas y hornillos, sustituía enchufes viejos por otros nuevos, reemplazaba piezas estropeadas y salía con una larga escalera al hombro y una caja de herramientas en la mano a tender una nueva línea eléctrica hasta la guardería. Por la mañana, al mediodía y por la tarde aparecía en el comedor, se ponía en silencio en la cola del autoservicio, cargaba una bandeja con varios platos y se sentaba a comer con mesura y en silencio en un rincón. Siempre se sentaba en el mismo rincón. La gente le hablaba con delicadeza, como se le habla a un enfermo grave, sin mencionar ni por asomo su enfermedad, y él respondía parcamente con su voz grave, monótona, un poco ronca. Se decía: Hoy mismo iré a hablar con ella. Y también con él. Al fin y al cabo, aún es sólo una niña.

Pero los días fueron pasando. Nahum Asherov se sentaba cada día en el taller de electricidad, encorvado, con las gafas en la punta de la nariz, y arreglaba los aparatos que los miembros del kibutz le iban llevando: teteras eléctricas, radios, ventiladores. Una y otra vez se decía a sí mismo: Hoy después del trabajo iré allí sin falta. Iré a hablar con los dos. Entraré allí y diré sólo una frase o dos, y luego agarraré con fuerza a Edna por el brazo y me la traeré a casa a rastras. No a su habitación del centro educativo sino aquí, a casa. Pero ¿qué palabras podía utilizar? ¿Cuál sería la primera frase que diría allí? ¿Llegaría dando alaridos de ira o se contendría e intentaría apelar a la lógica y al sentido del deber? Buscó y no encontró en su interior ira ni resentimiento, tan sólo dolor y decepción. Los hijos mayores de David Dagan eran varios años mayores que Edna y ambos habían terminado ya el servicio militar. ¿Y si, en vez de ir allí, hablaba con uno de ellos? Pero ¿qué le diría exactamente?

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