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El Mediador de la República es una autoridad independiente, nombrada por decreto por un período no renovable de seis años. Recibe reclamaciones sobre el funcionamiento de las administraciones del Estado, las autoridades locales, las instituciones públicas y cualquier otro organismo con una misión de servicio público.

Poder legislativo. Desde 2007, Senegal cuenta con un Parlamento bicameral. Por una parte, la Asamblea Nacional cuenta con 150 miembros elegidos por sufragio universal para un mandato de cinco años. En el momento de la independencia, el número de diputados era de 80; después, aumentó a 100 en 1978, a 120 en 1983 y a 140 en 1998; luego se redujo a 120 en 2001; y finalmente aumentó a 150 en 2007. De los 150 diputados, 90 son elegidos por mayoría de votos y 60 por representación proporcional. Por otra parte, el Senado, que fue disuelto en 2001, se restituyó en 2007. Esta institución parlamentaria se creó por primera vez en 1999 y cuenta con 35 miembros electos y 65 nombrados por el presidente de la República. En la actualidad, el presidente del Senado es la segunda persona más importante del Estado. Una ley debe ser aprobada por la Asamblea Nacional, mientras que la iniciativa de la ley corresponde al presidente de la República, que se encarga del proyecto de ley, y a los diputados, que deciden sobre la propuesta de leyes. Ya sean propuestas o proyectos de ley, deben presentarse ante la Asamblea Nacional y, una vez son aprobados por este organismo, la ley se deriva al Senado. Cuando ha sido aprobada por las dos cámaras del Parlamento, la ley se transmite al presidente de la República para su promulgación. Los miembros del Parlamento pueden formular preguntas escritas y orales a los miembros del Gobierno, que están obligados a responderlas. La Asamblea Nacional puede formar comisiones de investigación de entre sus miembros. También puede provocar la dimisión del Gobierno mediante el voto de una moción de censura.

Poder judicial. El Estado senegalés creó un Consejo Constitucional y un Consejo de Estado cuyo funcionamiento, por así decirlo, está basado en el modelo de sus homólogos franceses.

Los tribunales de apelación son los tribunales de segunda instancia. Reciben las apelaciones de las decisiones de primera instancia, es decir, provenientes de los tribunales regionales. En la práctica, debido a problemas de personal, solo existe un tribunal de apelación en Senegal, situado en Dakar.

La jurisdicción territorial de cada tribunal regional cubre los límites administrativos de la región en la que se encuentra. Existen tribunales departamentales en las siguientes localidades: Dakar, Rufisque, Pikine, Thiès, Tivaouane, Mbour, Diourbel, Mbacké, Kaolack, Kaffrine, Fatick, Gossas, Ziguinchor, Kolda, Vélingara, Sédhiou, Tambacounda, Kedougou, Bakel, Louga, Linguère, Kébémer, Saint Louis, Podor, Matam, Dagana, Bambey, Usui, Foundiougne y Nioro.

Por último, los tribunales laborales son tribunales especializados compuestos por un presidente y una serie de jueces y están ubicados en la capital de cada región del país. Son tribunales especiales cuyas competencias se limitan a la resolución de conflictos individuales derivados de contratos de trabajo.

Partidos

Durante las elecciones presidenciales de 2012, Abdoulaye Wade, líder del Partido Democrático Senegalés (PSD), tenía previsto desempeñar un tercer mandato como jefe de Estado a la edad de 85 años, pero la candidatura fue impugnada. La oposición mantuvo la presión a pie de calle y exigió la retirada de Abdoulaye Wade. Este último prohibió las manifestaciones y envió a la policía a reprimirlas. Los enfrentamientos dejaron una quincena de muertos y más de 150 heridos en tres semanas.

Sin embargo, sí hay democracia en Senegal y, aunque Abdoulaye Wade estaba muy por delante de Macky Sall a la cabeza del partido Alianza por la República en la primera vuelta —con el 35% de los votos frente al 26% de su competidor—, otros tres partidos representaban una parte significativa del electorado y tenían peso en la balanza electoral: Mustapha Niasse, de Fuerza y Progreso de la Alianza, con el 13% de los votos; Ousmane Tanor Dieng, del Partido Socialista, con el 11% de los votos; e Idrissa Seck, de Rewni, con el 7% de los votos. Además, otros partidos minoritarios también estaban en la carrera. De esta forma, Wade obtuvo muy poco apoyo en la segunda vuelta, mientras que Macky Sall logró reunir a los otros partidos de la oposición, que le dieron su apoyo, y dió un vuelco a las elecciones. Las tensiones preelectorales disminuyeron, Wade reconoció la victoria de su oponente e incluso lo llamó para felicitarlo.

Aunque la coalición de Benno Bokk Yakaar en torno al presidente Macky Sall es mayoritaria (125 escaños), debe gobernar con el Partido Democrático Senegalés o PDS, con diecinueve escaños, y con otros diez partidos minoritarios, cada uno con unos pocos escaños. Sin embargo, estas elecciones legislativas del 30 de julio se desarrollaron en un clima de tensión debido a la mala organización, lo que impidió el voto de muchos electores. Esta controversia enfureció a los partidos de la oposición, incluido el expresidente Abdoulaye Wade, que anunció que no se presentaría a ninguna elección organizada por el presidente en el poder, Macky Sall.

Retos actuales

Durante la presidencia de Abdoulaye Wade, se habían fortalecido los poderes regionales y la descentralización del país. Esta política fue confirmada por el nuevo presidente, que puso en marcha consejos de ministros descentralizados como símbolo de su compromiso con las regiones. Senegal está dividido en catorce regiones, cuyas principales ciudades son las más importantes del país: Dakar, Diourbel, Fatick, Kaffrine, Kaolack, Kédougou, Kolda, Louga, Matam, Saint-Louis, Sédhiou, Tambacounda, Thiès, Ziguinchor. Matam, Kaffrine, Sédhiou y Kédougou fueron creadas bajo el régimen wadista.

En cuanto a las relaciones interafricanas, Senegal demostró muy pronto su voluntad política de acercarse a sus vecinos y de reunir las entidades que fueron separadas al final de la colonización.

En los albores de la independencia, el país luchó por crear la Federación de Mali, aunque su existencia fue efímera. Se puso en marcha un segundo experimento con la creación en 1982 de la Confederación de Senegambia, que se disolvió en 1989.

Estos fracasos no han frenado en modo alguno la voluntad del país de crear espacios de integración regional y subregional. Senegal trabaja activamente para fortalecer los órganos regionales y subregionales existentes:

Unión Africana. La UA, que sustituye a la Organización de la Unidad Africana (OUA), tiene como objetivo principal la mejora de las condiciones de vida de las poblaciones del continente mediante la unidad, la cooperación y la solidaridad de sus Estados miembros, lo que incluye casi todo el continente.

Comunidad Económica de los Estados de África Occidental. La CEDEAO es una agrupación regional de quince países, creada en 1975. Su misión es promover la integración económica en todos los ámbitos de la actividad económica.

Unión Económica y Monetaria del África Occidental. La UEMAO incluye ocho países de África Occidental: Benín, Burkina Faso, Costa de Marfil, Guinea-Bisáu, Mali, Níger, Senegal y Togo. Se caracteriza por el reconocimiento de la misma unidad monetaria, el FCFA o franco de la Comunidad Financiera Africana.

Organización para el desarrollo de los ríos Senegal y Gambia. La misión de la OMVS es promover el desarrollo y la reforma agrícola del río Senegal en un marco de cooperación entre los Estados ribereños: Mali, Mauritania, Senegal y Guinea.

Organización para el desarrollo del río Gambia. El objetivo de la OMVG es establecer una red de observación de los sistemas de producción, así como la instalación de técnicas de conservación del medioambiente en cuatro países: Gambia, Guinea-Bisáu, Guinea-Conakri y Senegal.

Comité Interestatal Permanente de Lucha contra la Sequía en el Sahel. El mandato del CILSS consiste en invertir en la búsqueda de seguridad alimentaria y en la lucha contra los efectos de la sequía y la desertificación en el marco de sus Estados miembros: Burkina Faso, Cabo Verde, Chad, Gambia, Guinea-Bisáu, Mali, Mauritania, Níger y Senegal.

Economía

Principales recursos


KAOLACK - Mercado de sal en Kaolack.

© Tom Pepeira – Iconotec

En Senegal, la economía está basada en un sistema económico de pequeña escala: el 13,7% del PIB proviene del sector primario —pesca y horticultura—, el 20,5% del secundario —petróleo, conservas, cervecería, jabón, textiles y refinerías de petróleo— y el resto, un 65,7%, del terciario —administración, transporte y sectores «informales» —. Senegal exporta, sobre todo, a Mali, India, Suiza, Guinea y Francia, mientras que las importaciones proceden de Francia, Nigeria, China, Países Bajos y Estados Unidos.

Agricultura. Más del 53% de los senegaleses viven en el campo a pesar del éxodo rural. Los fulani mantienen su reputación de pastores, los pescadores se proveen de los peces del río y del océano, los agricultores producen principalmente cereales —sorgo y arroz— y, en Casamance, arroz, lo suficiente para sobrevivir sin tener en cuenta las cosechas difíciles o retardadas, cada vez más frecuente, e incluso la ausencia de la lluvia. A pesar de la disminución de los recursos pesqueros, la pesca artesanal e industrial sigue siendo la segunda mayor fuente de entrada de divisas en lo que respecta a la exportación. Por otro lado, cada vez es más común la siembra de caña de azúcar en los alrededores de la ciudad de Richard-Toll y, del mismo modo, la horticultura en las depresiones fértiles de la zona de Niayes, a lo largo de Grande Côte, anuncia buenas perspectivas de futuro, sobre todo de cara a una economía de exportación que intentó revitalizarse tras la devaluación del franco CFA en 1994.

Recursos mineros. Desde el desarrollo de la explotación de yacimientos de fosfatos, que produjo en 2015 alrededor de un millón de toneladas, exportado principalmente a la India, y de la explotación de petróleo en Casamance, exportado a Nigeria, se han reavivado los ánimos. De hecho, en 2014, se extrayeron del subsuelo de Senegal más de seis toneladas de oro, principalmente en Sabodala, una localidad de la región de Kedougou, que van principalmente a Suiza.

En cuanto al mercado interior, la ausencia de una verdadera diversidad, las fluctuaciones de los precios del cacahuete y la competencia en la pesca industrial han aumentado el número de personas que desembarcan en Dakar y Saint Louis para engrosar el número de personas que se las arreglan desempeñando el papel de comerciantes y de intermediarios de todo tipo —a veces, delincuentes; a menudo, gente pobre— a merced de tiburones con dientes afilados. La población de la capital, pero sobre todo la de sus extensos suburbios, se encuentra en crecimiento constante y, actualmente, ha alcanzado más de tres millones de habitantes, casi un quinto de la población total senegalesa. La economía sumergida en la industria pesquera y artesana, así como en los pequeños comercios, es bastante significativo.

En cuanto a las nuevas tecnologías, más de trescientas empresas de informática ocupan ahora el paisaje, con un volumen de negocio de decenas de miles de millones de francos CFA, según las estimaciones de la Misión Económica francesa en Senegal. Entre ellas, encontramos una decena de empresas cuyo volumen de negocio supera los mil millones de francos CFA, mientras que las demás suman entre setenta y cuatrocientos millones. Hoy en día, cada vez más empresas utilizan los servicios de estas centralitas para gestionar las relaciones con sus clientes de forma remota.

El cacahuete, característica económica

Antes disfrutarlos como aperitivo o en la salsa de un maafe, sobre carne de cordero, los cacahuetes, que aparecieron en Senegal en el siglo XVI provenientes, sin duda, de Brasil, se utilizaban para alimentar cargas de esclavos en los barcos portugueses. Más tarde, cuando los franceses se dieron cuenta del fracaso del programa agrícola probado en Senegal, basado en la colza y otras semillas oleaginosas, las empresas de Marsella y de Burdeos no se quedaron sin ideas. De hecho, algunos estudios realizados en Senegal habían demostrado que los cacahuetes producen un aceite de calidad, además de poder utilizarse como aglutinante para la industria jabonera. Claro, ahora entendemos la razón de todas esas fábricas de aceite y de jabón...

Posteriormente, los cacahuetes se convirtieron en el vínculo entre los morabitos y el Gobierno, puesto que este último presionaba a los primeros apelando a la cultura por su carisma y su autoridad sin oposición. En ocho años, la producción se triplicó. El proceso dio otro paso adelante cuando, en la década de los años treinta, época de crisis, Francia se apoyó en sus colonias. Textiles, azúcar, ferretería..., todas estas nuevas necesidades, que aumentaban cuanto más cerca de la metrópoli, llegaron a Senegal mientras en la pequeña vaina germinaban las semillas. Buscando apoyo en tidjanes y muradís, Francia se estableció a través de los jabones de Marsella y de Lesieur, que habían desembarcado en 1944. Convertida en el producto comercial número uno, la pequeña semilla de cacahuete, que representaba el 87% de las exportaciones, constituía base y materia de fortunas no siempre morales, construidas y a veces perdidas de una estación a otra.

Tras unos años de independencia, el asunto no terminó de arreglarse: las estructuras nacionales y las cooperativas pusieron fin a algunos abusos, pero las oligarquías tomaron con frecuencia el relevo del poder colonial. Además, las fluctuaciones de las divisas internacionales desalentaron de forma gradual a los inversores. En 1980, su participación en las exportaciones era de solo el 50%. Actualmente, es inferior al 10%.

Se han encontrado alternativas, en particular con la llegada del cultivo de azúcar al mercado nacional y del arroz en las proximidades de Richard-Toll. Las Niayes, una región cuyas aguas medianamente salobres se encuentran al nivel del suelo, y Casamance, aunque en menor medida debido a conflictos internos, también han atraído inversiones significativas en cultivos alimentarios y frutales.

En mayo de 2003, el Gobierno canceló la deuda de los agricultores. Esta donación, de más de ocho millones de euros, tenía como objetivo revitalizar las zonas rurales más afectadas por la sequía. Otra medida de apoyo fue el suministro de semillas gratuitas para futuras campañas. En 2015, se produjeron más de un millón de toneladas de cacahuetes, una cantidad muy elevada en comparación con años anteriores, gracias a una buena temporada de invernada. Vendidas a 210 FCFA por kilogramo, las cosechas fueron favorables a los productores, al tiempo que permitieron la venta del excedente de producción fuera de las fronteras senegalesas, principalmente en Asia.

Importancia del turismo

Senegal es uno de los destinos favoritos de los franceses que buscan el sol en invierno. Proporciona el calor que tanto le cuesta dar al Magreb y permite evitar el fuerte desfase horario de las Antillas. La historia, el idioma y los estrechos vínculos que se han mantenido con la antigua metrópoli también explican por qué alrededor del 50% de los visitantes del país son franceses (fuente: Seneplus Economy, 2014). Les siguen belgas, españoles, italianos y otras nacionalidades africanas.

El turismo senegalés se ha mantenido en la cumbre gracias, sobre todo, a sus playas. Muy lujosas y alejadas de la cultura del resto del país, las grandes infraestructuras son las preferidas de los turoperadores. Casamance era el lugar preferido por los inversores, con sus playas de arena fina y el color de sus aguas perfecto para que las fotografías parezcan postales. Sin embargo, este panorama cambió en 1982 con el estallido de una rebelión armada independentista por parte del Movimiento de Fuerzas Democráticas de Casamance (MFDC). En 1992, los hoteles se vieron obligados a cerrar sus puertas, haciendo sonar la campana de la muerte para la temporada turística, que entonces estaba en pleno apogeo. Una temporada perdida. Mientras que el invierno anterior el turismo había aportado 46000 millones de francos CFA (setenta millones de euros) en ingresos brutos, apenas se había alcanzado el 20% ese año. El año 1993 cambiaría el sector turístico en el país; un alto al fuego firmado en julio estabilizó Casamance, y la llegada de un nuevo ministro de Turismo, Tijane Sylla, reorientó el sector hacia Petite Côte, cerca de Dakar, cuyas aguas son menos agitadas que las de Grande Côte. También se hizo hincapié en los contrastes culturales que dan valor al país: Dakar y sus museos, Saint Louis y su atmósfera colonial y los parques nacionales interiores —Djoudj, Niokolo Koba—, donde los albergues, establecidos al estilo anglosajón, podían acoger a los visitantes.

Los esfuerzos dieron sus frutos: en 1994, 346000 turistas llegaron a la zona, frente a los 300000 de 1993. La aparición del sur de África como polo de atracción cambiaría significativamente la situación, pero el flujo turístico no se detuvo. El resurgimiento de los conflictos en Casamance pareció presagiar otro invierno lleno de obstáculos, aunque, curiosamente, a pesar de los más de cuatrocientos muertos a finales de septiembre y octubre de 1997, los turoperadores se aseguraron de que el turismo no sufriera ninguna consecuencia. A priori, sus clientes no cancelaron nada.

En 2008, la crisis económica mundial redujo el número de visitantes en Senegal entre un 20 y un 30%. En Casamance, la deficiente frecuencia aérea que unía la región con el mundo y el resto del país, combinada con algunos disturbios de alto nivel, obligaron a más de una docena de hoteles a cerrar en Cabo Skirring, una zona balnearia, y en Ziguinchor, principal ciudad de Casamance.

La epidemia de ébola, que se extendió a varios países de África Occidental a partir de diciembre de 2013, también contribuyó a la disminución del número de turistas en Senegal. Sin embargo, solo se diagnosticó una infección en todo el país en 2014 y el paciente fue dado de alta en noviembre del mismo año.

Con la apertura del aeropuerto Blaise Diagne, el tráfico aéreo se ha recuperado, con un aumento del 6%, gracias en particular a la llegada de cuatro nuevas compañías aéreas. En el momento del cierre de la guía, ya se había registrado la llegada de un millón de pasajeros. Además, las infraestructuras viales siguen mejorando, ofreciendo bellas carreteras para los visitantes que deseen descubrir el interior de Senegal. Dado que el Ministerio de Turismo suprimió el visado de pago en 2015, ahora se puede acceder a Senegal mediante la simple presentación del pasaporte. En cualquier caso, los profesionales confían en que el turismo se recuperará en el futuro próximo.

ICD-AFRIQUE

Barrio Abattoirs

Carretera hotel Asta Kebe.

TAMBACOUNDA

✆ +221 33 981 59 17

www.icd-afrique.org

sangareard@yahoo.fr

La asociación lleva a cabo programas de cooperación y solidaridad internacional. Toda su actividad se centra en el turismo —justo y solidario— y, en particular, en torno a Tambacounda. Miembro de la ATES (Association pour le Tourisme Equitable et Solidaire), ICD es la asociación a la que dirigirse en Tambacounda si desea saber más sobre la integración del desarrollo rural.

Retos actuales

Si bien la política, y en particular su democracia, sitúa a Senegal a la vanguardia de muchas naciones africanas, su economía no se mantiene a la par. Dakar está lejos de liderar a los países de África Occidental en este campo, un papel que se atribuye más fácilmente a Abiyán, Costa de Marfil. Su PIB, a pesar de registrar una tasa media de crecimiento anual del 6,5%, sigue siendo demasiado bajo.

Senegal, a pesar de ser uno de los países más favorecidos de África, está luchando por superar su deuda externa, estimada en tres billones de francos CFA en 2015. Los grandes centros industriales de Dakar, que albergan al 90% de la industria, no compensan la tasa de desempleo, que incluye a un 15% de la población, una tasa que aumenta hasta el 27% entre los menores de veinticinco años.

El éxodo al extranjero tampoco es un asunto nimio en ciertas provincias, porque existe la creencia de que el trabajo hace la vida más fácil en los países europeos. Esto explica por qué las personas que se echan en falta en Podor o Bakel se levantan antes que el resto de habitantes de España y se visten de verde para recoger la basura o para hacer un trabajo difícil y poco saludable, todo con el fin de enviar un cheque a final de mes para mantener a la familia que dejaron atrás. Es importante saber que aquellos que emprenden la gran aventura hacia Europa se comprometen, en cierto modo, a ganar dinero suficiente para enviar de forma regular a aquellos que se han quedado en el país. No volver a casa a bombo y platillo, en vacaciones o para siempre, es a menudo sinónimo de no volver nunca a casa: la reputación es lo más importante. El éxodo no solo afecta a la clase media, por lo que el país sufre mucho por la falta de minorías selectas. En lo que respecta al Estado, es difícil acabar con esta rutina cuando se estima que «los fondos enviados por la diáspora senegalesa son mayores que los recursos financieros de la ayuda internacional, pues envían al país unos 690000 millones de francos CFA», según el Fondo de Apoyo a la Inversión Senegalesa en el Extranjero (FAISE).

La economía del país tiende a ser propiedad de organizaciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Los resultados estructurales están ahí, pero los fabricantes denuncian modelos inadecuados importados de otros países que no se aplican bien al contexto senegalés. A pesar de todos estos obstáculos, la tasa de crecimiento del país se sitúa ligeramente por encima del 6%, una cifra envidiada por muchos países europeos en el contexto actual.

Población e idiomas


KEUR MOMAR SARR - Mercado de Keur Momar Sarr.

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Senegal es un caleidoscopio cultural en el que grupos étnicos, religiones, lenguas y sistemas de valores coexisten en un mismo territorio en un juego constante de espejos e identidades. Con una fuerte carga simbólica, la etnia y los apellidos permiten, cuando se encuentran y se codean, volver a dibujar árboles genealógicos y lazos de parentesco, releer la historia bajo el prisma de las relaciones interétnicas, y afirmarse y redefinir su identidad en el día a día. Wólofs, sereres, diolas, tuculores, mandingas, fulanis y bassaris conforman un pueblo senegalés que tiene mil caras, demostrando una convivencia relativamente ejemplar, y que no solo se encuentra con motivo de los partidos de fútbol. Cuando surgen conflictos y desacuerdos, son más políticos o económicos que tribales, como se tendería a creer a causa del estereotipo más difundido.

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