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Морган Райс Traicionada
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Sobre todo, era probable que deseaban verla castigada. Sabían que Rexius era un líder implacable y que incluso el más pequeño error exigía un castigo. Una transgresión de esta magnitud ameritaba un castigo extravagante.
Samantha lo sabía. No intentaba escapar de su destino. Había aceptado una misión, y había fracasado. Había encontrado la Espada , sí, pero también la había perdido. Había permitido que Kyle y Sergei se la robaran.
Todo pudo haber sido perfecto. Recordaba claramente la Espada, allí, sobre el piso de la Capilla del Rey, en el pasillo, a unos pocos metros de su alcance. Estaba a sólo unos segundos de tenerla, de cumplir su misión, de ser la heroína de su cofradía.
Y entonces, Kyle y ese horrible compañero suyo, Sergei, tuvo que llegar, quitándola de en medio, robándosela de su mano. No era justo. ¿Cómo pudo haberlo anticipado?
Y ahora, ¿qué era? La villana. Quien dejó ir la Espada. Quien hizo fracasar la misión. Oh, sí , lo pagaría con el infierno. No tenía dudas.
Ahora lo único que deseaba era que Sam estuviera seguro. Lo habían noqueado, inconsciente, y ella lo había cargado, lo había llevado todo el camino de regreso hasta allí. Quería tenerlo cerca. No estaba preparada para dejarlo ir, y no sabía dónde más para llevarlo. Había logrado introducirlo, y lo había escondido en un lugar seguro, en el subsuelo, en una habitación vacío de su cofradía. Nadie la había visto, al menos eso creía. Él estaría a salvo allí, lejos de las miradas inquisidoras de estos vampiros. Ella le daría su informe a Rexius, sufriría su castigo, y después, esperaría hasta el amanecer, cuando todos estuvieran dormidos, y se escaparía con Sam.
Por supuesto, no podía escapar inmediatamente. Tendría que informar primero, recibir su castigo o, de lo contrario su cofradía la perseguiría y tendría que estar huyendo por el resto de su vida. Una vez que recibiera su castigo, nadie saldría en su búsqueda. Entonces, podría llevarse a Sam y huir lejos de aquí, y podrían establecerse en alguna parte. Solo los dos.
No había anticipado que el muchacho, Sam, que pudiera cogerle el corazón como lo había hecho. Cuando pensaba ahora en sus prioridades, primero pensaba en él. Quería estar junto a él. Necesitaba estar junto a él. De hecho, podía parecer una locura, incluso para ella, pero ya no podía imaginar su vida sin él. Estaba furiosa consigo misma. No sabía cómo había dejado que las cosas llegasen a este punto. Enamorarse de un adolescente. Mucho menos de un humano. Se odiaba por ello. Pero era lo que era. No tenía sentido tratar de cambiar lo que sentía.
Esta idea le dio fuerza, mientras se acercaba lentamente al trono de Rexius dispuesta a recibir su condena. Sufriría un dolor indescriptible, lo sabía, pero pensar en Sam le daba fuerza. Tendría un motivo para volver. Y Sam estaría protegido, a salvo de todo esto. Esa idea la ayudaría a soportarlo.
Pero, ¿él podría amarla después de que ella recibiera el castigo? Si es que conoce a Rexius, él le tenía reservado el tratamiento con ácido Iórico, y marcaría su cara todo lo que pudiera. Ella podría perder lo mejor de su físico. ¿Aún así Sam la seguiría amando? Esperaba que sí.
Un silencio descendió sobre la la sala, mientras los cientos de vampiros se acercaban más, impacientes por ver el cambio. Samantha dio unos pasos hacia Rexius y se puso de rodillas inclinando la cabeza.
A sólo unos pies de distancia, Rexius observaba desde su trono, sus ojos azules duros y helados la perforaban. La miró fijamente durante lo que parecieron varios minutos, aunque Samantha sabía que probablemente se trataba de solo unos segundos. Mantuvo su cabeza hacia abajo. Sabía que no debía cruzar miradas con él.
"Entonces," comenzó Rexius, su voz ronca cortaba el aire, "el pollo viene a casa a dormir."
Siguieron varios minutos más de silencio, mientras él examinaba a Samantha. Ella sabía que no debía tratar de justificarse bajo ningún motivo. Sólo mantenía su cabeza baja.
"Te envié a una misión muy sencilla", continuó. "Después de los fracasos de Kyle, necesitaba a alguien en quien pudiera confiar. Mi soldado más valioso. Nunca me habías decepcionado antes, no en miles de años", dijo mirándola fijamente. "Pero en esta, esta sencilla misión de alguna manera te las ingeniaste para fallar. Y a fracasar lamentablemente."
Samantha bajó la cabeza otra vez.
"Entonces. Dime exactamente lo que pasó con la espada. ¿Dónde está? "
" Mi señor," ella comenzó lentamente, "ubiqué a la muchacha. Caitlin. Y a Caleb. Los encontré a los dos. Y encontré la Espada. Hasta logré que Caitlin me la cediera. Estaba sobre el piso, a mi alcance. En cuestión de segundos, seguramente habría estado en mis manos para traérsela de regreso."
Samantha tragó saliva.
"No pude anticipar lo que sucedió después. Me sorprendieron, Kyle me atacó."
Un fuerte murmullo estalló por toda la habitación repleta de vampiros.
"Antes de que pudiera agarrar la Espada", continuó, " Kyle ya la había tomado. Huyó de la iglesia, ya no podía hacer nada. Traté de encontrarlo, pero ya se había ido. Ahora, la Espada está en su poder."
Un murmullo aún más fuerte se propagó por toda la habitación. Se podía palpar la ansiedad en la sala.
" ¡SILENCIO! " gritó una voz.
De a poco, el murmullo se apagó.
"Entonces," comenzó Rexius , "después de todo, permitiste que Kyle tomara la espada. Prácticamente, se la entregaste."
Samantha sabía qué debía hacer, pero no pudo contenerse. Tenía que decir algo en su defensa. "Mi señor, no había nada que pudiera hacer- "
Rex la interrumpió con solo un movimiento de cabeza. Ella temía ese gesto. Significaba que lo que seguí no era nada bueno.
"Gracias a ti, ahora tengo que prepararme para dos guerras. Esta guerra patética con los humanos, y ahora una guerra con Kyle."
Un pesado silencio cubrió la habitación, y Samantha sintió que su castigo era inminente. Estaba lista para recibirlo. Con firmeza, mantuvo en su mente la imagen de Sam, y el hecho de que no podían matarla así nomás. Ellos nunca lo harían. Habría una vida después de esta, algún tipo de vida, y Sam estaría en ella.
"Tengo un castigo muy especial reservado para ti", dijo Rexius mientras su boca se rompía lentamente en una sonrisa.
Samantha oyó las amplias puertas dobles abrirse detrás de ella y se volvió para ver.
Su corazón se estremeció.
Allí, arrastrado por dos vampiros, encadenado de pies y manos estaba Sam.
Lo habían encontrado.
Estaba amordazado, y por mucho que se retorciera y tratara de emitir algún sonido, no podía. Sus ojos se abrieron en shock y miedo. Lo arrastraron hacia un lado de la habitación, las cadenas repiqueteaban, lo sostenían firmemente, obligándolo a mirar.
"Parece que no sólo perdiste la Espada, sino que también has desarrollado un afecto por un humano, en contra todas las reglas de nuestra raza", dijo Rexius. "Tu castigo, Samantha, será ver sufrir lo que es más querido para ti. Puedo intuir que lo más querido para ti no eres tú. Es este niño. Este pequeño y patético muchacho humano. Muy bien," dijo inclinándose aun más cerca y sonriendo. "Entonces, es así cómo serás castigada. Vamos a infligir un dolor terrible a este muchacho."
El corazón de Samantha latía fuertemente en el pecho. Era algo que no había previsto, y no podía permitir. A cualquier precio.
Entonces, entró en acción, saltó en dirección de los asistentes de Sam. Se las arregló para llegar hasta uno de ellos, cuando pateó su pecho con fuerza, salió volando hacia atrás.
Pero antes de que pudiera atacar al siguiente, varios vampiros estaban sobre ella, la agarraron y la sujetaron. Ella luchó con toda su fuerza, pero eran demasiados y no pudo rivalizar con todos los vampiros al mismo tiempo.
Impotente, observó cómo varios vampiros arrastraron a Sam hacia el centro de la habitación. Lo colocan en el área reservada para quienes serían sometidos al tratamiento ácido de Iórico. El castigo era indescriptiblemente doloroso para los vampiros. Los dejaba marcados de por vida.
En un ser humano, sin embargo, el dolor era incalculable, y el castigo implicaba, seguramente, una muerte horrible. Llevaban Sam a su ejecución. Y la obligaban a mirar.
Rexius sonrió aún más cuando encadenaron a Sam al lugar. Cuando Rexius asintió, uno de los asistentes arrancó la cinta de su boca.
Inmediatamente, Sam miró a Samantha con miedo en sus ojos.
"Samantha", gritó. "¡Por favor! ¡Sálvame! "
A su pesar, Samantha se echó a llorar. No había nada, absolutamente nada que pudiera hacer.
Seis vampiros deslizaron un enorme caldero de hierro, que burbujeaba y silbaba, en la parte superior de una escalera. Pusieron el caldero en posición, justo por sobre la cabeza de Sam.
Sam levantó la mirada hacia el caldero.
Y lo último que vio fue el líquido salir de la caldera, burbujeando y silbando, cayendo directamente sobre su rostro.
CUATRO
Caitlin estaba corriendo. El campo de flores llegaba a su cintura, y al correr, Caitlin abría un camino entre las flores. El sol, rojo sangre, estaba sentado, como una enorme bola, sobre el horizonte.
De pie, dando su espalda al sol, en el horizonte, estaba su padre. O al menos su silueta. Sus rasgos eran difíciles de reconocer, pero ella sabía que se trataba de él.
Mientras Caitlin corría y corría desesperadamente para verlo y abrazarlo, el sol se hundió rápidamente, demasiado rápido. Todo ocurrió en un instante y, en cuestión de segundos, el sol había desaparecido por completo.
Se dio cuenta que estaba atravesando el campo en el medio de la noche. Su padre seguía allí, esperando. Ella sentía que él quería que ella corriera más rápido, él quería abrazarla. Pero sus piernas no le permitían correr más rápido y, aun por mucho que lo intentara, él parecía alejarse cada vez más.
Mientras corría, la luna se elevó en el horizonte - una luna enorme, rojo sangre- cubriendo todo el cielo. Caitlin pudo notar todos sus detalles, las marcas, los cráteres. Todo era muy claro. Su padre estaba de pie, como una silueta y, cuando ella trató de correr aún más rápido, parecía estar corriendo hacia la luna.
Pero no podía llegar. De pronto, sus piernas y sus pies no se movieron más. Miró hacia abajo: las flores se habían enroscado en sus tobillos y sus piernas y se transformaban en vides. Eran tan gruesas y fuertes que ya no pudo moverse en absoluto.
Mientras observaba, una enorme serpiente se deslizó hacia ella, por el campo. Trató de zafarse, escapar, pero no podía. Solo podía observarla mientras la víbora se acercaba. Cuando estuvo cerca, la serpiente saltó en el aire, lanzándose directamente hacia su garganta. Caitlin se dio la vuelta y gritó mientras sentía los largos colmillos perforar su garganta. El dolor era horrible.
Caitlin se despertó sobresaltada, se sentó en la cama, respirando con dificultad. Tocó su garganta y sintió las dos cicatrices endurecidas. Por un momento, confundió su sueño con la realidad y miró alrededor de la habitación buscando la serpiente. No había nada.
Se frotó la garganta. La herida aún le dolía pero no tanto como en el sueño. Respiró profundamente.
Caitlin estaba cubierta de un sudor frío, su corazón aún latía con fuerza. Se limpió la cara y los lados de las sienes y sentía su pelo húmedo y frío pegado a su cara. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que se había bañado? ¿Se lavó el pelo? No lograba recordar. ¿Cuánto tiempo había estado acostada allí? ¿Y dónde estaba exactamente?
Caitlin miró alrededor de la habitación. Era el mismo lugar que recordaba de un tiempo atrás - ¿era de un sueño o había estado despierta aquí antes? La habitación era totalmente de piedra y tenía una larga ventana arqueada, a través de la cual podía ver el cielo nocturno y la enorme luna llena, su luz se vertía en la habitación.
Se sentó en el borde de la cama y se frotó la frente tratando de recordar, cuando sintió un dolor tremendo en su costado. Se agachó y pudo palpar la costra de una herida. Trató de recordar de que era. ¿Alguien la había atacado?
Caitlin se puso a pensar y, de a poco pero sin pausa, empezó a recordar los detalles. Boston. El Camino de la Libertad . La Capilla del Rey. La espada. Luego ... sera atacada. Luego...
Caleb. Él había estado allí, mirándola desde arriba. Ella había sentido como su mundo se desvanecía y le había pedido. Conviérteme, se lo había rogado...
Caitlin levantó sus manos y palpó las dos marcas en el costado de su cuello, y se dio cuenta que él la había escuchado.
Eso aclaraba todo. Caitlin se paró de un salto. Estaba claro, había sido convertida. La habían llevado a alguna parte, probablemente, para su recuperación, probablemente bajo la mirada vigilante de Caleb. Se tocó los brazos y las piernas, torció su cuello, palpó su cuerpo...
Se sentía diferente, no tenía duda. Ya no era la misma de antes. Sintió una fuerza sin límites corriendo por ella. Un deseo de correr, de correr a velocidad, de atravesar las paredes, de saltar en el aire. También sintió algo más: dos protuberancias leves en la espalda detrás de sus omóplatos. Eran muy sutiles, pero las sentía. Alas. Ella sabía, sentía, que si fuera a volar, se abrirían.
Caitlin cayó embriagada por su fuerza que apenas descubría. Desesperadamente, deseaba probarla. Se sentía encerrada, no tenía idea de cuánto tiempo había estado allí - y quería saber cómo era esta nueva vida. También sintió algo más que era novedoso: el sentido de la imprudencia. La sensación que no podía morir. Que podía cometer errores estúpidos, que tenía vidas infinitas para probar. Quería llevar las cosas al límite.
Caitlin se volvió y miró por la ventana al cielo nocturno . La ventana tenía un amplio arco, no tenía vidrio, y estaba abierta a los elementos. Típico de un antiguo claustro medieval.
En el pasado, la anterior, la Caitlin humana habría dudado, habría pensado lo que iba a hacer, habría dudado. Pero la Caitlin vuelta a nacer no tenía dudas. Prácticamente al segundo que lo pensó, tomó carrera directamente hacia la ventana.
Con unos pocos pasos, Caitlin saltó al alféizar de la ventana y se lanzó en el aire.
Una parte de ella, algún instinto, le dijo que una vez que estuviera en el aire, brotarían sus alas. Si estaba equivocada, se desplomaría cientos de pies en la tierra. Pero la Caitlin vuelta a nacer sentía como si nunca más podría equivocarse.
Y no lo estaba. Cuando Caitlin saltó hacia la noche, sus alas brotaron desde detrás de sus hombros y sintió la emocionante sensación de volar, de deslizarse por el aire. Estaba encantada con sus alas anchas y largas, estaba encantada de sentir el aire fresco y limpio de la noche en su rostro, su cabello y su cuerpo. La luna estaba tan llena y tan grande que iluminaba la noche como si fuera de día.
Cuando Caitlin miró hacia abajo, se le concedió una vista de pájaro. Había sentido la presencia del agua y había tenido razón. Estaba en una isla. A su alrededor, en todas direcciones, se extendía un río enorme y hermoso, sus aguas estaban tranquilas, iluminadas por la luz de la luna. Era el río más ancho que jamás hubiera visto. Y, en el medio, estaba la pequeña isla donde había dormido. Era una pequeña isla, de poco más de una docena de acres, en un extremo se erguía un castillo escocés desmoronado, parcialmente en ruinas. Un espeso bosque ocupaba totalmente el resto de la isla.
Mientras Caitlin volaba por arriba y por debajo de las corrientes de viento, girando, bajando en picada y planeando, rodeó la isla nuevamente. El castillo era enorme, se veía magnífico. En partes lucía desmoronado, pero otras, las ocultas a la mirada, en el interior, estaban perfectamente intactas. Había patios interiores y patios exteriores, murallas, torres, escaleras de caracol, y más y más acres de jardines. Era lo suficientemente grande para albergar un pequeño ejército.
Cuando descendió, notó que el interior del castillo estaba iluminado con antorchas. Y había gente pululando alrededor. ¿Eran vampiros? Sus sentidos le dijeron que lo eran. Su propia especie. Caminaban alrededor interactuando entre sí. Algunos estaban entrenando, luchaban con espadas, jugaban. La isla estaba rebosante de actividad. ¿Quiénes eran estas personas? ¿Por qué ella estaba aquí? ¿Ellos la habían acogido?
Cuanco Caitlin concluyó su círculo, vio la habitación de la que había saltado. Se había estado quedando en la parte superior de la torre más alta que daba a una gran muralla, una terraza amplia y abierta. Sobre la terraza, había un vampiro solitario. Caitlin no necesitó volar más cerca para saber quién era. Ya lo sabía en su corazón y en su alma. Ahora, su sangre corría por ella, y lo amaba con todo su corazón. Y ahora que la había convertido, lo amaba con algo más que amor. Sabía que, aun desde esta distancia, que la silueta solitaria fuera de su habitación era Caleb.
Su corazón se disparó al verlo. Él estaba aquí. Estaba realmente allí. Esperando, justo afuera de su habitación. Debió haber estado esperando que se recuperara. Todo este tiempo.
¿Cómo saber cuánto tiempo había pasado? Él nunca se había ido de su lado. Inclusive con todo lo que había pasado, con todo lo que estaba pasando ahora. Ella lo amaba más de lo que podía creer. Y ahora estarían juntos para toda la eternidad.
Él estaba allí, inclinado sobre la muralla, miraba hacia abajo en el río, se veía preocupado y triste.
Caitlin se lanzó directamente hacia él, quería sorprenderlo e impresionarlo con su habilidad recién descubierta.
Con sorpresa, Caleb miró hacia arriba y su rostro se iluminó de alegría.
Pero al aterrizar, de repente algo salió mal. Sintió que perdía el equilibrio, perdía control. Como si estuviera entrando demasiado rápido y no pudiera reducir la velocidad a tiempo. Al posarse sobre la muralla, su rodilla topó con la piedra y aterrizó con demasiada fuerza, cayendo sobre la piedra.
"Caitlin" Caleb exclamó y corrió hacia ella.
Caitlin yacía sobre la piedra sintiendo un nuevo dolor correr por su pierna. Estaba bien. Si hubiera sido la anterior Caitlin, simplemente un humano, se habría roto varios huesos. Pero esta nueva Caitlin sabía que iba a recuperarse, recuperarse rápidamente, probablemente en cuestión de minutos.
Pero estaba apenada. Había querido sorprender e impresionar a Caleb. Ahora se veía como una idiota.
"Caitlin", él le preguntó nuevamente, arrodillado a su lado, poniendo una mano sobre su hombro. "¿Estás bien?"
Ella lo miró y le sonrió tímidamente.
"Bonita manera de querer impresionarte," dijo ella, sintiéndose como una tonta.
Pasó su mano por el costado de su pierna y palpó su herida.
"Ya no soy más una humana", le espetó. "No tienes que preocuparte por mí."
Inmediatamente se arrepintió de sus palabras, y su tono. Se escuchaba como una acusación, casi como si lamentase haberse convertido. No había querido expresarse con un tono áspero. Por el contrario, amaba sus detalles, le encantaba que aún fuera tan protector. Habría querido darle las gracias, decirle todo esto y más pero, como de costumbre, la había regado, y dijo exactamente lo incorrecto en el momento incorrecto.
Qué terrible primera impresión como la nueva Caitlin. Todavía no podía mantener la boca cerrada. Era evidente que algunas cosas nunca cambian, ni aún con la inmortalidad.
Ella se sentó, y estaba a punto de poner la mano sobre su hombro y pedirle disculpas, cuando de repente, oyó un gemido y sintió una nube peluda en su rostro. Se echó hacia atrás y se dio cuenta qué era.
Rose. Su loba cachorro, Rose saltó a los brazos de Caitlin. Rose gemía de la emoción y lamía toda la cara de Caitlin. Caitlin se soltó a reír. Le dio un abrazo a Rose, la hizo hacia atrás y la miró.
Seguía siendo un cachorro, pero Rose había crecido y era más grande de lo que Caitlin recordaba. Caitlin recordó cuando vio a Rose por última vez, en la Capilla del Rey, tirada sobre el piso, sangrando, con un disparo de Samantha. Había estado segura que Rose había muerto.
"La libró", dijo Caleb, como siempre leyendo su pensamiento. "Ella es fuerte. Al igual que su madre", añadió con una sonrisa.
Caleb debió haber estado cuidándolas a las dos todo este tiempo.
" ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?" preguntó Caitlin.
"Una semana", dijo Caleb.
Una semana, pensó Caitlin. Increíble.
Sentía que había estado inconsciente por años. Sentía como si hubiera muerto y hubiera vuelto a la vida, pero de una nueva forma. Sentía que había recibido una limpia, que estaba haciendo borrón y cuenta nueva.
Pero al recordar todo lo que estaba ocurriendo, se dio cuenta de que una semana había sido una eternidad. Habían robado la espada. Y su hermano Sam había sido secuestrado. Una semana entera había transcurrido. ¿Por qué Caleb no había ido a buscarlos? Cada minuto era importante.
Caleb se puso de pie y lo mismo hizo Caitlin. Ella se paró frente a él y lo miró a los ojos. Su corazón comenzó a latir. No sabía qué hacer. ¿Cuál era el protocolo, la etiqueta, ahora que ambos eran verdaderos vampiros? ¿Que él era quien la había convertido? ¿Eran una pareja? ¿Él la amaba tanto igual ahora que ella era de su misma raza? ¿Ahora que estarían juntos para siempre?
Se sentía muy nerviosa, como si hubiera más en juego, como nunca antes.
Ella levantó la mano y la puso suavemente sobre su mejilla.
Él la miró a los ojos, sus ojos brillaban con la luz de la luna.
"Gracias," ella dijo en voz baja.
Habría querido decir: Te amo, pero no se hubiera escuchado bien. Ella habría querido preguntar: ¿estarás conmigo para siempre ? ¿Todavía me amas?
Pero a pesar de todo, a pesar de todos sus nuevos poderes, no tenía el valor para decirlo. Al menos pudo haber dicho, Gracias por salvarme, o, Gracias por cuidar de mí, o Gracias por estar aquí. Sabía lo mucho que él había sacrificado para estar allí. Pero lo único que pudo decir fue Gracias.
Él sonrió lentamente, extendió su mano y con cuidado quitó el pelo de la cara de Caitlin y lo trabó detrás de su oreja. Luego, deslizó el dorso de su mano, tan suave, por su cara, examinándola.
Ella se preguntó en qué estaba pensando. ¿Estaba a punto de manifestar su amor eterno por ella? ¿La besarla?
Sentía que él estaba a punto de hacerlo cuando de pronto ella se puso nerviosa. Nerviosa por su nueva vida. Nerviosa por lo que pasaría si no llegaba a funcionar. Así que, en lugar de saborear el momento, tuvo que arruinarlo, abriendo su bocaza cuando lo único que quería hacer era mantenerla cerrada.
"¿Qué pasó con la Espada?" ella preguntó.
La expresión de la cara de Caleb cambió por completo. Dejó de ser una mirada de amor, de pasión para ser una de profunda preocupación. Lo vio transformarse en un instante, como una nube oscura pasando en un cielo de verano.
Él se volvió y dio varios pasos hacia el borde de la muralla de piedra dándole la espalda, y miró hacia el río.
Eres un idiota, pensó para sí misma. ¿Por qué tuviste que hablar? ¿Por qué no pudiste dejar que te besara?
A ella le importaba la Espada, era cierto, pero no tanto como él. Ellos, como pareja. Pero ella había arruinado el momento.
"Temo que la espada desapareció," dijo Caleb en voz baja, aun de espaldas a ella, mirando el río. "Nos la robaron. Primero, Samantha y luego Kyle. Nos tomaron por sorpresa. No imaginé que estuvieran allí. Debí imaginarlo."
Caitlin se acercó a él, se paró a su lado y suavemente puso su mano sobre el hombro de Caleb. Esperaba así poder cambiar su estado de ánimo.
"¿Está bien tu gente? " le preguntó.
Él se volvió y la miró, aún más preocupado que antes.
"No," dijo rotundamente. "Mi cofradía está en grave peligro. Y cada minuto que estoy lejos, el peligro aumenta."
Caitlin pensó.
"Entonces, ¿por qué no has ido con ellos?", preguntó .
Pero ya sabía la respuesta, incluso antes de que él la dijera.
"No podía dejarte", dijo. "Necesitaba asegurarme que estabas bien."
¿Eso fue todo ? Caitlin pensó. ¿Acaso sólo se preocupaba de que ella estuviera bien? Y tan pronto como se recuperara?, ¿iba a dejarla?





