Rafael Gumucio Risa adentro
Risa adentro
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Rafael Gumucio Risa adentro

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—Ese es quizás el inconveniente del periodista que usa humor, que la forma de desautorizarlo es decir “bueno, usted es un payaso, no se lo puede tomar en serio”. ¿Cómo se hace con eso?

No, yo creo que uno tiene que saber que le van a decir eso, es decir, cuando tú entras a pelear y acudes al humor, en este caso, por ejemplo, decir “ah, ese es un payaso, ese tipo no vale la pena”. ¿Por qué? Porque el humor es un arma muy buena, y una persona cuando tiene la posibilidad de escoger entre un libro de Kant y un libro de Woody Allen siempre escogerá a Woody Allen, pero dirá que lee a Kant, porque el humor tiene menos prestigio que la alta literatura, siendo que, repito, el humor ha sido la fuente o el rodamiento, el rodaje de grandes obras literarias. Por ejemplo “Una modesta proposición” de Swift, en que había que comerse a los niños. Eso es directamente humor, y hubo, no sé, no le debería decir, pero hubo sacerdotes que no entendieron bien el sentido de la cosa y se comieron a los niños.

—¿Cómo pasas del humor al periodismo serio? ¿Hay alguna rutina que te permite meterte en un mundo o en el otro?

Yo no cambio mi manera de ver la sociedad ni mi manera de sentir el país cuando escribo humor o cuando escribo relativamente en serio, sigo siendo el mismo, solo utilizo mecanismos distintos. Así como duermo con un pijama muy sexy que nunca llevo a las fiestas para bailar, bailo con una ropa especial que tengo para bailar, es decir, es un traje distinto, pero sigo siendo el mismo.

—¿Cómo diferenciar, cómo no equivocarse de tono?

Es que uno siempre tiene, como periodista, como escritor, tiene sus ídolos, yo tengo mis ídolos y mi máximo ídolo, por lo menos en esa materia, es don Francisco de Quevedo. Quevedo es el tipo que con la misma mano escribió los más hermosos sonetos de amor que hay en la lengua castellana, los más bellos sonetos metafísicos, y los más graciosos poemas escatológicos que se conozcan. Parecería que no fuera el mismo, es el mismo…, y también se puede ver en Cervantes, en Lope, las cosas que escribieron esos tipos eran de esa naturaleza, es decir, una especie de aproximación al ser humano extraordinaria como es la del Quijote, pero también mezclada con otra serie de elementos, las páginas escatológicas de Cervantes son extraordinarias. Ellos no tenían este problema de que o usted escribe sobre humor o usted es un tipo serio en política, eran pluridimensionales.

Esta unidimensionalidad es un invento nuevo nuestro, contra el cual yo modestamente me rebelo. Lo que sí trato es de no utilizar los instrumentos inadecuados. Hay cirujanos que también son aficionados a la electricidad, pero nunca, nunca tratan de arreglar un enchufe con un bisturí y nunca mucho menos abren a un paciente con unas tenazas, es decir, saben que cada cosa tiene su instrumento.

—¿Cómo es tu humor, cómo lo verías tú?

No sabría cómo definirlo, yo tengo la idea de que el humor es primo hermano de la ternura, es decir, que al humor se puede llegar muy rápidamente por la vía de la ternura y que del humor se puede salir por la vía de la ternura. También tengo clara la idea de que lo opuesto al humor no es la seriedad sino la solemnidad; la seriedad no riñe con el humor. También sé que hay distintas clases de humor; por ejemplo, el humor inglés se parece más a lo que tú dices, es un humor heredado de Ben Jonson, que fue este dramaturgo de la época de Cervantes que realmente inventó el humor inglés, que es un humor de tolerancia.

—El don, ese don del que tú hablas, ¿has llegado a racionalizarlo, has llegado a pensar en el don que es el humor? ¿En el caso tuyo de dónde viene, de la universidad con los jesuitas?

Ese es un buen chiste (risas).

—Sí, es que ha creado muchos humoristas la universidad jesuita.

No sé si Álvaro Uribe era de los jesuitas, lo cual echaría tierra a todo, pero, bueno, olvidémonos de él. No, yo creo que es difícil saberlo, yo tengo la tendencia a creer que muchas cosas son heredadas, por ejemplo yo heredé la burricia general de la familia para las matemáticas, somos burros todos, eso es una cosa muy linda. A mi papá no necesitaron hacerle el ADN, me pusieron a mí dos más dos, dije cinco y dijeron “es hijo de Andrés”. Al mismo tiempo hay unos talentos que se heredan, no sé cómo, por el ADN y todas esas cuestiones, por ejemplo el talento para escribir. Yo creo que el talento para reír o para hacer reír, que es distinto, se hereda también un poco. En mi familia eran chistosísimos todos.

—¿Incluido el Presidente?

Es muy gracioso, si vieran al Presidente uno se podría morir de la risa. Pero mis hermanos han sido todos de verdad muy graciosos y en mi casa la hemos pasado siempre muy bien, y los pesares los diluimos con un poco de humor. Y es un humor además en que nos criticamos mucho, por molestar. Creo que es un poco herencia de mi mamá, pero sobre todo porque mi papá era un tipo con mucha chispa, era muy bogotano.

—¿Te han echado de muchas partes por hacer chistes?

No, no me han echado; no me han recibido, que es distinto. Una vez me desafiaron a duelo. Yo había contado que tal tipo no pagaba las cuentas, y tal había sido embajador en algún sitio. Él me dijo “esto solo se puede lavar en el campo del honor”, una cosa ridícula, entonces yo le dije “bueno, yo acepto cualquier arma menos culebra”. Culebra en Colombia son los acreedores… No, no, no, yo dije “escojo arma, escojo culebra”. Yo no tenía acreedores y él sí, entonces desistió. Uno en el humor se puede echar muchos enemigos, a veces injustamente, quiero decir, gente que uno critica injustamente o hace un chiste a costa de alguien...

—¿Lo has hecho? ¿Te acuerdas de alguien?

No, porque me da tristeza. No, uno lo hace, mi hijo lo hace, por ejemplo, que es terrible eso. Sí, a veces por hacer un chiste uno puede llegar incluso a ofender al poderoso y eso está muy bien, y el humor es para eso, pero al débil…, no es buena fórmula pelear con el débil con humor, es un poquito cobarde, ¿no?

—Y no es divertido.

Es menos divertido, sí. Es barato, es un poquito cobarde. Ahora, hay veces en que hay que defenderse como se pueda, ¿no? Uno siempre tiene que tener presente que el humor es un arma muy poderosa y no todo el mundo la tiene, ¿no? Entonces, yo eso lo tengo presente, en polémicas así. Una vez tuve una polémica con un tipo que en ese momento era archiconservador y era un tipo muy desagradable, y luego se volvió un tipo razonable, qué curioso, a raíz de la muerte de Allende y de las cosas que pasaron. Este archiconservador se volvió de izquierda y fue candidato de la izquierda colombiana y yo voté por él. Se llama Alfredo Vázquez Carrizosa. Una vez tuve una pequeña polémica con él, digo pequeña porque yo escribí algo sobre los límites de Colombia y el tratado con Venezuela y él que era canciller dijo que ese tema era “para espíritus maduros”, y citaba por ahí una cantidad de tratadistas. Y yo me acordé de que Mafalda tiene una historietica en que está hablando un político por televisión, entonces dice “puedo asegurar que el país está, políticamente hablando, completamente maduro”, y Mafalda le pregunta a la mamá: “¿Maduro para que se lo coma quién, políticamente hablando?”. Entonces yo cité a Mafalda y fue demoledor.

—¿Y qué te contestó él?

Se quedó calladísimo porque era muy serio. Él consideraba que era ridículo que un canciller estuviera en peleas con un columnista.

—¿Pero cuál es el límite, si es que tienes algún límite a la hora de hacer humor?

Yo creo que es la audiencia la que te da la medida del límite y la pertinencia del humor. Hay humor que puede ser impertinente y hay humor que es pertinente, entonces eso te lo da la audiencia. Los judíos, por ejemplo; no hay un grupo étnico más autocrítico con el humor que los judíos, es extraordinario; además, es un humor muy gracioso, muy gracioso, pero contado por judíos. Yo no puedo, porque mis papás son judíos, mi papá es como rabino. Me han pasado cosas horribles porque, por ejemplo, yo cuando iba a fiestas de disfraces, o no fiestas de disfraces sino que decían “ponte alguna cosa divertida para ir esta noche a la casa”, yo me ponía un sombrero que era de mi abuelo y un vestido negro sin corbata, entonces parecía un rabino, y dejé de hacerlo porque ya a cierta hora empezaban a pedir circuncisiones.

Pero es eso, digo, los judíos tienen muy claro que ellos son de una crueldad pavorosa, es una marca de identidad de ellos, el humor, pero hecho por judíos, es decir, los chistes que se echan sobre las madres judías son muy graciosos si los cuenta un judío, si los cuenta un cristiano son menos graciosos. Lo mismo pasa con las nacionalidades, en todo país hay una región o una ciudad o un pueblo que lo toman como estereotipo de los tontos y se hacen chistes, no sé si en Chile.

—Nosotros hacemos chistes de gallegos.

Ah, sí, y en Argentina también de gallegos.

—Lo hacemos por imitación, porque no hay una fuerte población gallega en Chile. Y hacemos esos chistes del tipo “había un chileno, un peruano, un argentino”…

Y gana el chileno. Eso lo hemos inventado los colombianos, pero lo han probado los chilenos. Nosotros nos reímos de la población del sur del país, los pastusos, que son una gente adorable y además tienen mucho sentido del humor, pero siempre en los chistes aparece el pastuso. Yo he estado y tengo muchos amigos pastusos, y con quien era mi abogado —porque me defendía cuando me demandaban y cosas y siempre ganaba, aunque nunca teníamos la razón— hacíamos esos chistes, que son chistosísimos cuando estás entre pastusos o amigos de pastusos, pero cuando alguien que no procede de allí cuenta un chiste de pastusos es terrible. Me acuerdo de que una vez en El Espectador que María Teresa Herrán, una columnista de espectáculos, contó un chiste de pastusos y se pusieron bravísimos y fueron y quemaron las oficinas de El Tiempo, porque la otra estaba muy lejos (risas).

Los mejores chistes eran de los pastusos pero contados por pastusos. Todo depende de la audiencia.

—Estamos en momentos de creciente sensibilidad ante los chistes. ¿Cómo lidias con la corrección política?

La corrección política es una enfermedad atroz y mortal, que consiste en nunca faltarle el respeto a nadie, y es atroz y mortal pues acabaríamos con el humor tranquilamente. Pero yo sí creo que en algunos momentos es impertinente un chiste. Los negros tienen todo el derecho a llamarse negros entre ellos, yo veo las series norteamericanas y siempre dicen “había un nigga y no sé qué”, pero un blanco no le puede decir a un negro nigga. En una serie ni siquiera, tampoco en la realidad; hay limitaciones. Yo creo que es válido el humor en todas las circunstancias, quiero decir, en cualquier tema, no en todas las circunstancias, en cualquier tema, pero su ejercicio depende un poco de la audiencia a la que vayas.

Alberto Montt

Dibujar el chiste

Abril de 2011

Alberto Montt (Quito, 1972) es dibujante, ilustrador y comediante. Ha ilustrado libros infantiles, libros de recetas de cocina, manuales de sexología. Ha trabajado en diarios y revistas dentro y fuera de Chile.​ En 2011, el servicio de radiodifusión alemán Deutsche Welle le otorgó el galardón The BOBs al Mejor Weblog en Español por Dosis diarias, un sitio en que comparte semanalmente sus dibujos cáusticos, de apariencia inocente, pero llenos de veneno. Se especializa en burlarse de Dios, Batman y Robin, la tecnología y cualquier mito o leyenda que se le cruza. Junto con el dibujante argentino Liniers inauguró un nuevo género de comedia, la stand up comedy Los Ilustrados, mezcla de dibujos y comedia en vivo de gran éxito.

Montt, moreno, barbado y bien parecido, llegó a la Clínica de Humor singularmente preparado. Su presentación venía respaldada con un powerpoint muy ilustrado e ilustrativo sobre las distintas escuelas de humor gráfico de entonces. No era aún la estrella internacional en la que se convertiría al aliar su talento al del dibujante argentino Liniers, pero sus Dosis diarias daban que hablar. Los restos de un acento ecuatoriano, difícil de clasificar para oídos chilenos, de alguna forma adelantaban su destino internacional. Aunque quizás era el empeño de su powerpoint, la seguridad con que hablaba de su trabajo, la certeza de amarlo sin resquemor lo que hacía vislumbrar en él un destino particular. No estaba jugando, aunque terminada su exposición se dejó interrogar con la soltura y la ironía que esta entrevista intenta reproducir.

—Viviste los primeros años de tu vida en la selva ecuatoriana. ¿Tú crees que eso influye en tu aproximación al humor?

No sé si eso influye en mi forma directamente, en el humor, pero yo creo que lo que almuerce hoy día influye en lo que yo hago, si en el fondo esto tiene que ver con una expresión personal y desde esa perspectiva todo, todo, todo me ha influenciado. Ahora, lo que sí definitivamente me sirvió fue que, al estar aislado y solamente con esos cuadernos, de una u otra forma ellos marcaron mi camino, me nutrieron, me amamantaron, me cuidaron mientras mis padres trabajaban.

—¿Qué estaban haciendo en la selva tus padres?

Es que, bueno, es el bosque, uno tropical húmedo, bueno... sí es selva, sí es selva. Mi viejo es agrónomo, entonces creo que administraba un campo pequeño en la selva y estábamos ahí metidos.

—¿Haber pasado tu juventud en Ecuador te da una perspectiva distinta para mirar la chilenidad?

Sí, me pasa que se me ocurren chistes locales, se me ocurren chistes chilenos, chistes argentinos, se me ocurren chistes ecuatorianos que sé que no los entendería ningún chileno, o pocos chilenos. Ponte tú hacer una imagen gráfica que diga “El trío Los Panchos” y sean tres hotdogs, tres completos con guitarra, eso en Argentina puede ser gracioso, pero en Ecuador no tiene ningún sentido, y en Chile tampoco. Entonces me pasa, me pasa, pero lo que trato de hacer en el blog es también como parte de mi ejercicio, hacer cosas que sean más globales. Hay pocos chistes chilenos en mis libros. En general, mis dibujos se pueden entender en cualquier parte de Latinoamérica.

—Quizás por eso no hay personajes de la televisión o la farándula en tus dibujos.

No me tienta ese tipo de humor. Quizás porque viví en la selva, como dices tú.

—¿O sea no tienes tele, por culpa de la selva?

No, no, tengo tele.

—Pero no la prendes...

No, sí la prendo, pero no la miro.

—Ah, tú te ríes de los geeks y de la tecnología que usas.

Pero me río de mí. Porque yo soy muy ñoño, entonces en general yo me estoy riendo de mí, no estoy burlándome del gordito que pasa todo el día frente al computador porque yo soy el gordito que pasa frente al computador todo el día.

—¿La política te convoca como dibujante?

Me convoca enormemente, pero cuando trato temas políticos trato de no hablar de las personas sino de un hecho más general. O sea, ponte, si Piñera anda con el papelito de los mineros en el bolsillo y yo lo dibujo, va a tener sentido hoy, los próximos cuatro años y en treinta años alguien lo va a ver y no va a entender nada, pero si hablo de la estupidez estoy abarcando ese acto, o sea la estupidez de la política, ponte tú, tiene una relación con un político ecuatoriano y con uno argentino. Trato de ser un poco más general, no en la temática, pero sí en cómo abordar las temáticas.

—En tus dibujos hay un contraste entre los colores y las formas, que son generalmente amigables, casi inocentes, y el texto, que suele ser sarcástico, cruel o absurdo.

Mira, no fue un proceso pensado. Decir “ah, yo voy a hacer este tipo de gráficas para poder comunicar estas ideas que son un poco más violentas”. Tiene que ver con el hecho de haber sido ilustrador todos estos años y tener que resolver una viñeta en cuarenta minutos. Entonces de una u otra forma ese tipo de gráfica me facilita ese proceso. Ahora, si ves ese tipo de gráfica y te pones al lado de un cuaderno de Condorito vas a ver que las narices son de Condorito, que el tipo de manos tiene que ver con Quino, que la postura corporal tiene que ver con Olafo quizás, entonces por ahí en mi cerebro, de algún proceso que yo no entiendo y no creo que llegue a entenderlo, al sentarme a ilustrar una idea acudí a estos recortes, y resultó ser algo que a veces puede ser un poco tierno y se contrapone con la dureza de algunos textos.

—¿Es muy distinto ilustrar libros de otros que dibujar tus propios chistes?

Yo cuando hago libros infantiles como que me pierdo un poco en la gráfica, cuando hago el blog es todo comunicación. Entonces el blog soy yo, los libros infantiles no, entonces no creo que haya una rebeldía para con eso, sino más bien es volcarme entero en este blog y resulta una cosa más negra, un poco más quizás depresiva, más irónica, sarcástica.

—¿De dónde salen tus ideas?

No sé. Hay días y días, hay días en que se me ocurren diez y quince ideas y las anoto y sirve como una pequeña cuenta de ahorros. Hay días en que tenía una idea genial, abro el papelito y no entiendo qué carajos escribí en la noche. Hay otros días en que entiendo qué escribí en la noche y digo “¡en qué carajos estaba pensando!”.

—¿Escribes o dibujas la idea?

La escrib... dibujo.

—¿Cómo es eso?

Hay ideas que son visuales y hay ideas que son conceptuales, entonces hago una de cada una, cuando no tengo a mano algo con qué dibujar, generalmente lo escribo en el teléfono, esa es mi nueva libreta.

—¿Tu teléfono celular?

Sí, sí, escribo en el teléfono y a veces también dibujo. A veces también tuiteo, me gusta el Twitter. Entonces, muchas veces uso el Twitter para escribir ahora ideas.

—¿No te da miedo que te lo copien los tuiteros?

No. Tuitearlo es una manera de probarlo. Uno ve si funciona cuando lo retuitean. Pongo por ejemplo “Dios es el proctólogo del universo” a propósito de los hoyos negros, y veo cómo funciona.

—Pero también lo transforman. ¿Incorporas esas transformaciones al proceso final?

No, en general me quedo con mi idea. Lo que sí me pasó alguna vez es que me han corregido textos, porque yo no soy escritor. Y aparte el tema de las faltas de ortografía, que de repente me dicen “oye, te falta un acento”, pero me han dicho “oye, tu texto de catorce párrafos quedaría mejor en esta frase”. Lo he corregido para el libro, ponte tú, porque en ese caso yo lo considero como un trabajo de editor, que no es lo mismo que una idea nueva, ¿me explico? Entonces, si me retuitean una idea nueva no puedo, me duele la guata.

—¿De culpa?

No, es que tengo colon irritable.

—Siempre cuando hablo con dibujantes me pasa que tú les dices “oye, qué divertido el chiste”, pero ellos te dicen “lo divertido es que usé un aerógrafo y este es un lápiz no sé cuánto”, y te empiezan a hablar de cosas técnicas cuando la gran sustancia que ustedes trabajan es justamente la idea y la frase, los conceptos, más que las imágenes.

Mira, un ejemplo puntual de eso: cuando uno ve los primeros libros de Quino, post Mafalda, a veces son libros enteros en que no tienes una sola letra, son pura imagen, imagen, imagen y son geniales y tú ves el último chiste de Quino y tú podrías eliminar la imagen y quedarte con el texto, entonces hay una evolución en ese caso puntual, que va de dibujante a escritor. Ahora, si me preguntas a mí, sí, yo me considero escritor, de una u otra forma, y me considero dibujante y la ilustración, o sea, las viñetas, son una mezcla de eso. Yo considero que el humor gráfico está más cerca de la literatura que de la gráfica.

—Ahora, cuando tú tienes una idea, por ejemplo la del proctólogo del universo, ¿cómo se te ocurre una imagen para eso?

Ah, no sé, porque no la he resuelto todavía, acabo de tuitearlo.

—¿Tienes que buscar un personaje que diga eso?

Probablemente haga un tipo como tú y yo conversando diciendo “yo creo que”. Cuando no puedo resolver una imagen busco la forma de resolver la idea. Por ejemplo, me pasó una vez que yo tenía esta idea de un sauce llorón y dos álamos al lado que le gritaban “¡niñita, niñita!”, pero entonces, como no sabía cómo resolverla para que fuera buena, lo que hice fue a un tipo presentando un cartel con un dibujo muy rápido de un sauce llorón y unos álamos y el tipo dice “bueno, hoy día no alcancé a hacer la viñeta, pero la idea era esta”. Entonces resuelvo la idea con un recurso. Ahora, ese es un proceso obviamente más pensado, pero que me parece igualmente válido o no sé, ponte tú. Todo el tema del metahumor, Liniers es un maestro en eso, uno de los chistes que más me gustan de él es este: se ven dos tipos nadando en el mar y en el fondo se ve una isla y arriba en el texto lo único que dice es “dos meses antes de un chiste de náufragos”. Entonces, es tanto lo que implica y tan sorpresivo el asunto, que el tipo no necesita ilustrar el chiste de náufragos. A eso voy yo, probablemente no necesite ilustrar el proctólogo del universo.

—Pero podrías ponerle también una imagen que no tenga nada que ver, una imagen del universo o de un telescopio, o de un astrónomo.

O ahora pensando… podría poner una imagen del universo o de un agujero negro y al lado en otra viñeta Dios en el proctólogo, ¿te fijas? Y hago eso, resuelvo toda la misma idea. Pero no lo sé, cuando me siente a hacerlo... creo que me gusta más así, de hecho. No lo sé, ahí lo veré.

—Cuando queda resuelto, hay un trabajo también grande desde que la idea resulta hasta que la idea se transforma en una imagen.

La verdad es que la técnica es bastante simple, pero más allá de eso no es aburrido, porque algo que me gusta mucho del tema del dibujo es que tú eres un pequeño dios en este asunto, entonces tú tienes en la cabeza algo, pero resulta algo que no necesariamente es lo que tenías en la cabeza. Ese proceso es como un dar a luz constante, entonces tiene un encanto especial para mí. Me pasa que a veces veo un dibujo y digo “guau, de dónde salió esto, ¿de dónde salió este oso?”.

—¿Cuánto te demoras desde que tienes la idea hasta el dibujo final?

Cuarenta minutos desde que tengo la idea hasta que está subida en el blog. Hago los colores en digital, si no no te alcanza el tiempo y no lo puedes corregir, que además me parece algo muy importante en estos procesos, la capacidad de darte vuelta en la mitad del camino y cambiar todo. A veces subo una viñeta con un texto determinado y veo el texto y no tiene sentido y le pongo un texto nada que ver después.

—¿Eres muy seguro de tus ideas? Por ejemplo, cuando terminas un dibujo, ¿no existe una persona a la que tú te acerques y le digas “oye, mira, qué te parece esto?”

Mi mujer. Le muestro todo. Si a ella no le gusta, sé que va a ser muy exitoso (risas).

—Después de todo, eso es lo que le pasó contigo.

Pero si le gusté y soy exitoso. No funciona tu teoría.

—Eso es lo que crees tú. ¿Te importa que la mayor parte de los lectores entiendan tus chistes o te basta con que una minoría selecta se ría?

A mí me pasa que a veces yo tengo una idea, la encuentro sumamente graciosa y cri cri cri... Entonces, o no lo entendieron o no gustó o fue muy abstracto, entonces no es que yo estoy tratando de hacer un chiste que sea críptico y me sale al revés. Gary Larson tiene un chiste fantástico donde se ve una selva y los árboles, hay una lavadora, una licuadora, en el piso hay una secadora, una cocina y abajo en el texto dice: “Niños, ¿cuántos objetos de casa ven en esta imagen?”. Es bastante obvio el tema de cuáles son objetos de casa y cuáles no, y lo gracioso está en eso, en la estupidez, y es muy loco porque yo alguna vez leí una entrevista de Larson que decía que nunca en la vida había recibido tantas cartas como por ese chiste, pidiendo que por favor explique a qué se refería, o sea cuál era la idea superior que él estaba tratando de transmitir y en realidad lo que el tipo estaba haciendo era una estupidez y él se reía de eso.

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