Книга La democracia en Chile читать онлайн бесплатно, автор Joaquín Fermandois – Fictionbook, cтраница 2
Joaquín Fermandois La democracia en Chile
La democracia en Chile
La democracia en Chile

4

  • 0
Поделиться

Полная версия:

Joaquín Fermandois La democracia en Chile

  • + Увеличить шрифт
  • - Уменьшить шрифт

Someramente, he esbozado algunas de las reformas que, a mi juicio se imponen para perfeccionas nuestra democracia y su funcionamiento. No tengo la pretensión de creer o sostener que el mundo en el porvenir no pueda encontrar una fórmula de gobierno más eficaz que, por lo que a nosotros nos respecta, no se divisa. Pero, mientras esa hora no llegue, perfeccionemos nuestro régimen, corrijamos sus defectos posibles y ostensibles, ya que, desgraciadamente, no está en nuestro poder modificar el carácter, los sentimientos y los defectos de los hombres, contra los cuales se estrellan todos los preceptos jurídicos, todos los regímenes y sistemas de gobiernos. Contra eso, solo el tiempo, el perfeccionamiento moral de las sociedades, la educación y sus métodos eficaces, pueden corregir esos vicios, logrando hacer de nuestra democracia lo que debe ser: un sistema de selección. (Arturo Alessandri, “Nuestro derecho en el siglo XX”, 1943)37

Nos llegó como al galope la Democracia; no la jadeamos a la europea, en camino largo, sino que se nos puso delante bruscamente. Como que ella arribó en los caballos de los libertadores, agitada como la amazona, y la recibimos casi gratuitamente, no supimos que era ella una hija de razas viejas y experimentadas. Pensamos de la Arribada que era una criatura alegre, ayudadora del ciudadano recién nacido, y mucho más pensamos menos que ella representase un mecanismo delicadísimo, combinación de líneas anchas y netas, pero, a la vez de tantos imponderables. Tampoco atinamos con que debíamos asistirla a lo largo del día, el mes y el año, y tratarla con manos limpias, pues a pesar de lozanía, ella traía consigo la posibilidad de corromperse con tanta o más rapidez que las monarquías viejas. (Gabriela Mistral, 1950)38

Pertenezco a un medio espiritual y político en el que los valores culturales que configuran una democracia están asentados con caracteres definitivos e imponen una moral y una conducta. Un Congreso es, para mí, algo más que la institución fríamente definida por las normas jurídicas que la establecen. Es el recinto de la expresión cívica; el hogar del sentimiento y el refugio del espíritu libertario del pueblo. (…) Una democracia sin partidos de oposición que fiscalicen los actos del Poder Ejecutivo, no es democracia, es simplemente una dictadura. Una democracia sin partidos de gobierno, que tengan la conciencia de su responsabilidad de dar gobierno a la República, no es democracia, es, simplemente, anarquía. (Gabriel González Videla, Discurso ante el Congreso argentino, 1947)39

Chile o la aspiración al orden, pudiera llevar como expresivo subtítulo el libro en que se cuente la trayectoria civilizadora de la nación chilena (…) el verdadero orden, el que busca la norma moral, el principio jurídico a que someter la discordia de los individuos y de las clases. Chile buscó como pocas naciones del continente este orden auténtico en la doctrina y la acción de algunos de sus grandes hombres de Estado. Como una joven Roma americana, fue fecunda en esas cabezas impregnadas de razón jurídica, de voluntad para dirigir, para frenar con normas impersonales, con la “lex” y con el capricho autoritario lo que pudiera disgregarla en la anarquía y la pasión arrasadora. Algunos de los hombres que le dieron tan segura solidez al Estado chileno en el siglo XIX se parecen por la serena energía a las mejores cabezas romanas de la edad clásica. (Mariano Picón Salas, 1952)40

Por estas razones amo al pueblo chileno, que no sólo es celoso de su propia libertad, por la cual está siempre pronto a combatir con salvaje energía (el escudo de la libertad en él es tan agudo que fríamente prefiere la vida civil a la tiranía), sino también es celoso de sus propias formas de vida, en las cuales el antiguo espíritu araucano de libertad y el caballeresco español han prevalecido por sobre cualesquiera otras formas europeas o norteamericanas. (Curzio Malaparte, 1953)41

A causa de la terrible miseria, el pueblo sumido en los más bajos índices de vida y en los más espantosos vicios presenta una realidad que abisma. Pareciera que la condición necesaria para el funcionamiento de nuestra democracia y para que el país pueda desenvolverse bajo el régimen de “sufragio universal” fuera el predominio del vicio y de la ignorancia. (Julio César Jobet, 1955)42

Los chilenos son instintivamente democráticos, tolerantes en política, y miran hacia el futuro y no hacia atrás, al pasado, orgullosos de la herencia de la cultura española y de los logros de la raza. Tienen, sin embargo, una psicología más cosmopolita. Es tal vez a esta mezcla de sangre nordeuropea con la hispana a lo que se debe el hecho de que los chilenos sean políticamente más maduros que cualquier otro pueblo del continente, más democráticos. (Claude Bowers, 1957)43

Para nosotros, que hemos evolucionado conjuntamente con el concepto, la democracia no tiene sino una acepción: es el gobierno del pueblo, ejercido por sus representantes designados libremente en elecciones periódicas que garanticen la libertad popular, y que se fundamenta en el sagrado respeto de la personalidad humana y de sus derechos, cuya verdadera cuna es el evangelio de la civilización cristiana. (Jorge Alessandri, discurso en la conferencia de cancilleres, 1959)44

En nombre de un país como Chile, que durante los últimos ciento treinta años sólo ha tenido dos Constituciones Políticas cuyo texto se aplica en forma integral; en nombre de un país como Chile, que tiene un Congreso Nacional que es el tercero en antigüedad en el mundo, después de la Cámara de los Comunes y del Parlamento norteamericano; en nombre de un país que tiene la más perfecta separación de poderes, en que todas las tendencias políticas, sin excepción alguna, se encuentran representadas en el Congreso; en donde existen diarios y periódicos de todas las opiniones. (Carlos Martínez Sotomayor, 1962)45

Nunca la patria fue identificada ni con un caudillo militar ni con uno civil. La Patria era Chile y no una cuestión de personalidades. El patriotismo emergía como una obligación moral ineludible del chileno… Es que la patria para el chileno era la entidad moral contenida en el territorio geográfico. La entendió organizada en la ley, institucionalizada en el derecho, estructurada en la justicia. El personalismo le era ingrato, contrario a sus sentimientos de decoro y hombría. (Guillermo Feliú Cruz, 1966)46

Nota distintiva primaria de nuestra tradición es el sentimiento de independencia y libertad. Él se reveló en los viejos cabildos, herederos del espíritu foral castellano, que alzaron su voz contra los atropellos del poder civil y llegaron hasta deponer a los gobernantes despóticos. Ese mismo espíritu es el que ha acompañado a la República en todo su transcurso e impedido la entronización de las dictaduras y los regímenes opresivos a la dignidad humana. A tan sostenida postura debe Chile buena parte de su ejecutoria cívica. Junto a esta actitud de libertad ha caminado la arraigada convicción de que el orden jurídico y el respeto a la ley son el cauce para lograr el adecuado desarrollo colectivo. Este apoyo en el derecho, no como fórmula invariable sino como un principio eterno de justicia que debe adaptarse analógicamente a las necesidades de los tiempos, ha salvado a la patria de los saltos en el vacío y le ha asegurado una rara continuidad en América. (Jaime Eyzaguirre, 1969)47

La democracia transformada en estática, manejada por manos egoístas y regida por instituciones añejas, está sirviendo para proteger privilegios, para perpetuar desigualdades, para demorar o hacer imposibles las verdaderas soluciones, para dilapidar recursos que podrían concluir con la miseria, para alejar cada vez más de la esperanza y la alegría a una muy cuantiosa porción de los chilenos. (Jorge Prat, 1964)48

Lo que desde 1920 hemos elogiado como democracia en Chile ha sido poco más que un sistema en el cual una clase reducida y privilegiada se ha mostrado caballerosa al determinar, a través de procesos electorales muy limitados, cuáles de sus miembros habrían de gobernar el país. (Frederik Pike, 1963)49

[Vengo] en representación de Chile cuyo parlamento es uno de los más antiguos del mundo, pues a través de 150 años de elecciones libres y de vida nunca interrumpida desmiente esa imagen tan simplista de Latinoamérica. (Eduardo Frei Montalva, 1965)50

La democracia política chilena se ha basado hasta el presente, por lo tanto, en un equilibrio de fuerzas sociales más o menos estancadas, más o menos dispuestas a actuar una con respecto a la otra en la arena política con el tácito supuesto de que cada una respetará los “derechos” de los demás con respecto a sus intereses fundamentales tal como los definen. Ninguna ha estado dispuesta o en condiciones de perturbar este equilibrio y correr el riesgo de las consecuencias. (Maurice Zeitlin, 1966)51

Sin embargo, la mayor parte de los dirigentes políticos sigue usando la doctrina de la soberanía popular como un mero instrumento ideológico de manipulación del pueblo. Lo hacen a pesar de que los cambios, que ya se han producido en la conciencia popular, indican que existe una presión irresistible hacia un régimen democrático en el cual el pueblo participe ampliamente y genere, en verdad, las autoridades políticas del Estado. Existen claros signos de que el pueblo quiere ejercer efectivamente su soberanía. (Eduardo Hamuy, 1967)52

El espíritu crítico del chileno, tanto en el ámbito privado como en la vida pública, brota del fondo de su ser nacional. Sabe que los gobiernos son sus mandatarios y no sus amos: que son transitorios y no definitivos; que tiene el derecho soberano a criticarlo y a verter sobre ello su humorismo. Y no ignora, tampoco, los derechos que le confieren las leyes o que, sencillamente, derivan del derecho natural y de su condición humana. El chileno no es amigo espontáneo del oficialismo. Antes bien, lo mira con recelo y desconfianza. Busca informarse sobre lo que le interesa en las fuentes de su propia elección. Le desagrada la uniformidad en el pensamiento y ama lo “polémico y lo contradictorio”. (Alfredo Silva Carvallo, 1967)53

La República, construida sobre el peso de la noche, o sea, sobre la ignorancia del pueblo, aspiraba al orden y temía a los excesos de la libertad. Así se salvó efectivamente de la anarquía y la montonera sin ley de otros países de la América Española y comenzó a organizar sus cuadros intelectuales y técnicos a ritmo lento —el ritmo de Andrés Bello—, a un ritmo lentísimo, temerosa de que cualquiera innovación radical pudiera abrir las esclusas del desorden. Se consolida así aquella que los liberales avanzados llamaron con sarcasmo la República Modelo. (Luis Oyarzún, 1967)54

Chile is one of the few surviving democracies in Latin America. This fact has important implications for the incoming Administration and is central to any assessment of the success of our policies in Latin America, which are designed to promote and assist stable, democratic governments. The fact that Chile has maintained democratic stability under President [Eduardo] Frei is an achievement when one takes into account developments in recent months in Peru and Brazil. Chile has a noisy democracy which is not wholly effective but its maintenance of institutional order is not a minor achievement. (Edward Korry, 1969)55

“Yo he perdido completamente la fe en la libertad y, entonces, ¿para qué, por qué combatir? Pensar que, con el muro de Berlín a la vista, con el aplastamiento de Checoslovaquia en perspectiva y a pesar del discurso de Fidel Castro, la mayoría ha votado por el comunismo, constituye un tal certificado de estupidez nacional que la palabra patria ya no tiene sentido, es otro mundo, otra atmósfera. La hora más terrible es la del despertar y volver a convencerse de que somos un país comunista, que habrá que someterse, resignarse y adaptarse al más aborrecido de los regímenes, a una especie de cárcel”. (Hernán Díaz Arrieta, “Alone”, 1970)56

[E]l aparato estatal burgués con su secuela de corrupción y vicios enquistados en una burocracia desmesurada, un aparato policial orientado a la represión del pueblo, un Parlamento conservador y obstruccionista, y un sistema judicial clasista, ni enfrentando esta realidad con nuestras viejas formas partidistas. (Carlos Altamirano, 1971)57

La democracia chilena es una conquista de todo el pueblo. No es obra ni regalo de las clases explotadoras y será defendida por quienes, con sacrificios acumulados de generaciones, la han impuesto. Con tranquilidad de conciencia y midiendo mi responsabilidad ante las generaciones presentes y futuras, sostengo que nunca antes ha habido en Chile un gobierno más democrático que el que me honro en presidir, que haya hecho más por defender la independencia económica y política del país, por la liberación social de los trabajadores. El Gobierno ha sido respetuoso de las leyes y se ha empeñado en realizar transformaciones en nuestras estructuras económicas y sociales. El parlamento se ha constituido en un bastión contra las transformaciones y ha hecho todo lo que ha estado en su mano para perturbar el funcionamiento de las finanzas y de las instituciones, esterilizando cualquier iniciativa creadora… Pretenden ignorar que el Estado de derecho sólo se realiza plenamente en la medida que se superen las desigualdades de una sociedad capitalista. (Salvador Allende, 1973)58

Hay algo en nuestra alma, en nuestro inconsciente colectivo que nos urge a rechazar, como extraño al cuerpo social, todo aquello que signifique subyugar la persona o la nación a poderes extraños a ella misma. Expresémoslo en forma positiva: en el alma de Chile se da, como componente esencial, el aprecio y costumbre de la libertad, individual y nacional, como el bien supremo; superior, incluso, al de la vida misma. (Cardenal Raúl Silva Henriquez, 1974)59

Las elecciones en Chile —el hecho de tener que elegir a cualquiera autoridad, para cualquier propósito—, son de por sí una fiesta nacional. Una sociedad abierta, con extraordinaria libertad de movimiento, de pensamiento y de acción, florece en cuanto tiene ocasión de manifestarse. Se ha dicho que tres alemanes forman un “verein” (asociación) y, parodiando esta expresión, podríamos decir que cuando se reúnen tres chilenos hay votación. (Horacio H. Godoy, 1975)60

Nuestro deber es dar forma a una democracia que sea autoritaria, protegida, integradora, tecnificada y de auténtica participación social, características que se comprenden mejor cuando el individuo se despoja de su egolatría, ambición y egoísmo. Una democracia es autoritaria cuando debe disponer de autoridad fuerte y vigorosa, y hacer imperar un orden jurídico que asegure los derechos de las personas, con una adecuada protección de los tribunales de justicia independientes y de imperio para hacer cumplir sus resoluciones. (Augusto Pinochet, 1977)61

La democracia como forma de gobierno no es un fin en sí misma. Es sólo un medio para alcanzar la libertad, la seguridad y el progreso de modo armonioso y simultáneo. La forma de gobierno es siempre sólo un instrumento para lograr una deseable forma de vida. (Jaime Guzmán, 1979)62

En contraste con otros países latinoamericanos, en Chile se desarrolló, temprano en el siglo XIX, un nivel relativamente elevado de política competitiva y pacífica antes de que se desarrollaran instituciones parecidas en muchos países de Europa. El Congreso chileno fue, desde un comienzo, un centro importante de autoridad pública, y entre 1830 y 1970 virtualmente todos los presidentes y parlamentarios fueron elegidos para sus cargos según las prácticas electorales de la época, las que, por cierto, cambiaron. Las breves crisis de 1851, 1859, 1891, 1924-5 y 1931-2 no alteraron el que se puede ver, a la larga, como un desarrollo esencialmente lineal hacia un mayor nivel de competitividad y participación. (Arturo Valenzuela y Samuel Valenzuela, 1983)63

En el fondo, el dilema que el general Pinochet presenta es: Yo o el caos. La democracia no es el caos. Este país no vivió en el caos. Los que verdaderamente conducen al caos son los que con un acto de coerción moral y física plantean una disyuntiva inoperante que resultaría fatal. (Eduardo Frei, 1980)64

Estos hipertrofiaron su poder, llegando incluso a sobreponerse al Presidente y al Congreso, ya que ni la Constitución ni las Leyes definieron cuáles eran los límites de esos grupos. Tampoco se reglamentó su disciplina interna, de manera que, cada vez que ciertos grupos alcanzaban el poder, brindaban un espectáculo de inestabilidad, frivolidad y pequeñez peor que el que, en esos aspectos, había dado hasta 1925 el parlamentarismo. Igualmente se omitió regular la responsabilidad de estos partidos, y así fuimos testigos de los acuerdos más censurables y lesivos para el país, acuerdos que ellos adoptaron sin que nadie estuviese en condiciones de pedirles o exigirles cuenta de tales procedimientos. Por último, no se reglamentó su financiamiento, con lo cual se hicieron posibles las más oscuras corrupciones. De este modo, paulatina e inexorablemente se volvió al estancamiento nacional que se había vivido en la época parlamentaria. El país había sido esclavo y víctima de su Congreso hasta 1925. Ahora era esclavo y víctima del régimen de partidos políticos, que originaba nuevas oligarquías que empezaron a disputar y a repartirse el poder con el antiguo sector dominante. (Augusto Pinochet, 1981)65

La Democracia que se inicia hacia 1920 no es Liberal: el Liberalismo era un instinto aristocrático —el “frondismo”, como lo llama Alberto Edwards— acentuado en los más cultivados por el Liberalismo de las doctrinas francesas. Max Weber hablaría de una “democracia plebiscitaria”, pero en Hispanoamérica es más realista hablar de “Democracia caudillesca”. Edwards le citaba al General Sáez la frase de Napoleón, “en la guerra los hombres no son nada, un hombre lo es todo”. Pero esto es válido en un gran militar o político. Pero en Chile, en 1920, se trata de masas dotadas del sufragio universal, en que se han disuelto las antiguas deferencias a la aristocracia, o de muchedumbres movidas por los discursos, la prensa o la canción. El caudillo debe persuadir a las masas que ellas son “el pueblo soberano”, que él no es sino el ejecutor de sus voluntades y sentimientos. (Mario Góngora, 1981)66

Chile vuelve a la democracia y vuelve sin violencia, sin sangre, sin odio. Vuelve por los caminos de la paz. (Patricio Aylwin, Discurso inaugural, 1990)67

[E]l concepto de democracia “histórica” quedó viciado, en el sentido de que, para negociar el retorno a la democracia, algunos chilenos eran considerados como más democráticos (la dictadura, por ejemplo) que otros (el bajo pueblo, por ejemplo). Con lo cual, el concepto “político” de democracia quedó también viciado, en el sentido de que la dimensión gobernabilidad (desde arriba y desde el Estado) era y debía ser más central y determinante que la dimensión participación ciudadana (desde abajo y desde la sociedad civil). Lo cierto es que la teoría de la nueva democracia definió la transición como una suerte de asamblea constituyente castrada, elitista y deficitaria, duplicando por vía de la negociación el carácter unilateral y dictatorial del proceso constituyente que le dio al país la Constitución (militar) de 1980. En este sentido, la nueva democracia no superaba ni era más democrática que la que existía antes de 1973, sino, al revés, estaba resultando ser, en su mismo nacimiento, lo que no fue aquella: verticalista y discriminatoria. La nueva teoría, pues, estaba más comprometida con el pragmatismo de la negociación política que con la dirección real a la que apuntaba el proceso social, cultural e histórico de la sociedad civil chilena (sobre todo, de su hemisferio inferior). (Gabriel Salazar, 1990)68

En un célebre banquete celebrado en Valparaíso en 1852, el escrito argentino Juan Bautista Alberdi propuso un brindis por la “excepción honrosa de América del Sur”. En un aspecto muy importante, la historia del siglo XIX chilena fue, realmente, una excepción notable respecto al modelo más común en Hispanoamérica. En los quince años siguientes a la independencia, los políticos chilenos forjaron un sistema de gobierno constitucional cuyo resultado fue admirable (según modelos europeos, así como los de América Latina) por su duración y por su adaptación. (Simon Collier,1991)69

En sucesivos períodos de su evolución, Chile ha vivido momentos de auge y de depresión, de progreso y de estancamiento, de consenso, crisis y confrontación, por lo que ha conocido alternadamente la esperanza y la frustración. Algunas características predominan, sin embargo, en la síntesis de estos 165 años: cultura política democrática, legalismo, instituciones fuertes y perdurables, influencia cultural europea y en especial francesa, altos niveles de politización, rol político de los intelectuales, propensión al compromiso ideológico, intervención recurrente de las Fuerzas Armadas (en general, profesionales y jerarquizadas) como árbitros en momentos de crisis, ausencia de corrupción (valor hoy amenazado) y acendrado electoralismo son algunos de los rasgos que se perfilan con mayor nitidez y continuidad. Todos ellos son producto de nuestra historia; ninguno es imputable a algún atributo intrínseco del “ser nacional”. Chile combina una clara identidad nacional con una tradición de pluralismo y diversidad, la homogeneidad de su población a lo largo del territorio y un centralismo secular con profundas divisiones de clase. De tanto factor contrapuesto resulta la originalidad de nuestra historia. (Edgardo Boeninger, 1997)70

Barniz y apariencia. Puede decirse con rigor que la estabilidad de la democracia chilena hasta la década del sesenta se debió más a sus imperfecciones que a sus perfecciones. La gran fuerza estabilizadora era la sofisticación del sistema de contrabalances, algunos de carácter espurio, como la poca representatividad y transparencia del sistema electoral. No se basaba esa estabilidad, como eran nuestras ilusiones, en la raigambre de la democracia en la cultura, en valores incorporados a ella con fuerza casi atávica. (Tomás Moulian, 1997)71

Dentro de los mitos más arraigados y más distorsionados de nuestra historia creo que está el de nuestra democracia postindependencia y el de que en nuestro país siempre ha prevalecido la libertad, la igualdad, la tolerancia y la austeridad… Durante el siglo XIX funcionó en Chile una suerte de monarquía absoluta disfrazada de régimen republicano. (Felipe Portales, Chile: una democracia tutelada, 2000)72

El mercado lo constituyen los consumidores, desiguales en su poder adquisitivo. La sociedad y la democracia la constituyen los ciudadanos, iguales en deberes y derechos. ¿Por qué señalamos, desde un comienzo, que la democracia debía alcanzar su plena forma constitucional? Porque estamos convencidos de que el progreso es la ampliación creciente de las libertades, de las posibilidades y de los derechos de las personas. No existen dictaduras progresistas. No hay progreso sin democracia. La democracia, en último término, es la forma en que los ciudadanos deciden respecto de cuáles deben ser los bienes públicos que se deben garantizar a toda la población y en qué magnitud se han de entregar. Ese es el verdadero debate en el mundo de hoy. (Ricardo Lagos, 2005)73

Las respuestas que el pueblo chileno ha encontrado a los grandes desafíos de su historia constituyen valores que poseen un sentido ejemplar. El uso razonado de la fuerza, las formas de convivencia que permiten reconciliar la libertad de las personas y los grupos con los intereses superiores de la sociedad y un Estado que se comprende como institución de derecho y como ejecutor del bien común: estos valores constitutivos de la identidad chilena han conferido sentido a la historia de Chile e imponen a las generaciones del presente y del futuro la obligación de preservar y continuar esta identidad. La historia de Chile merece ser continuada. (Ricardo Krebs, 2008)74

Este rápido recorrido histórico prueba que nunca se ha desarrollado en Chile un proceso constituyente democrático. Todos los textos constitucionales han sido elaborados y aprobados por pequeñas minorías, en contextos de ciudadanía restringida (como ocurrió con algunas variantes en el siglo XIX) o como resultado de imposiciones de la fuerza armada (como sucedió durante ese mismo siglo e invariablemente en el siglo XX). Las tres cartas principales (1833, 1925 y 1980) tuvieron como parteras a las Fuerzas Armadas que, actuando como “garantes” del Estado y del orden social, pusieron sus fusiles y cañones para inclinar la balanza a favor de determinadas soluciones constitucionales propiciadas por facciones social y políticamente minoritarias… las constituciones chilenas han surgido de la imposición militar y de maniobras, generalmente combinadas con el uso de la fuerza armada, de los grupos hegemónicos de las clases dominantes y de la clase política (civil y militar)… la ciudadanía ha sido casi siempre un espectador o un actor secundario que, a lo sumo, ha sido convocado a última hora por los grupos en el poder para respaldar o plebiscitar proyectos constitucionales preparados sigilosamente, pero nunca para participar activamente en su generación. (Sergio Grez, 2009)75

1234...18
ВходРегистрация
Забыли пароль