Roberto Badenas Frente al dolor
Frente al dolor
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Roberto Badenas Frente al dolor

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El sentimiento de fracaso es una de las mayores fuentes de sufrimiento. Y de la frustración a la ira no hay más que un paso.

La ira y el sentimiento de culpa

La ira es una emoción casi inevitable suscitada por la contrariedad. Es positiva cuando nos rebelamos contra injusticias o abusos. Pero se vuelve negativa, e incluso peligrosa, cuando bloquea la capacidad de pensar, se ciega con el deseo de venganza o se obstina en destruir, dejándose arrastrar a la violencia contra los demás o contra uno mismo.19 El odio y la ira son las reacciones más naturales ante el dolor pero también las más perjudiciales. El odio es un veneno mortal, y la ira es autodestructiva.20 Marco Aurelio decía con gran acierto que «nuestra ira es más perjudicial para nosotros que las causas que la provocaron».21

Llevados por la ira, persuadidos de que sus problemas dependen de factores ajenos a ellos mismos, muchos pacientes desarrollan un sentimiento adicional de odio que puede envenenar su existencia si no se resuelve a tiempo.22 Otros, sin razón, dirigen su ira contra sí mismos, convencidos de que su situación es el castigo merecido por alguna falta.23 El antídoto de la ira es la serenidad, una de las virtudes más útiles en la vida, en especial para los que sufren. La curación psíquica y espiritual –que incluye el superar los sentimientos de odio, culpa y remordimiento– es tanto o más importante que la recuperación somática, si lo que se pretende es alcanzar una curación integral.24 Pero ambas requieren paciencia.

Actitudes positivas

El sabio Salomón ya decía que «el corazón alegre es una medicina, mientras que el espíritu triste seca los huesos».25 Para hacer frente a la existencia con realismo necesitamos ser conscientes, en primer lugar, de todo lo positivo de nuestra situación, y reconocer que cualquier vaso medio vacío está también medio lleno. Siempre hay algo de lo que estar agradecidos.

Aun en medio de nuestros achaques, podemos recordar que nuestro cuerpo contiene innumerables células que trabajan constantemente en nuestro favor:

 Nuestro cerebro dispone de incontables neuronas activas que mantienen nuestro pensamiento alerta y nos hacen conscientes del mundo que nos rodea.

 Nuestros ojos son portentosos receptores que nos permiten disfrutar la magia de los colores y las formas, el prodigio de la luz, las bellezas de la naturaleza, la inmensidad del universo y las relaciones con nuestros semejantes.

 Nuestros oídos contienen sutiles filamentos que vibran con la risa de los niños, el canto de las aves, la música de las orquestas, el murmullo de la lluvia y la voz de las personas que amamos. Nos bastan unas palabras para calmar al violento, animar al abatido, o hacer saber a alguien que lo amamos.

 La mayoría de los seres humanos nos podemos mover. Podemos andar, saltar, correr, bailar o hacer deporte. Tenemos cientos de músculos y huesos manejados por nervios prodigiosamente sincronizados, listos a obedecernos y llevarnos donde queramos.

 Nuestros pulmones son pasmosos filtros. A través de millones de alvéolos purifican el aire que reciben, oxigenan nuestra sangre y libran nuestro cuerpo de desperdicios dañinos. No cabe duda de que hemos sido creados para la vida. Hemos sido diseñados para ser felices.

¿Cómo quejarnos del dolor de brazos o de piernas, a la vista de otros que ni siquiera tienen esos miembros y ríen?26 He conocido a ciegos que son felices, porque saben ver la luz más allá de sus sombras, y también me he encontrado con personas que ven perfectamente y viven sombrías, porque no saben mirar… ¿Por qué bloquearse pensando en las pocas cosas que nos hacen sufrir, y no recordar las muchas por las que deberíamos estar agradecidos?

Hay que añadir, sin embargo, que también es peligroso dejarse seducir por los cantos de sirena de los predicadores del pensamiento positivo que cultivan el mito de que podemos conseguir todo lo que nos propongamos. Está bien proponerse grandes cosas, y debemos intentarlo. Pero todos tenemos límites fijados por la naturaleza o por las circunstancias. En toda existencia hay momentos de sombras, enfermedad, frustración, fracaso, duelo. A menudo podemos superarlos por nosotros mismos, pero a veces resulta imposible hacerles frente solos. La fragilidad forma parte de la condición humana. En los momentos difíciles necesitamos ayuda.

Aparte de conseguir la asistencia apropiada, que es lo más importante y lo más urgente, hay tres medidas básicas que nos ayudarán ante el sufrimiento: hacer caso a las señales de alarma, practicar la serenidad espiritual, y aprender a convivir con el dolor inevitable.

Hacer caso a las señales de alarma

Por mucho que nos preparemos, el dolor siempre nos toma por sorpresa. Sobre todo en nuestras sociedades occidentales, donde hemos descargado la responsabilidad de la gestión del dolor sobre los expertos. Olvidamos que nosotros somos los principales interesados, y que nuestro propio organismo es quien pone en acción los más inmediatos recursos curativos. Los enfermos no somos meras máquinas averiadas que necesitan ser reparadas. En realidad, somos los primeros implicados en nuestro proceso de curación. Cada uno contamos con un “médico interior”, como lo llamaba Albert Schweitzer,27 con capacidades asombrosas para poner en marcha nuestros mecanismos de recuperación. Todo tratamiento es, en mayor o menor medida, un esfuerzo conjunto entre el equipo médico, el paciente y ese médico interior.

Nuestra primera reacción ante el dolor debería ser la de escuchar sus mensajes. En vez de limitarnos a tomar una aspirina y seguir adelante, nos convendría más detenernos a ver qué nos pasa y osar preguntarnos: ¿Cuándo sufro estos problemas: antes o después de comer?

¿De día o de noche? ¿Tiene esto que ver con mi trabajo o con mis relaciones? ¿Tiene alguna conexión con el temor al futuro o con algún acontecimiento del pasado? Etcétera. En vez de acallar el dolor a toda costa, conviene empezar por escuchar sus voces de alerta. Tal vez tengamos que agradecerle su aviso y actuar en consecuencia.

Practicar la serenidad espiritual

Desde que el doctor Hans Selye28 –el gran pionero– descubrió el innegable impacto que tienen las emociones sobre la salud, sabemos a ciencia cierta que la ansiedad no hace más que exacerbar el dolor. La amargura y el resentimiento, junto con los deseos de venganza, son respuestas negativas que solo sirven para intensificar el malestar y aumentar el estrés.

Está comprobado que el sufrimiento se alivia manteniendo una actitud serena y positiva. En todas las culturas la oración y la meditación están tradicionalmente asociadas con la solución de ciertos problemas personales. Hoy la medicina ha demostrado los efectos benéficos de estas y otras técnicas de relajación, sin llegar aún a entender sus misterios. La meditación y la oración afectan de modo saludable a la respiración, al ritmo cardíaco y, por consiguiente, a la actividad del sistema nervioso simpático. Los músculos se relajan y la calma interior despeja la situación de estrés. Investigaciones recientes29 aseguran que las personas que tienen una espiritualidad profunda sufren un índice mucho más bajo que la media de problemas cardíacos, arteriosclerosis e hipertensión.

Como veremos más adelante, la esperanza es una convicción profunda que proporciona la fuerza interior para seguir luchando en medio de la adversidad. No hay nada que se necesite más cuando se sufre. Ni hay nada peor para la curación que la desesperanza. Como decía un enfermo admirable, «mi dignidad consiste en no resignarme y seguir luchando».30

Aprender a convivir con el dolor31

La serenidad aparece cuando uno acepta su realidad y tiene el valor de asumirla hasta el final. No se trata de dominar el arte de la autosugestión. Se trata de aprender a poner en marcha los mecanismos que palian nuestro agobio. Se trata de aprender del pasado para saber vivir el presente y hacer frente al futuro, sea para aceptar el destino o para luchar por cambiarlo.

Barbara Wolf recomienda la distracción consciente como recurso eficaz para soportar el sufrimiento crónico: trabajar, leer libros de humor, practicar un hobby que nos guste, hacer deporte, distraerse con algo que nos interese mucho (cine, música, arte, etc.). Es decir, acometer cualquier actividad positiva, de preferencia creativa o útil, que nos produzca satisfacción y pueda apartar la mente, de algún modo, del hecho de sufrir. Se trata de usar nuestros recursos mentales como aliados en contra del sufrimiento. Immanuel Kant, Robert Schumann, Blas Pascal, testificaron que, al ponerse a escribir, componer o reflexionar a fondo, olvidaban –al menos parcialmente– su sufrimiento, mientras que resignarse a esperar el alivio del dolor para realizar esas funciones les hacía sufrir mucho más.32

Mary Craig escribió: «El único remedio que conozco contra el sufrimiento es hacerle frente, asumirlo y servirme de él».33 En esta lucha entre la sumisión y la resistencia34 no hay nada mejor para olvidarnos de nosotros mismos –aunque sea solo por momentos– que hacer algo en favor de nuestros semejantes. Cuando nos proponemos darle a la vida algo mejor de lo que recibimos, ser útiles a los demás es, sin lugar a dudas, un enorme alivio para el dolor, a la vez que una increíble terapia.35

1 . William James, Principios de psicología, 1890, p. 37.

2 . Frase que William Shakespeare pone en boca de Próspero en La tempestad. En la misma línea Ellen G. White afirma: «La vida es como la hacemos y hallaremos lo que busquemos. Si procuramos tristeza y aflicción, si estamos en disposición de magnificar las pequeñas dificultades, encontraremos bastantes de ellas […]. Pero si miramos el aspecto alegre de las cosas, hallaremos lo suficiente para comunicarnos ánimo y felicidad. Si damos sonrisas, ellas nos serán devueltas; si pronunciamos palabras agradables y alentadoras, nos serán repetidas» (El hogar cristiano, p. 390).

3 . Santiago Ramón y Cajal fue premio Nobel de Medicina en 1906.

4 . Son palabras del doctor Mario Alonso Puig, quien añade lo siguiente: «Se ha demostrado en diversos estudios que un minuto de pensamientos negativos deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas [...]. La zona prefrontal del cerebro, donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional. Por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando» (citado en una entrevista hecha por Ima Sanchís en La Vanguardia, 18.10.04).

5 . Dr. Paul Brand y Philip Yancey, Pain: The Gift Nobody Wants, Nueva York: Harper Collins, 1993, p. 61.

6 . Johann Wolfgang von Goethe afirmaba con razón que «actuar es difícil y pensar es difícil. Actuar según se piensa es aún más difícil».

7 . A esto se llama el “efecto Anzio”. When It Hurts. Prayer, Preparation and Hope for Life’s Pain, Grand Rapids: Zondervan, 2006, p. 33 (cf. http://lamedicinageneral.blogspot.com/2009/07).

8 . D. Gottlieb, Cartas a Samuel, Barcelona: Debolsillo, 2007, p. 134.

9 . Bruno Chenu, Dieu et l’homme souffrant, París: Bayard, 2004, p. 47.

10 . «Aun en medio de las pruebas de la vida, podemos escoger el gozo». (Tim Hansel, You Gotta Keep Dancing [Hay que seguir bailando], Elgin [Illinois, EE.UU.]: David C. Cook, 1998, p. 83; Cf. Barbara Johnson, Ponte una flor en el pelo y sé feliz, El Paso [Texas, EE.UU.]: Ed. Mundo Hispano, 1994, p. 107).

11 . La Biblia contiene numerosas palabras de ánimo ante el temor, como por ejemplo: «¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas» (Josué 1: 9; cf. Salmo 27: 1; Mateo 6: 45-52, etc.).

12 . Simone Weil decía que «la compasión es la presencia visible de Dios aquí abajo».

13 . Francisco Villaespesa, escritor (Laura de Andarax, 1877 – Madrid, 1936).

14 . John Irving, Une prière pour Owen, París: Seuil, 1989, p. 50.

15 . Véanse las obras de Ruth Carter Stapleton sobre la curación interior: The Gift of Inner Healing, Waco (Texas, EE.UU.): Word Books, 1976, y The Experience of Inner Healing, Nueva York: Bantam Books, 1977.

16 . Ver Robert Alter, Life Does Not Get Any Better Than This, Liguori (Missouri, EE.UU.): Triumph Books, 1996, p. 48-49.

17 . José Luis Montes, El hombre que tuvo la fortuna de fracasar, Barcelona: Plataforma Editorial, 2009.

18 . Entrevista a José Luis Montes, “Nos programan para ser infelices”, El País, 13.9.09, p. 40.

19 . Ver Fernando Savater, “La ira” (serie “Los siete pecados capitales”), en Clarín.com (27 de agosto 2005).

20 . Ver Ivonne Bordelois, “De la ira al sufrimiento”, en Etimología de las pasiones, Buenos Aires: Libros del Zorzal, 2006, p. 70-84.

21 . Marco Aurelio Antonio Augusto (121-180), emperador romano desde 161 hasta su muerte, es considerado como uno de los filósofos más representativos del estoicismo.

22 . El consejo bíblico dice «No se ponga el sol sobre tu enojo» (Efesios 4:26).

23 . Ver sobre el tema Paul Tournier, La culpa y la gracia, Tarrasa (Barcelona, España): CLIE, 2002.

24 . Ver también de Paul Tournier y Jacques Ellul, Dinámica de la sanidad, Tarrasa (Barcelona, España): Andamio, 2003.

25 . Proverbios 17: 22.

26 . Véase, por ejemplo, el caso de Adriana Macías, y sobre todo de Nick Vujicic (ver p. 161 de la presente obra).

27 . Albert Schweitzer (1887-1965), médico, filósofo, músico, teólogo y misionero protestante de origen alsaciano, recibió el premio Nobel de la Paz (1952) por su vida de entrega a favor de los enfermos más desfavorecidos. Pasó la mayor parte de su vida y murió sirviendo en el hospital que había fundado en Lambaréné, en la actual Gabón (África).

28 . El Dr. Hans Hugo Bruno Selye (1907-1982), médico fisiólogo de origen austrohúngaro, director del Instituto de Medicina y Cirugía Experimental de la Universidad de Montreal (Canadá), es famoso por sus estudios sobre el estrés y la ansiedad.

29 . Véase sobre todo Harold G. Koenig, David B. Larson y Michael E. McCullough, Handbook of Religion and Health, Nueva York: Oxford University Press, 2001. Se trata del libro más completo sobre la interacción entre la fe y la salud producido hasta la fecha, resultado del análisis científico de más de 1.700 estudios e investigaciones diferentes sobre el tema.

30 . Maurice Bellet, L’épreuve ou le tout petit livre de la divine douceur, París: Desclée de Brouwer, 1988, p. 30.

31 . Barbara Wolf, Living With Pain, Nueva York: Seabury, 1977.

32 . El apóstol Pablo, en la prisión, se daba ánimos pensando en las promesas divinas: «De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros» (Romanos 8: 18). «Así que no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día. Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno» (2 Corintios 4: 16-18).

33 . Mary Craig, Favor divino, Buenos Aires: Emecé, 1980, p. 77.

34 . Dentro de una perspectiva cristiana, véase Charles Wackenheim, Quand Dieu se tait, París: Cerf, 2002; y Bruno Chenu, Dieu et l’homme souffrant, París: Bayard, 2004.

35 . Schwartz et al., “Altruistic Social Interest Behaviors are associated with Better Mental Health”, Psychosomatic Medicine (American Psychosomatic Society) 65:778-785, 2003.

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