Septiembre en Valdemora Äæóëñ Õîíèã Èíîãäà, ÷òîáû íàéòè ñåáÿ, íóæíî óåõàòü òóäà, îòêóäà êòî-òî äðóãîé âñþ æèçíü ìå÷òàë ñáåæàòü. Ëóñèÿ ïðèåçæàåò â ìàëåíüêóþ Âàëüäåìîðó, ñîáèðàÿñü ëèøü ïðèâåñòè â ïîðÿäîê ñòàðûé äîì, ðàçîáðàòüñÿ ñî ñâîåé æèçíüþ è ðåøèòü, ÷òî äåëàòü äàëüøå. Â å¸ ïëàíû ñîâåðøåííî íå âõîäÿò äîìàøíåå ïå÷åíüå, ìåñòíûé ðûíîê, ñëèøêîì îáùèòåëüíûå ñîñåäè, êðèìèíàëüíî íàñòðîåííàÿ êîçà Ïåïà è óæ òåì áîëåå Ìàòåî — ýëåêòðèê, êîòîðûé ïîÿâëÿåòñÿ ðÿäîì ïîäîçðèòåëüíî ÷àñòî. Íî îñåíü óìååò ìåíÿòü ïëàíû. Ïîñòåïåííî ñòàðûé äîì ñòàíîâèòñÿ äîìîì ïî-íàñòîÿùåìó, ñëó÷àéíîå óâëå÷åíèå ïðåâðàùàåòñÿ â ëþáèìîå äåëî, à âðåìåííàÿ îñòàíîâêà - â íîâóþ æèçíü. «Septiembre en Valdemora» - ë¸ãêàÿ, ñìåøíàÿ è óþòíàÿ ðîìàíòè÷åñêàÿ èñòîðèÿ äëÿ èçó÷àþùèõ èñïàíñêèé íà óðîâíå A2–B1. Êíèãà ñîçäàíà äëÿ òîãî, ÷òîáû ÷èòàòü äëÿ óäîâîëüñòâèÿ è îäíîâðåìåííî åñòåñòâåííî èçó÷àòü ÿçûê. ×èòàéòå èñòîðèþ. Âëþáëÿéòåñü â ãåðîåâ. Ñìåéòåñü. È ó÷èòå èñïàíñêèé ïî÷òè íåçàìåòíî. Septiembre en Valdemora Ãëàâà SEPTIEMBRE EN VALDEMORA Una historia romàntica para estudiantes de espa?ol Jules Honing Nivel A2-B1 Cap?tulo 1. Mi vida cabe en seis cajas Mudanza • objetos personales • empezar de nuevo Vocabulario clave mudarse - ïåðååçæàòü hacer las maletas - ñîáèðàòü âåùè / ÷åìîäàíû una caja - êîðîáêà guardar - ñêëàäûâàòü, óáèðàòü, õðàíèòü tirar - âûáðàñûâàòü quedarse con algo - îñòàâèòü ÷òî-ëèáî ñåáå llevarse algo - çàáðàòü / âçÿòü ÷òî-ëèáî ñ ñîáîé hacer falta - áûòü íóæíûì, òðåáîâàòüñÿ estar lleno/a de - áûòü ïîëíûì ÷åãî-ëèáî vac?o/a - ïóñòîé un recuerdo - âîñïîìèíàíèå; ïàìÿòíàÿ âåùü despedirse de - ïðîùàòüñÿ ñ dejar atràs - îñòàâëÿòü ïîçàäè empezar de nuevo - íà÷èíàòü çàíîâî cambiar de vida - èçìåíèòü ñâîþ æèçíü Mi vida cabe en seis cajas En el piso quedaba olor a cafå fr?o y a cartîn. Cada vez que Luc?a mov?a una caja, la cinta adhesiva cruj?a en el silencio. A las ocho y doce de la ma?ana, Luc?a estaba sentada en el suelo de su salîn, rodeada de seis cajas de cartîn, tres bolsas de basura y catorce tazas. Catorce. Las hab?a contado dos veces porque no pod?a creerlo. -?Por quå tengo catorce tazas? -preguntî en voz alta. Nadie respondiî. Viv?a sola y, por desgracia, las tazas tampoco hablaban. Luc?a tomî una taza blanca con letras doradas: «Hoy serà un gran d?a». La hab?a comprado hac?a cuatro a?os, durante una semana en la que todos los d?as hab?an sido bastante malos. La mirî unos segundos. -T? vienes conmigo. La puso dentro de la caja n?mero tres. Luc?a llevaba tres d?as intentando hacer las maletas para mudarse de Madrid a Valdemora. En teor?a, no era complicado. Hab?a visto varios v?deos sobre cîmo organizar una mudanza y todos dec?an lo mismo: conservar solo las cosas ?tiles o importantes. El problema era decidir quå significaba «importante». ?Necesitaba siete jersåis negros casi iguales? Probablemente no. ?Necesitaba una làmpara que no funcionaba desde 2023? Claramente no. ?Necesitaba catorce tazas? Se fijî en la caja. -No vamos a hablar de eso. Su mîvil sonî. Era su madre. -Buenos d?as -dijo Luc?a. -?Ya has cambiado de idea? -Buenos d?as a ti tambiån, mamà. -Solo pregunto. -Y yo ya så lo que estàs preguntando. Luc?a puso el telåfono sobre una caja y siguiî doblando ropa. -No he cambiado de idea. Me voy ma?ana. Hubo un peque?o silencio. -Luc?a, cari?o, la gente normalmente se muda de un pueblo peque?o a Madrid. No al revås. -Pues yo soy innovadora. -T? eres muchas cosas. No så si innovadora es una de ellas. Luc?a sonriî. Su madre llevaba dos semanas intentando convencerla de que no fuera a Valdemora. Lo hac?a con cari?o, pero tambiån con una energ?a impresionante. Valdemora era el pueblo donde su madre hab?a nacido. Hab?a vivido all? hasta los diecinueve a?os y despuås se hab?a ido a Madrid para estudiar. Seg?n ella, salir de Valdemora hab?a sido una de las mejores decisiones de su vida. «All? no pasa nada», repet?a. Luc?a esperaba exactamente eso. Nada. Durante los ?ltimos diez a?os, en su vida hab?an pasado demasiadas cosas y, al mismo tiempo, ninguna que realmente le importara. Hab?a estudiado una carrera que parec?a pràctica. Despuås hab?a encontrado un trabajo que parec?a bueno. Luego otro trabajo que parec?a mejor. Hab?a empezado un curso de fotograf?a, clases de italiano, yoga, ceràmica y, durante exactamente once d?as, running. Nada hab?a durado. Dos semanas antes hab?a dejado su trabajo. Su jefe hab?a dicho: -?Estàs segura? Luc?a hab?a respondido: -No. Ål hab?a esperado unos segundos. -?Y aun as? te vas? -S?. Aquella conversaciîn resum?a bastante bien su situaciîn actual. No sab?a quå quer?a hacer con su vida. Solo sab?a que no quer?a seguir haciendo lo mismo. Por eso hab?a comprado una casa vieja en Valdemora. «Vieja» era una palabra amable. La agencia inmobiliaria la describ?a como «una casa tradicional con mucho potencial». Luc?a hab?a aprendido ràpidamente que «con mucho potencial» significaba «vas a gastar much?simo dinero». -?Y si no te gusta? -preguntî su madre por telåfono. Luc?a abriî otra caja. -La vendo. -?Y si no puedes venderla? -La alquilo. -?Y si nadie quiere alquilarla? Luc?a dejî de doblar una camiseta. -Mamà. -?Quå? -?Tienes preparada una lista de catàstrofes? -No necesito una lista. Soy tu madre. -Eso explica muchas cosas. Su madre suspirî. -Solo quiero que estås bien. La expresiîn de Luc?a cambiî. Mirî alrededor: las paredes blancas, el sofà gris, la mesa peque?a junto a la ventana. Durante cinco a?os aquel piso hab?a sido su casa. Ahora parec?a un lugar donde otra persona pod?a empezar a vivir ma?ana. -Yo tambiån -dijo Luc?a-. Por eso necesito irme. Su madre no respondiî inmediatamente. -Vale. Pero llàmame cuando llegues. -Te llamarå. -Y no intentes reparar nada t? sola. -?Por quå dices eso? -Porque te conozco. -Så usar herramientas. -Luc?a, una vez intentaste abrir una botella con un destornillador. -Y la abr?. -Rompiste el destornillador. -Detalles. Su madre se rio por fin. -Hasta ma?ana, hija. -Hasta ma?ana, mamà. Luc?a terminî la llamada y mirî la habitaciîn. Todav?a ten?a mucho trabajo. La primera regla de su sistema era sencilla: guardar lo necesario, tirar lo in?til y regalar lo que todav?a pod?a usar otra persona. La regla funcionî durante aproximadamente nueve minutos. Encontrî una camiseta de un concierto al que hab?a ido con su mejor amiga a los veintitrås a?os. Ya no se la pon?a. Ten?a un peque?o agujero. La puso en la bolsa de basura. La sacî treinta segundos despuås. -Es un recuerdo -se explicî. Despuås encontrî unos zapatos preciosos que no llevaba desde hac?a seis a?os porque le hac?an da?o. -Estos s? se van. Los puso en una bolsa para donar. Los volviî a sacar. -Pero son preciosos. Cinco minutos despuås segu?an en el suelo mientras Luc?a negociaba consigo misma como si estuviera comprando una empresa. A mediod?a llegî su amiga Sara con dos bocadillos y una expresiîn de preocupaciîn. -?Por quå hay una tostadora en la caja de la ropa? Luc?a mirî la caja. -No så. -?Y por quå has escrito «IMPORTANTE» en cuatro cajas? -Porque son importantes. Sara abriî una. -Aqu? hay velas, tres novelas, una manta y... ?una piedra? Luc?a se la quitî de la mano. -Es de Portugal. -Es una piedra. -Es un recuerdo de Portugal. -Luc?a, Portugal tiene màs piedras. -Pero esta es m?a. Sara levantî las manos. -De acuerdo. La piedra se queda contigo. Sara se sentî en el sofà y abriî su bocadillo. -Entonces, ma?ana te vas de verdad. -S?. -A un pueblo de dos mil habitantes. -Creo que son tres mil. -Ah, perdîn. Una metrîpolis. Luc?a le lanzî un calcet?n. Sara se rio. -?Quå vas a hacer all?? Era la pregunta que todo el mundo hac?a. Luc?a ya ten?a una respuesta preparada. -Voy a arreglar la casa y venderla. -Eso no es lo que te he preguntado. Luc?a la mirî. -?Quå quieres decir? -?Quå vas a hacer t?? Luc?a bajî la vista hacia el bocadillo. -No lo så. Sara asintiî. -Bien. -?Bien? -S?. Llevas a?os diciendo que tienes que saber exactamente quå quieres hacer. Quizà puedes pasar unos meses sin saberlo. Aquello sonaba demasiado razonable, as? que Luc?a decidiî cambiar de tema. -Ay?dame con las cajas. -?Cuàntas vas a llevarte? -Seis. Sara mirî el salîn. -Tienes cosas para diecisåis. -Por eso estàs aqu?. Durante las siguientes dos horas trabajaron juntas. Sara era mucho mejor tomando decisiones. -?Esto te hace falta? -Quizà. -Eso significa que no. -Pero... -No. -Eres muy agresiva. -Y t? tienes cuatro abrelatas. -Uno puede romperse. -?Los cuatro el mismo d?a? Luc?a pensî un momento. -Ser?a un d?a muy malo. Al final consiguieron llenar seis cajas. La primera estaba llena de ropa. La segunda, de libros y documentos. La tercera conten?a cosas de cocina, incluidas nueve de las catorce tazas. Sara hab?a impuesto un l?mite. La cuarta ten?a objetos personales y fotograf?as. La quinta estaba llena de cosas que Luc?a aseguraba que le hac?an falta para trabajar, aunque todav?a no sab?a en quå iba a trabajar. La sexta era un misterio. -?Quå hay aqu?? -preguntî Sara. Luc?a mirî la etiqueta. «VARIOS». -Varias cosas. -Gracias por la informaciîn. -Para eso estoy. Cuando terminaron, el piso parec?a enorme. Los armarios estaban casi vac?os y las paredes desnudas. Luc?a caminî lentamente de una habitaciîn a otra. Por primera vez sintiî algo extra?o. No era tristeza exactamente. Tampoco alegr?a. Era la sensaciîn de que algo estaba terminando. Se acercî a la ventana. Abajo, Madrid segu?a igual: coches, autobuses, gente caminando deprisa, una moto tocando el claxon porque un taxi bloqueaba la calle. Durante a?os hab?a pensado que quer?a vivir all? para siempre. Ahora estaba preparada para dejar atràs aquella vida. O al menos intentarlo. -?Estàs bien? -preguntî Sara. -S?. -Mientes fatal. Luc?a sonriî. -Estoy un poco asustada. -Eso tiene màs sentido. -?Y si mi madre tiene razîn? -?Sobre cuàl de las cuarenta catàstrofes? -Sobre Valdemora. ?Y si odio vivir all?? Sara se acercî a la ventana. -Entonces vuelves. -?As? de fàcil? -S?. Luc?a la mirî con desconfianza. -Las cosas nunca son as? de fàciles. -A veces s?. No estàs firmando un contrato con el pueblo para los prîximos cincuenta a?os. Vas a probar algo diferente. -He comprado una casa. -Bueno, eso s? ha sido un poco dramàtico. Las dos se echaron a re?r. -Siempre puedo venderla -dijo Luc?a. -Exacto. -Despuås de repararla. -Exacto. -Yo misma puedo hacer muchas cosas. Sara dejî de re?r. -No. -?Quå? -No hagas eso. -He visto v?deos. -Eso me preocupa màs. Luc?a cogiî un coj?n y se lo lanzî. Por la tarde llevaron varias bolsas a una tienda de segunda mano. Luc?a decidiî tirar finalmente la làmpara rota y quedarse con los zapatos incîmodos. -No has aprendido nada hoy -dijo Sara. -He aprendido que los zapatos son importantes. -No puedes caminar con ellos. -No todo tiene que ser pràctico. -Esa frase explica tu piedra portuguesa. Cuando volvieron, quedaba solo una tarea: limpiar. A las nueve de la noche estaban agotadas. Sara se puso la chaqueta. -Ma?ana voy contigo a la estaciîn. -No hace falta. Mi tren sale temprano. -Voy contigo. Luc?a no discutiî. En la puerta, Sara la abrazî. -Vas a estar bien. -?Cîmo lo sabes? -No lo så. Pero suena mejor que «probablemente tendràs problemas». -Gracias. Muy ?til. -Para eso estàn las amigas. Despuås de despedirse de Sara, Luc?a cerrî la puerta y volviî al salîn. Ahora s? estaba sola. Se sentî en el suelo entre las seis cajas. No quedaban sillas: el hombre que hab?a comprado la mesa y cuatro sillas hab?a venido por la tarde. Abriî la caja n?mero tres y sacî una taza. La blanca. «Hoy serà un gran d?a». -Espero que tengas razîn -le dijo. Fue a la cocina, preparî tå y regresî al salîn. Bebiî despacio mientras miraba las cajas. Seis cajas. Eso era todo lo que iba a llevarse. Le parec?a extra?o que una vida pudiera entrar en tan poco espacio. Aunque, pensàndolo bien, no era toda su vida. Los domingos con su madre no estaban all?. Las noches hablando con Sara tampoco. No pod?a meter en una caja sus errores, sus planes abandonados, los trabajos que hab?a odiado ni las veces que hab?a pensado: «Tiene que haber algo màs». Los objetos pod?an guardarse, regalarse o tirarse. El resto era màs complicado. Luc?a apoyî la cabeza contra la pared. Quizà por eso necesitaba cambiar de vida. No para convertirse en otra persona. No para encontrar una respuesta màgica en un pueblo peque?o. Solo quer?a tener espacio para escuchar sus propios pensamientos. Y, por primera vez en mucho tiempo, quer?a empezar de nuevo. A la ma?ana siguiente, a las seis y veinte, Luc?a bajî la ?ltima caja al portal. El conductor que hab?a contratado para llevar sus cosas a Valdemora mirî las seis cajas, despuås la maleta y finalmente a Luc?a. -?Eso es todo? -S?. Ål pareciî sorprendido. -Para una mudanza no es mucho. Luc?a sonriî. -He tenido que tomar decisiones dif?ciles. En ese momento, la caja n?mero tres hizo un ruido extra?o. El conductor levantî una ceja. -?Quå lleva ah?? -Tazas. -?Cuàntas? Luc?a abriî la boca. -Las necesarias. El hombre decidiî no hacer màs preguntas. Antes de subir al taxi que la llevar?a a la estaciîn, Luc?a mirî una ?ltima vez hacia las ventanas de su piso. Pod?a ponerse triste. Pod?a arrepentirse. Pod?a llamar al conductor y decirle que volviera a subir las cajas. En lugar de eso, respirî profundamente. -Bueno -murmurî-. Vamos a Valdemora. Su telåfono vibrî. Un mensaje de su madre: «?Has salido?» Luc?a escribiî: «S?.» Tres segundos despuås llegî otro: «?Has comprobado que llevas los documentos?» Luc?a abriî el bolso. Nada. Mirî las cajas dentro de la furgoneta. La caja n?mero dos. Documentos. -?Espere! -gritî al conductor. Diez minutos despuås, con el pasaporte y los papeles de la casa finalmente en el bolso, Luc?a subiî al taxi. Su nueva vida hab?a empezado hac?a menos de cinco minutos y ya hab?a perdido sus documentos. Sonriî. Valdemora no sab?a lo que le esperaba. Ejercicios de vocabulario 1. Relaciona las palabras con su significado. 1. mudarse 2. guardar 3. tirar 4. un recuerdo 5. dejar atràs 6. hacer falta 7. despedirse de 8. empezar de nuevo a. necesitar algo b. irse a vivir a otro lugar c. decir adiîs a una persona d. poner algo en un lugar para conservarlo e. comenzar otra vez f. una cosa que te hace pensar en un momento del pasado g. no llevar algo contigo y continuar sin ello h. poner algo en la basura 2. Completa las frases con la forma correcta. caja • hacer las maletas • quedarse con • llevarse • vac?o • estar lleno de • cambiar de vida • hacer falta 1. Ma?ana salimos temprano, as? que esta noche tenemos que __________. 2. Despuås de sacar todos los muebles, el salîn està casi __________. 3. No quiero tirar esta foto. Voy a __________ ella. 4. ?Cuàntas __________ necesitas para guardar todos esos libros? 5. La mochila està __________ cosas que no necesito. 6. Si vas a cocinar all?, te va a __________ una sartån. 7. Cuando se mudî a otra ciudad, decidiî __________ por completo. 8. No puedes __________ todo. El coche es demasiado peque?o. 3. Elige la opciîn correcta. 1. Luc?a decide mudarse / despedirse a Valdemora. 2. Una caja vac?a / llena no tiene nada dentro. 3. Si un objeto no sirve y no lo quieres, puedes guardarlo / tirarlo. 4. Una fotograf?a de un viaje puede ser un recuerdo / una mudanza. 5. Cuando necesitas algo, te hace falta / lo dejas atràs. 6. Antes de un viaje largo normalmente haces las maletas / cambias una caja. 4. Responde usando el vocabulario del cap?tulo. 1. Si tuvieras que mudarte ma?ana, ?quå tres cosas te llevar?as? 2. ?Te cuesta tirar objetos que tienen recuerdos? 3. ?Quå cosas no te hacen falta pero guardas de todos modos? 4. ?Alguna vez has querido cambiar de vida o empezar de nuevo? Respuestas 1. 1-b, 2-d, 3-h, 4-f, 5-g, 6-a, 7-c, 8-e. 2. 1) hacer las maletas; 2) vac?o; 3) quedarme con; 4) cajas; 5) llena de; 6) hacer falta; 7) cambiar de vida; 8) llevarte. 3. 1) mudarse; 2) vac?a; 3) tirarlo; 4) un recuerdo; 5) te hace falta; 6) haces las maletas. 4. Respuestas libres. Ejemplos: 1) Me llevar?a el mîvil, mis documentos y algunas fotos. 2) S?, me cuesta tirar objetos con recuerdos. 3) Guardo libros y ropa que no me hacen falta. 4) S?, a veces quiero empezar de nuevo en otra ciudad. Cap?tulo 2. Bienvenida al fin del mundo Transporte • camino • pueblo y ciudad Vocabulario clave un andån - ïëàòôîðìà, ïåððîí subir a - ñàäèòüñÿ â / ïîäíèìàòüñÿ â òðàíñïîðò bajarse de - âûõîäèòü èç òðàíñïîðòà un trayecto - ïîåçäêà, ïóòü hacer transbordo - äåëàòü ïåðåñàäêó llegar a tiempo - ïðèáûòü âîâðåìÿ perderse - çàáëóäèòüñÿ seguir recto - èäòè / åõàòü ïðÿìî girar - ïîâîðà÷èâàòü estar lejos de - íàõîäèòüñÿ äàëåêî îò estar cerca de - íàõîäèòüñÿ áëèçêî ê las afueras - îêðàèíà una carretera - äîðîãà, øîññå un pueblo - íåáîëüøîé ãîðîä / ïîñ¸ëîê acostumbrarse a - ïðèâûêàòü ê Bienvenida al fin del mundo Al bajar del autob?s, el aire era màs fr?o que en Madrid. Ol?a a tierra h?meda y a le?a, y las ruedas de la maleta sonaban demasiado fuerte sobre las piedras. A las siete y diez de la ma?ana, Luc?a estaba en la estaciîn de Atocha con una maleta, una mochila, un cafå demasiado caro y la sensaciîn de haber olvidado algo importante. Hab?a comprobado los documentos cuatro veces. El mîvil estaba en el bolso. La cartera tambiån. El billete estaba en el mîvil. -Perfecto -murmurî-. Soy una adulta responsable. En ese momento vio que estaba esperando en el andån equivocado. -Una adulta responsable en el andån equivocado. Cogiî la maleta y empezî a caminar deprisa. El tren sal?a a las siete y veinticinco. Luc?a llegî al andån correcto a las siete y veinte, con el cafå en una mano y la maleta golpeàndole una pierna. Cuando consiguiî subir al tren, encontrî su asiento junto a la ventana y dejî caer la mochila a sus pies. -Buenos d?as -dijo una se?ora mayor sentada a su lado. -Buenos d?as. -?Va de vacaciones? Luc?a pensî en la casa vieja, las cajas y la lista de reparaciones. -Màs o menos. La se?ora sonriî como si aquella respuesta confirmara algo muy interesante. La primera parte del trayecto fue tranquila. Madrid desapareciî poco a poco detràs de la ventana. Los edificios altos dieron paso a barrios màs bajos, despuås a pol?gonos industriales y finalmente a campos. Luc?a abriî el mîvil. Sara: «?Sigues viva?» Luc?a: «Todav?a.» Sara: «?Has perdido algo?» Luc?a: «Mi dignidad en Atocha.» Sara: «Eso no cuenta. Ya la hab?as perdido antes.» Luc?a sonriî. El plan era sencillo: tren, hacer transbordo en una ciudad peque?a y despuås coger un autob?s hasta Valdemora. Sencillo. Luc?a ya deber?a haber aprendido a desconfiar de esa palabra. El tren llegî con ocho minutos de retraso. Su autob?s sal?a doce minutos despuås. Luc?a se bajî del tren y corriî por la estaciîn buscando la salida. -?Autobuses? -preguntî a un empleado. -Fuera, a la derecha. -Gracias. Saliî. Girî a la derecha. Encontrî un aparcamiento. Volviî. -Perdone. No veo la estaciîn de autobuses. -No hay estaciîn. Es una parada. -Ah. -Al lado de la farmacia. -?Quå farmacia? El hombre se?alî hacia una calle. -Siga recto y luego gire a la izquierda. Comprobî la hora. Le quedaban seis minutos. Cinco minutos despuås estaba completamente perdida. Hab?a encontrado dos bares, una panader?a, una tienda de telåfonos y una se?ora paseando un perro muy peque?o. No hab?a encontrado ninguna farmacia. -Perdone -dijo a la se?ora-. ?La parada del autob?s està cerca de aqu?? -S?, s?. Muy cerca. Luc?a respirî aliviada. -?Dînde? -Vuelve por donde has venido, sigue recto, pasa la plaza y gira despuås del banco. -?El banco de dinero? -No, un banco para sentarse. Luc?a cerrî los ojos un segundo. -Claro. Naturalmente. Llegî a la parada exactamente cuando un autob?s azul doblaba la esquina. -?Espere! Corriî. El conductor la vio. Luc?a levantî una mano. El autob?s siguiî. -?NO! Una mujer que esperaba en la parada la mirî. -Ese no es el suyo. Durante un instante no se moviî. -?No? -No. Ese va a San Mart?n. Luc?a intentî recuperar la respiraciîn. -Ah. Entonces todo estaba bajo control. La mujer asintiî lentamente. -Claro. Su autob?s apareciî cuatro minutos despuås y, contra todo pronîstico, Luc?a consiguiî llegar a tiempo. El autob?s era peque?o y ten?a unas cortinas azules que parec?an tener aproximadamente la misma edad que Luc?a. Hab?a seis pasajeros. Luc?a eligiî un asiento junto a la ventana. -?Va a Valdemora? -preguntî al conductor antes de sentarse. -S?. -?Seguro? El hombre la mirî. -Bastante. Luc?a decidiî no explicar por quå necesitaba confirmaciîn. El segundo trayecto empezî por una carretera ancha. Despuås la carretera se hizo màs estrecha. Y màs estrecha. A ambos lados aparecieron àrboles, campos y peque?as casas. Revisî el mîvil. Una raya de cobertura. Despuås ninguna. Volviî una raya. -Interesante -murmurî. La mujer del asiento de delante se girî. -En Valdemora hay cobertura. -Quå bien. -En casi todo el pueblo. Luc?a parpadeî. -?Casi? -En mi cocina no. -?Y quå hace? -Salgo al salîn. La mujer volviî a mirar hacia delante. Luc?a abriî el chat con Sara. «Creo que estoy entrando en otra dimensiîn.» El mensaje no saliî. Media hora despuås, el paisaje era completamente diferente al de Madrid. Hab?a monta?as al fondo y àrboles que empezaban a cambiar de color. Algunas hojas ya eran amarillas y naranjas. Era principios de septiembre, pero all? el oto?o parec?a estar esperando detràs de cada curva. El autob?s pasî por un cartel: VALDEMORA - 6 KM Luc?a se incorporî. El pueblo estaba lejos de Madrid en todos los sentidos posibles. No solo por los kilîmetros. No hab?a edificios enormes, tràfico ni gente corriendo para llegar a alg?n sitio. Luc?a todav?a no sab?a si aquello le parec?a maravilloso o aterrador. El autob?s entrî primero por las afueras de Valdemora. Luc?a vio casas bajas con jardines, peque?os talleres y un supermercado que parec?a bastante normal. -Bien -susurrî-. Tienen supermercado. Civilizaciîn. Despuås llegaron las primeras calles del centro. Las casas eran de piedra o estaban pintadas en colores claros. Hab?a balcones peque?os, macetas con flores y àrboles a ambos lados de la calle. Algunas fachadas estaban cubiertas de plantas. Luc?a pegî un poco la cara a la ventana. No quer?a admitirlo todav?a, pero era bonito. Muy bonito. El autob?s se detuvo en una peque?a plaza. -Valdemora -anunciî el conductor. Luc?a esperî. Nadie se moviî. -?Aqu?? -Aqu?. -?No hay estaciîn? -No. Por supuesto. Luc?a se bajî del autob?s y el conductor sacî su maleta. -Gracias. ?Sabe dînde està la calle del Olmo? -S?. Siga recto hasta la iglesia, gire a la derecha y despuås a la izquierda. Luc?a lo mirî con preocupaciîn. -?Hay alg?n banco? -Dos. -?De dinero o para sentarse? El conductor se quedî en silencio. -Es una historia larga -dijo Luc?a. El autob?s se fue y Luc?a quedî sola en la plaza. Bueno, casi sola. Un hombre estaba sentado en un banco leyendo el periîdico. Dos mujeres hablaban delante de una fruter?a. Un gato dorm?a debajo de una mesa. Eso era todo. Luc?a sacî el mîvil. Cobertura completa. -Excelente. Abriî el mapa. La aplicaciîn tardî unos segundos y finalmente mostrî su posiciîn. Su nueva casa estaba a diecisiete minutos andando. -Diecisiete minutos no es nada. Empezî a caminar arrastrando la maleta por las piedras de la plaza. Despuås de cuarenta metros cambiî de opiniîn. Las ruedas de la maleta hac?an un ruido terrible. Tac-tac-tac-tac. Las dos mujeres de la fruter?a dejaron de hablar y la miraron. Luc?a sonriî. -Buenos d?as. -Buenos d?as -respondieron las dos al mismo tiempo. Siguiî caminando. Tac-tac-tac-tac. Cuando llegî a la iglesia, ya estaba sudando. Mirî el mapa. Girî a la derecha. El mapa cambiî. «Recalculando ruta.» -No. La flecha le indicî que volviera. -No, no, no. Hab?a vuelto a perderse. En un pueblo con aproximadamente cuatro calles. -?Necesitas ayuda? Luc?a se girî. Una mujer de unos sesenta a?os estaba regando flores delante de una casa. -Busco la calle del Olmo. -?Quå n?mero? -Diecisiete. La mujer dejî la regadera. -La casa de Pilar. Luc?a no sab?a quiån era Pilar. -Supongo. -La han vendido. -S?. A m?. La mujer la observî de arriba abajo con enorme interås. -?T? eres Luc?a? Luc?a tardî un segundo en responder. -S?. -Soy Carmen. Lo dijo como si eso tuviera que explicar algo. No lo explicaba. Todav?a. -Tu madre es Elena, ?verdad? -continuî Carmen. -S?. -Yo conoc?a a tu abuela. -Ah. -Y a tu madre, claro. Se fue a Madrid. -S?. -Dec?a que no volver?a nunca. Luc?a sonriî. -Sigue diciendo cosas parecidas. Carmen tambiån sonriî. -La calle del Olmo està por all?. Has girado demasiado pronto. -Gracias. -Tu casa està cerca de la panader?a vieja. -Perfecto. -Aunque ahora està cerrada. -Ah. -Pero hay otra panader?a en la plaza. -Bien. -Y un supermercado en las afueras. -Lo he visto. -Los martes hay mercado. Luc?a empezî a sospechar que Carmen pod?a seguir hablando hasta octubre. -Muchas gracias -dijo, intentando despedirse. -?Vas a vivir aqu?? -Unos meses. Carmen levantî ligeramente las cejas. -?Solo unos meses? -Voy a reparar la casa y despuås probablemente la venderå. Hubo una pausa. Luc?a no sab?a por quå, pero tuvo la sensaciîn de haber dicho algo importante. -Ya veremos -respondiî Carmen. -?Perdîn? -Nada. Bienvenida a Valdemora. Luc?a sonriî. -Gracias. Continuî caminando. Detràs de ella oyî una puerta abrirse. -?Marisa! -llamî Carmen-. ?Ha llegado la hija de Elena! Se parî a mitad del movimiento. Ni siquiera hab?a llegado a su casa y ya hab?a noticias sobre ella. La calle del Olmo estaba cerca de la plaza, pero era mucho màs tranquila. Hab?a àrboles altos y casas antiguas con peque?os jardines. Luc?a encontrî el n?mero diecisiete. Se quedî inmîvil. La casa era de dos plantas, con paredes de piedra clara y ventanas verdes. Una planta trepadora cubr?a parte de la fachada. En el jard?n hab?a un àrbol enorme. En las fotos de internet parec?a peque?a. En persona parec?a... -M?a -dijo Luc?a. Sacî las llaves. Por primera vez desde que hab?a salido de Madrid, dejî de pensar en trenes, autobuses, mapas y maletas. Solo mirî la casa. Entonces oyî un sonido. Meeee. Luc?a mirî hacia la izquierda. Nada. Meeee. Mirî hacia la derecha. Un animal blanco y marrîn la observaba desde el jard?n de la casa vecina. -Hola. La cabra siguiî miràndola. -T? no eres un perro. Meeee. -S?, eso confirma mi teor?a. Luc?a sonriî y abriî la verja de su jard?n. Quizà tendr?a que acostumbrarse a algunas cosas. Subiî los tres escalones de la entrada y puso la llave en la cerradura. No girî. Probî otra llave. Tampoco. -Perfecto. Mirî las cinco llaves del llavero. La tercera abriî la puerta. Luc?a entrî. El recibidor ol?a a madera, polvo y casa cerrada. Hab?a muebles cubiertos con telas blancas y una caja vieja junto a la pared. Cerrî la puerta detràs de ella. Silencio. Un silencio enorme. En Madrid siempre hab?a ruido: coches, vecinos, ascensores, m?sica, sirenas. All? no se o?a nada. Luc?a sonriî. Entonces algo cayî en la planta de arriba. PUM. Luc?a dejî de sonre?r. -No. Esperî. Nada. -No voy a morir el primer d?a. Cogiî el mîvil y encendiî la linterna, aunque todav?a hab?a luz. Subiî lentamente las escaleras. -Hola -dijo. Silencio. -Si hay alguien aqu?, quiero informar de que no tengo dinero. Otro peque?o ruido. Luc?a llegî al pasillo. Una ventana estaba abierta. El viento mov?a una cortina y hab?a tirado un marco de fotos al suelo. Luc?a soltî el aire. -Claro. Una ventana. Todo bien. Se acercî para cerrarla. La ventana no cerraba. -Todo... relativamente bien. Volviî abajo y abriî las puertas de las habitaciones. Salîn. Comedor. Cocina. Cuando entrî en la cocina, se quedî parada. Era grande. Mucho màs grande de lo que recordaba de las fotos. Hab?a muebles antiguos, una mesa de madera y un horno enorme. Luc?a pasî la mano por la mesa cubierta de polvo. -Bueno -dijo-. T? s? tienes potencial. Su mîvil vibrî. El mensaje de Sara finalmente hab?a salido. Sara: «?Has llegado al fin del mundo?» Luc?a hizo una foto de la cocina y respondiî: «S?. Tienen supermercado.» Sara: «Entonces sobreviviràs.» Luc?a abriî una de las ventanas de la cocina. Desde all? ve?a parte del jard?n, los tejados del pueblo y las monta?as al fondo. El aire ol?a diferente. Màs fresco. Pensî en Madrid, que ahora estaba lejos de all?. Muy lejos. Su madre hab?a necesitado a?os para acostumbrarse a la gran ciudad cuando era joven. Luc?a tendr?a que hacer el camino contrario. No sab?a si pod?a acostumbrarse al silencio. A que todo estuviera cerca de todo. A no tener metro. A una se?ora llamada Carmen que conoc?a su historia familiar antes de conocerla a ella. Y aparentemente a las cabras. Sacî una botella de agua de la mochila y se sentî en el suelo de la cocina. Hab?a llegado. Hab?a conseguido hacer transbordo, no hab?a perdido el autob?s y solo se hab?a perdido dos veces. Para Luc?a, aquello era pràcticamente un åxito. Mirî el horno antiguo. Despuås mirî las paredes. Despuås el techo. Una peque?a mancha oscura ocupaba una esquina. -Eso no me gusta. Se levantî y tocî la pared. Estaba seca. -Seguro que no es nada. Su telåfono sonî. Mamà. -Hola. -?Has llegado? -S?. -?Cîmo es la casa? A su alrededor, todo segu?a igual. -Tiene mucho potencial. Su madre guardî silencio. -Eso suena mal. -No. Està bien. Es bonita. -?Funciona la electricidad? Luc?a mirî el interruptor de la cocina. -Supongo. Lo pulsî. Nada ocurriî. Volviî a pulsarlo. Nada. -Luc?a. -Un momento. Probî otro interruptor. Una làmpara del pasillo se encendiî. La de la cocina no. -Funciona aproximadamente el cincuenta por ciento. -Te dije que no repararas nada t? sola. -Ni siquiera he sacado las herramientas. -Promåtemelo. Luc?a mirî el horno, la làmpara y la mancha del techo. -Lo prometo. En aquel momento todav?a pensaba cumplirlo. Despuås de hablar con su madre, Luc?a saliî al jard?n. El sol empezaba a bajar detràs de las monta?as y la luz era dorada. Algunas hojas secas se mov?an por el camino. Valdemora era peque?o. Tranquilo. Muy diferente de todo lo que conoc?a. Tal vez demasiado diferente. Oyî voces al otro lado de la calle. Carmen estaba hablando con otra mujer. Las dos miraron hacia Luc?a. Luc?a levantî una mano. Ellas saludaron. -Perfecto -murmurî-. Ya soy una atracciîn tur?stica. Entrî de nuevo en casa. Ma?ana tendr?a que comprar comida, limpiar y empezar a revisar todo lo que necesitaba reparar. Pero esa noche solo quer?a una ducha y dormir. Subiî la maleta al dormitorio, encontrî una toalla y entrî en el ba?o. Abriî el grifo de la ducha. Nada. Lo cerrî. Lo volviî a abrir. Una gota cayî. Despuås otra. Luc?a mirî el grifo. -No. Una tercera gota. -No me hagas esto. Desde el jard?n llegî un sonido. Meeee. Luc?a cerrî los ojos. Madrid estaba a cientos de kilîmetros. El supermercado estaba en las afueras. La ducha no funcionaba. Una cabra se re?a de ella. Sacî el mîvil y escribiî a Sara: «Correcciîn: quizà no sobreviva.» Sara respondiî inmediatamente: «Bienvenida al fin del mundo » Se quedî leyendo la pantalla. Luego mirî la ducha. Y empezî a re?rse. Ejercicios de vocabulario 1. Relaciona. 1. un andån 2. hacer transbordo 3. perderse 4. las afueras 5. un trayecto 6. llegar a tiempo 7. girar 8. acostumbrarse a a. cambiar de direcciîn b. llegar antes o en el momento necesario c. cambiar de un transporte a otro d. la parte exterior de una ciudad o pueblo e. no saber dînde estàs f. el lugar donde esperas un tren g. empezar a sentir algo como normal h. el recorrido de un lugar a otro 2. Completa las frases. carretera • cerca de • lejos de • bajarse de • subir a • seguir recto • pueblo • perderse 1. Valdemora es un __________ peque?o, no una gran ciudad. 2. Para llegar a la plaza tienes que __________ y despuås girar a la derecha. 3. Luc?a tiene que __________ el tren y coger un autob?s. 4. Madrid està muy __________ Valdemora. 5. La panader?a està __________ la casa de Luc?a. 6. Es fàcil __________ cuando no conoces una ciudad. 7. El autob?s circula por una __________ estrecha entre las monta?as. 8. Cuando llega el tren, Luc?a tiene que __________ ràpidamente. 3. Elige la opciîn correcta. 1. Si cambias de tren durante un viaje, haces transbordo / giras. 2. Si llegas despuås de que salga el autob?s, no has llegado a tiempo / no estàs en las afueras. 3. Un trayecto es una persona / un recorrido. 4. Para ir en tren primero tienes que subir al / bajarte del tren. 5. Si una tienda està a dos minutos de tu casa, està cerca / lejos. 6. Si vives muchos a?os en un lugar nuevo, normalmente te acostumbras / te pierdes. 4. Responde con el vocabulario del cap?tulo. 1. ?Prefieres vivir en una gran ciudad o en un pueblo? ?Por quå? 2. ?Te pierdes fàcilmente cuando visitas un lugar nuevo? 3. ?Cîmo es normalmente tu trayecto al trabajo o a clase? 4. ?A quå cosas ser?a dif?cil acostumbrarte si te mudaras a un pueblo peque?o? Respuestas 1. 1-f, 2-c, 3-e, 4-d, 5-h, 6-b, 7-a, 8-g. 2. 1) pueblo; 2) seguir recto; 3) bajarse del; 4) lejos de; 5) cerca de; 6) perderse; 7) carretera; 8) subir al. 3. 1) haces transbordo; 2) no has llegado a tiempo; 3) un recorrido; 4) subir al; 5) cerca; 6) te acostumbras. 4. Respuestas libres. Ejemplos: 1) Prefiero vivir en una ciudad porque todo està cerca. 2) S?, a veces me pierdo en lugares nuevos. 3) Mi trayecto dura unos treinta minutos. 4) Ser?a dif?cil acostumbrarme a no tener metro. Cap?tulo 3. La casa de mis sue?os (màs o menos) La casa • las habitaciones • los muebles Vocabulario clave la planta baja - ïåðâûé ýòàæ el primer piso - âòîðîé ýòàæ el pasillo - êîðèäîð el techo - ïîòîëîê / êðûøà el suelo - ïîë la pared - ñòåíà una escalera - ëåñòíèöà un armario - øêàô un cajîn - ÿùèê un mueble - ïðåäìåò ìåáåëè estar cubierto/a de - áûòü ïîêðûòûì ÷åì-ëèáî tener vistas a - èìåòü âèä íà dar a - âûõîäèòü íà (îá îêíå/êîìíàòå) espacioso/a - ïðîñòîðíûé acogedor/a - óþòíûé La casa de mis sue?os (màs o menos) Por la ma?ana, la casa ol?a a madera vieja y a polvo. El suelo estaba fr?o bajo sus calcetines y, desde el jard?n, llegaba el ruido de los pàjaros. Luc?a se despertî a las siete y cuarto porque algo golpeaba la ventana de su dormitorio. Tac. Tac. Tac. Abriî los ojos. Tac. Tac. Durante unos segundos no recordî dînde estaba. Despuås vio las cajas, las cortinas antiguas y una grieta peque?a en la pared. Valdemora. Su nueva casa. Tac. Luc?a se levantî y abriî la cortina. Una rama del àrbol tocaba el cristal. -Buenos d?as a ti tambiån. Mirî el mîvil. Ten?a tres mensajes de su madre, dos de Sara y uno de un n?mero desconocido. «Buenos d?as, Luc?a. Soy Carmen. ?Has dormido bien?» Se quedî leyendo la pantalla. -?Cîmo tiene mi n?mero? Decidiî no investigar todav?a. La noche anterior hab?a llegado cansada y solo hab?a visto una parte de la casa. Aquella ma?ana ten?a una misiîn: descubrir exactamente quå hab?a comprado. Se puso unos vaqueros, una sudadera y zapatillas. Despuås bajî por la escalera con el mîvil en una mano y una libreta en la otra. En la primera pàgina escribiî: CASA - COSAS QUE HACER. Debajo a?adiî: 1. Ducha. Pensî un momento. 2. Luz de la cocina. 3. Ventana del dormitorio. Mirî la lista. -Tres cosas. No està mal. Todav?a era muy optimista. Empezî por la planta baja. El recibidor era peque?o y oscuro. Desde all? se entraba en un pasillo que llevaba al salîn, al comedor y a la cocina. Luc?a abriî las ventanas del salîn. La habitaciîn era bastante espaciosa, con dos ventanas grandes y una chimenea de piedra. Hab?a un sofà antiguo, dos sillones y una mesa baja. Todos los muebles estaban cubiertos de telas blancas. Luc?a tirî de una. Una nube de polvo saliî directamente hacia su cara. -?Ach?s! Estornudî tres veces. -Muy romàntico. Debajo de la tela apareciî un sofà verde oscuro. Luc?a lo observî. -T? y yo vamos a tener una conversaciîn sobre 1984. Se acercî a una de las ventanas. El salîn daba a la calle y desde all? pod?a ver las casas de enfrente. Carmen estaba delante de su casa hablando con otra mujer. Carmen levantî la cabeza. Vio a Luc?a. Sonriî y saludî con la mano. Luc?a saludî tambiån. La otra mujer mirî inmediatamente hacia la ventana. -Fantàstico -murmurî Luc?a-. Primera emisiîn del d?a. Cerrî un poco la cortina. El salîn pod?a quedar bonito. Las paredes eran claras y el suelo de madera parec?a estar en buen estado. Entonces mirî hacia arriba. Hab?a una mancha en el techo. Sacî la libreta. 4. Mancha del techo. La lista empezaba a crecer. El comedor estaba al lado. Era màs peque?o, pero ten?a una puerta de cristal que daba al jard?n. Hab?a una mesa grande y seis sillas. Luc?a pasî un dedo por la mesa. Polvo. Mucho polvo. -Necesito productos de limpieza. Lo escribiî. 5. Comprar productos de limpieza. Abriî un cajîn del aparador. Dentro hab?a cucharas viejas, servilletas, dos velas y una llave. Luc?a cogiî la llave. -?Y t? quå abres? Probî el siguiente cajîn. Estaba vac?o. El tercero no se abr?a. -Claro. El ?nico interesante. Tirî un poco màs. Nada. -Volverå. No sab?a por quå estaba amenazando a un cajîn, pero la casa parec?a provocar ese tipo de conversaciones. La cocina segu?a siendo su habitaciîn favorita. Era realmente espaciosa. Hab?a una mesa de madera en el centro, varios armarios, un fregadero grande y el horno antiguo que hab?a visto el d?a anterior. Una ventana daba al jard?n. La otra ten?a vistas a las monta?as. Luc?a se quedî unos segundos mirando fuera. El cielo estaba gris claro y hab?a una fina capa de niebla sobre las monta?as. Algunas hojas amarillas cubr?an el jard?n. -Vale -dijo-. Esto s? estaba en las fotos. Por primera vez entendiî por quå hab?a comprado la casa tan ràpido. La cocina ten?a algo especial. Todav?a no era acogedora, pero pod?a serlo. Abriî el primer armario. Platos. El segundo. Vasos. El tercero. Una colecciîn impresionante de recipientes de plàstico sin tapa. -Perfecto. Esto s? es universal. Abriî otro. Vac?o. Otro. Màs platos. En el ?ltimo encontrî una peque?a tetera amarilla. La sacî y sonriî. -T? te quedas. La puso sobre la mesa. Despuås abriî el horno. Dentro hab?a dos bandejas viejas y un molde redondo. Luc?a las sacî. No sab?a todav?a para quå iba a usar aquel horno, pero le gustaba. A?adiî otra l?nea a la libreta: 6. Limpiar la cocina. Despuås escribiî: 7. Mucho. Y subrayî «mucho» dos veces. Detràs de la cocina hab?a una puerta peque?a. Luc?a la abriî y encontrî una despensa. Las estanter?as estaban cubiertas de polvo, pero la habitaciîn era màs grande de lo esperado. -Aqu? caben muchas cosas. Imaginî comida, cajas, botellas, quizà una peque?a estanter?a para cafå y tå. Despuås vio una telara?a enorme. -Y actualmente cabe una familia de ara?as. Cerrî la puerta. La familia pod?a quedarse all? unas horas màs. Volviî al pasillo y abriî la ?ltima puerta de la planta baja. Era un ba?o peque?o. Luc?a abriî el grifo. Saliî agua. -?S?! Abriî el agua caliente. Nada. -Ah. 8. Agua caliente. Subiî al primer piso. La escalera cruj?a con cada paso. -Eso es normal en una casa antigua -se dijo. Criiic. -Completamente normal. CRAC. Durante un instante no se moviî. -Menos normal. Mirî el escalîn. Parec?a entero. Subiî con màs cuidado. En el primer piso hab?a tres dormitorios y otro ba?o. El pasillo era estrecho, con varias fotograf?as antiguas en las paredes. Luc?a se acercî a una. Una mujer joven estaba delante de la casa, sonriendo. Detràs de ella aparec?a el mismo àrbol que ahora ocupaba medio jard?n. Luc?a no sab?a quiån era. Decidiî no tirar las fotos. Su dormitorio era el màs grande. Ten?a una cama de madera, un armario enorme y una cîmoda con cuatro cajones. La ventana ten?a vistas a las monta?as. -Esto es peligroso -dijo Luc?a. La casa empezaba a gustarle demasiado. Abriî el armario. Una puerta hizo un ruido largo. ?iiiiiiic. -T? tambiån necesitas ayuda. Dentro encontrî dos mantas y una caja peque?a. La abriî. Botones. Cientos de botones. Rojos, blancos, negros, azules. Luc?a mirî la caja. -?Por quå? No hab?a respuesta. La guardî otra vez. Aquella casa ten?a demasiadas preguntas. El segundo dormitorio era màs peque?o y daba al jard?n. Luc?a decidiî que pod?a convertirlo en despacho. -Aqu? pondrå un escritorio. Mirî la pared. -Una estanter?a all?. Mirî el suelo. -Una alfombra. Durante unos minutos empezî a imaginar la habitaciîn terminada. Una làmpara bonita. Libros. Plantas. Despuås recordî que solo pensaba quedarse unos meses. -No necesitamos plantas. La habitaciîn guardî silencio. -Ni una alfombra cara. Silencio. -Quizà una peque?a. Luc?a escribiî: 9. Alfombra. La casa estaba ganando. El tercer dormitorio era peque?o, pero sorprendentemente acogedor. Hab?a una cama individual, una mesita y una ventana peque?a. Luc?a abriî las cortinas. La habitaciîn ten?a vistas a los tejados del pueblo. -Habitaciîn de invitados. Pensî en Sara. Despuås imaginî la reacciîn de Sara al descubrir que el agua caliente no funcionaba. -Habitaciîn de invitados cuando tengamos ducha. Abriî un cajîn de la mesita. Dentro hab?a un libro viejo, una moneda y una nota doblada. Luc?a abriî la nota. Solo dec?a: «Comprar az?car, harina, mantequilla, huevos.» -Una lista de la compra. La dejî donde estaba. No sab?a que aquella peque?a lista ten?a màs relaciîn con su futuro de lo que pod?a imaginar. El ba?o del primer piso era el lugar menos romàntico de toda la casa. Los azulejos eran marrones. El lavabo era amarillo. La ba?era era de un color que Luc?a no pod?a identificar. -?Verde? ?Gris? ?Tristeza? Abriî el grifo. Una gota. La misma ducha de la noche anterior segu?a sin colaborar. Luc?a sacî la libreta. 10. BA?O. Lo escribiî en may?sculas. Luego a?adiî tres signos de exclamaciîn. 10. BA?O!!! -Prioridades. Se mirî en el espejo. -La casa de mis sue?os. Una parte del espejo estaba rota. -Màs o menos. A media ma?ana, Luc?a ya ten?a diecisiete puntos en la lista. Hab?a descubierto otra mancha en el techo, una puerta que no cerraba, dos enchufes que parec?an demasiado antiguos y una tabla del suelo que hac?a un ruido sospechoso. Tambiån hab?a encontrado cosas buenas. Las habitaciones eran espaciosas. Hab?a mucha luz. La cocina era preciosa. Las vistas eran incre?bles. Y, debajo del polvo y de los muebles antiguos, la casa ten?a personalidad. Luc?a bajî a la cocina y preparî cafå con una peque?a cafetera que hab?a tra?do de Madrid. Se sentî junto a la ventana. Entonces llamaron a la puerta. Era Carmen. Por supuesto. Llevaba una cesta. -Buenos d?as. -Buenos d?as. -Te he tra?do tomates, pan y huevos. Luc?a mirî la cesta. -No hac?a falta. -Ya lo så. Carmen entrî antes de que Luc?a pudiera decidir si la hab?a invitado. Mirî alrededor. -No ha cambiado mucho. -?Conoc?a la casa? -Claro. Pilar viviî aqu? cuarenta a?os. -?Pilar era la propietaria? -S?. Y era muy amiga de tu abuela. Tu madre pasî muchas tardes en esta casa cuando era ni?a y adolescente. Carmen pasî la mano por la mesa. -Cocinaba muy bien. Luc?a recordî la lista de harina, az?car, mantequilla y huevos. -He encontrado algunas cosas suyas. -Hay muchas. Pilar guardaba todo. Luc?a pensî en sus catorce tazas. -La entiendo. Carmen mirî hacia el techo. -Eso tendràs que arreglarlo. -S?. -Y las ventanas. -S?. -Y la instalaciîn elåctrica es antigua. -Tambiån lo he notado. -Necesitas a Mateo. Luc?a levantî la vista. -?Quiån es Mateo? Carmen pareciî sorprendida de que existiera una persona en el mundo que no supiera quiån era Mateo. -El electricista. -Ah. -Vive aqu?. -Eso suele ser pràctico para un electricista local. Carmen ignorî el comentario. -Es muy bueno. Puede mirar los enchufes y las luces. -Perfecto. ?Tiene telåfono? Carmen sonriî de una forma que Luc?a no entendiî. -S?. Cinco minutos despuås, Luc?a ten?a el n?mero de Mateo guardado en el mîvil. Carmen tambiån hab?a conseguido explicarle dînde comprar pintura, quå supermercado era màs barato, quå d?as abr?a la ferreter?a y quå vecino ten?a una escalera grande. -Muchas gracias -dijo Luc?a. -Para eso estamos. Carmen caminî hacia la puerta. Antes de salir, mirî el salîn. -Puede quedar muy acogedor. Luc?a mirî los muebles cubiertos de telas, la mancha del techo y las cajas. -S?. Alg?n d?a. -Antes de lo que piensas. Otra frase misteriosa. Carmen saliî. Luc?a esperî diez segundos y mirî por la ventana. Carmen ya estaba hablando con la mujer de enfrente. Luc?a cogiî el mîvil. Nuevo contacto: Mateo - electricista. Escribiî: «Hola. Soy Luc?a. Acabo de comprar la casa de la calle del Olmo, 17. Tengo algunos problemas con la electricidad.» Mirî la làmpara de la cocina. A?adiî: «Bueno, varios.» Estuvo a punto de enviar el mensaje. Entonces mirî el interruptor. Quizà era una bombilla. Eso s? pod?a cambiarlo ella. No necesitaba llamar a un profesional para cambiar una bombilla. -Parece fàcil -dijo. Dejî el mîvil sobre la mesa. Encontrî una silla y la puso debajo de la làmpara. La silla se moviî un poco. Luc?a bajî. Buscî otra. La segunda parec?a màs estable. Subiî. Intentî quitar la pantalla de la làmpara. No se mov?a. -Vamos. Girî. Nada. Girî màs fuerte. La pantalla se soltî de repente. Luc?a perdiî el equilibrio. Saltî de la silla. La pantalla cayî al suelo. CLONC. No se rompiî. Luc?a respirî. -Todo controlado. En ese momento, la luz del pasillo se apagî. Luc?a mirî hacia la puerta. -Yo no he hecho eso. Probî el interruptor. Nada. Probî el del salîn. Nada. La electricidad de toda la planta baja hab?a desaparecido. Luc?a se quedî quieta en medio de la cocina con la pantalla de la làmpara en las manos. Mirî el mîvil. Mateo - electricista. Terminî el mensaje: «Ahora tengo muchos problemas con la electricidad.» Enviar. La respuesta llegî menos de un minuto despuås. «Puedo pasar esta tarde.» Luc?a escribiî: «Perfecto. Gracias.» Despuås a?adiî: «Creo que la casa me odia.» Vio los tres puntos que indicaban que Mateo estaba escribiendo. «Las casas no odian a nadie.» Pausa. «Normalmente.» Luc?a soltî una carcajada. Guardî el mîvil y mirî alrededor. La cocina segu?a siendo bonita incluso sin luz. La ventana daba al jard?n y las monta?as se ve?an detràs de los àrboles. En la mesa estaban los tomates y los huevos de Carmen. Sobre una silla descansaba la pantalla de la làmpara. En el suelo, su libreta estaba abierta por la pàgina de la lista. Luc?a a?adiî: 18. Electricidad. Pensî un momento y escribiî debajo: 19. NO TOCAR NADA. Lo rodeî con un c?rculo. -Muy bien. Desde fuera llegî un conocido: Meeee. Luc?a se acercî a la ventana. La cabra estaba otra vez junto a la verja. -T? no vives aqu? -le dijo. La cabra mordiî una hoja. -Yo s?. Meeee. -Bueno, estoy intentando vivir aqu?. La cabra siguiî comiendo. Luc?a apoyî los brazos en la ventana. La casa necesitaba much?simo trabajo. Quizà màs del que hab?a imaginado. Pero la cocina ten?a vistas a las monta?as. El salîn pod?a ser acogedor. Hab?a espacio. Hab?a silencio. Y aquella ma?ana, mientras caminaba por las habitaciones, Luc?a hab?a empezado a imaginar dînde pondr?a sus cosas. Eso no formaba parte del plan. El plan era reparar, vender y marcharse. Mirî la casa. -No te emociones. Nuestra relaciîn es temporal. Una tabla del suelo crujiî. Luc?a levantî una ceja. -Exacto. Yo tampoco conf?o en ti. A las doce recibiî otro mensaje. Mateo: «Llegarå sobre las cuatro.» Luc?a respondiî con un pulgar arriba. Luego abriî la puerta de la despensa. La telara?a segu?a all?. -Tenemos cuatro horas. Cogiî una escoba. La casa pod?a tener un techo problemàtico, un suelo ruidoso, una ducha in?til, muebles de otra åpoca y una instalaciîn elåctrica que acababa de perder una batalla contra Luc?a. Pero tambiån ten?a una cocina enorme, habitaciones espaciosas y unas vistas que no se pod?an comprar en Madrid. Bueno. Tåcnicamente s? se pod?an comprar. Ella acababa de hacerlo. Luc?a sonriî y levantî la escoba. -Vamos a trabajar. Desde el jard?n: Meeee. -T? no estàs invitada. Ejercicios de vocabulario 1. Relaciona. 1. el pasillo 2. el techo 3. un cajîn 4. acogedor 5. el suelo 6. un armario 7. espacioso 8. tener vistas a a. cîmodo y agradable b. la parte de una habitaciîn sobre tu cabeza c. tener una ventana desde la que se ve un lugar d. lugar que conecta varias habitaciones e. grande y con bastante espacio f. parte de un mueble que se abre para guardar cosas g. mueble donde se guarda ropa u otros objetos h. parte de una habitaciîn sobre la que caminamos 2. Completa las frases. pared • planta baja • primer piso • muebles • cubierto de • dar a • escalera • armario 1. El salîn està en la __________ y los dormitorios estàn arriba. 2. Para subir al __________, Luc?a usa una __________. 3. El sofà està __________ polvo. 4. Luc?a quiere pintar la __________ del despacho. 5. La ventana de la cocina __________ jard?n. 6. En el dormitorio hay un gran __________ para guardar la ropa. 7. El sofà, la mesa y las sillas son __________. 3. Elige la opciîn correcta. 1. Si una habitaciîn tiene mucho espacio, es espaciosa / cubierta. 2. Guardamos ropa normalmente en un armario / techo. 3. Una ventana puede dar al jard?n / dar un cajîn. 4. Si una casa es cîmoda y agradable, puede ser acogedora / vac?a. 5. Caminamos sobre el suelo / pasillo de una habitaciîn. 6. Un cajîn forma parte normalmente de un mueble / una vista. 4. Responde usando el vocabulario. 1. ?Cîmo es tu habitaciîn màs acogedora? 2. ?Quå muebles tienes en tu dormitorio? 3. ?A quå dan las ventanas de tu casa? 4. Si pudieras elegir, ?a quå te gustar?a tener vistas desde tu cocina? Respuestas 1. 1-d, 2-b, 3-f, 4-a, 5-h, 6-g, 7-e, 8-c. 2. 1) planta baja; 2) primer piso, escalera; 3) cubierto de; 4) pared; 5) da al; 6) armario; 7) muebles. 3. 1) espaciosa; 2) armario; 3) dar al jard?n; 4) acogedora; 5) suelo; 6) mueble. 4. Respuestas libres. Ejemplos: 1) Mi salîn es acogedor porque tiene un sofà cîmodo y mucha luz. 2) Tengo una cama, un armario y una mesita. 3) Mis ventanas dan a la calle. 4) Me gustar?a tener vistas a las monta?as. Cap?tulo 4. Aqu? no funciona nada Aver?as • reparaciones • herramientas Vocabulario clave arreglar - ÷èíèòü, èñïðàâëÿòü estar roto/a - áûòü ñëîìàííûì funcionar - ðàáîòàòü, ôóíêöèîíèðîâàòü gotear - êàïàòü, ïðîòåêàòü una aver?a - ïîëîìêà, íåèñïðàâíîñòü una herramienta - èíñòðóìåíò un martillo - ìîëîòîê un destornillador - îòâ¸ðòêà un enchufe - ðîçåòêà una tuber?a - òðóáà cambiar - ìåíÿòü, çàìåíÿòü hacer ruido - øóìåòü tener cuidado - áûòü îñòîðîæíûì encargarse de - çàíèìàòüñÿ ÷åì-ëèáî, îòâå÷àòü çà comprobar - ïðîâåðÿòü Aqu? no funciona nada El metal de las herramientas estaba fr?o. Cada golpe contra la pared hac?a caer un poco de polvo, y Luc?a pod?a sentirlo en las manos y en el pelo. A las tres y cincuenta de la tarde, Luc?a estaba en la cocina mirando su lista. Ya ten?a veintitrås puntos. A las ocho de la ma?ana hab?a pensado que la casa necesitaba «algunas reparaciones». A las tres y cincuenta hab?a cambiado de opiniîn. La casa necesitaba ayuda profesional. Probablemente varios profesionales. Quizà un sacerdote. Luc?a a?adiî una nueva l?nea: 24. La puerta del jard?n hace un ruido horrible. La abriî. ?IIIIIC. -S?. Horrible. La cerrî. ?IIIIIC. Desde fuera, la cabra respondiî: Meeee. -Gracias por tu opiniîn. Mateo llegar?a a las cuatro para mirar la electricidad. Hasta entonces, Luc?a hab?a decidido comprobar el resto de la casa. No iba a reparar nada. Se lo hab?a prometido a su madre. Solo iba a mirar. Aquella diferencia le parec?a importante. Empezî por el ba?o de la planta baja. Abriî el grifo. El agua saliî normalmente. -Muy bien. Lo cerrî. Una gota cayî. Despuås otra. Y otra. El grifo empezî a gotear. Luc?a lo observî durante diez segundos. -No. Gota. -No. Gota. Sacî la libreta. 25. Grifo. Debajo del lavabo hab?a una peque?a puerta. Luc?a la abriî y vio una tuber?a. Parec?a una tuber?a normal. No sab?a exactamente cîmo deb?a parecer una tuber?a problemàtica. Tocî una parte metàlica. Estaba h?meda. -Eso probablemente no es bueno. Buscî en internet: «tuber?a h?meda debajo del lavabo». Los resultados inclu?an palabras como fuga, reparaciîn urgente y da?os por agua. Luc?a cerrî internet. -Internet es demasiado negativo. Puso una toalla debajo de la tuber?a. No era una reparaciîn, decidiî. Era decoraciîn pràctica. Despuås fue al salîn. Uno de los enchufes estaba torcido. Luc?a se acercî. -No te voy a tocar. El enchufe no respondiî. -Porque tengo sentido com?n. En aquel momento recordî la làmpara de la cocina y a?adiî: -Ahora. Otro enchufe parec?a normal, pero Luc?a decidiî no comprobarlo. Hab?a aprendido algo aquella ma?ana. No mucho. Pero algo. Encendiî la chimenea elåctrica decorativa que estaba junto a la pared. Nada. -T? tampoco funcionas. Mirî la casa. -?Hay algo aqu? que funcione? Desde la cocina, la cafetera hizo un peque?o sonido. -Gracias. Al menos te tengo a ti. En el pasillo encontrî un peque?o armario. Dentro hab?a varias herramientas antiguas. Un martillo. Dos llaves. Un metro. Tres destornilladores. Luc?a sonriî. -Interesante. Cogiî uno de los destornilladores. Entonces recordî a su madre: «No intentes reparar nada t? sola.» Volviî a dejarlo. Esperî dos segundos. Lo cogiî otra vez. -Solo voy a mirar. Fue hasta la puerta del jard?n. El ruido pod?a venir de una pieza suelta. Eso era fàcil. Demasiado fàcil. Se parî a mitad del movimiento. -No voy a decirlo. Hab?a empezado a sospechar que las palabras «parece fàcil» estaban malditas. Se agachî junto a la puerta y comprobî los tornillos. Uno estaba suelto. -Ajà. Usî el destornillador para apretarlo. Abriî la puerta. ?IIIIIC. -Vale. Apretî otro. ?IIIIIC. -?En serio? Mirî las bisagras. Quizà necesitaban aceite. Buscî en la cocina y encontrî una botella. Cinco minutos despuås abriî la puerta otra vez. Silencio. Luc?a abriî mucho los ojos. -?Lo he arreglado! La cerrî. Silencio. -?JA! Levantî los brazos como si acabara de ganar una competiciîn internacional. Entonces el pomo se cayî al suelo. Luc?a mirî el pomo. Despuås mirî la puerta. Despuås volviî a mirar el pomo. -No. Intentî colocarlo. No se quedaba. -No, no, no. Desde el jard?n: Meeee. -No necesito comentarios. Cogiî el martillo. Lo mirî. -No så para quå te necesito. Volviî a dejarlo. Al menos hab?a aprendido una segunda cosa. No todas las herramientas serv?an para todos los problemas. Escribiî en la lista: 26. Pomo puerta jard?n. Y debajo: 27. No celebrar demasiado pronto. Poco despuås, botas, una camiseta gris y una caja de herramientas. Ten?a el pelo oscuro y una expresiîn tranquila. -?Luc?a? -S?. -Soy Mateo. Ah. El electricista. Luc?a no sab?a exactamente quå hab?a imaginado cuando Carmen hab?a dicho «Mateo». Probablemente un se?or de cincuenta a?os con bigote. Mateo no ten?a cincuenta a?os. Ni bigote. Eso era informaciîn completamente irrelevante. -Pasa -dijo ella. Mateo entrî y dejî su caja de herramientas en el suelo. -Carmen me ha dicho que acabas de llegar. Luc?a cerrî la puerta. -?Carmen tambiån te ha contado quå he desayunado? Mateo la mirî. -No. Luc?a respirî. -Todav?a. Mateo sonriî por primera vez. -Dale tiempo. Luc?a decidiî inmediatamente que aquel hombre entend?a perfectamente cîmo funcionaba Valdemora. -La electricidad de la planta baja ha dejado de funcionar -explicî-. Bueno, algunas cosas funcionan y otras no. -?Quå pasî antes? Luc?a guardî silencio. Mateo esperî. -Cambiå una bombilla. -?Solo eso? -Tåcnicamente, todav?a no lleguå a cambiarla. Mateo mirî la làmpara. Despuås mirî la silla debajo de ella. Despuås a Luc?a. -?Quå hiciste? -Nada grave. -Eso no responde a mi pregunta. -Intentå quitar la pantalla. -?Y? -Se cayî. -?La làmpara? -Yo. Mateo bajî la mirada hacia sus botas durante un segundo. Luc?a entrecerrî los ojos. -?Te estàs riendo? -No. -S?. -Estoy trabajando. -Todav?a no has empezado. -Entonces estoy preparàndome mentalmente. Luc?a cruzî los brazos. -Muy profesional. Mateo abriî la caja y sacî varias herramientas. -Primero voy a comprobar el cuadro elåctrico. -Està all?. Luc?a se?alî una peque?a puerta junto a la entrada. Mateo la abriî. -Esto es antiguo. -La casa tambiån. -?Sabes cuàndo cambiaron la instalaciîn por ?ltima vez? -No. -?Tienes los documentos? -S?. -?Sabes dînde? Luc?a pensî en las seis cajas. -Màs o menos. Mateo levantî una ceja. -Eso significa que no. -Significa que estàn en una caja perfectamente identificada. -?Cuàl? -«Documentos». -Eso es sorprendentemente lîgico. -Gracias. Estoy creciendo como persona. Mientras Mateo comprobaba el cuadro, Luc?a fue a buscar la caja. Volviî con una carpeta. -Aqu?. Mateo revisî algunos papeles. -Hace bastante tiempo. -?Cuànto es «bastante»? -La instalaciîn necesita una revisiîn completa. Luc?a mirî la lista de reparaciones. -?Es caro? Mateo volviî a mirar los papeles. -Depende. -Odio esa palabra. -Primero tengo que ver quå està roto y quå todav?a funciona. -Tengo una lista. Le ense?î la libreta. Mateo leyî los primeros puntos. -«Ducha. Luz. Ventana. Mucho.» -«Mucho» es una categor?a tåcnica. -Ya veo. Empezaron por la cocina. Mateo comprobî la làmpara y despuås uno de los enchufes. -No uses este. -?Por quå? -Porque està roto. Luc?a dio un paso atràs. -He usado la cafetera ah? esta ma?ana. Mateo la mirî. -No lo hagas otra vez. -Entendido. Sacî un peque?o aparato de su caja. Luc?a observî cîmo trabajaba. -?Quå es eso? -Un comprobador. -?Y quå comprueba? Mateo la mirî. -La electricidad. -Muy descriptivo. -Intento no complicar las cosas. -Quå forma tan diferente de vivir. Mateo revisî otro enchufe. -Este està bien. -?Uno! -No celebres todav?a. Luc?a lo se?alî. -Eso mismo he escrito hoy. -?En serio? Le ense?î el punto 27. Mateo lo leyî. -?Quå pasî? Luc?a se?alî la puerta del jard?n. -La arreglå. Mateo abriî la puerta. Silencio. -No hace ruido. -Exacto. Intentî cerrarla. El pomo quedî en su mano. Mateo mirî el pomo. Luc?a se volviî hacia Mateo. -Es una victoria parcial. Mateo empezî a re?rse. Esta vez ni siquiera intentî ocultarlo. -Puedo arreglarlo luego -dijo ål. -No. Eso lo puedo hacer yo. Mateo dejî de re?r. -?Seguro? -S?. -Vale. Su respuesta fue demasiado ràpida. -No conf?as en m?. -No te conozco. -Exacto. -Pero he visto la puerta. Luc?a abriî la boca. La cerrî. -Punto para ti. Mateo volviî a la cocina. -Con la electricidad, s? tienes que tener cuidado. -Tengo cuidado. Mateo se?alî la pantalla de la làmpara en la silla. -Much?simo. -Fue un accidente. -Claro. -Y no he tocado ning?n cable. -Eso s? me alegra. Despuås de media hora, Mateo hab?a encontrado dos enchufes rotos, una làmpara con un problema y varios cables demasiado antiguos. -?Se puede arreglar? -S?. -?Todo? -La electricidad, s?. -?Y la casa? Mateo mirî alrededor. -No soy mago. Luc?a soltî una carcajada. -Carmen hablî de ti como si lo fueras. -Carmen exagera. -?Carmen? -A veces. -No me lo creo. Mateo guardî un destornillador y sacî otro. -Voy a cambiar este enchufe hoy. El resto necesita màs tiempo. -?Cuànto? -Unos d?as para revisar todo y hacerte un presupuesto. Luc?a asintiî. Eso sonaba razonable. Mientras Mateo trabajaba, Luc?a oyî un sonido en el ba?o. Ploc. Ploc. Ploc. -Un momento. Entrî. La toalla debajo de la tuber?a estaba mojada. -Mateo. -?S?? -Pregunta hipotåtica. -Eso nunca empieza bien. -Si una tuber?a està mojada... Mateo apareciî en la puerta. Mirî el lavabo. -Eso no es hipotåtico. -Vale. Pregunta real. Se agachî. -Està goteando. -Ya lo hab?a notado. -?Desde cuàndo? -Desde esta ma?ana. Mateo levantî la cabeza. -?Y quå hiciste? Luc?a se?alî la toalla. -Soluciîn temporal. -Eso no es una soluciîn. -La palabra importante es «temporal». Mateo tocî la tuber?a. -Necesitas un fontanero. Luc?a a?adiî otro punto a su lista. 28. Fontanero. -?Conoces uno? -S?. -?Carmen tambiån? -Carmen conoce a todo el mundo. -Eso me da miedo. -Te acostumbraràs. Mateo se levantî. -Mientras tanto, ten cuidado y no guardes nada debajo del lavabo. -?Puedes encargarte de llamar al fontanero? -S?, si quieres. -Por favor. -Se llama Andrås. Luc?a escribiî: 29. Andrås - tuber?a. Mateo mirî la lista. -?Siempre haces listas? -Solo cuando mi vida està fuera de control. -Entonces esta es bastante larga. -Exactamente. Volvieron a la cocina. Mateo terminî de cambiar el enchufe y despuås reparî la làmpara. -Prueba. Luc?a pulsî el interruptor. La luz se encendiî. -?Funciona! -S?. -?Puedo celebrar esto? -Con moderaciîn. Luc?a encendiî y apagî la luz dos veces. -Mira. Luz. -Conozco el concepto. -Llevo casi un d?a sin ella en esta habitaciîn. Ahora la respeto màs. Mateo recogiî sus herramientas. -Ma?ana puedo volver para seguir comprobando la instalaciîn. -Perfecto. -Y no toques nada. Luc?a puso cara de inocencia. -?Yo? Mateo mirî hacia la puerta sin pomo. -Especialmente t?. -Quå poca confianza. -Luc?a. -Vale. No tocarå nada elåctrico. Mateo se quedî quieto. -Nada. -Eso es demasiado general. -Nada que pueda romperse. A su alrededor, todo segu?a igual. -Eso incluye toda la casa. -Exactamente. Ella se rio. Mateo cogiî la caja de herramientas. Antes de salir, se?alî la libreta. -A?ade otra cosa. -?Quå? -La ventana del salîn. No cierra bien. Luc?a lo mirî. -?Cîmo lo sabes? -La he visto al entrar. Escribiî: 30. Ventana salîn. -Te odio un poco. -Nos conocemos desde hace una hora. -Has sido muy eficiente. Mateo abriî la puerta principal. -Hasta ma?ana. -Hasta ma?ana. -Y llama si hay una aver?a seria. -?Cîmo så si es seria? Mateo pensî un segundo. -Si ves humo, agua donde no deber?a haber agua o algo deja de funcionar de repente. Pasî el dedo por la lista. -Eso describe aproximadamente mi d?a. Mateo sonriî. -Entonces llama. Saliî. Luc?a cerrî la puerta y se apoyî contra ella. La casa estaba en silencio. Luego oyî: Ploc. Ploc. La tuber?a. ?ic. La puerta del jard?n, ahora sin pomo. Criiic. La escalera. Luc?a levantî la vista. -Aqu? no funciona nada. Su mîvil vibrî. Sara. «?Cîmo va la casa de tus sue?os?» Luc?a hizo una foto de la lista con treinta puntos. Sara respondiî: «JAJAJAJAJA.» Luc?a: «No veo quå tiene de gracioso.» Sara: «Punto 27: NO CELEBRAR DEMASIADO PRONTO.» Luc?a: «He aprendido mucho.» Sara: «?Y el electricista?» Luc?a frunciî el ce?o. «?Cîmo sabes que ha venido un electricista?» La respuesta tardî cinco segundos. «Tu madre.» Luc?a llamî inmediatamente a su madre. -Mamà. -Hola, cari?o. -?Cîmo sabes lo de Mateo? Silencio. -Carmen me ha escrito. Luc?a cerrî los ojos. -?T? tambiån tienes el n?mero de Carmen? -Claro. Luc?a se acercî a la ventana. Al otro lado de la calle, Carmen estaba regando flores. Como si sintiera que alguien la observaba, levantî la cabeza. Saludî. Luc?a saludî lentamente. -Esto es una conspiraciîn. -?Quå dices? -preguntî su madre. -Nada. -?Mateo ha podido arreglar la luz? -S?. -?Y t? has tocado algo? Se fijî en la puerta sin pomo. -Nada elåctrico. -Luc?a. -Tengo que irme. Te quiero. Terminî la llamada antes de que empezara el interrogatorio. Fue a la cocina y preparî cafå. Ahora pod?a encender la luz. Peque?as victorias. Se sentî junto a la ventana con su libreta. Treinta puntos. Algunos eran peque?os. Otros pod?an costar mucho dinero. La casa ten?a aver?as, cosas rotas, una tuber?a que goteaba y demasiados enchufes que necesitaban atenciîn. Pero por primera vez desde que hab?a llegado, Luc?a no sintiî miedo. Los problemas ten?an nombres. Y algunos ten?an soluciones. Electricidad: Mateo. Tuber?a: Andrås. Puerta: probablemente Mateo, aunque Luc?a todav?a quer?a demostrar que pod?a arreglarla sola. Cogiî el destornillador que hab?a dejado sobre la mesa. Lo mirî. Mateo hab?a dicho que no tocara nada. Pero la puerta no era elåctrica. Tåcnicamente. Luc?a caminî hacia el jard?n. Se agachî junto al pomo. -Solo voy a comprobar una cosa. Desde el otro lado de la verja, la cabra la observî. Luc?a se?alî al animal con el destornillador. -Ni una palabra. Meeee. -Traiciîn. Diez minutos despuås, el pomo segu?a sin estar colocado y Luc?a ten?a un tornillo de màs. Mirî el tornillo. -?De dînde has salido t?? El mîvil vibrî. Un mensaje de Mateo: «Una cosa màs: no intentes arreglar la puerta.» Luc?a se quedî inmîvil. Mirî hacia la calle. No hab?a nadie. Mirî la ventana de Carmen. La cortina se moviî. Luc?a escribiî: «Demasiado tarde.» Mateo respondiî: «?Quå has hecho?» Luc?a mirî el pomo, el destornillador y el tornillo misterioso. «Nada.» Tres puntos aparecieron en la pantalla. «Luc?a.» Ella sonriî. «Hasta ma?ana, Mateo.» Guardî el mîvil. La casa necesitaba reparaciones. Muchas. Pero Valdemora empezaba a resultar bastante entretenido. Ejercicios de vocabulario 1. Relaciona. 1. arreglar 2. una aver?a 3. gotear 4. un enchufe 5. una herramienta 6. una tuber?a 7. comprobar 8. tener cuidado a. revisar si algo està bien o funciona b. objeto que usamos para hacer o reparar algo c. problema o fallo en una màquina o instalaciîn d. reparar algo que no funciona e. pieza de la pared donde conectamos aparatos elåctricos f. dejar caer l?quido poco a poco g. actuar con atenciîn para evitar un problema h. conducto por donde pasa agua u otro l?quido 2. Completa las frases. martillo • destornillador • roto • funcionar • cambiar • hacer ruido • encargarse de • gotear 1. Este grifo no para de __________. Necesitamos un fontanero. 2. La làmpara no puede __________ porque el cable està __________. 3. Necesito un __________ para apretar este tornillo. 4. Para poner un clavo en la pared normalmente usamos un __________. 5. Mateo va a __________ el enchufe antiguo por uno nuevo. 6. La puerta empieza a __________ cada vez que Luc?a la abre. 7. Mateo puede __________ llamar al fontanero. 3. Elige la opciîn correcta. 1. Si algo està roto, normalmente necesitamos arreglarlo / perderlo. 2. Para conectar una cafetera usamos un enchufe / martillo. 3. Una tuber?a normalmente transporta agua / electricidad. 4. Antes de usar una instalaciîn antigua conviene comprobarla / tirarla. 5. Si trabajas con electricidad, debes tener cuidado / hacer ruido. 6. Un destornillador es una aver?a / herramienta. 4. Responde usando el vocabulario. 1. ?Quå cosas sabes arreglar t? solo/a? 2. ?Quå herramientas tienes en casa? 3. ?Quå haces cuando un aparato deja de funcionar? 4. ?Quå aver?as de casa prefieres dejar a un profesional? Respuestas 1. 1-d, 2-c, 3-f, 4-e, 5-b, 6-h, 7-a, 8-g. 2. 1) gotear; 2) funcionar, roto; 3) destornillador; 4) martillo; 5) cambiar; 6) hacer ruido; 7) encargarse de. 3. 1) arreglarlo; 2) enchufe; 3) agua; 4) comprobarla; 5) tener cuidado; 6) herramienta. 4. Respuestas libres. Ejemplos: 1) Så arreglar cosas peque?as, como una puerta. 2) Tengo un martillo y varios destornilladores. 3) Primero compruebo si puedo solucionar el problema. 4) Prefiero dejar las aver?as elåctricas a un profesional. Cap?tulo 5. Mateo, el hombre de la electricidad Electricidad • aparatos • problemas domåsticos Vocabulario clave encender - âêëþ÷àòü, çàæèãàòü apagar - âûêëþ÷àòü, ãàñèòü la corriente - ýëåêòðè÷åñêèé òîê / ýëåêòðè÷åñòâî un cable - ïðîâîä, êàáåëü una bombilla - ëàìïî÷êà un interruptor - âûêëþ÷àòåëü un cuadro elåctrico - ýëåêòðîùèò un fusible - ïðåäîõðàíèòåëü un aparato elåctrico - ýëåêòðîïðèáîð estar enchufado/a - áûòü ïîäêëþ÷¸ííûì ê ðîçåòêå desenchufar - îòêëþ÷àòü îò ðîçåòêè gastar electricidad - ðàñõîäîâàòü ýëåêòðè÷åñòâî un cortocircuito - êîðîòêîå çàìûêàíèå quedarse sin luz - îñòàòüñÿ áåç ñâåòà dar calambre - óäàðèòü òîêîì Mateo, el hombre de la electricidad Cuando volviî la electricidad, la cocina se llenî del sonido de la cafetera. El primer olor a cafå caliente hizo que la casa pareciera un poco menos extra?a. A las nueve y tres de la ma?ana, Luc?a estaba delante de la cafetera. Pulsî el botîn. Nada. Lo pulsî otra vez. Nada. -No. Mirî el cable. La cafetera estaba enchufada. Probî el interruptor de la cocina. La làmpara se encendiî. -Tenemos luz. T? tienes electricidad. ?Cuàl es tu problema? La cafetera guardî silencio. Luc?a la desenchufî, esperî cinco segundos y volviî a conectarla. Nada. -No puedes abandonarme ahora. Eres el ?nico aparato elåctrico de esta casa en el que conf?o. Cogiî el mîvil para buscar una soluciîn. Antes de escribir nada, oyî una furgoneta fuera. Se acercî a la ventana. Una furgoneta blanca acababa de parar delante de la casa. En un lateral dec?a: MATEO ELECTRICIDAD Luc?a mirî la cafetera. -Ha llegado tu mådico. Mateo bajî de la furgoneta con una caja de herramientas y otra caja màs peque?a. Luc?a abriî la puerta antes de que llamara. -Buenos d?as. -Buenos d?as. -Tenemos una emergencia. Mateo mirî la casa. -?Humo? -Peor. -?Agua? -La cafetera no funciona. Mateo la mirî durante dos segundos. -Voy a intentar mantener la calma. Entraron en la cocina. Mateo dejî las herramientas en el suelo. -?Quå ha pasado? -Ayer funcionaba. Hoy no. -?Has tocado algo? Luc?a puso una mano sobre el pecho. -Me ofende que esa sea tu primera pregunta. -?Has tocado algo? -No. Mateo esperî. -Bueno, he encendido la luz. -Eso està permitido. -Gracias. Mateo mirî la cafetera. -?Està enchufada? Luc?a se?alî el cable. -S?. -?Has probado otro enchufe? Luc?a guardî silencio. -No. Mateo conectî la cafetera a otro enchufe. La màquina se encendiî. Luc?a la mirî. Despuås mirî a Mateo. -No me gusta esta soluciîn. -El enchufe tiene un problema -dijo Mateo. -Prefiero pensar que la cafetera estaba enfadada. -Eso ser?a màs caro. Mateo abriî la caja de herramientas. -Hoy voy a revisar toda la instalaciîn de la planta baja. -Perfecto. -Y t? no vas a tocar nada. -Ya hemos hablado de esto. -Y ayer terminaste con un tornillo de màs. Luc?a lo mirî. -?Cîmo sabes lo del tornillo? Mateo sonriî. -Carmen. -Esa mujer necesita un hobby. -T? eres su hobby esta semana. Luc?a abriî la boca. Despuås empezî a re?rse. -Eso es terrible. -Pero probablemente cierto. Mateo fue hasta el cuadro elåctrico. Luc?a lo siguiî. -?Quå haces? -Voy a cortar la corriente. -?Toda? -S?. -?Durante cuànto tiempo? -Un rato. Luc?a mirî la cafetera, que acababa de empezar a preparar cafå. -Espera. Mateo levantî una ceja. Luc?a puso una taza debajo de la màquina. -Ahora. Mateo apagî la electricidad. La cafetera se detuvo a mitad. Luc?a mirî la taza. Hab?a aproximadamente dos cent?metros de cafå. -Mateo. -?S?? -Dijiste que esperabas. -Esperå. -Eso no es un cafå. -Tåcnicamente s?. -Tåcnicamente somos enemigos. Mateo abriî el cuadro elåctrico. -Tienes fusibles antiguos. -?Eso es malo? -No necesariamente, pero hay que revisarlos. Sacî una linterna. Luc?a observî. -?Y si un fusible està mal? -Lo cambiamos. -?Y si todos estàn mal? -Los cambiamos todos. -?Y si toda la casa està mal? Mateo girî la cabeza. -?Quieres que responda como electricista o como persona? -Como persona. -Vendes la casa y huyes. Luc?a se rio. -Mi madre estar?a encantada. Mateo volviî al cuadro. -Como electricista, casi todo tiene soluciîn. Luc?a se apoyî en la pared. -?Siempre quisiste ser electricista? Mateo la mirî brevemente. -No. -?Quå quer?as ser? -Futbolista. -Claro. -Ten?a nueve a?os. -Eso mejora la respuesta. -Despuås quer?a trabajar con coches. -?Y acabaste con cables? -Mi t?o era electricista. Empecå a ayudarle los veranos. Me gustî. Luc?a se?alî el cuadro elåctrico. -?Te gusta esto? -S?. -?De verdad? -S?. Luc?a parec?a sinceramente sorprendida. Mateo sonriî. -Hay gente a la que le gusta su trabajo. -He o?do hablar de ellos. Pensaba que eran una leyenda. Mateo terminî de revisar el cuadro y volviî a encender la corriente. -Prueba la luz del salîn. Luc?a pulsî el interruptor. La làmpara se encendiî. -Bien. -Ahora apàgala. Luc?a la apagî. -Esto parece un examen muy fàcil. -Espera. Fueron al comedor. Mateo revisî varios cables y enchufes. Despuås se?alî una làmpara. -Esa bombilla està fundida. -Eso s? så arreglarlo. -Cambiar una bombilla. -Exacto. -?Quieres una medalla? -Despuås de estos dos d?as, s?. Mateo le dio una bombilla nueva. -Adelante. Luc?a colocî una silla debajo de la làmpara. Mateo la mirî. -?Esa es la misma silla de ayer? -S?. -La que se mueve. Luc?a bajî. -Quå memoria. Cogiî otra. Subiî y empezî a cambiar la bombilla. -Ten cuidado -dijo Mateo. -Så cambiar una bombilla. -No he dicho que no sepas. -Lo has pensado. -Estoy pensando muchas cosas. Luc?a terminî y bajî. -Ya està. Pulsî el interruptor. La luz se encendiî. Luc?a levantî los brazos. -?Victoria! Mateo mirî la làmpara. -S?. Has cambiado una bombilla. -Dåjame disfrutar. Continuaron por la casa. Mateo explicî que algunos cables eran demasiado viejos y que ser?a mejor cambiarlos. -?Hay peligro de cortocircuito? -preguntî Luc?a. -En algunos puntos, podr?a haberlo. -?Y quå pasa si hay un cortocircuito? -Puede saltar un fusible y puedes quedarte sin luz. -Eso ya lo he hecho sin ayuda. -Lo så. -?Carmen? -No. T? me escribiste. No respondiî enseguida. -Ah. Cierto. Mateo se?alî un enchufe. -No conectes muchos aparatos elåctricos al mismo enchufe. -?Por quå? -Porque puede calentarse demasiado. -Entendido. Luc?a lo escribiî en la libreta. -?Tambiån apuntas mis instrucciones? -Apunto todo. -?Por quå? -Porque mi cerebro ha decidido tomarse unas vacaciones. Mateo mirî la lista. -«No usar enchufe cocina. No tocar cables. Comprar bombillas. No morir.» -El ?ltimo es un objetivo general. -Me parece razonable. Luc?a a?adiî: «No conectar demasiados aparatos.» -?Algo màs? -S?. Si un aparato no funciona, primero comprueba si està enchufado. Luc?a levantî la vista. -Eso ha sido personal. -Ha sido educativo. -Mi cafetera estaba enchufada. -En un enchufe roto. -Detalles. Mateo negî con la cabeza, sonriendo. A media ma?ana empezî a llover. No era una tormenta. Solo una lluvia fina y tranquila que golpeaba las ventanas. Luc?a preparî dos cafås. -?Tomas cafå? -S?. -Bien. Necesito demostrar que mi cafetera sirve para algo. Mateo aceptî la taza. Se sentaron en la cocina mientras fuera las hojas se mov?an con el viento. -?Siempre llueve tanto aqu?? -preguntî Luc?a. -En oto?o, bastante. -Mi techo tiene una mancha. -La vi. -?T? ves todos los problemas de mi casa sin que te los ense?e? -Es una habilidad profesional. -Muy incîmoda. Mateo bebiî cafå. -Tambiån he visto la ventana del dormitorio. -No quiero saberlo. Durante unos minutos hablaron de la casa. Mateo conoc?a a la antigua propietaria. -Pilar hac?a unas galletas incre?bles -dijo. Luc?a levantî la vista. -Carmen dijo que cocinaba bien. -Todo el pueblo lo sab?a. -Naturalmente. Todo el pueblo sabe todo. -Eso tambiån. -He encontrado cosas suyas en la cocina. -Seguro. Viviî aqu? muchos a?os. Luc?a mirî el horno antiguo. -?Ese horno funciona? Mateo siguiî su mirada. -No så. -?Puedes comprobarlo? -Es elåctrico. -Entonces eres oficialmente el hombre de la electricidad. Mateo casi se atragantî con el cafå. -Por favor, no me llames as?. -Demasiado tarde. Mateo se levantî y examinî el horno. -Primero hay que desenchufarlo. -?Por quå? -Porque voy a mirar el cable. -Ah. Mateo lo desenchufî y moviî el horno ligeramente. -El cable parece bien. -?Eso significa que funciona? -No. -?Puedes decir alguna vez algo completamente positivo? -S?. -Dime algo positivo. Mateo mirî el horno. -Es bonito. Luc?a lo se?alî. -Eso no cuenta. -La cocina es grande. -Estamos hablando del horno. -Tiene una puerta. Luc?a empezî a re?rse. -Eres terrible dando buenas noticias. Mateo volviî a enchufar el horno. Girî un botîn. Nada. Otro. Se encendiî una peque?a luz naranja. -?Està vivo! -dijo Luc?a. -Parece. El horno empezî a calentarse. -?Cuànto gasta de electricidad? -Probablemente bastante. Es antiguo. -?Màs que uno nuevo? -S?. -Entonces alg?n d?a tendrå que cambiarlo. Luc?a dijo la frase y se quedî pensando. «Alg?n d?a». No «antes de vender la casa». Mateo no pareciî notarlo. O quizà s?. -Primero comprueba si te gusta cocinar con ål -dijo. -No cocino mucho. -Entonces no necesitas un horno nuevo. -Quå lîgico eres. -Intento. Un sonido seco llegî del pasillo. CLAC. Todas las luces se apagaron. Luc?a dejî la taza. -Yo no he hecho nada. -No he dicho nada. -Pero lo estabas pensando. Mateo fue al cuadro elåctrico. -Ha saltado un fusible. -?Por el horno? -Probablemente. Luc?a mirî el aparato. -Traidor. Mateo cambiî el fusible y volviî a encender la corriente. -El horno necesita una revisiîn antes de usarlo. Luc?a escribiî: «NO USAR HORNO.» -Mi lista se està convirtiendo en un libro. -Puedes publicarla. -T?tulo: Cosas que no funcionan en mi casa. -Va a ser una saga. Despuås Mateo revisî el resto de la instalaciîn. En uno de los dormitorios encontrî un cable extra?o detràs de un mueble. -No lo toques. -No pensaba hacerlo. -Bien. -?Puede dar calambre? -S?. Luc?a dio dos pasos atràs. -Ahora estamos de acuerdo. Mateo desenchufî una làmpara vieja y retirî el cable. -?Alguna vez te ha dado calambre trabajando? -S?. -?Mucho? -Alguna vez. -?Y sigues haciendo esto? -Con màs cuidado. Luc?a lo mirî. -Eso no me tranquiliza. Êîíåö îçíàêîìèòåëüíîãî ôðàãìåíòà. Òåêñò ïðåäîñòàâëåí ÎÎÎ «Ëèòðåñ». Ïðî÷èòàéòå ýòó êíèãó öåëèêîì, êóïèâ ïîëíóþ ëåãàëüíóþ âåðñèþ (https://www.litres.ru/book/raznoe/septiembre-en-valdemora-74359749/) íà Ëèòðåñ. Áåçîïàñíî îïëàòèòü êíèãó ìîæíî áàíêîâñêîé êàðòîé Visa, MasterCard, Maestro, ñî ñ÷åòà ìîáèëüíîãî òåëåôîíà, ñ ïëàòåæíîãî òåðìèíàëà, â ñàëîíå ÌÒÑ èëè Ñâÿçíîé, ÷åðåç PayPal, WebMoney, ßíäåêñ.Äåíüãè, QIWI Êîøåëåê, áîíóñíûìè êàðòàìè èëè äðóãèì óäîáíûì Âàì ñïîñîáîì.