Un Bol?var en tiempos de crisis
Jose Bermudez


En tiempos de incertidumbre, las palabras del Libertador vuelven a resonar con fuerza.

Un Bol?var en tiempos de crisis es un viaje ?ntimo y reflexivo donde la voz de Simn Bol?var dialoga con nuestra realidad actual. A travs de conversaciones imaginarias y citas histricas, el lector descubre la vigencia de sus ideales y las tensiones entre la esperanza y la desilusin que a?n marcan a nuestros pueblos.

Con un estilo narrativo que mezcla historia, filosof?a y compromiso social, este libro invita a pensar el presente desde la memoria del pasado. Bol?var no aparece aqu? como estatua lejana, sino como conciencia viva que interpela nuestras crisis pol?ticas, econmicas y humanas.

Una obra que combina profundidad y claridad, destinada a lectores interesados en la historia latinoamericana, la pol?tica contempornea y la b?squeda de respuestas en medio de la adversidad.





Jose Bermudez

Un Bol?var en tiempos de crisis







Crnica existencial y social de un venezolano com?n





 2025 Jos Berm?dez

Registro Safe Creative N?: 2508182818607

Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ning?n medio, ya sea electrnico, mecnico, fotocopia, grabacin o cualquier otro, sin el permiso previo y por escrito del autor.

Primera edicin: 2025

Primera edicin digital  Versin 3.7

Caracas  Venezuela; Taganrog  Federacin de Rusia.

Dise?o de portada: Jos Berm?dez, Mar?a Berm?dez.

Correccin y edicin: Jos Berm?dez, en colaboracin: Mar?a Berm?dez y Geomar DLeon.

Este libro contiene relatos basados en hechos ocurridos, narrados desde la vivencia personal del autor. Algunas figuras p?blicas y otros actores de la vida pol?tica y social venezolana son mencionadas en el contexto de anlisis histrico y social. El resto de los personajes y situaciones han sido modificados o recreados con fines literarios, de modo que cualquier coincidencia con personas reales es casual. Las opiniones y reflexiones expresadas pertenecen exclusivamente al autor.






Dedicatoria


Comienzo honrando a mis padres: al, cuya imagen y legado siguen guiando mis pasos; ya ella, luchadora incansable, ejemplo de coraje y ra?z de mi vida. A ambos debo los valores que me sostienen y la fuerza que me acompa?a.

Con el mismo amor, dedico este libro a mis hijos, quienes merecen una patria justa, libre y digna, y que con su esfuerzo habrn de conquistarla. En ellos descubr? un pr?ncipe heroico, confidente y compa?ero, y una princesa luminosa cuya ternura encarna el amor ms sagrado que he podido sentir. Ellos son mi legado, mi esperanza y mi orgullo.

La dedicatoria ms especial, a mi esposa: con toda ternura, amor y pasin; compa?era de cada jornada, cmplice silenciosa de mis sue?os, mis fracasos y mis logros; refugio en mis cansancios y llama en mis anhelos. Nuestro amor, probado por el tiempo y las dificultades, permanece inquebrantable como los amores eternos. A ella, mi Dulcinea, que sabe dar sentido a cada pgina de mi vida.

Extiendo tambin estas dedicatorias a mi muy querida y benemrita Guardia Nacional, donde transcurrieron cuatro dcadas de sacrificios y satisfacciones que dejaron en m? una huella imborrable, guardada con honor y gratitud.

A la amistad, ese tesoro invaluable que me ha acompa?ado en alegr?as y pruebas, y que en mi corazn tiene un templo sagrado donde permanecer por siempre. A todos mis amigos, ?gracias! Ustedes estn siempre en mis oraciones.

Y, finalmente, a la patria grande de Bol?var y a mi patria Venezuela, porque todo lo escrito en estas pginas no es ms que un intento de honrarlas.






Prlogo


En tiempos de crisis y desasosiego, cuando las certezas parecen derrumbarse y las palabras pierden fuerza frente a la crudeza de los hechos, surge la necesidad de volver la mirada hacia la historia. No como un simple ejercicio de memoria, sino como una b?squeda de sentido en medio del caos.

Este libro nace de un lamento del autor al reflexionar a?os atrs sobre la devaluacin de la moneda que lleva el nombre de Simn Bol?var, al tiempo que se detuvo a pensar sobre la prdida de valores que este hroe americano quiso dejar en su legado; ysobre la necesidad de compartir esas reflexiones con muchos otros.

No es una novela ni un ensayo en el sentido acadmico del trmino. Es una crnica reflexiva; un recorrido que enlaza la experiencia personal con los ecos de un pasado que se resiste a morir.

En estas pginas, el lector hallar no slo la evocacin de un personaje que marc un continente Simn Bol?var, sino tambin un reflejo que devuelve las preguntas ms urgentes de nuestro tiempo: ?Qu significa la libertad cuando todo parece perdido? ?Qu lugar ocupa la esperanza cuando la realidad insiste en imponerse con violencia? ?Qu puede hacer un hombre com?n ante las adversidades de nuestros tiempos? ?Qu hubiera hecho Bol?var?

El libro naci como se gestan muchas crnicas: de la necesidad de no callar. Escribirlo fue, para el autor, una forma de resistir y, al mismo tiempo, de entender. Porque ser venezolano en tiempos de crisis no es slo cargar con las penurias cotidianas, sino tambin con las preguntas profundas sobre lo que somos, lo que fuimos y lo que podr?amos llegar a ser.

El presente volumen no pretende dar respuestas definitivas. Ms bien, invita a pensar, sentir y dialogar. No necesitamos un Bol?var resucitado. Necesitamos ser todos y cada uno un Bol?var en tiempos de crisis. Cada cap?tulo es una ventana abierta hacia un territorio donde la historia se cruza con la intimidad, y donde lo colectivo y lo individual se funden en una misma voz.

Aqu? no encontrar el lector grandes teor?as pol?ticas ni frmulas mgicas para salir del atolladero. Lo que encontrar son vivencias, reflexiones y escenas de la vida diaria, narradas desde la mirada de un hombre com?n que, como tantos otros, se ha visto obligado a reinventarse entre la esperanza y el desencanto.

Como quien escribe sabe que la memoria tambin se teje de pausas, cada cap?tulo habr de dejar al final un destello: una reflexin breve, casi un eco, que invita a detenerse y pensar antes de pasar la pgina.

El autor ha querido que este relato funcione como un espejo: aveces claro, otras veces distorsionado, pero siempre honesto. Hablan de la patria, de la educacin, de la dignidad, de la fe en que un pa?s puede reconstruirse si se reconoce primero en sus errores. Y aunque es la voz de un venezolano, estas l?neas tambin resonarn en otros rincones de Amrica Latina, y quizs del mundo; donde la historia ha golpeado con ritmos distintos pero con heridas semejantes.

Al lector le corresponde ahora entrar en estas pginas con el nimo dispuesto, no para encontrar certezas, sino para dejarse interpelar. Porque tal vez, en este dilogo entre la memoria y la crisis, podamos descubrir que Bol?var sigue hablndonos, no como estatua de mrmol, sino como presencia viva en nuestras preguntas y en nuestras luchas.

Este es, en el fondo, un testimonio existencial y social: la crnica de alguien que camina entre la memoria y la ilusin, y escribe para no olvidar que, aun en medio de la crisis, siempre queda en pie la posibilidad de so?ar.






I

El espejo terrenal


La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino.

Simn Bol?var

All, en el lugar de la paz y la felicidad perpetuas, donde lo glorioso es lo com?n y el tiempo es eterno pero inexistente; donde la luz no es de sol, mas la claridad perfecta es infinita y sirve tanto para ver como para saber. En el receptculo del amor, en el sitio que no tiene coordenadas posibles en todo el universo y existe en l lo ms maravilloso, cuya descripcin no puede realizarse alcanzando la medida necesaria, sin embargo no puede exagerarse como no lo hiciere el escrito apocal?ptico. All donde los materiales que no conocemos son como oro, jaspe, cristal, zafiro, gata, esmeralda, rub?es, perlas y todo tipo de piedras preciosas.

En ese lugar indescriptible y real, saliendo de las moradas eternas, quien no sabe su nombre y figura, pero s? sabe quin es: Simn Bol?var (Simn Jos Antonio de la Sant?sima Trinidad Bol?var Palacios Ponte y Blanco), el Libertador, fundador de la Gran Colombia y padre de seis naciones, se paseaba entre corredores de luz de oro y jardines paradis?acos.

Existiendo donde la vida es eterna y no puede hacerse rutina alguna, Bol?var, tan terco como siempre, parece haber encontrado una: detenerse frente a un espejo terrenal a contemplar los destinos de su patria, de sus naciones, de su gente.

Las paradas de Bol?var se repet?an; no hab?a per?odos. ?Cmo? Si no hay tiempo. Menos a?n saber la duracin de esas paradas frente a aquel espejo inmenso. ?Cmo saber? Si el tiempo all es eterno. No lloraba ni se entristec?a. ?Cmo podr?a? Si en aquel lugar la paz y la alegr?a son perpetuas. Miraba con detenimiento, sin expresar sentimiento aparente, como en profunda reflexin.

Las paradas de Bol?var no pod?an pasar desapercibidas, tanto por la repeticin como por su duracin nadie sabe cunto duraron ni cuntas fueron. ?Cunto habr?a podido ver? Hasta que alguna vez, un querub?n raudo y veloz se acerc a Bol?var y le habl:

?Don Simn! ?Cmo est usted?

?Qu os puedo decir, querido amigo! Aqu? todos estamos bien, ?qu ms se puede pedir! contest Bol?var, sin desdn, pero como poco interesado en conversar mucho.

?An?mese y hablemos! Usted sabe por lo que pregunto se apresur el querub?n, bordeando a Bol?var para hablarle cerca al o?do.

?De qu me hablis, amigo? contest Bol?var, algo esquivo.

De este espejo y de sus largas paradas aqu?; parece que usted no tuviera otros sitios para reflexionar inquiri el querub?n y prosigui. Aqu? hay mucho que hacer para distraerse, las posibilidades son infinitas: jugar, re?r, disfrutar, en fin, cualquier cosa; pero usted se empe?a en ponerse frente a este espejo para reflexionar.

?Yo no me veo en el espejo! Ms bien veo lo que sucede all abajo; yeso, creo, es lo que me hace reflexionar dijo el Libertador.

El elemento celestial se intrig mucho, pero, disimulando, volvi a preguntar:

?Y qu es lo que ve, don Simn? Si acaso quiere conversar de ello.

Bol?var expandi sus manos, como quien quiere explicar bien:

Yo so? una Colombia unida, ?nica y grande, con una sociedad heredera de todos los bienes comunes y viviendo en perfecta armon?a con el Estado; yeste ?ltimo, como el director de la gestin que logre la mayor suma de felicidad posible para los pueblos. Esto, mi peque?o amigo, lo so? hace tiempo, y me duele en el alma no haberme hecho entender.

?Lamentos aqu?, mi don! interrumpi brevemente el querub?n. Y luego continu Bol?var:

?Perdonadme! Lo llegu a lamentar; inclusive escrib? una carta, por all en el a?o 1815, por peticin de mi amigo Henry Cullen. En ella expres a mis contemporneos la idea de integracin de la Gran Colombia, como yo la entend?a:

una sola nacin con un solo v?nculo que ligue sus partes entre s? y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religin, deber?a, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse Carta de Jamaica, 1815.

Pero mi propia generacin no me entendi. Yo procur establecer el orden y la unin; logr, aunque por poco tiempo, la consolidacin; ycre? ingenuamente que ese ejemplo se repetir?a en el tiempo y con mucha ms amplitud, para que al final se alcanzaran mis sue?os.

?Aunque no se podr quejar usted de lo que pudo lograr, don Simn! intervino el querub?n y prosigui. Hasta donde se sabe, usted, don Simn, le dio la libertad a seis naciones de Hispanoamrica e inspir la liberacin de otras tantas. Adems, de nada vale aqu? quejarse. Por algo est usted aqu? en los cielos. Mas d?game, ?qu es lo que ha visto?

Lo que he visto me confunde comenz a explicar Bol?var, llevndose la mano a la barbilla. Me confunde porque no tengo una nocin clara de cunto tiempo ha pasado, pero a?n no han cesado los partidos y siguen las divisiones, que las iniciativas de unin son timoratas y los imperios contin?an dominando a la Amrica hispana.

?Tanto as?? susurr el querub?n, inclinndose hacia l.

He visto que a?n no ha sido posible la unin de nuestros pueblos, porque climas remotos, situaciones diversas, intereses mezquinos y opuestos, caracteres desemejantes, dividen a nuestra Amrica carta a Patricio Campbell, 1829.

El Libertador hizo una breve pausa, respir hondo y prosigui con un dejo de amargura:

Pude ver, peque?o amigo, que sobrevinieron imperios ms ominosos que el espa?ol, del cual liber a la Amrica; yque nuestras naciones, o al menos sus gobiernos, impotentes, deslumbrados e ignorantes, precisamente por la falta de unin, no slo permiten, sino que incluso algunos apoyan y elogian que ese imperio, desde su parcialidad, domine y subyugue comercial y financieramente a uno de sus pa?ses hermanos.

El peque?o ente celestial interrumpi a Bol?var con un suspiro de frustracin.

?Alcanc a mirar con pesar, mi querido querub?n, que los ciudadanos y autoridades de nuestra Amrica hispana siguen siendo impotentes y nulos! Les advert?a que, si no entraban en cuenta de ello, continuar?an dominados. Siguen abstra?dos, ausentes del universo en cuanto a la ciencia de gobernarse y de desatarse de las cadenas que ahora los atan. Se los dije en Angostura: Uncido el pueblo americano al triple yugo de la ignorancia, de la tiran?a y del vicio, no hemos podido adquirir ni saber, ni poder, ni virtud Discurso de Angostura, 1819.

?Qu duro debe ser para usted ver eso! musit el querub?n, apenas interrumpiendo.

Tambin les advert? sobre los Estados Unidos de Norteamrica; yno han hecho nada para contrarrestarlo. Y veo que ese imperio nefasto, tiene plagada a la Amrica hispana de miserias y pobreza; ytodo alcanzado como lo dije, ms por el enga?o que por la fuerza que ostenta dicha potencia; sin percatarse pues, tanto los pueblos como sus gobernantes que a quien interesa ms su propia desunin, es precisamente a ese imperio que les domina; yque sin unin nunca podrn salir de esas cadenas.

?Sin embargo no todo debe ser tan malo! Habr aspectos que han cambiado desde el final de su obra advirti el querub?n.

El Libertador inhal un suspiro, como quien carga una pena, antes de asentir con pesar:

?S?! Tambin he visto que en las naciones de la Amrica hispana, divididas incomprensiblemente, creyndose cada una libre, aunque a mi juicio solamente consienten una suerte de coloniaje diferente, cuentan con gobiernos propios en el entendido de que sus gobernantes son connacionales. Tienen constituciones que afirman democracias, y sus habitantes ejercen el voto para elegir a sus autoridades.

Eso explica sus tantos retornos aqu?murmur el querub?n, sorprendido por la crudeza de aquellas palabras, lo mir con cierta inquietud. El Libertador apenas levant la vista hacia l y, tras un suspiro, continu:

?S?! Hay cosas que han cambiado. No obstante sus sistemas de gobierno siguen siendo viciosos, defectuosos y sus ciudadanos, infelices e ignorantes. La intencin de voto tiene dos vertientes, una ms lamentable que la otra: los unos, la mayor?a del pueblo, tan ignorantes que votan sin conciencia y sin saber; los otros, la minor?a pudiente y la clase que domina la pol?tica, tan ambiciosos que ?nicamente buscan sus propios beneficios y engordar sus bolsillos, manipulando todo cuanto les conviene.

Vuelve a suspirar Bol?var frente a la cara impvida del querub?n; yprosigue:

Puedo resumir, mi querido amigo, que entre los asuntos que ms me perturban est la educacin. Aunque llega a casi toda la poblacin, no es popular en la mayor?a de las naciones. Es clasista, discriminatoria y sigue el mismo patrn por siempre. Los esquemas y estructuras no han cambiado con el tiempo, cuando debieron evolucionar con la propia sociedad. Esa estructura parece haber sido concebida, paradjicamente, para que el hombre subyugue al hombre y no para liberarlo.

?Ay! Don Simn, asinti el querub?n y volvi al silencio, como si temiera volver a interrumpirle, y Bol?var continu con vehemencia:

Hay pocos analfabetas; la mayor?a sabe leer, aunque de manera trastocada, pero sigue habiendo ignorantes. Hay inventos, mas son utilizados para alienar y no para educar y hacerse verdaderamente libres. No existe la esclavitud en un sentido estricto, aunque s? en un sentido lato: la alienacin del trabajador y de la clase obrera, la esclavitud del rico para con el pobre. Las riquezas, que deb?an quedar repartidas en equidad conforme al esfuerzo de cada quien, estn en manos de quienes viven de obtener ventajas a travs del enga?o y de una falsa moral que debilita a la sociedad.

El Libertador baj la voz, como si dictara sentencia:

?En fin! Mi obra qued inconclusa, mis sue?os no se realizaron, mi empresa no alcanz los logros que me hab?a planteado.

S que a usted todo esto lo debe tener cuando menos confundido, don Simn acot el elemento celestial.

Bol?var lo mir con un gesto breve, aunque sin responder. Quiso expresar el sentimiento de agobio que sobrepasaba los l?mites de la confusin, la decepcin y la pena.

Ya no le d tantas vueltas al asunto, mi se?or. Deje de pasearse frente al espejo, disfrute aqu? en el cielo; ydeje que all suceda lo que ha de suceder. ?En fin! ?Qu pudiera hacer usted si volviera all y para qu?

?Es que acaso me fuere posible volver, mi querido querub?n? pregunt Bol?var intrigado por la posibilidad.

?Bueno! ?este! ?eh! ?volver? Mire, don Simn, hablamos luego yo le busco tartamude el querub?n al escabullirse.

Estando en el espacio de la luz admirable, donde en gozo absoluto slo pueden estar los santos, ngeles y dems elementos celestiales; aquel querub?n que habl con Bol?var, a quien Dios nombr Seraf?n, se dirigi al creador:

?Mi se?or, tengo algo que decirle!

?Dime, mi peque?o Seraf?n! contest la voz de la luz perpetua.

Estuve conversando un rato con Simn Bol?var. l puede ver en el espejo el presente y el transcurso del tiempo con timidez contaba Seraf?n.

?Tranquilo! muchos otros pueden ver por alg?n tiempo por el espejo, seguro se le pasar como a todos dijo Dios.

?Pero! Bol?var adems puede relacionar pasado y presente, infiriendo y reflexionando sobre ello, muy conscientemente aclar el querub?n.

?Bueno! bien sabes que algunos pueden desarrollar esa facultad. Seguramente se le pasar tambin habl Dios.

?Mi Dios! Adems Bol?var sabe que existe la posibilidad de volver exclam Seraf?n, casi apenado.

En paciencia y sabia respuesta, Dios le dijo:

?Te dije que debes tranquilizarte! Yo s que inocentemente le hiciste saber a Bol?var del asunto. Me encargar y todo resuelto ser.

A pesar de su grandeza, Bol?var cargaba el pesar de su obra inconclusa. Esa herida, ms que pol?tica, era humana: la de todo hombre que, en la soledad del tiempo, se pregunta qu habr?a pasado si






II

Un escenario divino


Quien pierde la fe lo ha perdido todo.



Andrs Eloy Blanco

Desde aquella ocasin en la que habl con Seraf?n, Bol?var no pod?a dejar de pensar en la posibilidad de volver. La idea de corregir los entuertos de su obra lo asaltaba constantemente. Aunque se reconfortaba en las palabras del querub?n sobre sus logros, pensaba que todo pod?a hacerse mejor.

Las visitas de Bol?var al gran espejo se hicieron ms frecuentes, como quien busca en los detalles del tiempo las causas y los efectos. Parec?a estudiar con cautela a los actores de aquel escenario terrenal, como quien elabora un mapa mental de todo lo que observa.

De la posibilidad de volver le surgi a Bol?var un c?mulo de inquietudes e interrogantes; la curiosidad le nublaba la mente y el juicio. No pod?a siquiera imaginar cmo ser?a todo.

Observando el espejo, Bol?var se preguntaba meditabundo:

?Qu debo hacer para volver? ?Me conceder mi Dios tal peticin? ?Quin ha de interceder por m? para lograrlo?.

Sigui reflexionando:

Si tan slo supiera cmo son los manejos en este reino.

Apenas levant la cara, vio el visaje de aquel querub?n que pasaba, y lo detuvo para pedirle:

?Mi querido amigo, por favor, ayudadme!

Seraf?n se detuvo, slo para volver a titubear:

?Mi querido don Simn! ?Este eh! ?Yo en qu puedo ayudarle? ?No me meta en ms problemas, se lo ruego!

Slo quiero saber cmo hago para que mi Dios me conceda volver explic Bol?var, tratando de calmar al ente celestial y conseguir una respuesta antes de que volviera a desaparecer.

?Mire, don Simn! Slo le dir lo que usted sabe; yle har una pregunta: ?quin tiene las llaves del cielo?

Bol?var no titube en responder:

?San Pedro?

?Yo no le he dicho nada! arguy el querub?n en tono cmplice, y se escabull.

Bol?var, quedndose solo, sin darse siquiera cuenta de ello, infiri en voz alta:

?Claro! San Pedro interceder por m? y me ayudar.

Se acerc con bastante timidez hasta los aposentos del pescador de Galilea. Aquel gabinete era imponente, pero a la vez sencillo. En aquel espacio estaba, ce?udo pero tierno a la vez, quien fung?a como una de las tres columnas de la Iglesia de Jerusaln; aquien el propio Se?or Jesucristo confi el ministerio como pr?ncipe de los apstoles y le entreg las llaves del Reino de los Cielos para edificar en l su Iglesia.

?San Pedro, San Pedro! expres Bol?var casi en voz queda.

El rostro ce?udo y barbudo, pero cndido y puro, se volvi hacia l y le dijo:

?Querido m?o! acrcate, ?qu te trae por aqu??

?Mi se?or! he sabido que es posible retornar y quisiera saber si podis ayudarme en este asunto respondi Bol?var.

?Retornar?, querrs decir resucitar; pero ?cmo podr?a yo ayudarte en ello? repuso San Pedro.

?Pues, mi se?or Pedro, sois vos quien tiene las llaves del Cielo, ?verdad?! dijo Bol?var.

?Ah, s?!. Yo tengo las llaves del Cielo, pero slo para abrir las puertas a la entrada; ese es el don que he recibido. Mas la resurreccin es por voluntad de Dios y no m?a explicaba el zelote del Cielo.

?Se?or m?o! ?podr?ais interceder por m? ante Dios? replic Bol?var en tono angustiado.

?Bol?var! deja que sea la voluntad de nuestro Padre celestial y no la m?a ni la vuestra. Ve y habla con nuestro Dios y l te escuchar.

?Mas, mi se?or! ?Cmo har para hablar con nuestro Padre? ?Podr?ais llevarme, al menos, ante mi Dios? insisti Bol?var.

?Bol?var! La palabra del Se?or permanece para siempre; ynuestro Jesucristo nos ha ense?ado cmo llegar a Dios nuestro Padre. Ve y reza a nuestro Se?or y estars en su presencia; no necesitas que yo te lleve a ning?n lado. Aqu?, recuerda, no existe el tiempo ni el espacio. ?Si es la voluntad de Dios, ya est resuelto

Bol?var, menos confundido que antes, se sent nuevamente frente al gran espejo, cerr sus ojos y se concentr en oracin. Quizs recordando aquel evento, en vida, frente al Papa P?o VII en Roma, lentamente se arrodill y expres en lo ms ?ntimo:

?Mi Se?or todopoderoso! he aqu? vuestro siervo Simn. Os pido humildemente que me permitis volver para culminar mi obra. ?Mi adorado y compasivo Dios! Concededme nuevamente la suerte de quebrantar las cadenas que confinan a mi querida Amrica. Dadme, mi Se?or, la dicha de ser el instrumento del cual os valgis para intentar acabar con las aflicciones de mi pueblo.

De pronto fue interrumpido por una voz: la voz del que es. Una voz como terremoto y fuego, pero tambin como el susurro de una brisa apacible; poderosa y majestuosa, que rompe los cedros; como el sonido de muchas aguas y de trompetas resplandecientes de gloria.

?Bol?var! He escuchado vuestras plegarias.

Bol?var abri los ojos y no estaba frente al espejo: sino en la presencia de aquel cuya voz nadie ha o?do jams, ni cuya apariencia ha visto. Una nube luminosa lo cubr?a, y todo estaba lleno del Esp?ritu Santo, en un espacio indescriptible: no material, pero real; manifestado por signos sensibles, espiritual y envuelto en un amor que vivifica.

Aquel espacio no ten?a bordes; brillaba como la luz de velas blancas. Una esencia incorprea y divina lo cubr?a todo, como en oro fino y lustroso. Y all?, sobre el arca del testimonio, entre dos querubines, estaba el que es: sin tiempo y sin espacio, con pies semejantes al bronce bru?ido refulgente en el horno.

A?n atnito, Bol?var fue interrumpido nuevamente por aquella voz:

?Bol?var! Subid ac y os mostrar las cosas que deben suceder despus de estas.

?Mi Se?or todopoderoso, he aqu? vuestro siervo Simn! ?Me ser permitido volver? pregunt Bol?var con timidez.

?Bol?var! os he dicho que he de mostrar las cosas que deben suceder. Resuelto est que has de ser resucitado contest la voz del que es.

?Mi Se?or todopoderoso! vuestro siervo Simn agradece la oportunidad y jura que no volver a cometer los mismos yerros coment Bol?var, con algo de entusiasmo y presuncin.

La voz del que es se extendi para explicar:

?Hijo m?o! ya estis pecando antes de ser resucitado. Yo s de mis hijos que son imperfectos, mas no dejo de amarlos por ello. No requiero que no erris, mas aprender de vuestros errores deberis. S que estis confundido, y he de explicaros cmo ha de ser vuestra resurreccin, pues no ha de ser ni fcil ni igual.

?Se?or m?o, que sea vuestra voluntad y no la m?a! Entiendo que no ha de ser fcil, pero ?cun diferente ser? A?n no logro comprenderlo del todo.

?Bol?var! Algo se os quitar por algo; ypor algo se os dar. Mas Simn Bol?var de nombre no llevaris aclar con voz resolutoria el que es.

?Mi Se?or, que sea vuestra voluntad y no la m?a! Mas sin mi nombre, ?podr al menos contar con las riquezas con que nac??, pues pienso empe?arlas en mi lucha y campa?a. Y aunque nunca me acomplej por mi estatura f?sica, ?podr al menos contar con una altura promedio? arguy Bol?var, cual negociador y diplomtico.

?Bol?var! vuestro Se?or ha visto con buenos ojos vuestra obra y el abandono de vuestras riquezas por el bien de los dems. Mas os digo: no necesitis ser rico ni altivo, ni poner la confianza en las riquezas inciertas como son, sino en el Dios vivo, que da todas las cosas en abundancia para que las disfrutis y empleis como mejor creis.

Los recursos materiales que precisis para obrar en bien de todos debern surgir de todos, y as? vuestros nuevos contemporneos apreciarn lo que no apreciaron los de vuestra vida anterior.

Siguiendo en las explicaciones, la voz del que es continu:

En cuanto a vuestra estatura y cualquier condicin f?sica que poseis, no est en vuestro Se?or y Dios, sino en los padres que han de daros vida y sustento en vuestra ni?ez. En consecuencia vuestro Se?or ha resuelto daros, en vez de riquezas, sabidur?a; yen vez de estatura, buenos padres.

?Mi Se?or, que sea vuestra voluntad y no la m?a! S que mi suerte y mi obra tuvieron mucho que ver con la educacin que recib?. Por ello os suplico una buena educacin familiar y formal en esta nueva ocasin.

?Bol?var! vuestro Dios ha escogido para vos las mejores virtudes. Mas la suerte de lo que ha de suceder en la tierra con vuestra persona corresponde al libre albedr?o vuestro y de los vuestros, y no a vuestro Se?or Dios. Por lo tanto vuestro Se?or ha resuelto daros, en vez de educacin, inteligencia.

?Se?or m?o, que sea vuestra voluntad y no la m?a! Con fe espero que me otorguis las virtudes que sean ?tiles a mi fin. ?En vos conf?o, Dios m?o! dijo Bol?var sin pronunciar voz alguna.

?Bol?var, hijo m?o! Vuestro Se?or ve con buenos ojos que ya eres sabio al confiar en vuestro Dios; adems humilde y manso ante l.

Bol?var, sobrecogido, baj la cabeza en silencio. Un estremecimiento recorri su ser, pues comprend?a que aquellas palabras no eran slo consuelo, sino anuncio de una transformacin irrevocable. En lo profundo de su alma ard?a la certeza de que el destino que aguardaba no le pertenec?a, sino que ser?a moldeado por la voluntad divina. Al tiempo que la voz resolutoria del creador se pronunci:

Vuestra conciencia y lo que sois quedar en vuestro ente. No seris ms Simn Bol?var. Y os forjar con voluntad de hierro y acero, para que vuestra obra sea obra de Dios. ?Que as? sea!

El 26 de mayo de 1981, en una de las salas de parto del Hospital Jos Mar?a Vargas de la localidad de Cagua, Estado Aragua, de la Rep?blica de Venezuela, a las 5:43 p.m., naci Pedro Jos Prez Gonzlez (Un Bol?var en tiempos de crisis), tal como ser?a presentado una semana despus en la prefectura del municipio Bol?var de ese Estado.

Sus padres: Pedro Antonio Prez, marino y herrero de profesin, de 52 a?os de edad; yMar?a Jos Gonzlez, maestra, de 30 a?os de edad; ambos residenciados con sus otros hijos en la calle Colombia  27, poblacin de San Mateo, municipio Bol?var, Estado Aragua.

Llegamos a este mundo, con un destino que ha de forjarse por la mano que trabaja y la voluntad que resiste. No llegamos con sendas trazadas, sino a incursionar en un camino incierto. Al final, cada pgina de la vida es escrita con sacrificio, esfuerzo y fe.






III

El germen de las dificultades


La corrupcin es peor que el hambre, porque corrompe tambin el esp?ritu.



Jos Mart?

La Venezuela de los a?os ochenta se configuraba entre cambios pol?ticos y econmicos. La nacin bolivariana trataba de encuadrar en el orden geopol?tico mundial impuesto por las grandes potencias, el Banco Mundial y otros actores internacionales.

Se le hab?a restado importancia a la renta petrolera como mecanismo de distribucin de las riquezas y, en cambio, se impulsaba una econom?a de mercado que, a todas luces, resultaba desfavorable para el pa?s sudamericano: ms importacin de productos terminados, exportacin de materias primas a bajo costo y casi nada de exportacin de otros bienes.

Basta mencionar que el precio del petrleo cay de 27 dlares por barril a menos de 10 en apenas cinco a?os, mientras el bol?var se devalu frente al dlar, pasando de 4,30 a 24,10 Bs. por USD en ese mismo per?odo.

En el mal llamado Viernes Negro[1 - Crisis financiera en Venezuela (1983).] de 1983, el bol?var sufri una abrupta congelacin de la venta de la divisa norteamericana, derivada de pol?ticas econmicas del gobierno de turno. Poco despus se instaur un control de cambio y naci RECADI[2 - Oficina del Rgimen de Cambios Diferenciales.]. Hab?a terminado la poca del famoso ?tabarato, dame dos![3 - Expresin popular en espa?ol que se origin en Venezuela durante la poca de bonanza petrolera de los a?os 70, conocida como la Venezuela Saudita.] de los venezolanos en Miami y el mundo.

Todo ello afect negativamente el mercado de trabajo y trajo como consecuencias visibles la ca?da del salario real y de la capacidad de consumo de los sectores populares, desembocando en el estallido social de febrero de 1989.

Las grandes potencias resultaron beneficiadas, mientras que los pa?ses exportadores de petrleo tanto OPEP[4 - Organizacin de pa?ses exportadores de petroleo.] como no OPEP cayeron en serios problemas econmicos.

Todo indica que la ca?da de los precios fue causada por un supervit de crudo debido a una baja en la demanda, manipulada precisamente por las grandes potencias consumidoras. Estas usaron como excusa el anuncio de nuevas fuentes energticas, ms econmicas y limpias, como la expectacin que despert la supuesta fusin fr?a: la utop?a de producir energ?a nuclear en tubo de ensayo y a temperatura ambiente.

Desde el nacimiento de Pedro Jos, la familia atravesaba una situacin econmica precaria. A Pedro Antonio lo hab?an retirado tempranamente de su trabajo de marinero; invirti todo el dinero recibido en una hacienda de engorde de ganado en tierras del Estado Gurico, pero la empresa quebr en menos de tres a?os. En aquellos tiempos los trabajadores no quedaban pensionados, ni siquiera por el Estado. Mantener una familia de nueve hijos con un padre desempleado y una madre con salario de docente no era un buen pronstico.

Pese a la dif?cil situacin, Pedro Antonio promov?a tertulias en la casa de los Prez Gonzlez. Ten?a el hbito de sentar a Pedro Jos en sus piernas como un participante importante de la conversacin y, en cuanto se presentaba la oportunidad, lo dejaba opinar; incluso dec?a a los tertuliantes que Pedro Jos era su principal asesor de negocios.




  .


   .

   ,     (https://www.litres.ru/book/jose-bermudez/un-bolivar-en-tiempos-de-crisis-72578536/)  .

      Visa, MasterCard, Maestro,    ,   ,     ,  PayPal, WebMoney, ., QIWI ,       .



notes








1


Crisis financiera en Venezuela (1983).




2


Oficina del Rgimen de Cambios Diferenciales.




3


Expresin popular en espa?ol que se origin en Venezuela durante la poca de bonanza petrolera de los a?os 70, conocida como la Venezuela Saudita.




4


Organizacin de pa?ses exportadores de petroleo.


