Reposo divino para la inquietud humana
Samuele Bacchiocchi


Reposo divino para la inquietud humana no es un libro polémico. Es una presentación práctica de cómo el sábado, día de reposo, culto y servicio, puede ser la solución para algunos de los más urgentes problemas de nuestro tiempo. Es un estudio del significado y el mensaje del sábado para el cristiano de hoy. El sábado es valioso. Es de vital importancia para el pueblo de Dios. Y el gran desafío que nos presenta Dios hoy es mostrar al mundo entero cómo el don divino del sábado puede traer paz y descanso permanentes a nuestra vida.









Reposo divino para la inquietud humana


Samuele Bacchiocchi






Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires, Rep. Argentina.


Índice de contenido

Tapa (#u28b9b3ca-0de2-5274-a082-064c12794f43)

Prólogo (#ulink_7c83dac3-c701-5c16-8dd0-ae05cd8a2d98)

Capítulo I - El sábado, mensaje de nuestro origen (#ulink_cb42f859-0202-5d2d-8cc8-1d4bdf663199)Parte I : Valor del sábado (#ulink_43282c8f-73ab-5678-ba48-0b9f1b85b857)

1. Bases para una fe universal (#ulink_2704d9c4-7f69-5903-ab4b-acff2920477e)

2. Celebración de los orígenes de la humanidad (#ulink_70df27a1-ade6-5305-864e-df78cca3d27c)

3. Inauguración de la historia humana (#ulink_ca8746c5-df39-52a9-a179-159ce0a4f1ae)

Parte II: Teorías sobre el origen del sábado (#ulink_cb2a8a2e-9be0-5ed5-b2ed-0fff233ab60e)

1. Origen en torno a la época de Moisés (#ulink_9ee234d1-de5f-5d22-a972-69e4839c0428)

2. Ocupación de Canaán (#ulink_d0c756a9-abd1-5454-95f5-848fb9485ede)

3. El exilio (#ulink_8aad3c63-102b-5a58-92da-c7ee516d3eee)

Parte III: El sábado de la creación (#ulink_67a0e433-fbcc-5c7e-831f-8ca4e0a11e30)

1. Objeciones y objetores al sábado de la creación (#ulink_60d14aa3-4697-584d-875f-34da570891f5)

2. El sábado de la creación en las Escrituras (#ulink_cb9eac12-2af5-5cfd-aa5f-3d806483c816)

3. El sábado de la creación en la historia (#ulink_7d7426e0-efb5-5c90-aef4-66efe091b593)

Conclusiones (#ulink_068f72c8-1591-5d1f-8955-2c32d29703a8)

Capítulo II - El sábado, mensaje de la Creación perfecta (#ulink_b0edb821-bdb0-5413-974f-9d403eb5e4c3)Parte I: La creación del sábado (#ulink_d131e914-d7d2-590a-a877-167ab6478f72)

1. Implicaciones (#ulink_8f693841-9c3e-5704-8550-7edc81d1225b)

      2. Celebración de una creación perfecta 

Parte II: Celebrar la Creación (#ulink_c27fb165-7c1f-56bc-bd63-844dd13691f8)

      1. Descansar como si toda nuestra obra hubiese sido hecha 

      2. Renovar la fe en el Creador 

      3. Deleitarnos en la Creación 

Capítulo III - El sábado, mensaje de amor divino (#ulink_ee060aa5-99ea-5ea9-b9e1-a566813759f7)Parte I: Las bendiciones del sábado (#ulink_98cc2ad7-aa8f-5930-9b16-6ca18dec8e6b)

      1. Significado de la bendición del sábado 

      2. La bendición del sábado en la experiencia del maná 

Parte II: La santificación del sábado (#ulink_223de1e1-355d-58a2-965d-7cf001f620a1)

      1. Significado de la santidad del sábado 

      2. La santidad del sábado: un vínculo 

Parte III: La norma de trabajo y descanso (#ulink_70d58fc0-5af7-5a85-988d-46e887915c1d)

      1. El trabajo como bendición de Dios 

      2. El descanso como bendición de Dios 

Parte IV: Celebrar las buenas nuevas del sábado (#ulink_dd3c0b40-861f-5bee-895d-4e38f72d6687)

      1. Recordar el sábado 

      2. Trabajo y descanso 

Capítulo IV - El sábado, mensaje de alianza (#ulink_eaffbe34-e1fe-50b5-9fa4-c9d6155df46b)Parte I: El pacto como alianza entre Dios y el hombre (#ulink_4176798e-a8b9-5a47-9306-8b783bf9d287)

      1. Conceptos bíblicos 

      2. El concepto de Pacto 

      3. El sábado como símbolo de alianza 

Parte II: Razones por las que Dios escogió el sábado como símbolo del pacto (#ulink_c66f3968-2527-5f81-95e8-45dff8e66721)

      1. Propiedad 

      2. Santidad 

      3. Incorruptibilidad y universalidad 

      4. Renovación del pacto bautismal 

      5. Espiritualidad 

      6. Compromiso 

      7. Redención 

Conclusión (#ulink_05c862dd-4837-5b0b-a88e-6d67a9de88fa)

Capítulo V - El sábado, mensaje de redención (#ulink_79ed4209-d0e7-55c0-9247-cfde6e5a83b3)Parte I: El sábado y la redención en el Antiguo Testamento (#ulink_0c1e9a58-ee11-5682-aea5-c2806e4ec9f7)

      1. La bendición y la santificación del Sábado 

      2. El sábado como descanso 

      3. El sábado como liberación 

Parte II: Significado redentor del sábado en el Nuevo Testamento (#ulink_7284894a-38ae-5796-bf4b-759e9f4aa71e)

      1. El discurso de Nazaret 

      2. Las primeras curaciones en sábado 

      3. La mujer tullida 

      4. El paralítico y el ciego 

      5. Recogiendo espigas en sábado 

      6. El descanso del Salvador 

      7. El sábado en Hebreos 

Capítulo VI - El sábado, mensaje de servicio (#ulink_a23cb642-dc27-59ef-ba68-1d97f3a7e9ff)Parte I: El sábado como servicio a Dios (#ulink_8ffa0289-1c85-54b0-b15c-90849ef37002)

      1. El reposo como servicio divino 

      2. La adoración como servicio a Dios 

Parte II: El sábado como servicio a sí mismo (#ulink_11e1e79a-e857-52b2-b170-7a272f0b8415)

      1. El sábado: tiempo de reflexión 

      2. El sábado: tiempo de renovación 

Parte III: El sábado como servicio a los demás (#ulink_dfadc659-548c-5094-89e6-d641c3919ef7)

      1. Tiempo para compartir 

      2. Tiempo para hacer el bien 

      3. Tiempo para la familia 

      4. Tiempo para el cónyuge 

      5. Tiempo para los necesitados 

      6. Tiempo para la recreación 

Parte IV: El sábado como servicio a la naturaleza (#ulink_dddd7203-3904-5088-be55-5aa6538d5600)

      1. La crisis ecológica 

      2. La bondad de la creación 

      3. El sábado y la crisis ecológica 

Capítulo VII - El sábado, mensaje de reposo divino para la inquietud humana (#ulink_f5a8367a-f34b-5d30-b92a-cccef97ca147)

1. El reposo de la creación (#ulink_1bff8fe1-6749-5fc3-9a5d-bbeec4e9b2f7)

2. El reposo de la presencia divina (#ulink_6ae42235-e0b2-5fd3-9c50-7013b38c2a54)

3. El reposo que libera de la competición (#ulink_ffa1ddc6-faed-5bce-8d7b-19f7bf3c254a)

4. El reposo de pertenecer a Dios (#ulink_1fd6857c-1fc9-5af8-9664-f3f281f71fba)

5. El reposo de las tensiones sociales (#ulink_e75d088f-38d7-54c1-a427-3210a33ff72b)

6. El reposo de la redención (#ulink_85e8380b-7509-5786-ab12-e9ac26d9df1a)

7. El reposo del servicio (#ulink_a509bef2-21d1-54c0-abd2-a20a6784d047)

Apéndice - Del sábado al domingo (#ulink_8a3ad520-5095-5ee3-a971-dc70083311fc)

      Resumen de la tesis publicada con este título 

1. Panorama histórico sobre el origen del domingo (#ulink_a991d35b-b6a8-56c1-b6a6-85ec6c01c452)

2. La resurrección de Cristo y el origen del domingo (#ulink_3877e237-6e26-539f-b22f-33f927234fa9)

3. La iglesia de Jerusalén y el origen del domingo (#ulink_49c2436e-30b0-586c-973a-15ce145e70fc)

4. Roma y el origen del domingo (#ulink_9e07ac71-9da3-511d-9f82-aecc2bc01b5f)

5. El culto al sol y el origen del domingo (#ulink_be5f2d51-0680-5fbd-a648-0261ad34b076)

Conclusión (#ulink_60a7887a-1ed2-5a8f-93d7-e80fbf25ea95)

Abreviaturas (#ulink_7eccaf0a-efe5-5665-97c7-b9cae12c1966)


Reposo divino para la inquietud humana

Samuele Bacchiocchi

Título del original: Divine Rest for Human Restlessness

Dirección: Natalia Jonas

Traducción: Roberto Badenas

Diseño: Giannina Osorio

Ilustración de tapa: Shutterstock (Banco de imágenes)

Libro de edición argentina

IMPRESO EN LA ARGENTINA - Printed in Argentina



Primera edición, e - Book

MMXXI

Es propiedad. © 1980 Samuele Bacchiocchi.

© 2021 Asociación Casa Editora Sudamericana.

Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.

ISBN 978-987-798-499-6




Publicado el 28 de octubre de 2021 por la Asociación Casa Editora Sudamericana (Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires).

Tel. (54-11) 5544-4848 (opción 1) / Fax (54) 0800-122-ACES (2237)

E-mail: ventasweb@aces.com.ar

Website: editorialaces.com

Prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación (texto, imágenes y diseño), su manipulación informática y transmisión ya sea electrónica, mecánica, por fotocopia u otros medios, sin permiso previo del editor.




Prólogo


Han pasado ya 21 años desde la publicación de la primera edición de Reposo divino para la inquietud humana. Si bien fue publicada independientemente por el autor, en Estados Unidos, esta obra trascendió fronteras y se ha convertido en un clásico acerca del sábado, tanto dentro de la iglesia Adventista del Séptimo Día como en otros círculos cristianos..

El autor de este extraordinario libro fue Samuele Bacchiocchi. Se destacó como el primer no católico en obtener su doctorado de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, recibiendo la máxima distinción académica (Summa Cum Laude), y la medalla dorada de parte del papa Pablo VI.

Cabe señalar que su tesis doctoral abordó la declinación de la observancia del sábado en la Iglesia Cristiana temprana, junto con el surgimiento de la observancia del domingo, basado en sus investigaciones en las bibliotecas del Vaticano. Este libro es fruto de esa investigación, y de años de posterior profundización y enseñanza en el área de la Teología y la historia eclesiástica.

Todo esto hace de este libro una obra magistral única. Es una presentación práctica de cómo el sábado (día de reposo, culto y servicio) puede ser la solución para algunos de los problemas más urgentes de nuestro tiempo. Es un estudio del significado y el mensaje del sábado para el cristiano de hoy. El propósito del autor es mostrar, mediante un análisis detallado de los diferentes significados del sábado, de qué manera Cristo puede dar, en ese día, descanso, gozo y paz a nuestra vida.

Cada uno de los siete capítulos es una joya de valor incalculable, que brilla por su belleza y su contenido sin par, cautivando el interés del lector. Se suceden en orden lógico, como la estructura arquitectónica de un edificio de siete plantas, unidos y trabados íntimamente unos con otros.

En el último capítulo, se recapitulan las bendiciones disponibles para todo aquel que guarde el sábado en espíritu y en verdad. El sábado es valioso. Es de vital importancia para el pueblo de Dios. Trae reposo divino para la inquietud humana. El gran desafío que Dios nos dirige hoy es proclamar y demostrar mediante el ejemplo y la palabra, a creyentes y no creyentes, cómo el don divino del sábado puede traer paz y descanso permanentes para nuestra vida angustiada y oprimida.

Considerando el impacto que tuvo este libro en su momento, y el valor y la riqueza de su contenido siempre vigente, la Asociación Casa Editora Sudamericana decidió publicar esta nueva edición en español. Al hacerlo, se mantuvo mayormente el formato del original, incluyendo las notas de pie de página que, como se verá, difieren levemente del estilo habitual de los libros de ACES.

Creemos que esta obra será de gran bendición para todo el que la lea. Tratándose de un tema tan importante como el sábado y su observancia, no puede faltar en ninguna biblioteca adventista y de todo estudiante serio de las Escrituras. No solo resalta la verdad bíblica del sábado, sino también cómo podemos experimentar personalmente las bendiciones del sábado.

Que Dios pueda utilizar este libro para llamarnos a todos a volver al principio básico del sábado y, así, encontrar el verdadero reposo proveniente de Dios para nuestra inquietud y ansiedad humana; es el sincero deseo de

Los editores

Nota del traductor:

La traducción de las referencias bíblicas sigue, en general, las versiones Reina-Valera (1960) y Dios Habla Hoy (1979). Pero, con el fin de conservar la estrecha correspondencia entre texto y referencias bíblicas que tiene el original, nos hemos permitido emplear en cada ocasión aquella forma que, en nuestra opinión, respondía mejor al contexto, recurriendo incluso, en algunas ocasiones, a nuestra propia traducción. Con ello esperamos haber sido fieles tanto a la idea del autor como al texto de las Escrituras.





Capítulo I

El sábado, mensaje de nuestro origen


La obra de Alex Haley, editada y llevada a la pantalla con el titulo de Raíces, ha cautivado a millones de lectores y espectadores. Probablemente Haley nunca soñó que su novela incitaría a tantos estadounidenses a buscar sus raíces ancestrales en los archivos y las bibliotecas de todo el mundo.

Este rastreo ansioso en las raíces del propio linaje es quizá síntoma de una búsqueda más profunda: la búsqueda del sentido de la vida. El deseo de poder reconstruir su propio árbol genealógico puede reflejar el anhelo del hombre por descubrir no solo sus raíces sino sobre todo el significado de su propia vida. Lo que más teme el intelectual de hoy no es la destrucción total, sino la total falta de sentido de su existencia. La ciencia y la tecnología modernas nos han proporcionado extensa investigación, abundancia de bienes de consumo, comunicación inmediata e innumerables inventos. Sin embargo, lo que puede dar sentido a la vida no es la extensión de la investigación sino la profundidad del pensamiento; no la cantidad de los objetos, sino la calidad de los objetivos; no la rapidez de las comunicaciones sino la solidez de las convicciones; no la ingeniosidad de las ciencias sino la validez de las creencias.

El sentimiento de desencanto, vacío, alienación y falta de sentido experimentado por tantos pensadores actuales no puede ser superado por medio del reencuentro con las más profundas raíces del hombre, o por un inteligente desarrollo de un mejor sistema económico, científico y político; se necesitaría el redescubrimiento de una fe enraizada más allá de los límites de lo humano. Una fe tridimensional capaz de abarcar el origen trascendente del hombre, el sentido de su presente y su destino último.




Parte I : Valor del sábado


1. Bases para una fe universal

El valor del sábado para el hombre de hoy reside en su capacidad para sustentar esa fe tridimensional. Las facetas del sábado que vamos a estudiar engloban la Creación, la Redención y la restauración final; el pasado, el presente y el futuro; el hombre, la naturaleza y Dios. Si, como acertadamente decía Paul Tillich, “todo símbolo participa de la realidad que representa”,1 la simbología cósmica del sábado proporciona al creyente moderno la base para una fe universal; una fe que abarca realidades pasadas, presentes y futuras.

El lugar más lógico para comenzar nuestra investigación acerca del mensaje trascendental del sábado y su valor para hoy es el relato bíblico de su origen. Generalmente, el origen de una institución determina su importancia. En efecto, las primeras declaraciones encontradas en el registro bíblico acerca de este tema, y de cualquier otro, pueden ser consideradas como la clave de todo su posterior desarrollo. En la Biblia, el origen del sábado está explícitamente relacionado con el hecho de la Creación. El estudio de la estructura del primer relato de la Creación (Gén. 1:1-2:3) revela, como veremos en el próximo capítulo, que el séptimo día representa la majestuosa culminación de la Creación. Según el relato bíblico, en los seis primeros días Dios creó los espacios (cielo, tierra y mar) y los habitantes de esos espacios (peces, aves, animales terrestres y el hombre); y después, “el séptimo día terminó Dios lo que había hecho, y descansó. Entonces bendijo el séptimo día y lo declaró día sagrado, porque en ese día descansó de todo su trabajo de creación” (Gén. 2:2, 3).

2. Celebración de los orígenes de la humanidad

No es nuestro interés inmediato sumergirnos en las profundas implicaciones teológicas de lo que Dios dijo e hizo en relación con el sábado, sino evaluar el significado del séptimo día en el contexto cronológico del relato en cuestión. Es significativo que el pasaje acerca del séptimo día esté situado en el punto divisorio entre el final de la primera narración de la Creación (Gén. 1:1-2:3) y el principio de la segunda, especialmente centrada en el hombre y su primer hogar (Gén. 2:4-25). Esta ubicación del séptimo día como línea divisoria le confiere la función particularmente importante de celebrar e inaugurar la historia humana.

En el primer relato de la Creación, el séptimo día es presentado en estrecha vinculación con el origen de la pareja humana, precediendo inmediatamente a la formación y la bendición de esta como culminación última de la Creación (Gén. 1:26-31). De hecho, el origen del hombre y del sábado no solo aparecen en íntima secuencia, sino también son tratados con mayor extensión que cualquier otro acontecimiento de la Creación. Esto muestra, a la vez, la importancia y la interdependencia de ambos asuntos.2 El primer día completo en la vida de Adán fue el séptimo, día que empleó, como legítimamente podemos suponer, no trabajando sino celebrando junto con su divino Autor la inauguración de la Creación completa y perfecta. Esta suposición se basa en la declaración bíblica de que el hombre fue creado para vivir según la “imagen” y el ejemplo de su Creador (Gén. 1:26). Así pues, en el cuarto Mandamiento, el precepto de trabajar y descansar está argumentado en la responsabilidad que el hombre tiene de seguir el plan establecido por Dios en la semana de la Creación (Éxo. 20:8-11). Además, el Señor mismo declaró enfáticamente que “el sábado fue hecho para el hombre” (Mar. 2:27). La palabra hebrea usada para hombre es “Adam”, término que designa tanto a una persona específica (Adán) como al conjunto de la humanidad (ver Gén. 5:2). En el primer relato de la Creación, el séptimo día marca la celebración del origen de este mundo en general y del hombre en particular. Por eso Filón, el gran filósofo judío, se complace en llamar al sábado “el aniversario del mundo”,3 y Ralph Waldo Emerson lo llama “el jubileo del mundo”.4 Por la misma razón, hemos designado el sábado en este capítulo con el titulo de “mensaje de nuestro origen”.

3. Inauguración de la historia humana

La segunda parte del texto sobre la Creación (Gén. 2:4-25),5 que describe detalladamente el origen y los albores de la historia de la humanidad, también aparece íntimamente relacionada con el séptimo día, puesto que se inicia en el contexto de esta institución. El relato, de hecho, comienza inmediatamente después de la celebración del primer sábado (Gén. 2:2, 3) con la palabras “estos son los orígenes (toledoth) de los cielos y de la tierra” (Gén. 2:4a). Toledoth puede traducirse tanto como “generación”, u “origen”, como por “informe”, “relato” o “historia”. Esta última opción es adoptada por la versión Dios habla hoy, en donde se lee: “Esta es la historia de la creación del cielo y de la tierra”.

¿Por qué el relato del principio de la vida humana toma como punto de partida la institución del sábado? Eminentes especialistas reconocen en este texto la intención del autor de vincular la historia de la salvación directamente con la institución del séptimo día.6 En el libro del Génesis, la historia del pueblo de Dios aparece jalonada diez veces por la expresión toledoth (“generación”, “historia” u “origen”) y el primer hito se encuentra situado en relación con el séptimo día.7 ¿Por qué? Indudablemente porque ese día celebra la inauguración de la historia de la humanidad. Una segunda razón se puede inducir del hecho de que la semana de la Creación, con su culminación en el día séptimo, provee la unidad de tiempo adecuada para medir el desarrollo de la historia expresada en su secuencia cronológica. Más adelante veremos que el sábado regula la historia no solo cuantitativamente sino también cualitativamente, al centrar la atención en la acción redentora de Dios manifestada en y a través de su pueblo. Este breve análisis muestra que, según el testimonio bíblico, el origen del séptimo día como sábado está enraizado en el hecho de la Creación. Su función consiste en conmemorar la culminación de la Creación e inaugurar la historia humana; o dicho en otras palabras, celebrar el origen del hombre.




Parte II: Teorías sobre el origen del sábado


Antes de analizar las abarcadoras implicaciones del relato bíblico acerca del origen edénico del sábado, debemos prestar atención a las otras explicaciones acerca del inicio de la celebración del séptimo día que han sido propuestas desde el siglo XIX. Sin menospreciar necesariamente el valor del texto bíblico, a menudo los historiadores han preferido rastrear los orígenes del sábado en fuentes extrabíblicas limitándose a “las cosas que el historiador puede ver” y dejando de lado “las cosas que no se ven”. Los resultados de esas investigaciones distan mucho de ser concordantes. Las diferentes hipótesis que han sido planteadas, como veremos, no solo adolecen de inseguridad, sino también implícitamente han reforzado, por contraste, el valor de la explicación bíblica.

Las teorías más destacadas sitúan el origen del sábado: (1) en torno a la época de Moisés, (2) después del establecimiento de Israel en Canaán, y (3) en torno al exilio babilónico. Las principales razones aducidas para esos orígenes del sábado podrían ser clasificadas como (1) astrológico-astronómicas, (2) socioeconómicas, y (3) mágico-simbólicas.

1. Origen en torno a la época de Moisés

Saturno. La teoría del origen mosaico del sábado se apoya principalmente en el supuesto de la influencia mesopotámica de períodos de siete días relacionados con el planeta Saturno y las fases de la Luna. Una antigua teoría, todavía en boga, hace derivar el sábado del Antiguo Testamento del día de Saturno observado por los kenitas (o ceneos), una tribu con la que Moisés entró en contacto por matrimonio en ocasión de su estancia en Madián (Juec. 4:11, 17).8 Se ha supuesto que el día dedicado a Saturno era un día tabú en el que los kenitas, que trabajaban los metales, no encendían sus hornos de fundición. Los israelitas habrían adoptado el día tabú kenita y habrían extendido sus requerimientos a todas las demás tareas domésticas. En apoyo de esta hipótesis, se ha presentado la prohibición de hacer fuego en sábado (Éxo. 35:3; Núm. 15:32-36), día supuestamente consagrado al culto de Sakkut y Kaiwan (Amós 5:26), presuntos nombres del planeta Saturno.9

El error básico de esta hipótesis está en que se apoya en el supuesto de que los kenitas tenían una semana de siete días dedicados respectivamente a los dioses planetarios. Sin embargo, lo que hasta hoy sabemos es que la introducción de la semana planetaria ocurrió mucho más tarde, aproximadamente al principio de la Era Cristiana.10 Además, no existe ninguna indicación en el Antiguo Testamento o en la antigua literatura hebraica que relacione de algún modo el sábado con el culto de Saturno.11 Por esas razones, entre otras, la hipótesis kenita es desechada hoy prácticamente por todos los especialistas.12

Las fases de la Luna. La teoría lunar, que vincula el origen del sábado con los días asociados a las cuatro fases de la Luna y/o con los plenilunios, ha gozado de mayor popularidad. Esos días disfrutaron aparentemente de cierto significado religioso en la antigua Mesopotamia, el lugar de origen de Abraham. La prueba de la existencia de tales días suele extraerse principalmente de un calendario asirio que fue encontrado y luego guardado, entre otras tabletas cuneiformes, en el Museo Británico en 1869 por el asiriólogo George Smith.13 Este calendario, que parece ser la transcripción de un original babilónico mucho más antiguo,14 enumera los treinta días de un decimotercer mes, o mes intercalar, y señala los días 7, 14, 19, 21, y 2815 de ese mes como días úmé lemnúti; es decir, desfavorables o nefastos (dies nefasti). En ellos, el rey, el sacerdote y el médico debían abstenerse de realizar ciertas actividades para no ofender a los dioses.16 El origen de esos días nefastos es atribuido por algunos entendidos a las cuatro fases de la Luna, que se producen aproximadamente cada siete días.17 Según ellos, los hebreos habrían derivado su sábado del antiguo ciclo lunar mesopotámico.18 La mención del sábado al lado de la luna nueva en el Antiguo Testamento es presentada como un vestigio del origen lunar de esa celebración.19

Esta teoría, aunque aparentemente sugestiva, después de un análisis más profundo revela por lo menos tres inconsistencias. En primer lugar, dado que la duración del mes lunar (lunación) no es de 28 días (4x7) sino de más de 29 (un período que no se puede subdividir en cuatro semanas de siete días cada una),20 cualquier relación entre el séptimo día y las fases de la Luna debe no debe ser considerada primariamente original, sino como un desarrollo secundario. En segundo lugar, si los babilonios contaban los días nefastos en ciclos civiles “semanales” (cosa que aparentemente nunca hicieron), sus ciclos tenían por fuerza que interrumpirse al principio de cada mes, puesto que el primer día (umu lemnu, o 7° día) ocurría ocho o nueve días después del último día nefasto (28° día) del mes anterior. Esta diferencia en el número de días del ciclo dependía de que el mes lunar anterior tuviese 29 o 30 días. Un ciclo tan irregular, subordinado al comienzo fluctuante de cada mes lunar, difícilmente pudo dar origen al ciclo semanal hebraico, formado por semanas invariables de siete días, contados independientemente del ciclo lunar o solar. En tercer y último lugar, no se ha encontrado todavía nada en los textos cuneiformes que indique que los babilonios usaran esos días nefastos como divisiones “semanales” del tiempo para fines civiles. Los preceptos conocidos para esos días afectaban solamente al rey y a los sacerdotes, y no al pueblo en general.21 Además, este no era el único ciclo “semanal” vigente en Babilonia, pues existen frecuentes referencias a la “división del mes en seis partes, comportando un ciclo semanal de cinco días”.22 En contraste con esto, el sábado hebreo (no nefasto sino sagrado) fue siempre tenido como la única división del tiempo, tanto religiosa como civil, y fue observado como festividad por la comunidad entera.

Šabattu. En varios documentos acadios de la antigua Mesopotamia aparece el término šabattu, que tiene un sorprendente parecido fonético con la palabra utilizada en hebreo para designar el sábado (šabat). El término aparentemente designaba el decimoquinto día del mes; es decir, al día de la luna llena. Un ejemplo, aproximadamente de la época de Abraham se encuentra en la famosa epopeya de la Creación llamada Enuma Elish (5:18), donde Marduk dice, dirigiéndose a la Luna: “Al principio del mes, alzándote sobre la tierra, tus luminosos cuernos durarán seis días. Al séptimo día serás (media) corona. En el šabattu, te opondrás (al Sol) a la mitad del mes”.23 ¿Qué significado se atribuía a dicho día? Aparentemente, el šabattu, o día del plenilunio, estaba consagrado al dios lunar Sin, que ocupaba un lugar destacado en el panteón babilónico.24 En varias tablillas, el šabattu es definido como ûm nûh libbi, expresión traducida comúnmente por “día del descanso del corazón”, o “día del apaciguamiento”.25 El šabattu era, por consiguiente el día de la luna llena, cuando presumiblemente los dioses eran apaciguados o aplacados.26 La semejanza aparente entre el šabattu acadio y el šabat hebraico, así como la asociación existente en el Antiguo Testamento entre el sábado y la luna nueva, han llevado a algunos historiadores a deducir que el sábado, en su origen, no era una festividad semanal sino mensual, relacionada con la celebración de la luna llena. La transformación del sábado mensual en semanal se habría realizado mucho más tarde, en tiempos de Ezequiel, como respuesta a una necesidad de descanso.27

La notable ingenuidad de tal teoría ha sorprendido a algunos eruditos. Karl Budde, por ejemplo, manifiesta su desacuerdo con tan infundada hipótesis indicando que no hay “una sola palabra en Ezequiel que prescriba ningún nuevo modo de celebrar el sábado. Al contrario, Ezequiel se queja constantemente (20:12; 22:8, 26; 23:38; 44:24) de que durante muchos años [...] Israel ha fallado en la observancia del sábado en su significado tradicional”.28 Los defensores de la teoría de la luna nueva también ignoran textos tan antiguos como 2 Reyes 4:23 y 2 Reyes 11:4 al 12, que hablan del sábado más de dos siglos antes de la época de Ezequiel.29 Además, esos eruditos no consiguen explicar cómo un “sábado mensual” pudo convertirse en un día semanal de descanso y adoración, totalmente al margen de la luna llena. Si los israelitas hubiesen observado realmente durante siglos la luna llena, ¿por qué no se conservan vestigios de esa observancia? Esta teoría ignora además que el plenilunio, en hebreo, no se llama šabat sino kese (Sal. 81:3), un vocablo sin ninguna relación etimológica con el šabattu acadio. Todo da a entender que el mes lunar babilónico (con sus días nefastos y su šabattu) no ha ejercido ninguna influencia directa en el origen del calendario y del sábado hebraicos. También corrobora esta conclusión el hecho de que los nombres de los meses en hebreo no tengan ninguna similitud con los babilónicos.30 Cualquier semejanza etimológica o ideológica entre los šabattu, días nefastos de Babilonia, y el sábado de los hebreos debe ser explicada, por consiguiente, sobre la base de una herencia semítica común. El pueblo babilónico y el hebreo estuvieron relacionados entre sí lingüística y culturalmente, y ambos pudieron fácilmente haber derivado sus conceptos acerca del sábado a partir de una fuente común. Sin embargo, como ocurre con los relatos de la Creación (Enuma Elish) y del Diluvio (Epopeya de Gilgamesh), también el sábado de la Creación pudo haber sido deformado y convertido de un día sagrado en un día nefasto relacionado con las fases de la Luna. Pero, una evolución de este tipo sugiere no tanto una derivación como un deterioro del sábado original. Desde luego, en el šabattu, o día nefasto babilónico, no se encuentra ningún vestigio de los elevados propósitos y valores humanos expresados en el sábado bíblico.

Períodos de siete días. Varios documentos mesopotámicos antiguos mencionan acontecimientos o celebraciones que duraban un período de siete días. Por ejemplo, dos inscripciones atribuidas al rey Gudea de Lagash (cuidad-Estado de Mesopotamia), quien gobernó en el siglo XXI a.C., relatan unos actos de dedicación de un templo que duraron siete días y citan la instalación de unas estelas que también duró siete días.31 En las historias mesopotámicas del Diluvio, la duración de la tormenta fue de siete días y el primer pájaro fue enviado afuera siete días después de que el barco encallase en una montaña.32 Basándose en estas referencias y en otras similares,33 algunos historiadores han creído poder afirmar, “sin la menor sombra de duda”, que el sábado del Antiguo Testamento deriva de una antigua semana mesopotámica de siete días.34 Sin embargo, tan osada afirmación se funda más en suposiciones que en hechos. Los argumentos en favor de una primitiva semana babilónica, según el famoso arqueólogo Siegfried H. Horn, “son desde luego exiguos, especialmente si se tienen en cuenta los cientos de miles de documentos cuneiformes encontrados en el valle de Mesopotamia. Si los antiguos sumerios, babilonios o asirios hubiesen tenido una semana como la de los hebreos de los tiempos bíblicos, o si le hubiesen conferido al séptimo día de tal semana un valor sagrado, ciertamente habrían dejado constancia de ello”.35

La referencia a una fiesta de dedicación que duró siete días difícilmente puede tomarse como prueba de la existencia de una semana de siete días, sobre todo cuando “existen documentos de la dedicación de muchos otros templos en otras fechas y por otros reyes, con un período de celebración más corto o más largo”.36 Del mismo modo, los períodos de siete días mencionados en las historias mesopotámicas del Diluvio pueden representar una vaga reminiscencia de la existencia de una semana de siete días en tiempos del diluvio bíblico, pero no son necesariamente el reflejo de las costumbres seguidas en el tiempo de la composición de dichas historias. El relato bíblico del Diluvio contiene reiteradas referencias a períodos de siete días (Gén. 8:8-12), aludiendo, como reconocen generalmente los comentaristas, a la existencia de una semana de siete días. Las historias cuneiformes del Diluvio, a pesar de sus distorsiones y embellecimientos legendarios, se mantienen mucho más cerca del relato bíblico que todas las demás narraciones del Diluvio existentes en el mundo.37 Esta semejanza sugiere la perduración de la noción bíblica de la semana de siete días en textos literarios, aun cuando su uso civil hubiese caído en olvido siendo reemplazado por ciclos “semanales” más cortos.38 “La conclusión lógica –dice acertadamente Horn– es que hubo en un tiempo una semana de siete días que se perdió antes de que quedara constancia de ella en documentos históricos y de la que solo se conservaron imprecisos recuerdos”.39

2. Ocupación de Canaán

Institución social. El fracaso de las fuentes extrabíblicas en explicar el origen del sábado ha forzado a los especialistas a volverse de nuevo en sus investigaciones hacia los textos del Antiguo Testamento. Esta nueva orientación de estudios ha llevado a algunos a la conclusión de que el sábado fue instituido después de la ocupación de Canaán.40 Las principales razones alegadas para su introducción son esencialmente de orden social y económico. La necesidad de conceder un día de descanso a los esclavos y la conveniencia de tener un día de mercado para dedicar a la compraventa de productos habrían producido la introducción del sábado como un “día libre”.41 Con el tiempo, según esta hipótesis, el sábado sufrió una evolución, pasando de ser una institución social a una religiosa; es decir, de un día dedicado al reposo de los siervos y al mercado, a un día dedicado a Yahvéh. Este paso se debería especialmente al esfuerzo de los profetas y los sacerdotes, quienes durante el Exilio habrían desarrollado una teología del sábado para promover su observancia religiosa.42

En apoyo de esta teoría, se han señalado aquellos textos que presentan el sábado en términos sociales, particularmente Éxodo 23:12 y 34:21. El primero prescribe el descanso en el séptimo día “para que descanse tu buey y tu asno, y recobren sus fuerzas tus esclavos y el extranjero”. El segundo insiste en la necesidad de observar el séptimo día incluso en plena temporada de trabajo agrícola: “descansarás aun en tiempo de siembra o de cosecha”. La importancia concedida a estas declaraciones radica en el hecho de que no contienen motivos teológicos aparentes; por lo tanto, se las ha contemplado como “la más antigua versión de la ley del sábado”.43 Además, como esos textos se refieren a actividades agrícolas, difícilmente practicables durante el éxodo por el desierto, se ha supuesto que el sábado fue introducido después del asentamiento en Canaán, como respuesta a las nuevas necesidades sociales.

La lógica de esta argumentación no se puede negar, pero, en nuestra opinión, se basa en unas premisas injustificadas. Se da por sentado, por ejemplo, que las inquietudes humanitarias precedieron a las reflexiones y formulaciones teológicas, y por consiguiente, los textos del Pentateuco que hablan del séptimo día estrictamente en términos sociales deben reflejar la forma originaria de la observancia del sábado, mientras que los textos que contienen implicaciones religiosas o teológicas deben ser fechados en un período cronológicamente posterior.44 ¿Qué pudo motivar esas consideraciones y legislaciones humanitarias en una época en que la vida humana tenia tan poco valor? Las supersticiones y las concepciones religiosas de aquellos tiempos y pueblos difícilmente dan lugar a tales motivaciones, de las que, además, no queda ningún vestigio. Por otra parte, ¿desde cuándo las supersticiones han promovido la causa de los derechos humanos? Ese no es, por lo menos, el caso de los pueblos contemporáneos del antiguo Israel, que defendían la esclavitud y tenían un sistema legal para mantenerla.45 Sin embargo, entre los israelitas las instituciones sabáticas proveían un día de descanso para todos, incluidos los siervos, y unas disposiciones destinadas a la cancelación de las deudas (la causa principal de la esclavitud entre ellos) y la emancipación de los esclavos.46

Este sentido humanitario del sábado ¿no presupone razones y motivaciones religiosas? Los motivos teológicos, sin embargo, no siempre necesitan ser explícitamente expresados, especialmente cuando el sábado forma parte de una legislación a la vez civil y religiosa (ver Éxo. 23:12; 34:21). Los códigos civiles casi nunca explican racionalmente las leyes en ellos contenidas. Sin embargo, por ejemplo, en Éxodo 23 (un capítulo que contiene una gran variedad de leyes civiles y litúrgicas), la observancia del sábado es justificada teológicamente. En efecto, la llamada “primera versión del mandamiento del sábado” (Éxo. 23:12) está colocada en el contexto de una amonestación encaminada a tratar humanitariamente a los menos privilegiados: “No oprimirás al extranjero, pues extranjeros fuisteis vosotros mismos en Egipto” (Éxo. 23:9). Esta referencia a la dura esclavitud en Egipto de la que Dios libró a los israelitas ¿no es una importante razón teológica para amonestarlos a portarse humanitariamente con los demás?47 El sábado semanal tanto como el año sabático ¿no eran medios valiosos para expresar el aprecio por el favor recibido, manifestando compasión hacia otros? “Guardar el sábado por amor al hombre –escribe Abram Herbert Lewis– es guardarlo por amor a Dios”.48 Aun en nuestros días ¿no es cierto que el agradecimiento por las bendiciones divinas recibidas sigue siendo un importante motivo religioso para un comportamiento humanitario?

Y ¿qué decir acerca de las referencias al ganado, a siervos y a esclavos, cuyo descanso era requerido incluso en los momentos cruciales de las labores agrícolas? ¿Se deduce realmente de esta reglamentación que el sábado fue introducido por primera vez después de la ocupación de Canaán, cuando los israelitas asentados en el nuevo país comenzaron a tener asalariados?49 Una conclusión semejante no tendría en cuenta dos factores significativos. El primero, que los israelitas en el período que precede inmediatamente a la conquista de Canaán, según las más recientes investigaciones, no vivieron como nómadas sino como seminómadas, con asentamientos prolongados en los límites del desierto (probablemente, de Néguev).50 Esta circunstancia explicaría la introducción de leyes relacionadas con la agricultura antes de la colonización de Canaán. El segundo, que aun aceptando que los israelitas viviesen como nómadas en el desierto, y no poseyesen bueyes, asnos, esclavos ni tierras cultivables, un excepcional legislador como Moisés pudo perfectamente ver más allá de la condición inmediata de su pueblo y promulgar leyes para situaciones futuras. Los “Padres Peregrinos”, cuando desembarcaron en Cape Cod, ¿no firmaron el “Mayflower Compact”, que fue durante años el principal reglamento de gobierno de la colonia de Plymouth?51 ¿Por qué negarle esa capacidad de previsión a Moisés?

Los días de mercado y el número siete. Para explicar cómo los israelitas llegaron a escoger el séptimo día como día de descanso después de la ocupación, se han aducido a veces las influencias cananeas del día de mercado o del número siete. ¿Adoptaron los israelitas el sábado de los cananeos, como algunos sugieren?52 Esta posibilidad parecería válida siendo que los cananeos ejercieron una influencia considerable sobre los israelitas. El hecho es, sin embargo, que no se ha encontrado ningún vestigio relacionado con el sábado ni entre los cananeos ni entre sus principales vecinos, los fenicios.53 ¿Desarrollaron los israelitas el sábado a partir de un determinado día de mercado semanal?54 Días de mercado, sucediéndose regularmente cada cinco, seis, ocho o diez días, existen en numerosos pueblos. El problema de esta teoría reside en que no se conserva ninguna huella de este tipo de mercado semanal en Palestina y mucho menos sucediéndose a intervalos de siete días. Al contrario, la condena rotunda hecha por los profetas contra las actividades comerciales en sábado sugiere más bien que ese día en algún momento degeneró en día de mercado, en lugar de lo que fue originariamente (Neh. 13:14-22; Jer. 17:19-27; Amós 8:5).

¿Proviene el sábado israelita del gran valor simbólico conferido al número siete por muchos pueblos del antiguo cercano Oriente? Algunos han supuesto que el número siete, a causa de su prestigio, fue usado en un primer tiempo para fijar la duración de las fiestas de primavera y otoño (la fiesta de los Ázimos y la de las Cabañas duraban siete días cada una), y que más tarde esas unidades de siete días fueron usadas para medir el tiempo a lo largo del año.55 Esta hipótesis es interesante pero no llega a explicar, en primer lugar, por qué el número siete consiguió tal prestigio. En realidad, sería más lógico pensar que la existencia de un ciclo semanal de siete días haya influido en la duración de las fiestas anuales que viceversa.56 Es evidente que existe una relación entre la semana de siete días, la duración de las fiestas anuales y el número siete. Pero, dado que el número siete no corresponde a ninguna medida astronómica de tiempo conocida, la mejor explicación acerca de su procedencia y su uso sigue siendo el relato bíblico de la bendición y santificación divinas del séptimo y último día de la Creación.

Este rápido vistazo nos ha permitido observar algunas de las inconsistencias de los actuales criterios usados para defender el origen del sábado como una institución social originada durante el asentamiento de Israel en Canaán. Hemos visto que esta teoría no aporta ninguna alternativa convincente que explique el origen del sábado, porque se basa en una arbitraria selección de textos y en una hipotética influencia de un posible día de mercado o del número siete.

3. El exilio

¿Innovación o consolidación? El período del exilio judío en Babilonia (605-539 a.C.) ha sido generalmente considerado de crucial importancia para la historia del sábado. Para algunos estudiosos del tema, aludidos anteriormente, el Exilio fue la circunstancia precisa que le dio origen. Para otros, el período exílico y el posexílico representan el punto de partida del desarrollo teológico y litúrgico del sábado. No necesitamos detenernos en la primera de estas opciones, pues, como ya hemos visto, es desmentida abiertamente por las referencias bíblicas preexílicas acerca del sábado. La segunda tesis, sin embargo, merece ser tomada en consideración. Se pretende en ella que el Exilio contribuyó por partida doble a transformar el sábado de una institución social (un día de descanso para los esclavos y el ganado) en una festividad religiosa (un día para el culto divino). Por una parte, la pérdida de la patria, los bienes y los esclavos habría eliminado las razones sociales para el descanso sabático, al tiempo que habría inducido a los israelitas a buscarle otras justificaciones teológicas. Por otra parte, la pérdida de un lugar sagrado propio (el Templo de Jerusalén, 586 a.C.) habría sido compensada por un tiempo sagrado propio (el sábado) capaz de proporcionarles un marco para la adoración, incluso en el Exilio.

El Antiguo Testamento, sin embargo, no corrobora esta teoría. Los profetas del Exilio no introdujeron ninguna innovación en la teología o la observancia del sábado. Ezequiel, por ejemplo, no prescribe nada nuevo ni en cuanto al modo ni en cuanto a los motivos de la celebración del sábado. Al contrario, este profeta llega a considerar la profanación del sábado en el pasado como la causa principal de las calamidades que habían caído sobre Israel (Eze. 20:15, 16, 21, 36; 22:26, 31). Para promover el regreso a la correcta celebración del sábado, Ezequiel no apela a unas nuevas razones teológicas sino al antiguo significado histórico del sábado, concretamente, el de servir como “signo” o señal del pacto existente entre Israel y Dios (Eze. 20:12, 20). Esta función del sábado como señal de alianza se hizo más patente durante la experiencia del Exilio, al haberse convertido en una realidad presente la amenaza de dispersión, e incluso de extinción. Ezequiel, sin embargo, presenta el significado y la función del sábado en el marco de la alianza entre Dios y su pueblo, no como un nuevo concepto aparecido con la experiencia del Exilio sino como una creencia tradicional arraigada en el origen histórico de Israel durante el Éxodo. En otras palabras, la fuerza del argumento del profeta reside en la aplicación de un sentido que el sábado había tenido desde mucho antes de la deportación a Babilonia.57

¿Se convirtió el séptimo día en un tiempo sagrado como resultado de la pérdida de un lugar sagrado, el Templo de Jerusalén? De nuevo, las declaraciones de Ezequiel se oponen a ello, pues en sus escritos encontramos frecuentes referencias que relacionan el sábado con los objetos del culto (Eze. 22:26; 23:38) y con los servicios del futuro Templo (Eze. 45:17; 46:1-4, 12).58 La carencia de un lugar de culto durante el Exilio no parece haber contribuido tanto a la introducción de grandes innovaciones ideológicas o rituales como a la consolidación de las instituciones ya existentes; entre ellas, el sábado. Así lo corroboran los mensajes dados por Jeremías y las medidas tomadas por Nehemías después del Exilio, por ejemplo, para impedir las actividades comerciales en Jerusalén durante el sábado (Jer. 17:19-27; Neh. 10:31, 33; 13:15-22). Esas medidas no van encaminadas a transformar el carácter del sábado sino a corregir a sus transgresores.

Estas observaciones no pretenden negar que más tarde (durante el período intertestamentario) el concepto del sábado sufrió considerables cambios. De hecho, el sábado llegó a ser tenido por los judíos como un don exclusivo de Dios para Israel. Este exclusivismo fue alimentado tanto por el judaísmo rabínico como por el sectario, ambos empeñados en levantar en torno a ese día barreras protectoras para asegurar su correcta observancia.59 Desgraciadamente, como denuncian severamente los evangelios, esas barreras se convirtieron en una pesada carga legalista en vez de una guía espiritual para la genuina celebración del sábado. Esta evolución ocurrió, sin embargo, después de terminado el Antiguo Testamento.

¿Qué conclusiones podemos sacar de este somero examen de las principales hipótesis sobre el origen del sábado? Hemos visto que todas las conjeturas relativas a la época (Éxodo, asentamiento, Exilio) y a las causas (astronómicas, sociológicas, mágicas) del origen de la celebración del séptimo día de la semana complican el problema más que aclararlo. No se puede presentar ninguna prueba de que el sábado derive del culto al planeta Saturno, de las fases de la Luna, de los días de mercado, del valor sagrado del número siete o del Exilio. Nos preguntamos si muchos de esos esfuerzos por reducir el sábado a un fenómeno mítico o sociológico no serán un reflejo del deseo (consciente o no) de algunos de liberarse a sí mismos de la necesidad de enfrentarse con el sentido y la observancia de ese día. Esperamos, sin embargo, que los infructuosos intentos por descubrir la “prehistoria” del sábado en fuentes extrabíblicas sirvan para contribuir a la revalidación del relato bíblico sobre su origen y significado.




Parte III: El sábado de la creación


1. Objeciones y objetores al sábado de la creación

Las teorías sobre el origen del sábado que acabamos de ver reflejan las conclusiones de la critica reciente. Pero, por extraño que parezca, la relación entre el sábado y la Creación ya había sido impugnada desde mucho antes por sectores tan “conservadores” como los judíos de Palestina, los Padres de la iglesia, algunos reformadores y, más recientemente, los modernos dispensacionalistas. ¿Cuáles son las razones de ese continuo rechazo, a lo largo de los siglos, del origen edénico del sábado a pesar de las reiteradas declaraciones del Pentateuco (Gén. 2:1-3; Éxo. 20:11; 31:17)? Son varias. Veamos brevemente algunas de las principales.

Crisis de identidad. El imperioso deseo de preservar su identidad judía en un tiempo en que la presión helenística los impelía a abandonar el judaísmo llevó, al parecer, a algunos rabinos de Palestina a reducir el alcance del sábado, haciéndolo pasar de una norma establecida en la Creación para toda la humanidad a un precepto dado por Moisés exclusivamente para Israel. Los enérgicos esfuerzos del rey sirio Antíoco Epífanes por llevar a cabo su programa de radical helenización de los judíos favorecieron especialmente esta evolución. Como resultado de la prohibición de ofrecer sacrificios y de guardar el sábado (175 a.C.), muchos judíos abjuraron de su fe, “sacrificaron a los ídolos y profanaron el sábado” (1 Mac. 1:43). Los judíos piadosos resistieron heroicamente contra la helenización, prefiriendo el martirio a quebrantar el sábado (1 Mac. 2:32-38). La necesidad de preservar su identidad religiosa en ese tiempo de crisis fomentó una visión nacionalista y exclusivista del sábado. En el libro de los Jubileos, se lee: “Él (Dios) no permitió a ningún otro pueblo observar el sábado en ese día sino solo a Israel; a él solo le fue otorgado celebrarlo” (2:31).60 Si se encuentra alguna mención de la observancia del sábado por los patriarcas, se la considera como una excepción “antes de que (el sábado) fuese dado” a Israel.61

Esta noción del sábado como una institución exclusivamente judía establecida no en la Creación y para toda la humanidad, sino por Moisés y para Israel solo, hace aparecer a Dios como culpable de favoritismo y discriminación. Debemos decir, en honor a la verdad, que esta concepción representa solo una tendencia del pensamiento judío, desarrollada tardíamente al margen de la tradición original. Surgió en oposición al concepto del sábado en el judaísmo helenístico (griego), en el que se lo consideraba como un legado dado en la Creación a la humanidad entera. De hecho, incluso en la literatura palestina (tanto apocalíptica como rabínica), hay abundantes menciones a Dios, Adán, Set, Abraham, Jacob y José como fieles observadores del sábado.62

Necesidad apologética. Algunos Padres de los primeros siglos adoptaron la noción del origen mosaico y del carácter exclusivamente judaico del sábado, y la usaron como arma apologética contra aquellos cristianos que mantenían la vigencia del mandamiento del sábado en la dispensación cristiana. Su argumento más común, al que recurrían frecuentemente, decía que si los patriarcas, siendo hombres justos, no practicaron esta costumbre es porque se trataba de un precepto temporal, dado por Moisés y destinado a ser observado exclusivamente por los judíos a causa de su infidelidad.63 La reducción del día de reposo a un infame signo judío de desobediencia puede reflejar la falta de buenos argumentos apologéticos en un momento dado, pero no la comprensión de los valores permanentes que la Escritura había conferido al séptimo día.

Ausencia de la palabra “sábado”. En el texto de Génesis 2:2 y 3 se encuentra una triple referencia al “séptimo día”, pero no se menciona la palabra “sábado”. Para algunos, esta ausencia indica que el sábado no fue instituido en la Creación sino en tiempos de Moisés.64 Es cierto que el término “sábado” no aparece en este pasaje, pero también lo es que la forma verbal utilizada es sabat (cesar, descansar, reposar) y, tal como ha señalado Cassuto, esta forma “contiene una alusión al nombre del sábado”.65 Además, como observa inteligentemente este mismo autor, el uso de la expresión séptimo día en lugar de sábado puede reflejar la intención del escritor de subrayar la vigencia permanente de ese día, independientemente y al margen de cualquier asociación con los “sábados” astrológicos de los pueblos paganos.66 Al señalar un orden permanente, el séptimo día refuerza el mensaje cósmico del relato de la Creación, a saber, que Dios es a la vez el Creador y el Señor de este mundo. En el libro del Éxodo, sin embargo, donde el séptimo día es mencionado en el contexto del origen no del cosmos, sino del pueblo de Israel, el séptimo día es llamado específicamente “sábado”, quizá para enfatizar su función histórica y soteriológica. Sobre esta dimensión del sábado trataremos en los capítulos III y V.

Ausencia de un mandamiento. La ausencia en Génesis 2:2 y 3 de un mandato específico sobre la observancia del séptimo día se ha interpretado como una prueba adicional de que el sábado no tiene que ver con ningún precepto divino ni con ninguna norma ética destinada a la humanidad entera, siendo tan solo una institución ceremonial introducida por Moisés en Israel justificada con un presunto origen en la semana de la Creación.67 Este argumento acusa a Moisés de distorsionar la verdad, o por lo menos, de haber cometido el grave error de pretender que el sábado era una creación divina, cuando en realidad era su propia creación. Tal acusación pone seriamente en duda no solo la integridad de Moisés, sino también la fiabilidad del texto bíblico.

¿Qué es lo que da a un mandato divino su carácter moral y universal? ¿No se considera ley moral aquella que refleja la naturaleza divina? Si es así, ¿pudo revelar Dios de un modo mejor la naturaleza moral del sábado que convirtiendo en precepto su propia conducta divina? ¿Hay algún principio que establezca que el ejemplo divino tiene menor autoridad que su mandato? ¿No tienen más valor los actos que las palabras? “El modo de actuar de Dios –escribe John Murray– es el modelo que sirve de ejemplo para la actuación humana. No cabe duda de que en Génesis 2:3 hay por lo menos una alusión a la observancia del séptimo día de la semana por parte del hombre”.68 El hecho de que el sábado sea presentado en el texto de la Creación como un ejemplo divino y no como un mandato puede muy bien expresar la intención divina de que el sábado fuese entendido, en un mundo sin pecado, no como una imposición alienante sino como una respuesta libre del hombre ante la bondad de su Creador. Al aceptar ponerse especialmente a la disposición divina en el sábado, el hombre podía experimentar una renovación y un enriquecimiento físico, mental y espiritual constantes. Siendo que esas necesidades no desaparecieron con la Caída sino que fueron aumentando, la función moral, universal y perpetua del precepto del sábado fue reiterada más tarde bajo la forma de un mandamiento.69

Ausencia de ejemplos. El argumento más antiguo y quizás el más fuerte que se haya lanzado contra la procedencia edénica del sábado es la ausencia de menciones explícitas de su observancia durante todo el período patriarcal desde Génesis 2 hasta Éxodo 16.70 Las fuentes extrabíblicas, como vimos anteriormente, solo aportan unas cuantas indicaciones acerca de algún tipo de “sábado” primitivo entre los pueblos semitas de la antigua Mesopotamia. En realidad, teniendo en cuenta la naturaleza del sábado, difícilmente podemos esperar que se encuentren claras evidencias de su observancia entre los pueblos paganos. Sin embargo, esas evidencias deberían encontrarse en el caso de los patriarcas. ¿A qué se debe ese aparente silencio? ¿Es posible que desde Adán hasta Moisés, por alguna razón inexplicable, el sábado dejase de ser observado? Un caso parecido a este ocurrió con la fiesta de las Cabañas, que dejó de celebrarse desde el tiempo de Josué hasta el de Nehemías, durante casi mil años (Neh. 8:17). También es posible que la costumbre de guardar el sábado no se haya mencionado por considerarla demasiado evidente. Esta última posibilidad parece más verosímil por varias razones.

Primera: En la Biblia encontramos otro caso semejante, pues tampoco se menciona el sábado desde Deuteronomio hasta 2 Reyes. Este silencio difícilmente puede interpretarse como una prueba de no observancia del día de reposo, ya que la primera referencia que rompe este silencio (2 Rey. 4:23) lo hace considerándolo como una festividad comúnmente celebrada. Segunda: El libro de Génesis no contiene leyes, como el libro de Éxodo, sino solo un esquemático relato acerca de los orígenes. Al no mencionar ninguno de los otros mandamientos, su silencio en cuanto al sábado no es nada excepcional.71 Tercera: A lo largo del libro del Génesis y en los primeros capítulos del Éxodo,72 hay varias referencias a la semana de siete días, que implican, por consiguiente, la existencia del sábado. El período semanal de siete días se menciona cuatro veces en el relato del Diluvio (Gén. 7:4, 10; 8:10, 12). El término “semana” se usa también para describir la duración de los festejos nupciales de Jacob (Gén. 29:27), así como para la duración del duelo por su muerte (Gén. 50:10). Un idéntico período de tiempo dedicaron los amigos de Job para expresar su condolencia al patriarca enfermo (Job 2:12). Probablemente los ceremoniales referidos terminen con la llegada del sábado.

Un argumento más: El sábado es presentado en Éxodo 16 y 20 como una institución ya existente. Las instrucciones para recoger doble porción de maná en el sexto día presuponen el conocimiento del significado del sábado. “En el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día” (Éxo. 16:5). La falta de explicación sobre la necesidad de recoger doble cantidad el sexto día sería incomprensible si los israelitas no hubiesen tenido ya un conocimiento previo del sábado. Del mismo modo, en Éxodo 20, el sábado aparece como algo familiar. El mandamiento no dice “desde ahora guardarás el sábado” sino “acuérdate del sábado” (Éxo. 20:8), lo que implica que ya era conocido. Más aún, el mandamiento presenta el sábado como originado en la Creación (Éxo. 20:11) y, por lo tanto, no deja opción a la idea de una festividad introducida tardíamente.73

Especular sobre el modo en que los patriarcas guardaron el sábado es un esfuerzo estéril, pues se basaría más en la imaginación que en los datos. Considerando, sin embargo, que la esencia del sábado no es un lugar donde ir para cumplir con unos ritos, sino un tiempo para dedicar a Dios, a los demás y a sí mismo,74 es perfectamente verosímil que los patriarcas ocupasen ese tiempo sagrado junto con los suyos en actos religiosos tales como la oración (Gén. 12:8; 25), los sacrificios (Gén. 12:8; 13:18; 26:25; 33:20) y la enseñanza (Gén. 18:19).

Tendencias legalistas. Las anteriores objeciones contra un sábado procedente de la Creación han sido planteadas por algunos cristianos en reacción contra la manera excesivamente legalista en que el sábado ha sido guardado por la mayoría de los defensores de esa procedencia.75 Su reacción es, desde luego, justificada. Lo que no se puede justificar es el rechazo de un precepto por el hecho de que alguien lo haya pervertido. Desgraciadamente, los legalistas tienden a olvidar que Cristo, por su enseñanza y ejemplo, hizo del sábado un día de “gracia” y no de “sacrificio” (Mat. 12:8); un tiempo destinado a amar a Dios y al prójimo, y no a exhibir la piedad personal cumpliendo ciertos ritos. Una comprensión correcta de la experiencia del sábado puede ser un buen antídoto contra el legalismo. Porque el sábado no nos enseña a trabajar en favor de nuestra salvación (legalismo) sino a descansar de todos nuestros trabajos, para que, como muy bien dijo Calvino, “Dios pueda trabajar en nosotros”.76

Conflicto con la ciencia moderna. Para terminar este vistazo a las objeciones contra el sábado creacionista, debemos mencionar también a aquellos que rechazan esta enseñanza bíblica porque no pueden conciliarla con las teorías actuales acerca de los orígenes. La teoría más generalmente extendida propone que al final de un largo proceso que duró millones de años la vida apareció “espontáneamente” en la superficie de la Tierra, y fue evolucionando a partir de su forma unicelular más simple hasta las formas actuales. Para conciliar esta idea con el relato de la Creación, algunos bienintencionados teólogos han interpretado la semana de la Creación, no como un período de seis días literales, sino como seis eras geológicas.77 Otros prefieren ver la semana de la Creación como un tiempo durante el cual Dios fue revelando al hombre sus actividades creadoras y sus extraordinarios atributos. Es obvio que ambas interpretaciones rechazan el sentido del sábado, puesto que presuponen que Dios no santificó realmente ni el séptimo día ni ningún otro.

El problema que encontramos en la lógica científica es, como muy bien lo plantea Herold Weiss, que esta “se niega a dejarse informar por la teología”.78 Cuando alguien se limita a creer solo lo que puede demostrarse en los laboratorios, ha optado por seguir la pista de sus raíces descendiendo hasta el más bajo espécimen biológico, en vez de seguirla ascendiendo hasta la imagen de Dios. En última instancia, esta actitud conduce al ser humano a no creer más que en sí mismo. La trágica consecuencia de tal filosofía es que acaba por vaciar la vida y la historia humana de todo sentido, despojando a ambas de su origen y su destino divinos. La vida se reduce a un mero ciclo biológico cuyos principio y fin solo se explican por el azar. Y así, la realidad última no es Dios sino la materia, considerada históricamente como eterna o mala. El registro de la Creación, con el sábado como memorial, es un reto a este nihilismo. Es un desafío a cada generación (esté alienada por las supersticiones o por la técnica) a reconocer que el mundo es una creación y un don de Dios al hombre, y que la vida humana tiene sentido porque está enraizada en Dios.

¿Es realmente necesario poder explicar la semana de la Creación a la luz de las teorías actuales para poder aceptar el sábado como un precepto divino? ¿Tiene la ciencia contemporánea los conocimientos y el instrumental necesarios para determinar cuánto tiempo se necesita para “crear” un sistema solar como el nuestro con todas sus multiformes manifestaciones de vida? Algunos parecen olvidar que la ciencia solo puede observar y medir los procesos de conservación y desintegración en curso. De hecho, la ciencia moderna, al suponer que los procesos actuales han funcionado siempre en el pasado como en el presente (uniformismo), está excluyendo la posibilidad del proceso creador del fíat divino (Dios llamando a los seres a la existencia). De modo que el problema, en última instancia, no es cómo conciliar la semana de la Creación con las teorías modernas acerca del origen, sino cómo conciliar la doctrina bíblica de la Creación divina con los supuestos “científicos” de la generación espontánea. ¿Es posible armonizar ambas posiciones? Evidentemente, no, puesto que las dos parten de premisas que se excluyen mutuamente. Una solo acepta causas naturales, mientras que la otra reconoce a Dios como Causa sobrenatural: “Por la fe entendemos que el universo fue creado por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Heb. 11:3).

Si aceptamos por fe que Dios creó este mundo, ¿por qué rechazar entonces lo que él nos ha revelado acerca del tiempo que utilizó para crearlo? Alguien podría objetar que la noción de un Dios que crea y descansa dentro de los límites de una semana literal va en contra de su naturaleza eterna y omnipotente. Es evidente que el Dios todopoderoso no necesita ni días literales ni eras geológicas para crear nuestro mundo: su deseo basta para traerlo a la existencia (Sal. 33:6). Pero, el hecho de que en su Revelación Dios nos diga que prefirió usar un esquema temporal a escala humana en vez de uno a escala divina para crear nuestro mundo, ¿no pone de relieve otro atributo igualmente importante de su naturaleza divina, a saber, el amor? La intención divina al situar la Creación en el marco limitado del tiempo humano ¿no sería la de dar al hombre un ejemplo del equilibrio semanal ideal entre trabajo y descanso? ¿No sería ya un indicio de su divina voluntad de entrar incluso en los límites de la naturaleza humana para llegar a ser “Emanuel”, “Dios con nosotros”? Pero, esta dimensión del sábado la estudiaremos más adelante. De momento, concluimos que el poner en duda el origen divino del sábado a fin de armonizar la semana de la Creación con ciertas teorías evolucionistas lleva consigo el rechazo no solo del mensaje de Génesis 1:1 a 2:3, sino también del cuarto Mandamiento, que habla de seis días literales de Creación y un día literal de descanso santificado por Dios cuando acabó de crear el mundo (Éxo. 20:11).

2. El sábado de la creación en las Escrituras

En este rápido vistazo a las principales objeciones contra el sábado de la Creación, se han manejado principalmente textos procedentes de Génesis y Éxodo, los dos primeros libros de la Biblia. Esto podría dar la impresión de que el resto de las Escrituras y de la historia no mencionan el tema. La verdad es, sin embargo, que existen referencias que apoyan el origen edénico del sábado tanto en otras partes de la Biblia como fuera de ella. Vamos a exponer brevemente algunas de esas referencias para que el lector tenga una visión más completa del asunto en su perspectiva bíblica e histórica.

Marcos 2:27. Dos significativas declaraciones de Jesucristo, registradas en Marcos 2:27 y Juan 5:17, aluden al sábado de la Creación. En el texto de Marcos, Cristo dice: “El sábado fue hecho para el hombre, no el hombre para el sábado” (2:27). El contexto de esa afirmación es el siguiente: Los discípulos, para saciar su hambre, habían comido espigas de trigo en el lindero de un campo, por lo que habían sido acusados de transgredir el sábado. Para refutar tal acusación y para demostrar que la función principal del sábado es proteger y no mermar el bienestar físico y espiritual del hombre, Cristo apela al propósito inicial de ese día, diciendo: “El sábado fue hecho para79 el hombre; y no el hombre para el sábado” (Mar. 2:27).80

El vocabulario utilizado en este pasaje es muy revelador. El verbo hacer” (ginomai) alude a la “creación” del sábado81 y el sustantivo “hombre” (anthropos) se refiere a la humanidad en general. De modo que, para establecer el valor universal y humano del sábado, Cristo apela a su origen inmediatamente posterior a la creación del hombre. ¿Por qué? Porque para Dios la ley instituida en el origen es suprema. Así lo indica también en otra ocasión en que, lamentando la corrupción de la institución del matrimonio en tiempos del código mosaico, Jesús recurre a la ley del Edén, diciendo: “En el principio no era así” (Mat. 19:8). Cristo, pues, apunta a la Creación como origen tanto del sábado como del matrimonio, para hacer resaltar su valor fundamental para la humanidad.

Juan 5:17. El cuarto Evangelio recoge otra significativa declaración de Jesús acerca del sábado. Acusado por haber realizado una curación en sábado, se defiende diciendo: “Mi Padre hasta ahora obra y yo obro” (Juan 5:17). Algunos estudios sobre este pasaje han interpretado el “obrar” de Dios como una referencia a su cuidado providente (cura continua) o a la Creación continua (creatio continua), dándole al adverbio traducido por “hasta ahora” el significado de “continuamente”, o “siempre”.82 Basándose en esa interpretación, se ha sostenido que la alusión al continuo trabajo de Dios, ya sea creando o conservando, ignora y anula la ley del sábado.

Tal conclusión es errónea, al menos por dos razones. Primera, porque en este pasaje y otros del Evangelio de Juan la obra y el obrar de Dios no se identifican con la Creación o la providencia, sino explícita y repetidamente con la labor redentora de Cristo (ver Juan 4:34; 6:29; 10:37-38; 14:11; 15:24; 9:3). Segunda, porque el adverbio “hasta ahora” no resalta la constancia sino la iniciación y la culminación de la obra de Dios. En otras palabras, Dios está actuando desde el primer sábado hasta este mismo momento, y hasta la conclusión de su obra en el sábado final. El adverbio “hasta ahora” presupone un “principio” y “un fin”. El principio es el primer sábado, cuando Dios terminó la Creación; y el fin es el último sábado, cuando la Redención se haya concluido. Los sábados entre el primero y el último no son para Dios y sus criaturas (Juan 9:4) un tiempo de descanso ocioso, sino de “labor” responsable en favor de la salvación de los hombres. Concluimos, por lo tanto, que Cristo, al referirse en Juan 5:17 a la labor creadora divina para justificar la legitimidad de la realización de su ministerio redentor en ese día, ratifica implícitamente el origen edénico del sábado.

Hebreos 4:1 al 11. El origen del sábado es también relacionado con la Creación por el autor de la Epístola a los Hebreos. En su cuarto capítulo, explica la naturaleza universal y espiritual del descanso sabático citando juntos dos textos del Antiguo Testamento: Génesis 2:2 y Salmo 95:11. El primer texto remonta el origen del descanso sabático a la Creación, cuando “Dios descansó en el séptimo día de todas sus obras” (Heb. 4:4; ver Gén. 2:2, 3). El último (Sal. 95:11) muestra que el descanso divino incluye también el gozo de la salvación, que se encuentra al entrar personalmente en el “descanso de Dios” (Heb. 4:3, 5, 10). Pasando por alto las demás enseñanzas acerca del sábado sugeridas en este pasaje, destacaremos solamente que para su autor el sábado no se originó en tiempos de Josué, durante el asentamiento en Palestina (Heb. 4:8), sino en la Creación misma, cuando “Dios descansó en el séptimo día de todas sus obras” (Heb. 4:4). El contexto indica claramente que el autor se refiere a las “obras” de la Creación, puesto que explica que las obras de Dios “fueron acabadas desde la fundación del mundo” (Heb. 4:3). Así pues, en Hebreos 4 no solo se acepta el sábado de la Creación, sino también se lo presenta como la base para entender el propósito último de Dios con su pueblo.

3. El sábado de la creación en la historia

La tradición judía. Pasando ahora de las fuentes bíblicas a las extrabíblicas, encontramos un amplio reconocimiento del origen creacionista del sábado, tanto en la historia del judaísmo como en la del cristianismo. Los judíos desarrollaron dos posiciones diferentes en cuanto al origen del sábado. En líneas generales, los dos puntos de vista se distinguen por su procedencia geográfica y por su terminología. El judaísmo palestino (hebreo), como vimos anteriormente, redujo el sábado al nivel de un precepto exclusivamente judío relacionado con el origen de Israel como nación en tiempos de Moisés. Este punto de vista no representa, sin embargo, la tradición original sino un desarrollo secundario que fue favorecido por la necesidad de preservar la identidad judía frente a las presiones helenísticas (especialmente en tiempos de Antíoco Epífanes, 175 a.C.), encaminadas a hacer abandonar la religión judía. Y así, incluso en la literatura palestina, hay referencias al origen creacionista del sábado. Por ejemplo, el Libro de los Jubileos (en torno a 140-100 a.C.) dice, por una parte, que Dios permitió guardar el sábado “solo a Israel” (Jub. 2:31); y por otra parte afirma que Dios “guardó el sábado en el séptimo día y lo santificó por todas las edades, y lo puso por señal de todas sus obras” (Jub. 2:1).

En la literatura judía helenística (griega), el sábado es unánimemente considerado como una institución para todos los hombres que se remonta a la Creación. Aristóbulo, el predecesor de Filón, por ejemplo, escribe en el siglo II a.C. que “Dios, el Creador de todo el mundo, nos ha dado también el séptimo día para descansar porque la vida de todos los hombres está llena de fatigas”.83 Dos siglos más tarde, Filón trató ampliamente el tema del sábado. No solo remonta el origen del sábado a la Creación, sino también se complace en llamarlo “el aniversario del mundo”.84 Refiriéndose al relato de la Creación, escribe lo siguiente: “Se nos dice que el mundo fue hecho en seis días y que en el séptimo cesó Dios de su obra para contemplar lo que tan perfectamente había creado, y por lo tanto ordenó a los que deberían vivir como ciudadanos de este mundo seguir su ejemplo en esta como en otras cosas”.85 Precisamente porque el sábado existe desde la Creación, Filón insiste en que es “la festividad del Universo y no la de un solo pueblo o país, y solo ella merece propiamente el nombre de universal porque pertenece a todos los pueblos”.86

La iglesia primitiva. El reconocimiento del origen creacionista del sábado se encuentra también en documentos de la iglesia primitiva, incluso en casos en que sus requerimientos son discutidos o aplicados al domingo. En la Didascalia Siriaca (hacia 250), por ejemplo, la controversia entre el sábado y el domingo gira en torno a cuál de los dos días tiene prioridad con respecto a la Creación. El domingo es “superior” al sábado porque lo precedió en la semana de la Creación. Como primer día de la Creación, el domingo representa “el principio del mundo”.87 En el tratado Sobre el sábado y la circuncisión, contado entre las obras de Atanasio (296-373), se argumenta la superioridad del domingo sobre el sábado contraponiendo la Redención a la Creación: “El sábado fue el final de la primera Creación; el Día del Señor fue el principio de la segunda, en la cual él renovó y regeneró la antigua”.88 El hecho de que tanto los observadores del sábado como los del domingo hayan apelado a la Creación como argumento para defender la legitimidad del reposo en un día o en otro demuestra la importancia que tenía para ellos la cuestión de su origen.

En las llamadas Constituciones de los santos apóstoles (hacia 380) se amonesta a los cristianos a “observar el sábado y la fiesta del Día del Señor; porque aquel es el memorial de la Creación y esta el de la Resurrección”.89 En esta obra hay varias referencias más al sábado de la Creación. Por ejemplo, una oración alusiva a la encarnación de Cristo empieza con las siguientes palabras: “Oh, Dios todopoderoso, tú has creado el mundo por medio de Cristo y has señalado el sábado en memoria de ello, porque en ese día tú nos has hecho descansar de nuestras obras para meditar en tus leyes”.90 El tema del sábado creacionista, como observó Jean Daniélou, se encuentra “en el centro del pensamiento de San Agustín”.91 La culminación de la semana de la Creación da pie a Agustín (354-430) para desarrollar dos importantes conceptos. El primero es la noción de la marcha de la historia de este mundo hacia un reposo final en la paz de Dios. En otras palabras, la consecución del descanso eterno representa para Agustín el cumplimiento del “sábado que el Señor aprobó al final de la Creación, como está escrito, ‘Dios descansó en el séptimo día de todos sus trabajos’ ”.92

El segundo comentario de Agustín sobre el sábado de la Creación podría definirse como el paso místico del alma humana del desasosiego al descanso de Dios. Como ejemplo podemos citar, en uno de los más sublimes capítulos de sus Confesiones, la oración siguiente: “¡Oh, Señor Dios, tú que nos has dado todo, concédenos también tu paz, la paz del sábado, la paz sin atardecer!93 Porque este tan hermoso orden de cosas pasará cuando haya cumplido el propósito que les has señalado. Todas ellas fueron hechas con una mañana y una tarde. Pero el séptimo día no tiene atardecer, porque tú lo has santificado para que dure eternamente. Tu descanso en el séptimo día, después de completar tus obras, nos anuncia a través de la voz de tu Libro que nosotros también, cuando terminemos nuestras obras por tu gracia, en el sábado de la vida eterna descansaremos en ti”.94 Esta interpretación espiritual y escatológica del sábado muestra el profundo aprecio que Agustín tenía por su significado, aun cuando no aceptase la observancia literal del cuarto Mandamiento.95

Edad Media. La concepción agustiniana del sábado fue seguida con mayor o menor aproximación a lo largo de la Edad Media.96 Pero, a partir del año 321, con la ley dominical de Constantino, apareció una nueva interpretación. Para darle una sanción teológica a la legislación imperial que exigía la cesación de trabajo en domingo, las jerarquías eclesiásticas apelaron a menudo al precepto creacionista del cuarto Mandamiento, pero adaptándolo a la observancia del domingo. Crisóstomo (347-407) anticipa este desarrollo en su comentario sobre Génesis 2:2: “Dios bendijo el séptimo día y lo santificó”. Pregunta: “¿Qué significa realmente ‘lo santificó’? [...] [Dios] nos enseña que entre los días de la semana uno debe ser puesto aparte completamente dedicado al servicio de las cosas espirituales”.97 La transformación del sábado de la Creación (la específica observancia del séptimo día) en el simple reposo un día de cada siete hizo posible aplicar el mandamiento del sábado a la observancia del domingo. Pedro Comestor (m. 1179) también defiende esta aplicación argumentando sobre la base de Génesis 2:2 que el “sábado ha sido observado siempre por algunas naciones incluso antes de que la ley fuese dada”.98 Este reconocimiento del sábado como una norma procedente de la Creación, y por lo tanto universal, fue motivado, sin embargo, no por el deseo de fomentar la observancia del séptimo día, sino por la necesidad de sancionar el acatamiento del domingo.

En la teología medieval tardía, la aplicación literal del mandamiento del sábado a la observancia del domingo fue justificada con una nueva interpretación que consistía en separar en el cuarto Mandamiento su aspecto moral del ceremonial.99 Tomás de Aquino (1225-1274) ofrece, en su Suma Teológica, la más elaborada exposición sobre esta artificial y abusiva distinción. Allí argumenta que “el mandato de guardar el sábado es moral [...] en la medida en que ordena al hombre dedicar parte de su tiempo a las cosas de Dios [...] pero es un precepto ceremonial [...] en cuanto a la determinación del tiempo”.100 ¿Cómo puede el cuarto Mandamiento ser ceremonial en su especificación del séptimo día, pero moral en su obligación de apartar un día para el descanso y la adoración? Sin duda porque, para Tomás de Aquino, el aspecto moral del sábado se apoya en la ley natural, es decir, que el principio de destinar periódicamente un tiempo al descanso y a la adoración está de acuerdo con la razón natural.101 El aspecto ceremonial del sábado, por otra parte, se basa en el simbolismo del séptimo día: conmemoración de la Creación y prefiguración del “reposo del alma en Dios, en la vida presente por medio de la gracia, o en la vida futura en gloria”.102

Uno se pregunta qué tendrá que ver el aspecto ceremonial (transitorio) del sábado con su significado de perfecta creación divina y de reposo en Dios en esta vida y en la venidera. ¿No es precisamente este significado el que provee la base para consagrar un tiempo a la adoración a Dios? Rechazar como ceremonial el mensaje original del séptimo día, concretamente que Dios es el Creador perfecto que ofrece descanso, paz y compañía a sus criaturas, implica desechar también toda razón moral para dedicar un tiempo determinado al culto divino. La creencia en Dios como Creador, que será tratada en el próximo capítulo, constituye la piedra angular de la fe y del culto cristianos. Aparentemente el mismo Tomás de Aquino reconoció la deficiencia de su razonamiento puesto que hizo una distinción entre el sábado y otras festividades del Antiguo Testamento, como la Pascua, “un signo de la futura Pasión de Cristo”. Para él, estas festividades eran “temporales y transitorias [...] por lo tanto solo el sábado, y ninguna otra de las solemnidades y sacrificios, es mencionado en los preceptos del Decálogo”.103 La inseguridad de Tomás de Aquino acerca del aspecto ceremonial del sábado se refleja también en su comentario de que Cristo anuló no el precepto del sábado, sino “la interpretación supersticiosa de los fariseos, quienes pensaban que había que abstenerse de hacer incluso obras de caridad en sábado, lo cual iba en contra de la intención de la Ley”.104 La incertidumbre de Tomás de Aquino fue, sin embargo, ampliamente olvidada, y su distinción entre los aspectos moral y ceremonial en el sábado se convirtió en una razón fundamental para defender el derecho de la iglesia a introducir y regular la observancia del domingo y de otras fiestas religiosas. El resultado fue un elaborado sistema legal muy semejante a la legislación rabínica sobre el sábado, pero aplicado al domingo.105

Luteranismo. Los reformadores del siglo XVI sostuvieron diversos puntos de vista sobre el origen y la naturaleza del sábado. Sus posiciones dependían de su comprensión acerca de la relación entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, y sobre todo de su reacción en contra de una observancia legalista y supersticiosa no solo del domingo sino de toda una serie de festividades religiosas. Lutero y algunos radicales, en su intento por combatir el sabatismo medieval fomentado no solo por la Iglesia Católica sino también por elementos de la Reforma tales como Andreas Karlstadt,106 atacaron el sábado como una “institución mosaica especialmente destinada al pueblo judío”.107 Esta posición se vio ampliamente fomentada por una separación radical entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. En el Gran Catecismo (1529), Lutero explica que el sábado “es algo superado, como las demás ordenanzas del Antiguo Testamento que estaban sujetas a determinadas costumbres, personas y lugares, pero ahora hemos sido liberados por Cristo”.108 Esta postura aparece formulada todavía más claramente en el artículo 28 de la Confesión de Augsburgo (1530): “La Escritura ha abrogado el sábado; pues enseña que desde la revelación del evangelio todas las ceremonias mosaicas quedan eliminadas”.109

Estas declaraciones quizá den la impresión de que Lutero rechazó el origen creacionista del sábado, reduciéndolo a una simple institución judaica. Pero tal conclusión no es correcta, pues Lutero afirma, en el propio Gran Catecismo, que “el día (sábado) no necesita ser santificado en sí mismo, puesto que ya ha sido creado santo. Desde el principio de la Creación fue santificado por su Creador”.110 Del mismo modo, en su comentario sobre Génesis 2:3, Lutero dice: “Dado que las Escrituras mencionan el sábado mucho antes de que Adán cayese en pecado, ¿no habrá que deducir que ya se le había indicado que debía trabajar seis días y descansar el séptimo? Así es, sin duda alguna”.111 Melanchthon, el colaborador y sucesor de Lutero, expresó el mismo punto de vista. En la edición de 1555 de sus Loci Communes, Melanchthon afirma claramente que, “desde los tiempos de Adán, los primeros padres guardaron (el sábado) como un día en el que dejaban a un lado el trabajo de sus manos y se reunían con otros para la predicación, la oración de agradecimiento y los sacrificios, tal como Dios había ordenado”.112 Melanchthon hace una distinción entre la función del sábado antes y después de la Caída. Antes de la Caída, el sábado tenía por objeto permitir que Dios encontrara “reposo, morada, gozo y delicia” en sus criaturas. “Después de la Caída –escribe Melanchthon–, el sábado fue restablecido por Dios cuando prometió que su paz volvería a reinar cuando el Hijo diera su vida y descansase en la muerte hasta la resurrección. Por eso ahora, en nuestro sábado, nosotros también debemos morir y resucitar con el Hijo de Dios para que Dios pueda volver a encontrar morada, paz y gozo en nosotros”.113

¡Qué profunda percepción del significado del sábado bíblico! Un día para permitir que el creyente muera y resucite con Cristo.114 Un día para dejar que Dios encuentre “morada, complacencia y paz en nosotros”. La intención de este libro es estudiar temas como ese contenidos en el sábado. Uno se pregunta cómo Lutero y Melanchthon pudieron contemplar el sábado como una norma dada en la Creación y a la vez como una institución mosaica. La explicación está en que adoptaron y desarrollaron la distinción hecha por Tomás de Aquino entre la ley natural y la ley mosaica o, como ellos las llamaron, la ley moral y la ley ceremonial. Esta distinción es articulada con más claridad por Melanchthon que por Lutero, aunque este último sostenía que “la legislación mosaica sobre el sábado [...] ha sido abolida” porque “no está respaldada por la ley natural”.115 Sin embargo, fue Melanchthon quien, en respuesta a los que llevaban la posición de Lutero al extremo de rechazar la observancia de cualquier día, afirmó lo siguiente: “En este mandamiento hay dos aspectos, uno general que la iglesia necesita siempre, y otro específico, referido a un día especial que solo atañía al pueblo de Israel [...]. Porque lo general de este mandamiento, a saber la necesidad del culto, pertenece al ámbito de lo moral, natural y permanente; pero lo específico, lo relacionado con el séptimo día, pertenece a lo ceremonial [...] y no nos atañe a nosotros; por lo tanto, nosotros tenemos nuestras reuniones el primer día, es decir, el domingo”.116

Es difícil comprender la lógica de este razonamiento. ¿Cómo el principio de consagrar un día de la semana “para el servicio de la predicación y del culto público” puede catalogarse como moral, pero la especificación del séptimo día como ceremonial, y solamente válida para el pueblo de Israel? Objetar que el séptimo día es ceremonial porque no tiene una explicación evidente en la razón humana (ley natural) es un argumento de doble filo, porque tampoco la lógica humana lleva por sí misma a descubrir el principio de que se debe consagrar un día a la semana para dedicarlo al “servicio de la predicación y al culto público”.117 En realidad, esto último ni siquiera se puede deducir explícitamente del cuarto Mandamiento, que dicho sea de paso, no menciona la necesidad de asistir a servicios públicos de culto, sino solo la necesidad de descanso (Éxo. 20:10).118 La idea de que el Decálogo está basado en la ley natural es una elaboración del escolasticismo (influido por la filosofía moral clásica).119 En la Biblia, el sábado y el resto de los Diez Mandamientos no aparecen como un fruto de la razón humana, sino de una revelación divina especial. El hecho de que la razón humana pueda descubrir por sí misma muchos de los valores éticos del Decálogo prueba su racionalidad, pero no su origen.

La distinción luterana entre aspectos morales y ceremoniales o naturales y mosaicos en el sábado nos parece un honesto pero inadecuado esfuerzo por salvar algunos de los valores del sábado en el enfrentamiento de dos amenazas opuestas: por una parte, la de los antinomianos radicales, que negaban la necesidad de observar ningún día;120 por otra, la de los legalistas católicos y reformados, que defendían la santificación de las fiestas como “necesaria para la salvación”.121 La Confesión de Augsburgo alude a esas “monstruosas disputas” y explica que “esos errores proliferaron en la iglesia cuando la justificación por la fe no fue enseñada con suficiente claridad”.122 Lutero realizó encomiables esfuerzos para evitar a la vez el Scylla del legalismo y el Carybidis del antinomianismo. Solo cabe lamentar que para conseguir su objetivo rechazase como mosaicos y ceremoniales algunos aspectos y funciones importantes del séptimo día que, como veremos más adelante, son de incalculable valor para comprender y experimentar la “justificación por la fe”. En lugar de ello, Lutero optó por conservar el domingo como un día aceptable “establecido por la iglesia para el bien de los laicos y de las clases trabajadoras”123 que necesitan “por lo menos un día a la semana para descansar [...] y asistir a los servicios religiosos”.124 La distinción radical de Lutero entre ley natural y ley mosaica, y entre Ley y evangelio, fue adoptada y desarrollada hasta sus extremos por grupos radicales como los anabaptistas, puritanos extremistas, cuáqueros, menonitas, huteritas y las modernas confesiones antinomianas.125 Todos estos sectores han argüido que el sábado no fue establecido por Dios en la Creación, sino que pertenece a la dispensación mosaica cumplida y abolida por Cristo. Consecuentemente, en la dispensación cristiana los creyentes estarían exentos de la observancia de cualquier día de reposo en particular.

Catolicismo. El punto de vista católico acerca del sábado se mantuvo en el siglo XVI básicamente en la postura tomista, distinguiendo entre ley mosaica y ley natural. Leamos, por ejemplo, el Catecismo del Concilio de Trento (1566), llamado también “Catecismo romano”. En el cuarto capítulo de la tercera parte explica la diferencia entre el sábado y el resto de los Mandamientos, diciendo: “Los demás preceptos del Decálogo pertenecen a la ley natural, y son perpetuos e inalterables [...] porque concuerdan con la ley de la naturaleza, cuya fuerza impele a los hombres a su observancia; pero el mandamiento relativo a la santificación del sábado, en lo que al tiempo señalado (para su observancia) se refiere, no es inmutable ni inalterable sino susceptible de cambio, ya que no pertenece a la ley natural, sino a la ceremonial [...] puesto que solo a partir del tiempo en que el pueblo de Israel fue liberado de la opresión de Faraón se observó el sábado”.126 Y concluye diciendo que “la observancia del sábado (como séptimo día) ha sido abolida [...] al mismo tiempo que los demás ritos y ceremonias hebraicos, a saber, a la muerte de Cristo”.127

Ya mostramos anteriormente la falta de lógica que existe en considerar la especificación del séptimo día en el cuarto Mandamiento como una ley mosaica y ceremonial. Solo añadiremos que sobre la base de la ley natural también debería ser considerado como ceremonial el segundo Mandamiento, pues la prohibición de adorar representaciones iconográficas (o pictóricas) de la Deidad (Éxo. 20:3-6) tampoco es plenamente explicable recurriendo solo a la razón humana. Por eso, sin duda, la Iglesia Católica ha suprimido el segundo Mandamiento (Éxo. 20:3-6) de su Decálogo.128 Ahora bien, ¿es la razón humana un criterio legitimo para aceptar o rechazar los preceptos del Decálogo? Aparentemente, esa es la posición tomada por la Iglesia Católica para defender su derecho a introducir no solo la observancia del domingo, sino también la de otros días. Tenemos abundantes ejemplos de ello, especialmente en los documentos católicos del siglo XVI.129 Así, Johann Eck (1486-1543), en su Enchiridion, escrito contra algunos reformadores, dice que “si la iglesia ha tenido el poder de cambiar el sábado de la Biblia por el domingo y decretar la observancia del domingo, ¿por qué no va a tener también poder sobre los demás días? [...] Si uno prescinde de la iglesia y se limita a aceptar solo la Biblia, entonces debe guardar el sábado como los judíos, como ha sido guardado desde el principio del mundo”.130

Es interesante observar que Eck, aun cuando apoya la autoridad de la Iglesia Católica para cambiar el sábado por el domingo, no deja de reconocer el origen creacionista del sábado, al decir que “ha sido guardado desde el principio del mundo”.131 La misma opinión aparece expresada en un documento católico más oficial, el Catecismo del Concilio de Trento (1566): “El sábado –se explica allí– fue llamado así por el Señor en el Éxodo (Éxo. 20:8-11; Gén. 2:2), porque habiendo acabado y completado la creación del mundo, ‘Dios descansó de toda su obra’ (Gén. 2:2, 3)”.132 Más adelante, el sábado es considerado “una señal, como un memorial de la creación de este admirable mundo”.133 Este franco reconocimiento del sábado como institución y memorial de la Creación desafía y contradice lo afirmado en el mismo documento acerca del derecho de la iglesia a cambiar el sábado: “Ha placido a la iglesia de Dios transferir la celebración religiosa del sábado al Día del Señor”.134 Esta patente contradicción, como veremos más tarde, volverá a ser planteada en términos similares en la tradición protestante.

Sabatarios. Ciertos reformadores radicales adoptaron dos posiciones opuestas frente al sábado. Un sector, del que ya hablamos anteriormente, llevó hasta su consecuencia lógica la distinción luterana entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, rechazando la santificación del sábado, o de cualquier otro día, como cosas de la dispensación mosaica, cumplida por Cristo y reemplazada por la dispensación de la gracia. Otro grupo, sin embargo, siguiendo las implicaciones lógicas del concepto calvinista de la unidad entre los dos Testamentos, reconoció y promovió la observancia del séptimo día como el sábado instituido en la Creación para la humanidad de todos los tiempos. Los oponentes de este grupo los llamaron comúnmente “sabatarios”. Estudios recientes han demostrado que los sabatarios constituían un grupo respetable en tiempos de la Reforma, especialmente en Moravia, Bohemia, Austria y Silesia.135 Algunos catálogos católicos de sectas los clasifican inmediatamente después de los luteranos y los calvinistas.136 Erasmo (1466-1536) menciona a los sabatarios de Bohemia: “Ahora han aparecido entre los bohemios una nueva clase de judíos, a quienes llaman Sabbatarii, y quienes guardan el sábado con gran superstición”.137 Lutero confirma la existencia de grupos sabatarios en Moravia y Austria.138 En 1538 escribió una Carta contra los Sabatarios [Brief wider die Sabbathers], argumentando en contra de su observancia del sábado.139

Oswald Glait, exsacerdote católico convertido en pastor luterano y más tarde anabaptista, comenzó a propagar con éxito en 1527 sus ideas sabatarias entre los anabaptistas de Moravia, Silesia y Bohemia.140 Fue apoyado por el erudito Andreas Fisher, también exsacerdote y anabaptista.141 Glait escribió un Tratado sobre el sábado (Buchlenn vom Sabbath), fechado en torno a 1530, que no ha llegado hasta nosotros. De la refutación que Gaspar Schwenckfeld142 hizo de la obra de Glait, deducimos que este defendía la unidad entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, aceptando la validez e importancia del Decálogo para los cristianos. Glait rechazaba la tesis de sus críticos de que el mandamiento del sábado es una prescripción ceremonial del mismo tipo que la circuncisión. “El sábado fue ordenado y guardado desde la Creación”, decía.143 Dios enseñó a “Adán en el Paraíso a celebrar el sábado”.144 Por lo tanto, “el sábado [...] es para siempre un signo de esperanza y un memorial de la Creación [...] un pacto eterno [...] que está en vigor mientras el mundo exista”.145 Glait tuvo que sufrir el exilio, la persecución y finalmente la muerte, ahogado en el Danubio (1546).146

La muerte de Glait, quizás el más sobresaliente líder de los sabatarios, no detuvo la expansión de la doctrina del sábado. En tiempos de la Reforma habían observadores del sábado en numerosos países europeos, tales como Polonia, Holanda, Alemania, Francia, Hungría, Rusia, Turquía, Finlandia y Suecia.147 En el siglo XVII, su presencia fue particularmente notoria en Inglaterra. R. J. Bauckham observa que “una importante serie de predicadores puritanos y anglicanos se esforzaron por combatir el séptimo día. Sus esfuerzos son una prueba tácita de la atracción que tal doctrina ejercía en el siglo XVII; los observadores del séptimo día fueron tratados con gran rigor por las autoridades puritanas y anglicanas”.148 Los bautistas del séptimo día se convirtieron en la principal iglesia observadora del sábado en Inglaterra.149 En 1671 fundaron su primera comunidad en América, en Newport (Rhode Island).150 Los adventistas del séptimo día reconocen con gratitud su deuda hacia los bautistas del séptimo día por haberlos llevado al conocimiento del sábado en 1845.151 Pocos años más tarde (1860), la Iglesia de Dios del Séptimo Día aceptó también el valor del sábado.152 Más recientemente, esta creencia ha sido aceptada por la Iglesia Universal de Dios e importantes sectores de otras confesiones.153

La Tradición Reformada. Las iglesias reformadas tradicionales, tales como los puritanos ingleses, los presbiterianos, los congregacionalistas, los metodistas y los bautistas, han adoptado lo que podíamos llamar una “posición de compromiso”, reconociendo por una parte que el sábado es una norma establecida en la Creación, mientras que por otra defienden el domingo como una legítima sustitución del sábado llevada a cabo por la iglesia. Generalmente hacen una diferencia entre la observancia temporal del domingo y la espiritual. Calvino fue realmente el pionero y promotor de esta tendencia tan extendida y que tanto influyó sobre el sabatismo, en especial sobre los puritanos angloamericanos. La base de las enseñanzas de Calvino acerca del sábado se encuentra en el rechazo de la antítesis luterana entre la Ley y el evangelio. En su esfuerzo por mantener la unidad básica entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, Calvino cristianizó la Ley, espiritualizando, por lo menos en parte, el mandamiento del sábado.154

Calvino reconoció que el sábado había sido instituido por Dios en la Creación. En su Comentario sobre Génesis 2:3, escrito en 1554, afirma: “Así pues, en primer lugar Dios descansó; luego bendijo este descanso, para que siempre fuese sagrado entre los hombres; por lo tanto dedicó al descanso cada séptimo día, para que su propio ejemplo fuese una ley perpetua”.155 Un año antes de su muerte (1564), reitera esta misma convicción en su Armonía del Pentateuco, diciendo: “Ciertamente Dios se reservó para sí mismo el séptimo día y lo santificó cuando terminó la creación del mundo, para que mantuviese a sus siervos unidos y libres de todo cuidado para la contemplación de la belleza, excelencia y perfección de sus obras”.156 Unos párrafos más allá, Calvino explica que “la santificación del sábado fue anterior a la Ley”.157 Dios reiteró este Mandamiento en tiempos de Moisés porque con el paso del tiempo “se había extinguido entre las naciones paganas y se había descuidado casi totalmente entre la raza de Abraham”.158

¿Cómo concilia Calvino su aceptación del sábado como una norma dada por Dios en la Creación a toda la humanidad con su creencia de que “con la venida de Cristo la parte ceremonial de la Ley fue abolida?”159 En otras palabras, ¿cómo puede ser el sábado a la vez una norma universal y una parte del ceremonial judío abolido por Cristo? Calvino intenta resolver este conflicto recurriendo a la distinción tomista entre los aspectos moral y ceremonial del sábado. En la Creación, el sábado fue dado como estatuto perpetuo, pero “después la Ley dio una nueva disposición acerca del sábado, que debía ser para los judíos en especial y solo por un tiempo”.160 ¿Qué diferencia hay entre el sábado judío (mosaico) y el sábado cristiano (creacionista)? La diferencia no es fácil de detectar, especialmente para el que no está habituado a distinguir entre matices teológicos. Calvino califica al sábado judío de “típico” (simbólico), es decir, “una ceremonia legal anticipadora de aquel reposo espiritual verdadero, que se manifestaría en Cristo”.161 El sábado cristiano (domingo), sin embargo, “no es figurativo”.162 Con ello, Calvino quiere decir aparentemente que se trata de una institución pragmática, destinada a cumplir tres objetivos básicos: permitir que Dios obre en nosotros, proveer tiempo para la meditación y los servicios religiosos y proteger a los asalariados.163

Una contradicción sin resolver. El intento de Calvino por superar el conflicto entre el sábado como “norma perpetua desde la Creación” y “ley ceremonial temporal” no es convincente. ¿Acaso el sábado no realiza las mismas funciones prácticas para los judíos que para los cristianos? Además, cuando Calvino enseña que para los cristianos el sábado representa “la renuncia propia” y “el verdadero descanso” del evangelio,164 ¿no está atribuyéndole a ese día un significado “tipológico-simbólico” similar al que tenía el sábado judío? Esta cuestión pendiente reaparece en los escritos de los sucesores de Calvino dando lugar a un sinfín de controversias. Por ejemplo, Zacarías Ursinos, el compilador de aquella importante confesión reformada conocida como El Catecismo de Heidelberg (1563), enseña que “el sábado del séptimo día fue ordenado por Dios desde el principio del mundo, para indicar que el hombre, siguiendo su ejemplo, debía descansar de sus trabajos” y, “aunque el sábado ceremonial fue abolido en el Nuevo Testamento, el sábado moral todavía perdura y nos atañe tanto a nosotros como a otros”.165 Esta posición fue defendida posteriormente con tenacidad en el monumental trabajo del famoso puritano británico Nicolás Bownde,166 escrito en 1595 con el título de La doctrina del sábado, y en otros documentos confesionales, tales como el Sínodo de Dort de 1619167 y la Confesión de Fe de Westminster de 1646.168

Estos y otros documentos, sin embargo, no dan una explicación lógica a la arbitraria y artificial distinción entre el llamado aspecto moral (constante, perpetuo, natural) del sábado aplicado al domingo y su aspecto ceremonial (contingente, temporal, mosaico), supuestamente anulado por Cristo. Pretender que la especificación del séptimo día es un elemento litúrgico del sábado porque fue designado para ayudar a los judíos a conmemorar la Creación y a experimentar el reposo espiritual significa cerrar los ojos al hecho de que los cristianos necesitan dicha ayuda tanto como los judíos; significa dejar a los cristianos en la confusión de no saber por qué deben consagrar un día al culto divino. R. J. Bauckham reconoce la existencia de tal perplejidad diciendo que la mayoría de “los protestantes de mediados del siglo XVI tenían ideas tan imprecisas acerca de los motivos para la observancia del domingo como las que han tenido la mayoría de cristianos de todos los tiempos”.169

La contradicción patente entre los aspectos moral y ceremonial del día de reposo ha suscitado repetidas controversias sobre la relación existente entre el domingo y el mandamiento del sábado. ¡Por cierto que el sábado no ha tenido descanso! La distinción entre lo moral y lo ceremonial en el sábado ha llevado a dos posturas opuestas sobre el domingo. En Holanda, por ejemplo, estos dos puntos de vista fueron debatidos durante más de diez años a partir del Sínodo de Dort (1619). De un lado, los teólogos holandeses Willem Teellinck, William Ames y Antonio Walaeus escribieron importantes tratados defendiendo el origen creacionista del sábado y, por consiguiente, la legítima aplicación del cuarto Mandamiento a la observancia del domingo.170 En el lado opuesto, el notable profesor Francisco Gomarus contestó con su extensa Investigación sobre el significado y origen del sábado y consideración sobre la institución del día del Señor (1628), en la que propugnaba el origen mosaico del sábado y por consiguiente el origen eclesiástico e independiente del domingo.171

El debate entre esas dos posiciones opuestas se ha reavivado repetidas veces en diferentes países,172 y los dos puntos de vista están todavía muy lejos de conciliarse. Dos estudios recientes, el uno de Willy Rordorf (1968)173 y el otro de Roger T. Beckwith y Wilfird Stott (1978)174 ilustran bien la situación. Rordorf propugna la tesis de que el sábado no es un precepto creacionista que afecta a los cristianos, sino una “institución social” introducida después de la ocupación de Canaán y anulada por Cristo. De ese modo, desvincula completamente del cuarto Mandamiento la celebración del domingo, pues la considera una creación exclusiva de la iglesia cristiana, introducida para conmemorar la resurrección de Cristo por medio de la Cena del Señor.175 Al cortar todos los lazos con el mandamiento del sábado, Rordorf reduce el domingo a una hora de culto programada según las demandas de la vida moderna. Las implicaciones prácticas de esta posición son evidentes. Llevadas a sus últimas consecuencias significarían el “certificado de defunción del domingo”,176 ya que, con el tiempo, hasta esa hora de culto puede ser fácilmente devorada por el vertiginoso horario de la vida moderna.

Beckwith y Stott, en su último libro titulado Este es el día: La doctrina bíblica del domingo cristiano (1978), rebaten la tesis de Rordorf, demostrando que el sábado es una norma relacionada con la Creación, que Cristo no rechazó sino que observó y esclareció, y que los apóstoles usaron para forjar el Día del Señor.177 En consecuencia, deducen que “visto a la luz del Nuevo Testamento en su conjunto, el Día del Señor puede ser claramente considerado como un sábado cristiano: una culminación hacia la que apuntaba el sábado del Antiguo Testamento”.178 Como resultado lógico de esta conclusión, el domingo ya no es solamente una hora de adoración, como argüía Rordorf, sino “un día completo, apartado para ser una festividad sagrada [...] para el culto, el descanso y las buenas obras”.179 No es nuestro propósito aquí tomar partido ante las respectivas posiciones de Rordorf y Beckwith-Stott que, como demostré en mi tesis, contienen varias afirmaciones gratuitas.180 Solo queremos hacer notar al lector que la discusión sobre la naturaleza y el origen del sábado sigue abierta. Y lo que está en juego no es una mera disputa académica, sino la cuestión del verdadero significado y pertinencia del sábado para la vida cristiana.




Conclusiones


Tres principales conclusiones parecen desprenderse de este rápido vistazo sobre los testigos bíblicos e históricos del origen del sábado. Primera: En las Escrituras hay un innegable consenso en apoyo del origen creacionista del sábado. Segunda: La tradición judía más antigua e importante remonta el origen del sábado a la culminación de la Creación. Tercera: Hemos encontrado en la historia del cristianismo un apoyo considerable al origen edénico del sábado, no solo entre los observadores del séptimo día, sino también entre muchos partidarios del domingo. Estos últimos han defendido el valor del sábado como norma establecida en la Creación para justificar el domingo como “sábado cristiano”. El sábado de la Creación ha sido principalmente atacado desde dos frentes: de una parte, por cristianos en guardia contra el sabatismo legalista; de otra parte, por los críticos que rechazan la historicidad del Pentateuco y en especial del relato de la Creación.

Argumentar aquí la validez del sábado como una norma recibida de la Creación sobre la base dominante de un presunto apoyo histórico sería tomar la Historia como criterio último para aceptar o rechazar cualquier doctrina bíblica. Pero el voto de la mayoría no es un principio aceptable de interpretación bíblica (hermenéutica). Nuestro examen solo ha pretendido mostrar que la creencia en el origen divino del sábado está profundamente arraigada tanto en las Escrituras como en la historia. Rechazar tal enseñanza calificándola de “supersticiosa, legalista e inconsistente ante la ciencia moderna” puede llevarnos a caer en un grave error, porque tal calificación no proporciona una razón suficientemente honesta para desechar un precepto bíblico ni para dispensar al creyente de la obligación de cumplirlo.

Nuestro estudio nos ha mostrado que, según el consenso unánime de las Escrituras, el origen del sábado está fundamentado en los eventos de la Creación y señala la inauguración de la historia humana. ¿Cuáles son algunas de las implicaciones prácticas de esta enseñanza bíblica? En primer lugar, significa que la observancia del sábado no es una ceremonia temporal judía, sino una disposición permanente destinada a todos los hombres.181 En segundo lugar, significa, como dijo de un modo tan bello Elizabeth E. Platt, que los seres humanos “tenemos nuestras raíces arraigadas en el sábado, y que este nos pertenece según el plan de Dios, desde el Génesis hasta la Eternidad”.182 En tercer lugar, significa que nuestras raíces ancestrales tienen un origen noble y bueno, pues se afirman en Dios mismo. Por último, significa que nuestro mundo y nuestra existencia son valiosos porque no son un producto del azar sino una creación personal de un Dios que nos ama.183

Es cierto que ya no vivimos en aquel principio perfecto, sino en un imperfecto intermedio: un tiempo lleno de injusticia, codicia, violencia, corrupción, sufrimiento y muerte. Rodeados por el caos y el desorden de nuestra época, buscamos paz, esperanza y sentido para nuestra vida. El sábado nos trae cada semana seguridad y esperanza. Nos recuerda que nuestro origen y nuestro destino nos unen a Dios. Renueva nuestro sentido de continuidad con el pasado, jalonando nuestra vida con su luz, iluminando nuestros valores presentes y nuestras expectativas futuras. El sábado nos invita a descansar en Dios en medio del inquieto intermedio de nuestra vida mientras esperamos el descanso final (y sin fin) y la paz perfecta de Dios (Heb. 4:9), para la que fuimos creados. Este es el mensaje del sábado: la gozosa celebración de nuestro origen.

1 (#ulink_0e282820-ca7d-5632-adf4-240098a30087) Paul Tillich, Systematic Theology, 1957, t. 1, p. 265. En Dynamics of Faith, 1958, p. 42, Tillich usa el ejemplo de la bandera para ilustrar cómo un símbolo participa de la realidad que representa: “La bandera participa del poder y la dignidad de la nación a la que simboliza [...]. Un ataque a la bandera se considera como un ataque al honor del grupo representado por ella”. Del mismo modo, en las Escrituras, la profanación del sábado, símbolo de autoridad y pertenencia divinas, es vista como apostasía (Eze. 20:13, 21).

2 (#ulink_3016f437-863e-547c-8492-fefb8103c27c) Esta conexión es reconocida por Salomón Goldman: “El propósito principal del relato de la Creación es el de realzar la singularidad y la excelencia del hombre, y recalcar la santidad y la bienaventuranza del séptimo día, o sábado” (In the Beginnings, 1949, p. 744).

3 (#ulink_3016f437-863e-547c-8492-fefb8103c27c) Filón, De Opificio Mundi, 89; De Vita Mosis 1, 207; De Specialibus Legibus 2, 59.

4 (#ulink_3016f437-863e-547c-8492-fefb8103c27c) R. W. Emerson, “The Divinity School Address”, Three Prophets of Religious Liberalism, C. C. Wright, ed., 1961, p. 111.

5 (#ulink_83b8d152-d84a-551c-a335-56ed5bf5dc69) Muchos comentaristas modernos dividen Génesis 2:4 en dos partes, relacionando la primera parte del versículo con el primer relato de la Creación (documento P) y la segunda parte (vers. 4b) con el segundo relato de la Creación (documento J). Los argumentos para tal división han sido convincentemente refutados por U. Cassuto en La Questione della Genesi, 1934, pp. 268-272 y en A Commentary on the Book of Genesis, 1961, pp. 96-99.

6 (#ulink_d0d2ceb4-04e2-58bf-b864-b32531c350f5) Nicola Negretti, por ejemplo, señala que “mediante Génesis 2:4ª, el autor del relato sacerdotal ha encadenado juntas la semana de la Creación con el esquema de las toledot (generaciones) (ver Gén. 5:1; 6:9; 10:1; 11:10-27; 25:12-19; 36:1-9; 37:2) insertando (la semana) en el contexto de la historia de la salvación” (“Il Settimo Giorno”, Analecta Biblica 55, 1973, p. 93; ver p. 165, n. 31). Ver también H. C. Leupold, Exposition of Genesis, 1950, p. 110; J. Scharbert, “Der Sinn der Toledot-Formel in der Priesterschrift”, en “Wort-Gebot-Glaube”, Alttestamentliche Abhandlun-gen zur Theologie des Alten und Neuen Testaments 59 (1970, pp. 45-56).

7 (#ulink_d0d2ceb4-04e2-58bf-b864-b32531c350f5) Génesis 2:4; 5:1; 6:9; 10:1; 11:10; 11:27; 25:12; 25:19; 36:1; 37:2.

8 (#ulink_37a2d36a-2da4-5142-847c-f3c7ae4e83fe) La teoría kenita se remonta a Abraham Kuenen, The Religion of Israel, 1874, p. 274. Ha sido replanteada por Bernardus D. Eerdmans, “Der Sabbath”, en Vom Alten Testament: Festchrift Karl Marti, Nº 41 (1925), pp. 79-83; Karl Budde, “The Sabbat and the Week: Their Origin and their Nature”, The Journal of Theological Studies 30 (1928), pp. 1-15; H. H. Rowley, “Moses and the Decalogue”, Bulletin of the John Rylands Library 34 (1951-1952), pp. 81-118; L. Koehler, “Der Dekalog”, Theologische Rundschau 1 (1929), p. 181.

9 (#ulink_37a2d36a-2da4-5142-847c-f3c7ae4e83fe) La identificación de Sakkuth y Kaiwan como nombres de Saturno ha sido impugnada recientemente por Stanley Gervirtz, “A New Look at an Old Crux: Amos 5:26”, Journal of Biblical Literature 87 (1968), pp. 267-276; ver William W. Hallo, “New Moons and Sabbaths: A Case-study in the Contrastive Approach”, Hebrew Union College Annual 48 (1977), p. 15. La traducción propuesta por Gervirtz y Hello dice: “Pero ahora cargaréis con vuestro ídolo rey y con los pedestales de vuestras imágenes (el texto hebreo añade: la estrella de vuestros dioses), que os habéis hecho vosotros mismos” (Amós 5:26).

10 (#ulink_86fbada6-d645-5965-8c98-3b4fb0688a3f) Sobre la cuestión del origen de la semana planetaria, ver Samuele Bacchiocchi, From Sabbath to Sunday, 1977, pp. 241-247. Obsérvese que, mientras que el día de Saturno fue inicialmente el primer día de la semana planetaria, el sábado del Antiguo Testamento siempre fue el séptimo día.

11 (#ulink_86fbada6-d645-5965-8c98-3b4fb0688a3f) Joseph Z. Lauterbach indica que, “en el judaísmo tardío, cada vez que se menciona alguna relación astrológica entre Saturno y los judíos, se tiene cuidado de precisar que los judíos observan el sábado con independencia de Saturno, dependiendo solo de Dios” (Rabbinic Essays, 1951, p. 438). Conviene señalar también que algunos judíos llamaron a Saturno Shábbti, que significa “la estrella del sábado”. Este no quiere decir, como observa Hutton Webster, “que el día reciba el nombre por el planeta, sino que el planeta recibe el nombre por el día” (Rest Days, 1916, p. 244).

12 (#ulink_86fbada6-d645-5965-8c98-3b4fb0688a3f) Ver E. G. Kraeling, “The Present Status of the Sabbath Question”, The American Journal of Semitic Languages 49 (1932-1933), pp. 218, 219; G. Fohrer, Geschichte der israelischen Religion, 1969, p. 108; J. J. Stamm y M. E. Andrew, The Ten Comandments in Recent Research, 1967, pp. 91, 92; Roland de Vaux, Ancient Israel, 1965, t. 2, p. 480.

13 (#ulink_97d9db69-5051-55f1-8e68-fe7710052791) George Smith, Assyrian Discoveries, 1883, p. 12.

14 (#ulink_97d9db69-5051-55f1-8e68-fe7710052791) Hutton Webster supone que el calendario original posiblemente se remonte a los tiempos de Hammurabi (Rest Days, 1916, p. 223). William W. Hallo (p. 10) también opina que las festividades lunares neobabilónicas son restos de una antigua tradición sumeria (p. 8).

15 (#ulink_97d9db69-5051-55f1-8e68-fe7710052791) Se piensa que el día 19° representa el 49° día contado a partir del mes anterior, o siete días nefastos: úmé lemnúti. Sin embargo, como el mes lunar tiene algo más de 29 días, el ciclo “semanal” entre el último día nefasto (28° día) y el primero del mes siguiente (7°día) sería de ocho o nueve días, según el mes anterior hubiese tenido 29 o 30 días.

16 (#ulink_97d9db69-5051-55f1-8e68-fe7710052791) R. W. Rogers, Cuneiform Parallels to the Old Testament, 1912, p. 189; C. H. W. Johns, Assyrian Deeds and Documents, II, 1901, pp. 40, 41; George A. Barton, Archeology and the Bible, 1944, p. 308; Stephen Langdon, Babylonian Menologies and the Semitic Calendars, 1935, pp. 73ss.

17 (#ulink_97d9db69-5051-55f1-8e68-fe7710052791) Cada fase de la Luna representa 73/4 días, lo que hace imposible mantener un ciclo semanal de siete días precisos.

18 (#ulink_97d9db69-5051-55f1-8e68-fe7710052791) Ver Paul O. Bostrup, Den israelitiske Sabbats Oprindelse og Karakter i Foreksilsk, 1923, pp. 50-55.

19 (#ulink_97d9db69-5051-55f1-8e68-fe7710052791) Ver Amós 8:5; Oseas 2:11; Isaías 1:11-13; 2 Rey. 4:23.

20 (#ulink_0721e7bd-8124-5ecb-8e49-5f02714d28ea) El período entre dos lunas nuevas seguidas (lunación) es de 29 días, 12 horas, 44 minutos y 2,8 segundos.

21 (#ulink_0721e7bd-8124-5ecb-8e49-5f02714d28ea) Es comúnmente aceptado que los días nefastos de Babilonia tenían carácter religioso pero no civil. Hutton Webster reconoce que, “en los documentos cuneiformes, nada indica que los babilonios los empleasen para fines civiles. Esos períodos parecen haber tenido únicamente un significado religioso” (p. 230). Siegfried H. Horn observa también que “los textos cuneiformes no dicen que en esos cinco días especiales del mes se tuviese que descansar, abstenerse de trabajar o adorar a los dioses. En ellos, solo se prohíbe a ciertas personas (al rey, los médicos, etc.) realizar ciertas cosas específicas en esos ‘cinco días nefastos’ ” (“Was the Sabbath Known in Ancient Babilonia? Archeologia and the Sabbath”, The Sabbath Sentinel [diciembre 1979], pp. 21, 22). En un calendario neobabilónico y en su texto original publicado por René Labat, la mayoría de esos días son desfavorables, y los múltiplos de siete pueden ser o buenos o malos (“Un calendrier cassite de jours fastes et néfastes”, Sumer 8 (1952), p. 27); “Un almanach babylonien”, Review d’Assyriologie 38 (1941), pp. 13-40.

22 (#ulink_0721e7bd-8124-5ecb-8e49-5f02714d28ea) Karl Budde, p. 6.

23 (#ulink_2dee7ee2-6e9b-5c06-92b5-5f70ebae951c) E. A. Speiser, “The Creation Epic”, en James B. Pritchard, Ancient Near Eastern Texts, 1950, p. 68. Ver W. F. Lambert y A. R. Millard, Atra-hasis: The Babylonian Story of the Flood, 1969, pp. 56f; Theophilus G. Pinches, “Sabattu, the Babylonian Sabbath”, Proceedings of the Society of Biblical Archeology 26 (1904), pp. 51-56.

24 (#ulink_2dee7ee2-6e9b-5c06-92b5-5f70ebae951c) Algunas tablillas cuneiformes hablan de sacrificios hechos a los reyes divinos de Ur en la luna nueva y en el día quince del mes. Ver H. Radau, Early Babylonian History, 1900, p. 314.

25 (#ulink_2dee7ee2-6e9b-5c06-92b5-5f70ebae951c) Ver ejemplos de textos en Cuneiform Texts from Babylonian Tablets in the British Museum, XVIII, 17c, d.

26 (#ulink_2dee7ee2-6e9b-5c06-92b5-5f70ebae951c) M. Jastrow piensa que el šabattu era en su origen un día para aplacar la ira de la divinidad, por lo que la idea de reposo se aplicaría antes a los dioses que a los hombres (Hebrew and Babylonian Traditions, 1914, pp. 134-149).

27 (#ulink_2dee7ee2-6e9b-5c06-92b5-5f70ebae951c) Esta teoría fue desarrollada inicialmente por Jahannes Meinhold, Sabbath und Woche im Alten Testament, 1905, pp. 3ss. En uno de sus primeros estudios (Sabbat und Sonntag, 1909, pp. 9, 34), Meinhold atribuía a Ezequiel el cambio de la luna llena mensual al sábado semanal. Sin embargo, en un ensayo posterior (“Zur Sabbatfrage”, Zeitschrift für die Alttestamentliche Wissenschaft 48 (1930), pp. 128-132), sitúa el proceso en tiempos posexilicos, en relación con las reformas de Nehemías. Su teoría ha sido adoptada, con varias modificaciones, por algunos especialistas. Ver Samuel H. Hooke, The Origin of the Early Semitic Ritual, 1938, pp. 58, 59; Adolphe Lods, Israel: From its Beginning to the Middle of the Eighth Century, 1932, p. 438; Sigmund Mowinckel, Le Décalogue, 1927, p. 90; Robert H. Pfeiffer, Religion in the Old Testament: The History of a Spiritual Triumph, 1961, pp. 92, 93.

28 (#ulink_e8fb150d-a8c5-5ae9-990c-409129b46591) Karl Budde (n. 9), p. 9. Ver E. G. Kraeling (n. 13), p. 222; J. H. Meesters, Op zoek naar de oorsprong van de Sabbat, 1966, pp. 28-34.

29 (#ulink_e8fb150d-a8c5-5ae9-990c-409129b46591) 2 Reyes 4:23 alude a la celebración del sábado en la comunidad del profeta Eliseo (852-798 a.C.) y 2 Reyes 11:4 al 12 describe el cambio de la guardia en sábado en los tiempos en que Atalía, reina de Judá, fue derrocada (835 a.C.).

30 (#ulink_e8fb150d-a8c5-5ae9-990c-409129b46591) N. H. Tur-Sinai, “Sabbat und Woche”, Bibliotheca Orientalis 8 (1951), p. 14. Tur-Sinai señala que, dado que los nombres de los meses judíos no tienen nada que ver con los babilónicos, difícilmente puede suponerse alguna influencia entre ellos.

31 (#ulink_01c2550b-d664-52a9-8613-0efe8cd4ad67) George A. Barton, The Royal Inscriptions of Sumer and Akkad, 1929, pp. 187, 229, 253.

32 (#ulink_01c2550b-d664-52a9-8613-0efe8cd4ad67) James B. Pritchard, Ancient Near Eastern Texts Relating to the Old Testament, 1955, pp. 44, 94.

33 (#ulink_01c2550b-d664-52a9-8613-0efe8cd4ad67) Se trata de un silabario neobabilónico que contiene solo los siete primeros días del mes (aparentemente considerado como formando una unidad) y una carta que recomienda “completar el día de la luna nueva, el séptimo día y el día de la luna llena” (A. L. Oppenheim, “Assyriological Gleanings II”, Bulletin of the American Schools of Oriental Research 93 [1944], pp. 16-16; Alfred Jeremias, Das Alte Testamente im Lichte des Alten Orients, 1930, p. 75. Para un análisis de dichos textos, ver Horn, pp. 20-22).

34 (#ulink_01c2550b-d664-52a9-8613-0efe8cd4ad67) Friedrich Delitzsch, Babel and Bible, 1903, p. 38. Ver J. Hehn, Siebenzahl und Sabbat bei den Babyloniern und im Alten Testament, 1907, pp. 4-44, 77-90; A. S, Kapelrud, “The Number Seven in Ugaritic Texts”, Vetus Testamentum 18 (1968), pp. 494-499; H. J. Kraus, Worship in Israel, 1966, pp. 85-87; Nicola Negretti, Il Settimo Giorno, 1973, pp. 31-109; S. E. Loewnstein, “The Seven Day-Unit in Ugaritic Epic Literature”, Israel Exploration Journal 15 (1965), pp. 121-133.

35 (#ulink_01c2550b-d664-52a9-8613-0efe8cd4ad67) Siegfried H. Horn, p. 21.

36 (#ulink_98e15d08-5578-56c4-95b2-eefc0e64c910) Ibíd., p. 21.

37 (#ulink_98e15d08-5578-56c4-95b2-eefc0e64c910) Ver un informe detallado de 41 relatos del Diluvio procedentes de diferentes partes del mundo en B. C. Nelson, The Deluge Story in Stone, 1949.

38 (#ulink_98e15d08-5578-56c4-95b2-eefc0e64c910) Un período de cinco días, conocido como hamustum, parece haber sido familiar para los antiguos asirio-babilonios. A. H. Sayce fue el primero en suponer que el término hamustum, que aparece en tablillas cuneiformes de la época de Hammurabi, designaba un período de cinco días, o el día sexto de cada mes (“Assyriological Notes Nº 3”, Proceedings of the Society of Biblical Archeology 19 (1897), p. 288. Sin embargo, Julius y Hildegard Lewy interpretan hamustum como un período de cincuenta días (“The origin of the Week and the Oldest West Asiatic Calendar”, Hebrew Union College Annual 17 (1942-43), pp. 1-152. Otros piensan que se trata de un período de seis días o el día quinto de cada mes, como N. H. Tur-Sinai, pp. 14-24. La hipótesis de un período de cinco días ha sido replanteada por Kemal Balkan, “The Old Assyrian Week”, Studies in Honor of Benno Landsberger on His Seventh-fifth Birthday April 12, 1965 (Chicago, 1965), pp. 159-174. Hay textos cuneiformes que contienen indicios de períodos de cinco días asociados a fases lunares. Ver referencias en A. Jeremias, The Old Testament in the Light of the Ancient East, 1911, p. 65.

39 (#ulink_98e15d08-5578-56c4-95b2-eefc0e64c910) Siegfried H. Horn, p. 22.

40 (#ulink_7db2e77c-3b06-5c93-a588-ab042c5d8254) Por ejemplo, J. Morgenstern afirma categóricamente: “Todas las evidencias a nuestro alcance indican inequívocamente que el sábado solo pudo haber sido originado en una sociedad agrícola. De hecho, los hebreos adoptaron el sábado solo después de haberse establecido en Palestina y haberse asentado en la tierra de sus predecesores los cananeos, a los que parcialmente desplazaron, y de los que aprendieron las técnicas de cultivar el suelo junto con varias instituciones propias de una civilización agrícola, entre las cuales está el sábado” (The Interpreter’s Dictionary of the Bible, 1962, s.v. “Sabbath”).

41 (#ulink_7db2e77c-3b06-5c93-a588-ab042c5d8254) Willy Rordorf argumenta este punto de vista de un modo muy categórico pero poco convincente. Para él, “en el más antiguo estrato del Pentateuco, el sábado debe ser entendido como una institución social. Después de cada seis días de trabajo, se deja un día para el descanso de las bestias, los esclavos y los siervos. La observancia del sábado, por lo tanto, apunta a un período posterior a la ocupación de Canaán” (Sunday: The History of the Day of Rest and Worship in the Earliest Centuries of the Christian Church, 1968, p. 12).

42 (#ulink_7db2e77c-3b06-5c93-a588-ab042c5d8254) La razón que Rordorf da para esta transformación es que “desde el tiempo en que los judíos dejaron de estar en su propia tierra y dejaron de tener esclavos, apenas supieron qué hacer de las razones para la observancia del sábado en el plano ético-social” (n. 44, p.18).

43 (#ulink_723c579c-3608-5c89-8bde-25977911ab6d) Rordorf, p. 11: “Tenemos justificada razón para considerar Éxodo 23:12 y 34:21 como las más antiguas versiones del mandamiento del sábado”.

44 (#ulink_6e037e97-3d64-584e-9ae8-2b5103ad0637) Con este criterio, el mandamiento del sábado de Éxodo 20:8 al 11, así como otras referencias al sábado (tales como Gén. 2:2, 3; Éxo. 16:4, 5, 22-30; 31:12-17; Lev. 23:3; Núm. 15:32-36; 28:9, 10), se han atribuido al llamado Documento Sacerdotal. Según el punto de vista de la crítica actual, este documento representa la última fuente del Pentateuco, supuestamente incorporada en tiempos de Esdras (400 a 450 a.C.). Todos los textos del sábado del Documento Sacerdotal han sido examinados por Niels-Erik A. Andreasen, The Old Testament Sabbath, A Tradition-Historical Investigation, 1972, pp. 62-89. Conviene señalar que, como reconoce Gerhard von Rad, eminente especialista en Antiguo Testamento, “un importante factor para fechar el Documento Sacerdotal es la preeminencia que se da en él al sábado y a la circuncisión” (Old Testament Theology I, 1962, p. 79). Se da por sentado, y von Rad lo admite abiertamente, que el sábado no tiene significado religioso antes del Exilio y que “fue en el Exilio cuando el sábado y la circuncisión obtuvieron su status confessionis”; es decir, su importancia confesional (p. 79). El punto débil de toda esta argumentación sobre la institución del sábado en época tardía así como sobre el Documento Sacerdotal, está en que se apoya en el supuesto gratuito de que los intereses socioeconómicos son anteriores a las motivaciones teológicas del sábado. Ahora bien, ¿se puede justificar esta dicotomía? En nuestra opinión, ese no parece ser el caso, según veremos más adelante. Es de lamentar que un mal entendimiento de la “absolutamente incomparable institución del sábado haya contribuido también al rechazo de la autoridad mosaica del Decálogo” (Salomón Goldman, The Ten Comnandments, 1956, p. 64).

45 (#ulink_6e037e97-3d64-584e-9ae8-2b5103ad0637) Para J. Berman, una de las principales funciones del año sabático era la de “poner límites a la institución de la esclavitud. La diferencia de valores de la Torah, cuando se compara con los que encontramos generalmente en la sociedad del antiguo Cercano Oriente, es más evidente en este punto que en todos los demás. Mientras que los contemporáneos de los antiguos israelitas no veían ningún mal en la esclavitud y utilizaban sus sistemas legales para mantenerla como institución, la Torah manifiesta una clara preferencia por la libertad y utiliza estructuras legales para limitar tanto los males como la extensión de la esclavitud. Así, el código de Hammurabi (#282) estipula que al esclavo fugado que oculta su condición social, si es capturado, debe cortársele la oreja como castigo por su delito. La Torah, aun cuando conoce un castigo menos grave, la perforación de la oreja, lo aplica al delito exactamente opuesto, es decir, para el esclavo que después de serlo seis años rechaza su libertad y desea seguir siendo esclavo (Éxo. 21:6). Esta alteración de valores, de afirmar la esclavitud a negarla, no puede ser más evidente para un pueblo familiarizado con los sistemas penales del antiguo Cercano Oriente” (“The Extended Notion of the Sabbath”, Judaism 22 [1973], p. 350).

46 (#ulink_6e037e97-3d64-584e-9ae8-2b5103ad0637) La función liberadora de los años sabáticos se verá en el capitulo 5, parte 1.

47 (#ulink_c2ff4026-e6aa-5b3b-af80-08f796aea5b4) A este respecto, Ernst Jenni ha observado que la función social del sábado está relacionada con la experiencia de la liberación de Israel (Die theologische Begründung des Sabbatgebotes im Alten Testament, 1956, pp. 15-19). También apunta que Deuteronomio insiste no menos de cinco veces en “recordar” la liberación divina con el fin de actuar con misericordia con los desheredados de la sociedad (Deut. 5:15; 15:15,16,12; 24:18, 22).

48 (#ulink_c2ff4026-e6aa-5b3b-af80-08f796aea5b4) Abram Herbert Lewis, Spiritual Sabbatism, 1910, p. 67.

49 (#ulink_56b4f73b-8b73-535a-b3ab-8116871fa13f) Eduard Lohse disiente de esta idea: “El mandamiento del sábado requiere el descanso absoluto del trabajo. Esta orden no presupone necesariamente condiciones agrícolas tales como las alcanzadas por Israel después de la conquista. También hubiesen podido ser observadas por nómadas. Por lo tanto, la observancia del sábado se remonta al origen remoto de la religión de Yahweh” (“Sabbaton”, Theological Dictionary of the New Testament, 1971, t. 3, p. 3). Ver H. H. Rowley, p. 117.

50 (#ulink_56b4f73b-8b73-535a-b3ab-8116871fa13f) Ver William Foxwell Albright, Yahweh and the Gods of Canaan: A Historical Analysis of Two Contrasting Faiths, 1968, pp. 64-73; John Brigth, A History of Israel, 1959, pp. 72, 73; H. H. Rowley, From Joseph to Joshua: Biblical Traditions in the Light of Archeology, 1950, pp. 157ss.

51 (#ulink_56b4f73b-8b73-535a-b3ab-8116871fa13f) Del mismo modo, Salomón Goldman declara: “Roger Williams, ¿no tuvo más visión que la mayoría de los habitantes de la Nueva Inglaterra de su tiempo? ¿No fundó Rhode Island con la esperanza de que pudiese servir en el futuro como ‘un refugio para los perseguidos por motivos de conciencia’? ¿No anticipó Jefferson en muchos aspectos la América de nuestros días? Y Lincoln, ¿no tuvo que presionar a su generación para llegar a formular la Ley del Suelo y de ese modo hacer provisión para los numerosos millones que habitarían el país algún día? ¿Por qué pues negarle tal clarividencia a Moisés?” (p. 64).

52 (#ulink_4f40fd8b-f102-5208-9bee-65d9908766c9) Ver Friedrich Delitzsch, Babel und Bibel, 5a ed., 1905, p. 65. Karl Budde menciona también a varios otros partidarios de este punto de vista, p. 5.

53 (#ulink_4f40fd8b-f102-5208-9bee-65d9908766c9) Karl Budde observa que “Nehemías (Neh. 13:17-21) tuvo que tomar medidas contra los mercaderes cananeos que traían sus mercancías a Jerusalén en sábado. Y, aun cuando tenemos muy poca información acerca de los antiguos cananeos, tenemos mucha de sus contemporáneos los fenicios, sus vecinos, procedente de lugares del Mediterráneo tan alejados como Cartago, Galia y España: en ninguna otra parte se encuentra la mas mínima traza del sábado; al contrario, Israel es consciente de la no existencia de nada similar en todo aquel amplio ámbito” (p. 5). Eduard Lohse indica igualmente que “la idea de que hayan tomado el sábado de los cananeos es refutada por el hecho de que entre estos no se ha encontrado ningún vestigio de ello” (p. 3).

54 (#ulink_4f40fd8b-f102-5208-9bee-65d9908766c9) Ver E. G. Kraeling, pp. 226-228; Martin P. Nilsson, Primitive Time Reckoning, 1920, pp. 324-346; H. Webster, Rest Days: A Study in Early Law and Morality, 1911, pp. 101-123; Ernst Jenni, p. 13.

55 (#ulink_8a34e02b-2f7c-58ac-8348-906ea38be835) Ver C. W. Kiker, “The Sabbath in the Old Testament Cult” (tesis doctoral), Southern Baptist Theological Seminary, 1968, pp. 76-111.

56 (#ulink_8a34e02b-2f7c-58ac-8348-906ea38be835) El punto flaco de esta hipótesis está en que las más antiguas regulaciones de las festividades anuales (Éxo. 23:14-17; 34:18-23) no exigen la cesación del trabajo ni aparecen nunca relacionadas de ninguna manera con la observancia del séptimo día.

57 (#ulink_dcdb05d6-407f-5cd9-9099-54f9111be9ff) Que Ezequiel no transformó el sábado de una institución social en una celebración religiosa se ve también en el modo en que asoció la profanación del sábado con el descuido de las obligaciones morales del hombre hacia sus padres, los extranjeros y los pobres (Eze. 22:7, 8). El profeta vela los aspectos social y religioso del sábado como mutuamente dependientes.

58 (#ulink_83139449-bdcd-5e58-91ff-6dbef95c84cb) Niels-Erik Andreasen, Rest and Redemption, 1978, p. 29, subraya este punto cuando escribe: “El profeta Ezequiel, que vivió en cautividad durante este período, menciona el sábado repetidamente, pero casi siempre lo hace en relación con el Templo de Jerusalén y sus objetos sagrados (Eze. 22:8, 26; 23:38), o en relación con el futuro del templo, por el que suspiraba fervientemente (Eze. 44:24; 45:17; 46:1-4, 12)”.

59 (#ulink_b6b0103f-663b-5d11-beae-0142e780bd4d) Ver, por ejemplo, el tratado Shabbath, 7, 2, en H. Danby, The Mishnah, 1933, pp. 100-136; George Foot Moore, Judaism in the First Centuries of the Christian Era, 1946, pp. 19-39; S. T. Kimborough, “The Concept of Sabbath at Qumran”, Revue de Qumran 5 (1962), pp. 483-502; 1 Mac. 2:29-41; 1:15, 60; 2 Mac. 6:10; Jub. 50:8.

60 (#ulink_23b9dc76-0bb5-5a71-8239-795084e01606) Ver también Jub. 2:20-22. Esta interpretación tan exclusivista del sábado condujo a algunos rabinos a enseñar que la observancia del sábado estaba prohibida para los no judíos. Así, Simón b. Lagish dice: “El gentil que observa el sábado merece la muerte” (Sanhedrin 586). Anteriormente, R. José b. Hanina habla dicho: “El no judío que observa el sábado no estando circuncidado es reo de pena de muerte. ¿Por qué? Porque a los no judíos no se les ha mandado hacerlo” (Deuteronomio Rabbah 1:21).

61 (#ulink_23b9dc76-0bb5-5a71-8239-795084e01606) Génesis Rabbah 11:7; 64:4; 79:6.

62 (#ulink_b666a269-7db3-58f2-9a28-91b68268af2d) Ver Génesis Rabbah 11:2, 6, 8; 16:8; 79:7; 92:4; Pirke de Rabbi Eliezer 18, 19, 20; Los Libros de Adam y Eva 51:1-2; Apocalipsis de Moisés 43:1-3; Yoma 28b. En estas referencias, sin embargo, se puede detectar a veces cierta tensión entre el concepto universalista-creacionista del sábado y el exclusivista-mosaico. En el Libro de los Jubileos (siglo II a.C.) tenemos un ejemplo. Mientras en 2:1 se dice que “Dios guardó el sábado en el séptimo día y lo santificó para siempre y lo puso por señal de todas sus obras”, en 2:31 se afirma que Dios “no autorizó a ningún otro pueblo a guardar el sábado en ese día, excepto a Israel”. Para más información sobre el tema, ver Robert M. Johnston, “Patriarchs, Rabbis, and Sabbath”, Andrews University Seminary Studies 12 (1974), pp. 94-102.

63 (#ulink_99622d66-7f27-5e6c-9140-003c8a56adce) Este argumento aparece por primera vez en los escritos de Justino Mártir, Diálogo con Trifón 19, 6; 23, 3; 27, 5; 29, 3; 46, 2-3. Ver Ireneo, Adversus haereses 4, 16, 2; Tertuliano, Adversus Judaeos 2; Eusebio, Historia Ecclesiástica 1, 4, 8; Demonstratio evangelica 1, 6; Comnentaria en Salmos 91. Este argumento aparece también en la Didascalia Siriaca 26: “Si Dios hubiese querido que descansásemos un día de cada seis, ya los patriarcas y los hombres justos y todos los que vivieron antes de Moisés habrían descansado (en ese día)” (Connolly, p. 236).

64 (#ulink_778a1a3b-51d8-5d54-9b21-9e60d8b0be9b) Por ejemplo, John Gill, The Body of Divinity, 1951, p. 965. Robert A. Morey expresa la misma opinión en “Is Sunday the Christian Sabbath?”, Baptist Reformation Review 8 (1979), p. 6: “Pero ¿no se trata de un precepto dado en la Creación, según Génesis 2:1 al 3? No, la palabra ‘sábado’ no aparece en el texto. Un estudio bíblico-teológico más profundo mostraría que Génesis 2:1 al 3 es el comentario retrospectivo de Moisés acerca de la Creación, en el contexto de su comprensión personal de los Diez Mandamientos, pero no es la comprensión de Adán en el principio de la Historia”.

65 (#ulink_778a1a3b-51d8-5d54-9b21-9e60d8b0be9b) U. Cassuto, A Commentary on the Book of Genesis, 1961, p. 63.

66 (#ulink_778a1a3b-51d8-5d54-9b21-9e60d8b0be9b) U. Cassuto, p. 68, explica: “Lo que quería decir la Torah, a mi entender, era lo siguiente: el sábado de Israel no será como el de las naciones paganas; no será el día de la luna llena, ni ningún otro día dependiente de las fases de la Luna, sino que será el séptimo día (lo cual nos ayuda a entender por qué se acentúa aquí la particular apelación a séptimo día); el séptimo en una sucesión perpetua, independiente y libre de cualquier asociación con los signos de los cielos y de los conceptos astrológicos”. Ver N. M. Sarna, Understanding Genesis, 1923, p. 23. La razón para el uso del término “séptimo día” en vez de sábado debe buscarse a la luz del propósito general del relato de la Creación, que es, según Herold Weiss, el de impugnar “la visión mitológica del mundo, en la que torrentes, montañas, animales, astros y árboles tienen ‘poderes’ propios. Aquí tenemos un mundo secular. Dios está claramente fuera de él, pero ha dejado en él sus huellas al marcar al hombre con su imagen” (“Genesis, Chapter One: A Theological Statement”, Spectrum 9 1979, p. 61). Harvey Cox hace la misma observación en The Secular City, 1965, pp. 22, 23.

67 (#ulink_ba10a6e2-3a40-528c-99d9-edb237e64d0d) Harold H. P. Dressler escribe: “No hay ningún mandato divino acerca de cómo debe ser guardado el séptimo día. De un modo retrospectivo, se nos dice simplemente que Dios ‘descansó’ (Éxo. 20:11) y ‘reposó’ (Éxo. 31:17)” (p. 22 del manuscrito). Ver Gerhard von Rad, The Problem of the Hexateuch and other Essays, 1966, p. 101, n. 9; C. H. Mackintosh, Genesis to Deuteronomy, 1965, p. 23.

68 (#ulink_a0302851-5186-57ca-a757-3181ffdef938) John Murray, Principles of Conduct, 1957, p. 32.

69 (#ulink_a0302851-5186-57ca-a757-3181ffdef938) Muchos teólogos reconocen las implicaciones universales del sábado creacionista. U. Cassuto, p. 64, por ejemplo, comenta lo siguiente: “Cada séptimo día, sin interrupción desde los días de la Creación, sirve para recordarnos que el mundo fue creado por la palabra de Dios, y que debemos dejar nuestros trabajos para seguir el ejemplo del Creador y andar sus caminos. La Biblia insiste en recalcar que la santificación del sábado es anterior a Israel y afecta a toda la humanidad” (The Interpreter’s Bible I, p. 489). “El hecho de que P no vincule el origen del sábado con cualquier acontecimiento de la vida de los patriarcas (como ocurre con la circuncisión en el capitulo 17) ni con la historia de Israel, sino con la Creación misma, es muy significativo. Porque indica que la observancia de este día, según este pasaje [...] concierne a todo el género humano”. Ver W. H. Griffith Thomas, Genesis, 1960, p. 33; Joseph Breuer, Commentary on the Torah, 1948, pp. 17, 18.

70 (#ulink_e4289f35-6a95-55fb-924f-68f3d6990e2b) Roger D. Congdon presenta este argumento en su tesis doctoral, diciendo: “No existe absolutamente ninguna mención del sábado antes de que Dios lo diera a Moisés. Esas palabras indican que aquel acontecimiento fue relacionado con el decálogo del Sinaí. Las palabras citadas se encuentran en Éxodo 16:4. Esta es la primera referencia al sábado en la Biblia, y cronológicamente la primera en toda la historia” (“Sabbatic Theologhy”, tesis doctoral, Dallas Theological Seminary, 1949, pp. 122, 123).

71 (#ulink_f57fca2a-0f80-5325-b7b0-9a84fe7a2597) Esto no significa que los principios éticos de los Diez Mandamientos fuesen desconocidos. ¿No fue condenado Caín por matar a su hermano (Gén. 4:9-11), y fue alabado Abraham por guardar los mandamientos de Dios?

72 (#ulink_f57fca2a-0f80-5325-b7b0-9a84fe7a2597) Ver Éxo. 7:25; 12:15, 16, 19; 13:6, 7.

73 (#ulink_50ef723d-4e7f-5357-abe5-7e8ddf5f4568) No negamos que algunos israelitas pudiesen considerar el sábado como una institución relativamente nueva, sobre todo teniendo en cuenta su inevitable descuido durante la opresión egipcia.

74 (#ulink_72736151-a15f-5534-86a3-9a31da2e1ed2) Obsérvese la importancia dada a la celebración hogareña del sábado en Lev. 23:3: “El séptimo día es sábado de descanso solemne, de reunión santa; no trabajarás en él, es el sábado del Señor en todas tus moradas”. Ver Éxo. 16:29. Jacob Z. Lauterbach, p. 440, señala que “el centro principal de la observancia del sábado es el círculo familiar del hogar y muchas de sus ceremonias están encaminadas a estrechar los lazos de amor y afecto entre los miembros de la familia, acentuar el cuidado y los deberes paternos y aumentar el respeto filial hacia los padres”.

75 (#ulink_b0b349c9-14cb-5ded-b003-8ae916afdaf1) Fue precisamente esta inquietud ante el legalismo sabático la que llevó a Lutero y a otros reformadores radicales a considerar el sábado como una institución mosaica superada. En nuestros días, este es el punto de vista de los cristianos dispensacionalistas y antinomianos.

76 (#ulink_b0b349c9-14cb-5ded-b003-8ae916afdaf1) Juan Calvino, Institutes of the Christian Religion, 1972, II, p. 339. Ver K. Barth, Church Dogmatics, 1958, III, parte 2, p. 50.

77 (#ulink_188a6b68-aa33-5329-9fad-df63550c1626) Para un examen de las teorías creacionistas, ver Frank Lewis Marsh, Studies in Creationism, 1950, pp. 22-40.

78 (#ulink_58a915f7-76b3-5118-a496-932ee51e5bee) Herold Weiss, p. 59.

79 (#ulink_cac589c7-59ef-5fe5-874d-0810eb4bb300) La construcción griega es dia con acusativo, lo cual indica la causa por la que fue creado el sábado, a saber “por causa del hombre” o, como traduce H. E. Dana, “en atención al hombre (Mar. 2:27)” (A Manual Grammar of the Greek New Testament, 1962, p. 102).

80 (#ulink_cac589c7-59ef-5fe5-874d-0810eb4bb300) Estas palabras de Jesús aluden a la función original del sábado (en la Creación), como lo reconocen numerosos teólogos. Ver, entre otros, Charles E. Erdman, The Gospel of Mark, 1945, p. 56; H. B. Swete, The Gospel According to St. Mark, 1902, p. 49; J. A. Schep, “Lord’s Day Keeping from the Practical and Pastoral Point of View”, en The Sabbath-Sunday Problem, 1968, pp. 142, 143; Roger T. Beckwith y W. Stott, This is the Day, 1978, p. 11; Francis Nigel Lee, The Covenantal Sabbath, 1966, p. 29.

81 (#ulink_d3641fce-5307-5b33-a9bd-8c490d86b033) Algunos consideran que el verbo ginomai no puede tomarse como una expresión técnica para “crear”, ya que su significado varía según el contexto. La observación es correcta, pero el contexto sugiere que el verbo se refiere a la “creación” original del sábado, por dos razones básicas. Primera, porque esta declaración (2:17) es la prueba concluyente presentada por Cristo sobre la función humanitaria del sábado (2:23-26), señalando con ella su propósito original y último. Segunda, porque Cristo afirma su señorío sobre el sábado (2:28) basándose en el hecho de que él mismo lo estableció para beneficio del hombre (2:27).

82 (#ulink_f037e300-5efc-5c97-824f-43016ccecba2) Bacchiocchi, “Juan 5:17: Negación o explicación del sábado”, trabajo presentado en el Congreso Anual de la Sociedad de Literatura Bíblica, New Orleans, Louisiana, Noviembre 11, 1978.

83 (#ulink_9f19e95a-a178-56bf-899a-2ae0bc0b1f98) Esta cita procede de Eusebio, Praeparatio evangelica, 13, 12.

84 (#ulink_9f19e95a-a178-56bf-899a-2ae0bc0b1f98) Filón, De Opificio Mundi 89; De Vita Mosis 1, 207; De Specialibus Legibus 2, 59.

85 (#ulink_9f19e95a-a178-56bf-899a-2ae0bc0b1f98) Filón, De Decalogo 97.

86 (#ulink_9f19e95a-a178-56bf-899a-2ae0bc0b1f98) Filón, De Opificio Mundi 89.

87 (#ulink_1d3a0602-9fc8-5147-9985-65f181f34842) Didascalia Siriaca 26, ed. Connolly, p. 233.

88 (#ulink_1d3a0602-9fc8-5147-9985-65f181f34842) Atanasio, De sabbatis et circumcisione 4, PG 28, 138 BC.

89 (#ulink_6e2b93b9-ba15-5af4-92ae-19e4767c0f8a) Constitución de los santos apóstoles VII, 23, Ante-Nicene Fathers VII, 469.

90 (#ulink_6e2b93b9-ba15-5af4-92ae-19e4767c0f8a) Ibíd., VII, 36, p. 474; cf. II, 36.

91 (#ulink_6e2b93b9-ba15-5af4-92ae-19e4767c0f8a) Jean Daniélou, The Bible and Liturgy, 1966, p. 276.

92 (#ulink_6e2b93b9-ba15-5af4-92ae-19e4767c0f8a) Agustín, The City of God, XXII, 30, trad. Henry Bettenson, 1972, p. 1.090.

93 (#ulink_0d3d0866-bd34-5895-9000-4871e6737163) Para San Agustín, el hecho de que en el relato de la Creación del séptimo día no se hable de “tarde y mañana” significa que al descanso sabático se le ha dado una dimensión eterna, espiritual y escatológica.

94 (#ulink_0d3d0866-bd34-5895-9000-4871e6737163) San Agustín, Confesiones XIII, 35, 36. Ver Sermón 38, PL 270, 1.242; De Genesis ad litteram 4, 13, PL 34, 305. San Agustín presenta de un modo conciso lo que él llama las dimensiones “ya” y “todavía no” del descanso sabático, en su Comentario sobre los Salmos 91, 2: “El que tiene buena conciencia está tranquilo y esa paz es el sábado del corazón. Pues su esperanza reposa en aquel que promete, y aunque sufra en el tiempo presente contempla en esperanza a aquel que ha de venir, y entonces todas las nubes de aflicción serán dispersadas. Este gozo presente y la paz de nuestra esperanza son nuestro sábado” (PL. 27, 1172).

95 (#ulink_0d3d0866-bd34-5895-9000-4871e6737163) En su Epístola 55 ad Ianuarium 22, Agustín escribe: “Por lo tanto, el único de los Diez Mandamientos que hemos de observar espiritualmente es el del sábado, porque reconocemos que es simbólico y no está hecho para ser celebrado con nuestra inactividad física” (CSEL 34, 194). Nos preguntamos cómo es posible retener el simbolismo del sábado como descanso místico y escatológico en Dios, y al mismo tiempo negar la base que sustenta dicho símbolo, es decir, la experiencia del descanso sabático literal.

96 (#ulink_32fc60d6-8622-52ab-ae79-9df197889805) Eugipio (en torno a 500), por ejemplo, cita al pie de la letra el texto de Agustín, Adversus Faustum 16, 29 (Thesarus 66, PL 62, 685). Ver Beda (673-735), In Genesim 2, 3, CCL 118A, 35; Rabano Mauro (784-856), Commentaria in Genesim 1, 9, PL 107, 465; Pedro Lombardo (1100-1160), Sententiarum libri quatuor 3, 37, 2, PL 192, 831.

97 (#ulink_32fc60d6-8622-52ab-ae79-9df197889805) Crisóstomo, Homilia 10, 7; In Genesim, PG 53, 89. Ephraem Syrus (306-373) apela a la “ley” del sábado para exhortar a que “se garantice el descanso de los siervos y de los animales” (S. Ephraem Syri hymni et sermones, ed. T. J. Lamy, I, 1882, p. 542). Para tener una visión de conjunto de cómo se aplicó la ley del sábado a la observancia del domingo, ver L. L. McReavy, “Servile Work: The Evolution of the Present Sunday Law”, Clergy Review 9 (1935), pp. 273-276. Ver textos principales en Willy Rordorf, Sabbat et dimanche dans l’Eglise ancienne, 1972, Nos 140, 143. H. Huber describe el desarrollo hasta el final de la Edad Media (Geist und Buchstabe der Sonntagsruhe, 1958, pp. ll7s.).

98 (#ulink_32fc60d6-8622-52ab-ae79-9df197889805) Pedro Comestor, Historia scholastica: liber Genesis 10, PL 198, 1.065. Sobre el desarrollo del principio de “un día de cada siete”, ver discusión en Wilhelm Thomas, “Sabbatarianism”, Encyclopedia of the Lutheran Church, 1965, III, p. 2.090.

99 (#ulink_326bcf18-b14f-53a6-b7b0-ee0c997518d9) La distinción fue explícitamente hecha por Alberto Magno (1200-1280). Ver Wilhelm Thomas, p. 2.278.

100 (#ulink_326bcf18-b14f-53a6-b7b0-ee0c997518d9) Tomás de Aquino, Suma Teológica, Partes I-II, Pregunta 100, 3, 1947, p. 1.039. La distinción entre aspectos morales y ceremoniales del sábado aparece también claramente establecida en las partes I-II, pregunta 122, 4: “Hay un precepto moral en el punto que ordena al hombre consagrar parte de su tiempo a las cosas de Dios. Porque hay en el hombre una inclinación natural a dedicar tiempo para cada cosa necesaria [...]. Por lo tanto, de acuerdo con los dictados de la razón, el hombre aparta cierto tiempo para su refrigerio espiritual, en el cual la mente del hombre se revitaliza en Dios. Y así, tener que consagrar una parte del tiempo para dedicarse a las cosas de Dios es materia de precepto moral. Pero es precepto ceremonial en cuanto especifica el tiempo como un signo representativo de la creación del mundo. De modo que es un precepto ceremonial en su significado alegórico, como representación del descanso de Cristo en la tumba el séptimo día; pero en cuanto a su significado moral, como representación de la cesación de todo acto de pecado y del reposo de la mente en Dios, en ese sentido es un precepto general. Y es un precepto ceremonial en su sentido analógico, como anticipo del goce de Dios en el cielo” (p. 1.701).

101 (#ulink_326bcf18-b14f-53a6-b7b0-ee0c997518d9) Tomás de Aquino subdivide la ley mosaica en preceptos morales, ceremoniales y judiciales. Para él, los preceptos morales del Decálogo son también preceptos de la ley natural, es decir, preceptos que obligan a todo ser humano porque son accesibles a todo hombre por medio de su sola razón, sin necesidad de revelación especial. Ver Tomás de Aquino, Partes I-II, Pregunta 100, 1 y Pregunta 100, 3, pp. 1.037, 1.039.

102 (#ulink_326bcf18-b14f-53a6-b7b0-ee0c997518d9) Tomás de Aquino, Partes I-II, pregunta 100, 5, p. 1.042.

103 (#ulink_f2ad55e0-d4e0-56ca-8402-e4e25417ad7c) Ver nota anterior. Obsérvese también que Tomás de Aquino atribuye una función simbólica similar al domingo: “Al igual que el sábado, que es un signo recordatorio de la primera Creación, el Día del Señor, que ha tomado su lugar, es un memorial de la nueva Creación iniciada con la resurrección de Cristo” (Partes I-II, pregunta 103, 3, p. 1.085).

104 (#ulink_f2ad55e0-d4e0-56ca-8402-e4e25417ad7c) Tomás de Aquino, Partes I-II, pregunta 107, 3, p. 1.111.

105 (#ulink_f2ad55e0-d4e0-56ca-8402-e4e25417ad7c) Ver L. L. McReavy, p. 279. Hay un breve sumario sobre el desarrollo de las leyes del domingo y su casuística en Paul K. Jewett, The Lord’s Day, 1972, pp. 128-169. Un buen ejemplo de la adopción de la distinción moral-ceremonial tomista es el Catecismo del Concilio de Trento.

106 (#ulink_616ce9fd-e41e-50c3-bec4-f6f82f35b298) El concepto de Karlstadt acerca del descanso sabático contiene una extraña combinación de elementos místicos y legalistas. Para él, se trata básicamente de un día en el que el hombre se abstiene de sus trabajos para hacer penitencia por sus pecados. Para un claro análisis sobre sus puntos de vista, consultar Gordon Rupp, Patterns of Reformation, 1969, pp. 123-130; ibíd., “Andrew Karlstadt and Reformation Puritanism”, Journal of Theological Studies 10 (1959), pp. 308-326; cf. J. N. Andrews y L. R. Conradi, History of the Sabbath and First Day of the Week, 1912, pp. 652-655.

107 (#ulink_616ce9fd-e41e-50c3-bec4-f6f82f35b298) Lutero, Contra los profetas celestes, Luther’s Works, 1958, 40, p. 93. Uno de los más valiosos estudios sobre la posición de Lutero en cuanto al sábado es el de Richard Muller, Adventisten-Sabbat-Reformation, Studia Theologica Lundensia, 1979, pp. 32-60.

108 (#ulink_616ce9fd-e41e-50c3-bec4-f6f82f35b298) Concordia or Book of Concord, The Symbols of the Evangelical Lutheran Church, 1957, p. 174.

109 (#ulink_616ce9fd-e41e-50c3-bec4-f6f82f35b298) Confesión de Augsburgo, p. 25; cf. Philip Schaff, The Creeds of Christendom, 1919, III, p. 69.

110 (#ulink_c3155226-5c6d-5b12-b133-e10b847a7afd) El Gran Catecismo, p. 175.

111 (#ulink_c3155226-5c6d-5b12-b133-e10b847a7afd) Erlanger ed., 33:67, citado en Andrews y Conradi, p. 627.

112 (#ulink_c3155226-5c6d-5b12-b133-e10b847a7afd) Melanchthon, On Christian Doctrine, Loci Communes 1555, Clyde L. Manschreck, ed. 1965, p. 96.

113 (#ulink_c3155226-5c6d-5b12-b133-e10b847a7afd) Melanchthon, p. 98. En su primera edición de Loci Communes (1521), Melanchthon reconoce que su comprensión del cuarto Mandamiento depende del Tratado sobre las buenas obras (1520) de Lutero.

114 (#ulink_c73942d8-af8e-5140-a5d1-19d75759f443) El concepto del sábado como “renuncia y renovación” se trata más adelante. No comparto, sin embargo, la idea de Melanchthon que relaciona la observancia del sábado con la automortificación, puesto que el sábado no es un día sombrío sino gozoso. Ver Loci Communes Theologici (1521), en Melanchthon y Bucer, L. J. Satre y W. Pauck, trad., 1969, p. 55.

115 (#ulink_c73942d8-af8e-5140-a5d1-19d75759f443) Lutero, p. 93; cf. p. 97.

116 (#ulink_c73942d8-af8e-5140-a5d1-19d75759f443) Melanchthon, pp. 96, 97.

117 (#ulink_a839f9aa-b6f2-59d6-896b-b640055aaa32) Melanchthon, p. 97.

118 (#ulink_a839f9aa-b6f2-59d6-896b-b640055aaa32) Debe tenerse en cuenta que la orientación teológica del descanso sabático “para el Señor tu Dios” (Éxo. 20:11; 31:17; Deut. 5:14) podría implicar que la cesación de todo trabajo es a la vez una llamada a la adoración divina en el culto público. Esta idea se ve apoyada por el hecho de que, en las fiestas anuales, la prohibición de todo trabajo (prácticamente idéntica a la del cuarto Mandamiento) tiene por objeto facilitar la participación de todos en la “asamblea sagrada” (Núm. 28:18, 25, 26; 29:1, 7, 12, 35; Lev. 23:7, 21, 23-25, 28-32, 35; Deut. 16:8, 11). Aún reconociendo esta posibilidad, la verdad es que el objetivo del cuarto Mandamiento no es “el culto” sino el descanso del trabajo. El acto mediante el cual el hombre se pone a la disposición de Dios en el sábado representa una respuesta de adoración a Dios.

119 (#ulink_a839f9aa-b6f2-59d6-896b-b640055aaa32) D. J. O’Connor hace una incisiva crítica de la teoría de la ley natural en Aquinas and Natural Law, 1967.

120 (#ulink_8eeed85f-6ba9-5e6e-9b47-a67dd1f09e81) Melanchthon, p. 96, califica la posición antinomiana como “pueril”. La refuta apelando a la diferencia entre los aspectos específicos y generales del sábado. También Calvino, en 1562, escribió un folleto para refutar un libro holandés que propugnaba que Cristo habla abolido todo ritual, incluida la santificación del día de descanso (Response A un Holandois, Corpus Reformatorum 1863, 9: 583-628). En una carta contra los antinomianos (“Wider die Antinomer”, 1539), Lutero escribió: “Me asombra sobremanera que alguien se atreva a afirmar que yo rechazo la ley de los Diez Mandamientos. ¿Es imaginable la existencia del pecado si no existiese la Ley? Para que alguien pudiese abrogar la Ley, necesitaría antes abrogar el pecado” (Erlanger ed. 32:4, citado por Andrews y Conradi, p. 626).

121 (#ulink_8eeed85f-6ba9-5e6e-9b47-a67dd1f09e81) Confesión de Augsburgo, p. 25. Esta Confesión acusa especialmente a la Iglesia Católica de exigir la santificación de ciertas fiestas como condición para la salvación: “Pues los que piensan que la observancia del Día del Señor fue ordenada por la autoridad de la iglesia para sustituir a la del sábado cometen un gran error” (ibíd.). Lutero reconoció que sus acerbas declaraciones contra el Decálogo necesitaban matizarse. En respuesta a un antinomiano, Lutero escribió en 1541: “Si anteriormente hablé o escribí con dureza contra la Ley, fue porque la iglesia cristiana estaba demasiado sobrecargada de supersticiones que ocultaban y hasta sepultaban a Cristo [...] pero en cuanto a la Ley en sí, yo nunca la he rechazado” (citado por Robert Cox, The Literature of the Sabbath Question, 1865, I, p. 388).

122 (#ulink_8eeed85f-6ba9-5e6e-9b47-a67dd1f09e81) Confesión de Augsburgo, p. 25.

123 (#ulink_8eeed85f-6ba9-5e6e-9b47-a67dd1f09e81) Lutero, Tratado sobre las buenas obras (1520), Selected Writings of Martín Luther, 1967, 1:154b.

124 (#ulink_8eeed85f-6ba9-5e6e-9b47-a67dd1f09e81) Lutero, p. 174.

125 (#ulink_8eeed85f-6ba9-5e6e-9b47-a67dd1f09e81) Winton V. Solberg, Redeem the Time, 1977, pp. 15-19; A. G. Dickens, The English Reformation, 1964, p. 34; George H. Williams, The Radical Reformation, 1962, pp. 38-58, 81-84, 815-865.

126 (#ulink_fc6ee2c2-87fc-5e6b-ace8-5c89df7da971) Catechism of the Council of Trent, J. Donovan, trad., 1908, p. 342.

127 (#ulink_fc6ee2c2-87fc-5e6b-ace8-5c89df7da971) Ibíd., p. 343.

128 (#ulink_4af08896-874b-5268-8812-4d0f83664b12) La supresión del segundo Mandamiento por parte de la Iglesia Católica ha sido compensada avanzando la posición de los ocho restantes y dividiendo en dos preceptos el décimo Mandamiento. La inconsistencia de este arreglo arbitrario aparece claramente en el Catecismo del Concilio de Trento, donde los Diez Mandamientos son examinados uno por uno, con excepción de los dos últimos, que son tratados como uno solo (p. 401).

129 (#ulink_4af08896-874b-5268-8812-4d0f83664b12) Catecismo del Concilio de Trento, III, capítulo 4, preguntas 18 y 19, p. 347. En su alocución ante el Concilio de Trento, Gaspar della Fossa dijo: “El sábado, el día más glorioso de la Ley, ha sido cambiado por el Día del Señor. [...] Esta y otras cosas no han desaparecido en virtud de las enseñanzas de Cristo (pues él dijo que vino a cumplir la Ley, no a abrogarla), sino que han sido cambiadas en virtud de la autoridad de la iglesia. Si esta autoridad es desechada (y eso es lo que quisieran hacer los herejes), ¿quién podrá mantener la verdad y confundir la obstinación de los herejes?” (Mansi 33:533, citado por Andrews y Conradi, p. 589). Sobre el uso de este argumento por parte de las autoridades católicas en la Suiza francesa, véase Daniel Augsburger, “Sunday in the Pre-Reformation Disputations in French Switzerland”, Andrews University Seminary Studies 14 (1976), pp. 265-277.

130 (#ulink_4af08896-874b-5268-8812-4d0f83664b12) Johann Eck, Enchiridion locorum commumium adversus Lutherum et alias hostes ecclesiae, 1533, p. 79.

131 (#ulink_6eee1375-3be9-5159-82c2-a7aa9c2fc2ca) Ibíd.

132 (#ulink_6eee1375-3be9-5159-82c2-a7aa9c2fc2ca) Catecismo del Concilio de Trento, pp. 344, 345.

133 (#ulink_6eee1375-3be9-5159-82c2-a7aa9c2fc2ca) Ibíd., p. 346.

134 (#ulink_6eee1375-3be9-5159-82c2-a7aa9c2fc2ca) Ibíd., p. 347.

135 (#ulink_35fb1056-419f-5066-b39a-34a7440008c0) Sobre las ideas y la influencia de los sabatarios, véase el documentado artículo de G. F. Hasel, “Sabbatarian Anabaptists” Andrews University Seminary Studies 5 (1967), pp. 101-121; 6 (1968), pp. 19-28. Sobre la existencia de observadores del sábado en diferentes países, ver Andrews y Conradi, pp. 633-716. Ver Richard Muller, pp. 110-129.

136 (#ulink_35fb1056-419f-5066-b39a-34a7440008c0) Stredovsky de Bohemia, en su lista de las once principales sectas, pone en tercer lugar a los sabatarios, justo después de los luteranos y los calvinistas. La lista fue publicada por Josef Beck, ed., Die Geschichts-BUcher der Widertáufer in OsterreichUngarn (“Fontes Rerum Austriacarum”, Viena, 1883), 43:74. Para un análisis de esta y otras listas, véase Hasel, pp. 101-106, quien concluye diciendo: “Estas antiguas enumeraciones parecen indicar que los sabatarios anabaptistas fueron considerados como un grupo numeroso y fuerte” (p. 106). Ver Henry A. DeWind, “A Sixteenth Century Description of Religious Sects in Austerlitz, Moravia”, Mennonite Quarterly Review (1955), p. 51.

137 (#ulink_35fb1056-419f-5066-b39a-34a7440008c0) Desiderio Erasmo, “Amabili ecclesiae concordia”, Opera Omnia V: 505-506; cf. Hasel, p. 107.

138 (#ulink_35fb1056-419f-5066-b39a-34a7440008c0) Lutero dijo: “En nuestro tiempo hay un grupo de necios que se llaman a sí mismos sabatarios [Sabbather] y que afirman que el sábado debe ser guardado según la costumbre judía” (D. Martin Luthers Werke, Weimer ed. 42:520). En su Comentarios sobre Génesis (4:46), Lutero nos proporciona una información semejante: “Me he enterado de que en Austria y Moravia ciertos judaizantes apoyan el sábado y la circuncisión; si continúan con tal audacia, no dejándose amonestar por la Palabra de Dios, ciertamente causarán muchos males” (citado por Andrews y Conradi, p. 640).

139 (#ulink_35fb1056-419f-5066-b39a-34a7440008c0) J. G. Walch, ed., Dr. Martin Luthers sámmtliche Schriften, 1910, 20: 1828ss. Ver D. Zscharnack, “Sabbatharier”, Die Religion in Geschichte und Gegenwart, 1931, 5:8.

140 (#ulink_ce8eb5c4-f799-5e98-a6f4-8d802765a653) Sobre Oswald Glait, véase el reciente estudio de Richard Muller, pp. 117-125. Ver Hasel, pp. 107-121.

141 (#ulink_ce8eb5c4-f799-5e98-a6f4-8d802765a653) Sobre Andreas Fisher, véase Richard Muller, pp. 125-130; Petr Ratkos, “Die Anflinge des Wiedertáufertums in der Slowakei”, Aus 500 Jahren deutsch-tschechoslowakischer Geschichte, Karl Obermann, ed., 1958, pp. 41-59.

142 (#ulink_ce8eb5c4-f799-5e98-a6f4-8d802765a653) Caspar Schewenckfeld refuta la obra de Glait en S. D. Hartranft y E. E. Johnson, eds., Corpus Schwenckfeldianorum, 1907, 4: 451ss.

143 (#ulink_ce8eb5c4-f799-5e98-a6f4-8d802765a653) Ibíd., p. 458.

144 (#ulink_ce8eb5c4-f799-5e98-a6f4-8d802765a653) Ibíd., p. 491.

145 (#ulink_ce8eb5c4-f799-5e98-a6f4-8d802765a653) Ibíd., pp. 457, 458.

146 (#ulink_ce8eb5c4-f799-5e98-a6f4-8d802765a653) Una crónica anabaptista cuenta el trágico desenlace de la vida de Glait: “En 1545, el hermano Oswald Glait es encarcelado en Viena por causa de su fe. [...] Están también con él dos hermanos, Antonio Keim y Hans Standach, que lo reconfortan. A ellos les encomendó su esposa y su hijo, dejados en Jamnitz. Después de pasar en la cárcel un año y seis meses, lo sacaron a la medianoche fuera de la ciudad para que nadie lo viera ni oyera y lo arrojaron al Danubio” (A. J. F. Zieglschmid, ed., Die álteste Chronik der Hutterischen Brüder, 1943, pp. 259, 260, 266).

147 (#ulink_faacfcdb-dff4-52d6-bc27-1bceaf270a2b) Para una reseña histórica de los observadores del sábado desde el siglo XV hasta el XVII, ver Andrews y Conradi, pp. 632-759; y Kenneth A. Strand, ed., El sábado en las Escrituras y la historia, 2014.

148 (#ulink_faacfcdb-dff4-52d6-bc27-1bceaf270a2b) R. J. Bauckham, “Sabbath and Sunday in the Protestant Tradition”, p. 526. En 1618, por ejemplo, John Traske comenzó a predicar que los cristianos están obligados por el cuarto Mandamiento a observar escrupulosamente el sábado. Sin embargo, forzado por las presiones, se retractó de sus ideas en A Treatise of Liberty from Judaism (1620). Teófilo Brabourne, otro pastor anglicano, publicó en 1628 Discourse upon the Sabbath Day, en el que defendía la observancia del sábado en vez del domingo. La High Commission anglicana lo forzó a abandonar sus posiciones y amoldarse a lo establecido por la iglesia. Ver Robert Cox, The Literature of the Sabbath Question, 1865, 1, pp. 157, 158.

149 (#ulink_faacfcdb-dff4-52d6-bc27-1bceaf270a2b) Ver W. Y. Whitley, A History of British Baptists, 1932, pp. 83-86; A. C, Underwood, A History of the English Baptists, 1947, caps. 2-5.

150 (#ulink_faacfcdb-dff4-52d6-bc27-1bceaf270a2b) Seventh Day Baptist General Conference, Seventh Day Baptists in Europe and America, 1910, 1, pp. 127, 133, 153.

151 (#ulink_faacfcdb-dff4-52d6-bc27-1bceaf270a2b) Raymond F. Cottrell señala lo siguiente: “La dependencia de los pioneros adventistas del séptimo día de los bautistas del séptimo día en la cuestión del sábado se hace patente en el hecho de que en el primer volumen de Advent Review and Sabbath Herald más de la mitad del material publicado procede de publicaciones bautistas” (“Seventh Day Baptists and Adventists: A Common Heritage”, Spectrum 9 [1977], p. 4).

152 (#ulink_faacfcdb-dff4-52d6-bc27-1bceaf270a2b) La Iglesia de Dios del Séptimo Día remonta su origen al movimiento millerista. Gilbert Cranmer, uno de los seguidores de Miller, quien durante un tiempo estuvo en relación con los adventistas del séptimo día, fue elegido en 1860 como primer presidente del grupo llamado “Iglesia de Cristo y última Iglesia de Dios del Séptimo Día”. Un informe de 1977 estimaba su membresía en 25.000 personas (“Sinopsis de la Historia de la Iglesia de Dios del Séptimo Día”, informe proporcionado por la sede de esta iglesia en Denver, Colorado).

153 (#ulink_faacfcdb-dff4-52d6-bc27-1bceaf270a2b) El Directory of Sabbath-Observing Groups de 1974, publicado por The Bible Sabbath Association, registra más de 120 confesiones que observan el sábado.

154 (#ulink_00837b68-ec21-50bb-a79e-5a1563fe90d5) Para un estudio exhaustivo sobre la posición de Calvino acerca del cuarto Mandamiento, ver Daniel Augsburger, pp. 248, 284.

155 (#ulink_a032eab7-9d27-51d5-967e-37d210fa0bf9) Juan Calvino, Commentaries on the First Book of Moses called Genesis, John King, 1948, p. 106. La misma opinión se repite unas líneas más abajo: “Puesto que fue ordenado al hombre desde el principio para que se dedicara al culto divino, es normal que deba perdurar hasta el fin del mundo” (p. 107).

156 (#ulink_a032eab7-9d27-51d5-967e-37d210fa0bf9) Juan Calvino, Commentaries on the Four Last Books of Moses, trad. Charles William Bingham, 1950, p. 437.

157 (#ulink_a032eab7-9d27-51d5-967e-37d210fa0bf9) Ibíd., p. 439.

158 (#ulink_a032eab7-9d27-51d5-967e-37d210fa0bf9) Ibíd., p. 440. Zwinglio también reconoció el sábado como instituido en la Creación, destinado a servir como tipo del sábado eterno y a proporcionar tiempo para “considerar con agradecimiento las mercedes divinas, escuchar su Ley y su palabra, alabarlo, servirlo y beneficiar al prójimo” (H. Zwinglis Camtliche Werke. Corpus Reformatorum, 1905-1953, 13:16, 395). Ver Edwin Kunzli, “Zwingli als Ausleger von Genesis und Exodus”, Tesis doctoral, Zurich, 1951, p. 123.

159 (#ulink_ced3a0ef-b4a0-5946-a46c-87f2f7eab7e4) Juan Calvino, Institutes of the Christian Religion, trad. Henry Beveridge, 1972, 1, p. 341.

160 (#ulink_ced3a0ef-b4a0-5946-a46c-87f2f7eab7e4) Juan Calvino, p. 106.

161 (#ulink_ced3a0ef-b4a0-5946-a46c-87f2f7eab7e4) Ibíd.

162 (#ulink_ced3a0ef-b4a0-5946-a46c-87f2f7eab7e4) Juan Calvino, p. 343.

163 (#ulink_ced3a0ef-b4a0-5946-a46c-87f2f7eab7e4)Ibíd. Calvino resume la diferencia entre los aspectos ceremonial y moral del sábado diciendo: “Podemos resumirlo todo con estas palabras: Así como la verdad fue confiada de un modo figurado a los judíos, a nosotros nos ha sido impartida sin figura; en primer lugar, para que durante toda nuestra vida anhelemos constantemente el descansar de nuestros trabajos, y el Señor pueda actuar en nosotros mediante su Espíritu; en segundo lugar, para que cada hombre, según sus oportunidades, pueda dedicarse en privado a la meditación piadosa de las obras de Dios, y al mismo tiempo, para que todos puedan observar las legítimas normas establecidas por la iglesia para la predicación de la palabra, la administración de los sacramentos y la oración pública; y en tercer lugar, para evitar que oprimamos a los que están sujetos a nosotros” (ibíd.).

164 (#ulink_81027beb-4542-57b1-b489-56b8c1ec4752) Juan Calvino, pp. 435, 436.

165 (#ulink_81027beb-4542-57b1-b489-56b8c1ec4752) Zacharias Ursinus, The Summe of Christian Religion, Oxford, 1587, p. 955.

166 (#ulink_81027beb-4542-57b1-b489-56b8c1ec4752) Acerca de la enorme influencia del libro de Nicolas Bownde, The Doctrine of the Sabbath, ver Winton U. Solberg, pp. 55-58. El libro fue revisado y ampliado en 1606. Bownde insiste en el origen edénico del sábado, lo que convierte el cuarto Mandamiento en un precepto que obliga tanto a judíos como a cristianos. Los últimos deben observar el domingo tan cuidadosamente como los judíos guardaban el sábado.

167 (#ulink_81027beb-4542-57b1-b489-56b8c1ec4752) En la 163a sesión del Sínodo de Dort (1619), una comisión de teólogos holandeses aprobó un documento en el que se presentaban seis puntos distintivos entre los aspectos ceremonial y moral. Los primeros cuatro puntos son los siguientes: “1. En el cuarto mandamiento de la Ley de Dios, hay algo ceremonial y algo moral. 2. El descanso en el séptimo día (según la Creación), y su estricta observancia, que fueron impuestas al pueblo judío, constituyen los aspectos ceremoniales de la Ley. 3. Pero la parte moral es que debe fijarse un día y dedicarse al servicio de Dios, al descanso necesario y a la meditación en la cosas de Dios. 4. Habiendo sido abolido el sábado judío, los cristianos están obligados solemnemente a santificar el Día del Señor” (Gerard Brandt, The History of the Reformation and Other Ecclesiastical Transsactions in and about the Low Countries, Londres, 1722, 3:320; cf. pp. 28, 29, 289, 290).

168 (#ulink_81027beb-4542-57b1-b489-56b8c1ec4752) La Confesión de Westminster, en su capítulo 21, artículo 7, dice: “Como es de ley natural que, en general, una debida proporción de tiempo se dedique al culto divino, del mismo modo, en su Palabra, por medio de un mandamiento concreto, moral y perpetuo, que obliga a todos los hombres de todos los tiempos, él ha designado específicamente un día de cada siete para que le sea santificado como sábado: el cual, desde el principio del mundo hasta la resurrección de Cristo, era el último día de la semana, y a partir de la resurrección de Cristo fue cambiado por el primer día de la semana” (Philip Schaff, The Creeds of Christendom, 1919, 3, pp. 648, 649).

169 (#ulink_daf1f2ef-10af-53bb-a84f-ba39d4578fd4) R. J. Bauckham, “Sabbath and Sunday in the Protestant Tradition”, p. 510 del manuscrito.

170 (#ulink_67a60ad5-bada-5154-b796-c63d3c0be329) Willem Teellinck, De Rusttijdt: Ofte Tractaet van d’onderhoudinge des Christelijken Rust Dachs [Tiempo de reposo: Tratado sobre la observancia del sábado cristiano], Rotterdam, 1622. William Ames, Medulla Theologica, Amsterdam, 1623, presenta una base teórica para la observancia del domingo. Antonio Walaeus, Dissertatio de Sabbatho seu Vero Sensu atque Usu Quarti Praecepti [Disertación sobre el sábado o sentido y uso verdaderos del cuarto Mandamiento], Leiden, 1628. Este trabajo representa la mejor defensa literaria del origen edénico del sábado y su aplicación a la observancia del domingo.

171 (#ulink_67a60ad5-bada-5154-b796-c63d3c0be329) Uno de los primeros tratados contra el sabatismo fue el de Jacobus Burs, Threnos, o Lamentación mostrando las causas de la deplorable condición del país y la transgresión del sábado, Tholen, 1627. Andreas Rivetus, en sus Praelectiones (1632), refutó el postulado de Gomarus de que el sábado es una observancia mosaica abrogada por Cristo. Gomarus respondió con su voluminosa Defensio Investigationis Originis Sabbathi [Defensa de la investigación sobre los orígenes del sábado], Gronigen, 1632. Rivetus contraatacó con su Dissertatio de Origine Sabbathi [Disertación sobre el origen del sábado], Leyden, 1633.

172 (#ulink_0809d670-4551-5c20-9d01-ea6a78eea6c6) La controversia surgió de nuevo en Holanda en los años 1650. Gisbertus Voetius y Johannes Cocceius fueron los antagonistas en este nuevo combate. Winton U. Solberg, p. 200, presenta en un excelente informe la controversia sobre el sábado en la Inglaterra del siglo XVII (pp. 27-85) y especialmente en las primeras colonias norteamericanas (pp. 82-282).

173 (#ulink_0809d670-4551-5c20-9d01-ea6a78eea6c6) La obra de Willy Rordorf fue publicada por primera vez en 1962 en alemán. Posteriormente ha sido traducida al francés, al inglés y al español. Su influencia se hace ver en los numerosos y diversos comentarios que ha suscitado.

174 (#ulink_0809d670-4551-5c20-9d01-ea6a78eea6c6) Roger T. Beckwith y Wilfrid Stott, This is the Day, The Biblical Doctrine of the Christian Sunday, Londres, 1978.

175 (#ulink_0809d670-4551-5c20-9d01-ea6a78eea6c6) Rordorf rechaza cualquier relación entre el domingo y el cuarto Mandamiento, siguiendo así en la línea de una larga historia de teólogos antisabatarios, entre los que se encuentran: Lutero; William Tyndale, An Answer to Sir Thomas More’s Dialogue (1531), ed. Henry Walter, Cambridge, 1850, pp. 97, 98; las fórmulas de fe de la Iglesia de Inglaterra tales como The Institution of a Christian Man (1537); Francisco Gomarus; Francis White, A Treatise of the Sabbath-Day: Concerning a Defense of the Orthodox Doctrine of the Church of England against Sabbatarian Novelty (Londres, 1635); Peter Heylyn, The History of the Sabbath (Londres, 1636); James A. Hessey, Sunday: Its Origin, History, and Present Obligation (Londres, 1866); Wilhelm Thomas, Der Sonntag im fruhen Mittelater (Gottingen, 1929); C. S. Mosna, Storia della Domenica dalle Origini fino agli Inizi del V Secolo (Roma, 1969); D. A. Carson, ed., From Sabbath to Lord’s Day: A Biblical, Historical and Theological Investigation, 1980.

176 (#ulink_0809d670-4551-5c20-9d01-ea6a78eea6c6) Este riesgo ha sido expresado también por P. Falsioni, en Rivista Pastorale Liturgica (1967), pp. 311, 229, 97, 98; (1966), pp. 549-551. En términos semejantes, Beckwith y Stott declaran: “Es extremadamente dudoso que el domingo cristiano hubiese sobrevivido hasta hoy si la actitud actual (según la opinión de Rordorf) hubiese prevalecido en el pasado; y si continúa la actitud que se está generalizando en nuestros días, es igualmente improbable que sobreviva en el futuro” (p. ix).

177 (#ulink_65f5aff9-7db1-5dfd-9257-0a431ce2165e) Beckwith observa que, “si Jesús consideraba el sábado como puramente ceremonial y puramente temporal, es extraño que le conceda tanta atención en sus enseñanzas, y que en ninguna de ellas mencione su carácter temporal. Esto es aún más sorprendente cuando recordamos cómo subrayó el carácter temporal de otros aspectos del ceremonial del Antiguo Testamento, como las leyes de purificación en Marcos 7:14 al 23 y Lucas 11:39 al 41, o el Templo (con sus sacrificios) en Marcos 13:2 y Juan 4:21. Al contrario, según hemos visto, parece hablar del sábado en Marcos 2:27 como de uno de los preceptos inmutables para toda la humanidad” (p. 26; cf. pp. 2-12).

178 (#ulink_65f5aff9-7db1-5dfd-9257-0a431ce2165e) Beckwith, pp. 45, 46. Beckwith y Stott ven el sábado como una disposición procedente de la Creación, inalterable, pero transferida al descanso dominical, bajo un punto de vista heredado de la teología tomista (ns. 115, 116, 117) y compartida por Calvino (ns. 173-181); Richard Hooker, Laws of Ecclesiastical Polity (1597), t. 70, p. 3; fórmulas de fe como la Confesión de Westminster y el Sínodo de Dort; E. W. Hengstenberg, Uber den Tag des Herrn (1852); recientemente por J. Francke, Van Sabbat naar Zondag (Amsterdam, 1973); Karl Barth, Church Dogmatics, 1956, III, pp. 47-72; Paul K. Jewett (en parte), The Lord’s Day: A Theological Guide to the Day of Worship (1971); Francis Nigel Lee, The Covenantal Sabbath (1966). El estudio de Lee, aunque patrocinado por la Lord’s Day Observance Society [Sociedad para la observancia del Día del Señor], difícilmente puede ser tomado en serio a causa de sus excentricidades. Tiene un apartado, por ejemplo, en el que especula acerca del “sábado y el pecado original” (pp. 79-81).

179 (#ulink_65f5aff9-7db1-5dfd-9257-0a431ce2165e) Beckwith y Stott, pp. 141, 143.

180 (#ulink_65f5aff9-7db1-5dfd-9257-0a431ce2165e) Ver especialmente los primeros cuatro capítulos de mi libro From Sabbath to Sunday, en el que examino los presuntos argumentos bíblicos sobre el origen apostólico del domingo.

181 (#ulink_bc1d8aa2-ff15-57ca-94c1-cff0334cf251) Nahum M. Sarna, p. 21, indica que “el séptimo día es lo que es porque Dios lo escogió, y lo bendijo y lo santificó. Su carácter sagrado es parte del orden cósmico divinamente establecido. Por lo tanto, no puede ser abrogado por el hombre, ya que su santidad es independiente de la actitud humana”.

182 (#ulink_bc1d8aa2-ff15-57ca-94c1-cff0334cf251) Elizabeth E. Platt, “The Lord Rested. The Lord Blessed the Sabbath Day”, Sunday 66 (1979), p. 4.

183 (#ulink_bc1d8aa2-ff15-57ca-94c1-cff0334cf251) Este aspecto del mensaje del sábado se examina en el próximo capítulo y en el VI, parte IV.3, en el apartado titulado “El sábado y la crisis ecológica”.




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