Leyendo a Freud desde un diván lacaniano
Osvaldo Delgado


Leyendo a Freud desde un diván lacaniano, es el título que precipita como consecuencia de la posición de su autor, de su posición ética. No hay otra forma posible para él. aA partir de este título, los textos que integran este libro se nos presentan, advertirán queridos lectores, como piezas sueltas que engarzan finalmente en un conjunto epistémico y político por el cual nosvamos deslizando hasta quedar un poco aguijoneados, conmovidos, por la profundidad, valentía y agudeza de su pluma. Una experiencia de lectura que nos lleva por distintas zonas, donde cada una abre nuevas ventanas del hermoso edificio psicoanalítico que Osvaldo construyó. Este es un libro para un lector deseante, para escribir en sus márgenes, para construirlo junto con su autor. Quienes lo lean se encontrarán con reflexiones, elucidaciones teóricas, trazos clínicos, y con las preguntas de alguien que ha dedicado su vida al psicoanálisis y a su transmisión. Del Prólogo de MARIANA GÓMEZ .








Leyendo a Freud desde un diván lacaniano




Leyendo a Freud desde un diván lacaniano


Osvaldo Delgado


Índice de contenido

Portadilla (#u894fdb64-a6a7-57ce-9016-010d7b38b7d4)

Legales (#ufbf8e4c2-6c38-5159-ba87-36c42f9013c8)

Prólogo.  Mariana Gómez  (#ulink_806b80c7-7988-5151-8909-a3983a32049f)

      Primera parte. De la pulsión de muerte al goce 

El “pase” de Freud (#ulink_10655208-7a90-50d7-8aeb-9a356719fc7e)

El destino de dos cartas (#ulink_d5d7a959-0380-5bfa-bb50-a05b7adbb86d)

Actualidad de “El malestar en la cultura” Sobre nuestra deuda con Freud (#ulink_9379423c-43ca-5d4b-8318-35737622400b)

Huellas freudianas en la conceptualización lacaniana de lo real (#ulink_74da20c6-292f-54ce-b298-fd5b0529fb00)

Género y sexuación (#ulink_e14fcb35-2411-569d-a964-fcfd48151225)

Mira una madre (#ulink_14ccab1a-14f8-5f12-aae1-87103185333c)

      Segunda parte. Nuestro malestar en la cultura 

La aptitud de analista y la segregación contemporánea* (#ulink_5f20a4f9-4f0f-5aad-8adf-0330d215da92)

El análisis en tiempos de cuarentena (#ulink_7bc4a5f9-6430-5da9-8f77-bc949c147dee)

Síntomas individuales - síntomas sociales (#ulink_53f4cd19-7a7f-53e3-bc49-ac2a0e708cfe)

El patriarcado y el empuje al sacrificio (#ulink_819f823d-6c10-58b4-993b-46e2fa314a28)

Una pasión oscura (#ulink_37c9eaae-0ade-57b0-accb-a75e4b1b8df6)

La renegación como factor político (#ulink_9adb6418-665f-5d0f-8ec9-135fb3434fda)

La ética, lo atroz y el cientificismo (#ulink_26a2d703-bce9-516f-9de7-edee95a631a8)

      Tercera parte. Lecturas “herejes” 

La herejía  tauglich  (#ulink_cf619ab3-93ab-5177-b977-7087372f8031)

Control y terceridad (#ulink_5adfafb9-1ef8-51c0-b88f-bb884f2be16a)

Herejía e interpretación (#ulink_d25af64c-0eb6-5a24-8841-1d93e0dc2a13)

 Auflösung (#ulink_de9a5cc5-7b3d-5e0e-8ebc-49b3262c7642)

Sobre la voluntad (#ulink_e884a503-6a70-55d5-98a0-b83ddb212f34)

Sobre “Una neurosis demoníaca en el siglo XVII”* (#ulink_4a760614-6137-5dca-aa9b-88e4b958d9af)

Dualismos pulsionales (#ulink_41773a33-f0a5-5610-b7e0-6ab8cdb03c8c)

Partenaire fantasma – partenaire síntoma (#ulink_015c4a09-3f6f-5dea-8adc-e012c922c809)

El lapsus  calami  y lo real (#ulink_92a935ce-e6af-5f40-bdca-04fc63fc116a)

“Piezas de vida real” (#ulink_e1bba41c-7d77-5840-8b99-ceb5aa5e1e6e)

El superyó insiste La vociferación también, pero distinta (#ulink_7206ec55-aef1-5262-a3e1-cdd92477efd9)

      Cuarta parte. La ética y lo atroz 

La reorganización nacional (#ulink_f1beb60e-62ad-5179-8b03-c96451d80ad7)

El abuso sexual en los campos de concentración* (#ulink_84f8dd25-e67d-5ba6-bb68-e969c70151a5)

El teatro y lo “esencial” (#ulink_022e5ab0-3c31-5c2f-a79c-98c288def597)

El teatro como tratamiento del horror (#ulink_bfb805ed-574c-53e6-b51e-0101d5f42e39)

Kryptonita. Por  Lautaro Delgado Tymruk  (#ulink_3984784b-2208-502b-a26a-d0c06c0d0153)

Vivir en la metáfora (#ulink_e94919da-ef50-53cc-b44f-06592b113057)





© Grama ediciones, 2021

Manuel Ugarte 2548 4° B (1428) CABA

Tel.: 4781-5034 • grama@gramaediciones.com.ar

http://www.gramaediciones.com.ar

© Osvaldo Delgado, 2021

Diseño de tapa: Gustavo Macri

Digitalización: Proyecto451

Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del “Copyright”, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático.

Inscripción ley 11.723 en trámite

ISBN edición digital (ePub): 978-987-8372-58-7


A Jacques-Alain Miller.




PRÓLOGO

Mariana Gómez


Leer a Freud desde un diván lacaniano es leer de otro modo. Lacan en su Seminario 25 nos enseña que “de otro modo” designa algo que no hay. Es decir, que el saber leer no se ordena con un plus de saber, sino al contrario, con lo que habría para producir de un saber nuevo, a partir de lo que es leído. El leer de otro modo no se acompaña sin una investigación que gire en torno a un agujero (1). Osvaldo Delgado lee de otro modo a Freud. Lo lee desde su amor por la enseñanza lacaniana, desde su práctica clínica, desde su análisis lacaniano, su “diván lacaniano”. Es desde ahí, que intenta bordear lo más real del texto freudiano y nos indica dónde detenernos, dónde poner la lupa.

Voy aprendiendo a leer a Freud, en gran parte, de la mano de los textos de Osvaldo. Pero también, él ha sido para mí una brújula sobre cómo conducir una cátedra de psicoanálisis en la Universidad. Cuando las desavenencias y algunos infortunios amenazaban con opacar mi deseo de encarnar la acción lacaniana allí, mirar y escuchar cómo lo hacía Osvaldo, me ha ayudado a encontrar soluciones y a sostener mi propio acto de enseñanza con gusto renovado. Sorpresa para mí fue su invitación a escribir el prólogo para su nuevo libro.

Leyendo a Freud desde un diván lacaniano, es el título que precipita como consecuencia de la posición de su autor, de su posición ética. No hay otra forma posible para él. A partir de este título, los textos que integran este libro se nos presentan, advertirán queridos lectores, como piezas sueltas que engarzan finalmente en un conjunto epistémico y político por el cual nos vamos deslizando hasta quedar un poco aguijoneados, conmovidos, por la profundidad, valentía y agudeza de su pluma.

Una experiencia de lectura que nos lleva por distintas zonas, donde cada una abre nuevas ventanas del hermoso edificio psicoanalítico que Osvaldo construyó. Este es un libro para un lector deseante, para escribir en sus márgenes, para construirlo junto con su autor. Quienes lo lean se encontrarán con reflexiones, elucidaciones teóricas, trazos clínicos, y con las preguntas de alguien que ha dedicado su vida al psicoanálisis y a su transmisión.

Género y sexuación, derechos humanos, segregación, síntoma, goce, sacrificio, la ética del psicoanálisis, la posición herética. Cada uno de estos nudos evidencian la enunciación de quien escribe, al tiempo que discurren sólidamente fundamentados con las referencias bibliográficas que generosamente se despliegan al final.

El libro inicia con lo que el autor propone examinar: “el pase de Freud”. Si consideramos lo que Lacan sugiere respecto del pase, como “un esfuerzo por encontrar el camino en la oscuridad, entre sí, es decir, entre saberes, pero de esos saberes que no hablan” (2), la lectura de Osvaldo Delgado nos propone al texto “Más allá del principio de placer” como el “pase” de Freud. Se trata del atravesamiento del fantasma de la bienaventuranza y la caída del ideal del principio de placer del inventor del psicoanálisis. Al postular Freud la compulsión de repetición (dimensión ante la cual vacilaba, retrocedía, esquivaba) deja caer la supuesta seguridad de cualquier ideal y agujerea para siempre el ordenamiento de la ley paternal. Finalmente, Freud se topará con ese resto irreductible, llamado fragmento de agresión libre, plasmado en una de sus últimas obras: “Análisis terminable e interminable”. Esto es lo que denomina “atrevidamente”, dice de sí mismo Osvaldo, el “pase” de Freud, sin desconocer por ello que el pase, como invención, le corresponde a Lacan.

Y tal vez, por eso, Osvaldo concluye este texto de presentación de su libro con el fenómeno de la segregación. Ya que es en la “Proposición del 9 de octubre de 1967” donde, junto con su doctrina del pase, Lacan formula la cuestión de los campos de concentración y de la “expansión” cada vez más dura de los “procesos de segregación”. Se trata del nudo, del advenimiento del nuevo analista y analista ciudadano, señala lúcidamente Osvaldo Delgado. Cuestión que está en el núcleo del psicoanálisis, en intensión y en extensión. De eso se trata este libro, de leer los diversos temas que propone, con toda la productividad vivificante de la que es posible el corpus psicoanalítico.

Este es un libro para estudiar y también para disfrutar. Se puede empezar por cualquier parte, como en un análisis. Sin embargo, termina de una manera singular. Su autor le ha reservado el final del libro al actor Lautaro Delgado Tymruk. Le cede la palabra a su análisis sobre Kryptonita, la novela de Oyola, llevada al cine por el director Nicanor Loreti. La novela habla del amor, al tiempo que deconstruye a los héroes del colonialismo cultural. “Los super poderes son poéticos, solo saben arreglárselas, como cualquier vecino pobre”, nos advierte Osvaldo Delgado.

Así, dice, el agujero se “traga” toda la escena de los superhéroes. Solo queda un agujero, nada más que una figuración de la garganta de Irma. Fin de la película. Entonces, la salida de este libro, como no podía ser de otra manera, para alguien que lee a Freud desde su diván, desde lo que ha sido su propia experiencia analítica, será por la vía del arte y del amor.

Queridos lectores, leer a Freud desde el diván lacaniano de Osvaldo Delgado, desde sus investigaciones y desde su propia operación de lectura singular, no será, les anticipo, sin las huellas duraderas de su trabajo, con la posibilidad además de producir en nosotros mismos un saber nuevo, a partir de lo que fue leído.

1 (#ulink_ee2dd28c-d4df-5dc4-a513-fa6fdffff327)- Lacan, J., Seminario 25, “Momento de concluir” (1975). Inédito.

2 (#ulink_9047d826-7f46-536b-a92c-6fb5c8701998)- Miller, J.-A., El ultimísimo Lacan, Paidós, Buenos Aires, 2014, p. 230.



PRIMERA PARTE De la pulsión de muerte al goce





El “pase” de Freud

I.


¿No es acaso el texto “La transitoriedad” el testimonio anticipado de aquello con lo que Freud escandalizaría a sus discípulos?

Efectivamente, “La transitoriedad” o “Lo perecedero” según las traducciones, da cuenta del desgarramiento de ese hombre de paz, de saber, de cultura universal; por lo que estaba por acontecer como crueldad y matanza sin límites en Europa.

Todo se inclinaba hacia la catástrofe, en la cual sus hijos participarían en las trincheras del frente de batalla.

El amor de Freud por sus hijas e hijos, se confrontaría con la tragedia que nos viene legada desde Grecia: el sacrificio de los hijos.

El hombre que en la más absoluta soledad había inventado el psicoanalista, un objeto inédito en la cultura moderna. Produjo una hendidura imposible de suturar en el ideal de la razón: el inconsciente.

Ese mismo hombre había dado cuenta que en la sexualidad existía un imposible, que no podía ser colmado con ningún concepto.

En esa gran época, según la pertinente investigación de Silvia Tubert, se van a producir acontecimientos de una envergadura social, científica y cultural, con una potencia inédita.

Einstein inventa la teoría de la relatividad, Pessoa conmueve el mundo literario, Wittgenstein construye su lógica matemática, Schoenberg produce la música atonal, Joyce escribe Ulises, Picasso conmueve la lógica pictórica, los bolcheviques realizan la Revolución de Octubre. También comienzan a gestarse las primeras manifestaciones segregativas que el gran director Ingmar Bergman desplegó en su genial film “El huevo de la serpiente”.

Freud le dice a su interlocutor poeta: “La guerra puso al descubierto nuestra vida pulsional en desnudez” (1). ¿Cómo podía entonces seguir sosteniendo Freud que lo que regula el aparato psíquico es el principio de placer?

Ya se había encontrado, en la clínica que sostenía, con los impasses que le generaba el forzamiento que hacía respecto del principio de placer.

¿Por qué le costó tanto dar el paso hacia el concepto de pulsión de muerte?

Él lo dice: titubeó, vaciló; “la bruja adivinante” y el “phantasieren” no lo visitaban por la noche. ¿Era solo por el estatuto que podríamos llamar deconstructivo, que eso implicaría?

Freud, que se caracterizó por su valentía y osadía intelectual, no podía dar ese salto. ¿Por qué tanta angustia si ya había dado varios pasos fundamentales, con la postulación del inconsciente, con la caída de la escena traumática, con la construcción temprana de la fantasía del padre gozador?

¿Cómo es posible que desde esa fantasía vaya a llegar a formular al padre como normativo?

Pocos años antes de “Más allá del principio de placer”, Vergänglichkeit (La transitoriedad) Freud plantea al texto como un trabajo de duelo, y lo afirma fuertemente: “Una vez superado el duelo, se advertirá que nuestra elevada estima de los bienes culturales no ha sufrido menoscabo por la experiencia de su fragilidad. Volveremos a construir todo lo que la guerra ha destruido, quizás el terreno más firme, con mayor perennidad”. (2)

Desde esa formulación, ¿qué lo detenía? En “Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte”, también de 1915, va a plantear que “estas lamentables circunstancias (de la guerra) serán quizás modificadas por evoluciones posteriores. Pero un poco más de veracidad y de sinceridad en las relaciones de los hombres entre sí, y con quienes los gobiernan deberían allanar el camino hacia tal transformación”. (3)

Estas consideraciones, según mi lectura, implican forzar el principio de placer, como aquel que regularía el aparato psíquico y el lazo entre los seres humanos.

Forzar, hasta tal punto, que las masacres y devastaciones culturales no le alcanzaban subjetivamente para hacer el verdadero duelo. Duelo, respecto a su ideal del reinado del principio de placer.

Es ese ideal lo que lo lleva a denegar lo que le dice su hijo Martin desde el frente de la guerra.

Por todo esto, el texto “Más allá del principio de placer” es el “pase” de Sigmund Freud. El atravesamiento del fantasma de la bienaventuranza y la caída del ideal del principio de placer.

Atravesamiento que lo va a llevar finalmente al resto irreductible, llamado fragmento de agresión libre en “Análisis terminable e interminable”. Y a postular finalmente ante lo que vacilaba, retrocedía, esquivaba: la compulsión de repetición.

Compulsión que hace caer la supuesta seguridad de cualquier ideal, y agujerea para siempre el ordenamiento de la ley paternal.

El Nombre del Padre, como lo formuló tempranamente Lacan, siempre reveló su impostura ante la compulsión de repetición.

El texto “Más allá del principio de placer”, “separó las aguas” en el postfreudismo. Aquellos que se formaron en ese “pase” de Freud son los que pudieron dar cuenta del concepto de goce, y orientar la clínica en relación a lo real.

Ciertamente, Freud ya había formulado en varias oportunidades lo que a partir de 1920 planteó como anticipaciones. La experiencia de dolor en el “Proyecto…”, la fuente in- dependiente de desprendimiento de displacer, la dimensión compulsiva en la obsesión de las psiconeurosis de defen- sa, los sueños punitivos, los fragmentos de vida real que siempre fueron displacenteros, etc. Sin embargo, no daba el paso.

El primero en “Más allá del principio de placer”, fue dado por la precisa, rigurosa y actual articulación de la angustia, el miedo y el terror; enmarcados en una nueva doctrina del trauma.

Es en ese punto donde cae la vieja juntura de la función del sueño y el cumplimiento de deseo. Es ahí donde se precipita el acto que estaba en suspenso. Escribe Freud: “O bien tendríamos que pensar en las enigmáticas tendencias masoquistas del yo”.

Esto lo cambia todo, se trata de “tendencias más originarias que el principio de placer en independientes de él”.

Sin esta afirmación, no sería posible sostener el concepto prínceps llamado “compulsión de repetición”.

Concepto que va a inaugurar la tercera y última etapa de la doctrina de la orientación clínica, y le va a permitir dar cuenta del fundamento de las catástrofes sociales.

Se trata del “sesgo demoníaco” del más allá del principio de placer. Este es el núcleo del reverso del psicoanálisis en Lacan. Jacques Lacan lo dice con total claridad en el Seminario 17: “Lo que precisa (Freud) de la repetición es el goce, término que le corresponde en propiedad”. (4)

Efectivamente, le corresponde.

Ciertamente, el concepto de goce tendrá un destino más complejo en la última enseñanza de Lacan, fundamentalmente a partir de Seminario 20, pero ya he destacado la cuestión de la divisoria de aguas fundamental en el postfreudismo.

Esto es lo que denomino atrevidamente el “pase” de Freud, sin desconocer por ello que el pase como tal le corresponde con propiedad a Lacan.

Y es en la “Proposición del 9 de octubre de 1967” donde, junto con su doctrina del Pase, nos formula la cuestión de los campos de concentración y de la “expansión” cada vez más dura de los “procesos de segregación”. Se trata del nudo: advenimiento del nuevo analista y analista ciudadano. Cuestión que está en el núcleo del psicoanálisis en intención y en extensión.




II. Bibliografía


Freud, S., “La transitoriedad” (1915), en Obras completas, López Ballesteros, Buenos Aires, 1989.

Lacan, J., El Seminario, Libro 17, El reverso del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 2008.

Lacan, J., “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, en Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2006.

1 (#ulink_d6e3d5b3-c2cd-544d-9b93-60ddf4555a4f)- Freud, S., “La transitoriedad” (1915), en Obras completas, López Ballesteros, Madrid, 1989, p. 2120.

2 (#ulink_a17a8075-fc44-5491-b84f-b60c93b6eb96)- Ibíd., p. 2119.

3 (#ulink_76eedf7a-b529-5fd4-9a9c-cc8dd957376c)- Freud, S., “Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte” (1915), en Obras completas, López Ballesteros, Madrid, 1989, p. 2117.

4 (#ulink_a7fa8096-e4e3-56b3-b3ca-dd3a888cadac)- Lacan, J., El Seminario, Libro 17, El reverso del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 2008, p. 48.




El destino de dos cartas


“[…] porque quiero salir algún día a la calle, y que sea pronto, y no morirme”.

El beso de la mujer araña, Manuel Puig

Martin escribe dos cartas a su padre en octubre de 1918, desde el campo de batalla de la Primera Guerra Mundial. Una guerra apocalíptica, contemporánea con la “gripe española”, pandémica.

Ambos acontecimientos provocaron miles de muertes, que producían al joven una profunda desazón y un marcado pesimismo por el futuro. A esto se le sumaba una gran angustia por la estadía de su familia en Viena, donde se producirían prontamente acontecimientos trágicos.

Al final de la guerra Martin estuvo desaparecido, sin que se supiera si estaba vivo o muerto.

El joven, en medio de la tragedia que vivía, pudo felicitar a su padre por el acontecimiento del Congreso de Psicoanálisis, después de varios años en Budapest.

Sigmund Freud, padre de Martin, luego del congreso –donde expuso el brillante texto “Los caminos de la terapia analítica”– le envía una carta a su hijo, a la cual éste responde: “Tienes razón al sostener que me he curtido, que ya no necesito tanto para vivir, y que tengo voluntad suficiente para asumir cualquier trabajo que me alimente a mí y a una mujer que se me quiera fiar”.

Freud, en la conferencia mencionada, ya había situado con total precisión, adelantándose menos de dos años al gran giro de 1920, respecto a la cuestión de la autodestrucción y la satisfacción que ella implicaba.

Pero ya había salvado al padre, y el límite fálico le impedía dar cuenta de lo femenino. Para eso había que invertir los dos tiempos de “Tótem y tabú”. El segundo es primero lógicamente, y el primero es un efecto de esto. Salvar al padre al precio del sacrificio del hijo, como lo afirmó Lacan.

Martin le dice que no al sacrificio. Le responde al padre: “Esa fortaleza posterior supuesta, sería posible, pero para ello es necesario e imprescindible a dicho fin, de que regrese a casa con las cuatro extremidades, los cinco sentidos y una mente serena, además de una buena porción de salud, todas cosas con las que no contaría si en el ínterin alguien, sea quien fuera, me colgara, acribillara, masacrara o me apresara”.

En definitiva, agregó: “Padre, ¿no ves que estoy ardiendo?” Dos años después Freud produce el “Más allá del principio de placer”. Toda guerra es el asesinato de los hijos.

Martin se dirige a la denegación de Sigmund. Denegación en perspectiva con el famoso sueño “se ruega cerrar los ojos”. Conmoción de la visión y el objeto mirada. Retorno del objeto al cuerpo como manifestación de la angustia traumática, en la misma perspectiva que la denegación subrayada anteriormente.

La pandemia actual implica, entre otras cosas, una caída de las identificaciones, por lo tanto de la conceptualización del inconsciente es la política, que velaba el agujero estructural causa del sujeto.

Varios gobernantes de importantes países llaman a restablecer las condiciones de trabajo, renegando del peligro de muerte, no solo por la dimensión de la acumulación de plusvalía, sino para restituir las identificaciones propias del ordenamiento de la cultura neoliberal.

El neoliberalismo es un proyecto de organización de la existencia humana a escala planetaria. No es solo un modo atroz de acumulación capitalista, sino una operación totalitaria de dominio de las subjetividades.

La caída de los regímenes totalitarios de mediados del siglo pasado, no abrió un porvenir democrático genuinamente. El neoliberalismo se quitó de encima los recaudos y los semblantes que le daban cuerpo al viejo liberalismo.

La concentración de la riqueza, el dominio de la justicia y de los medios de comunicación, crean sociedades neofascistas con lenguaje posmoderno. Ante la emergencia de este real sin ley se produce tanto la denominada angustia traumática llamada así por Freud, como la conmoción profunda de las identificaciones.

Esto último puede representar, si sabemos cómo posicionarnos, una gran oportunidad para la promoción de la dignidad humana que siempre tuvo el psicoanálisis en su horizonte, como muy bien lo reflejó Freud en “El malestar en la cultura”.

Agradezco a Viviana Mozzi por acercarme las cartas de Martin Freud, y a Denise Siciliano la referencia de Manuel Puig.





Actualidad de “El malestar en la cultura” Sobre nuestra deuda con Freud


El 6 de mayo de 1856 nace Sigmund Freud, llamado schlomo-shelomoh, homenajeando así al patriarca de Tysmenitz.

La concepción pseudocientífica de raza lentamente se iba imponiendo, y con ella el desplazamiento ideológico segregativo que va del antijudaísmo al antisemitismo.

Se trata del marco de la época de 1815 a 1933, en la que Jean Claude Milner ubica el espacio temporal en la llamada Mitteleuropa, del desarrollo de la figura del “judío de saber”. Freud, “judío de saber” que nombra la intersección de judío y de saber, y que toma a la lengua alemana como aquella supuesta al saber.

1933 marca para Milner la declinación de esa experiencia inédita con el ascenso del nazismo.

Es en 1930 que Freud publica “El malestar en la cultura”, agregando el último párrafo en 1931, cuando según su principal biógrafo, la presencia de Hitler ya era una notoria amenaza.

Hay que leer el texto y su legado en ese horizonte. ¿Cómo avizoraba Freud, ese interrogador de la cara nocturna del alma, en contra del racionalismo, del intelectualismo, del clasicismo como lo postula el genial Thomas Mann?

Postulo que el principal legado y crucial para nuestros tiempos, es que no hay satisfacción plena de la pulsión por obstáculo interno. Por lo tanto, no por prohibición, sino como un modo de lo imposible.

¿Cómo pensar al hombre, a la cultura, a partir de ese imposible que no es histórico, que no depende de cada cultura ni de cada humano?

Todo el texto “El malestar en la cultura” es un esfuerzo inaudito para dar cuenta de qué se hace con ese imposible. Por eso, son necesarias las llamadas construcciones auxiliares, los quitapenas, hoy en día la exaltación del objeto técnico.

Por eso el programa del principio del placer no es realizable. “Discernir la dicha posible en ese sentido moderado es un problema de la economía libidinal del individuo. Sobre este punto no existe consejo válido para todos; cada quien tiene que ensayar por sí mismo la manera en que puede alcanzar la buenaventuranza”. Solución singular y modesta.

Las disposiciones del “TODO” (al que escribe en mayúsculas) son irrealizables.

Es en principio la religión la que para Freud perjudica la elección de cada uno, ya que presentándose como un TODO impone para todos un igual camino “para conseguir dicha y protegerse del sufrimiento”.

Lo que para Freud tiene mayor potencia para buscar anular, dominar ese imposible de la no satisfacción plena, son las sustancias embriagadoras y tóxicas, ya que influyen sobre nuestro cuerpo, alterando su quimismo, y produciendo a su vez grandiosidad yoica.

En una perspectiva, esta es nuestra época: adicción generalizada y omnipresencia yoica. Seguramente el tercero es la intimidad como espectáculo y la elevación de los rasgos de goce a a la dignidad de S1 colectivizantes.




***


¿Cuál es un segundo legado de este texto? El lugar de las mujeres. Aclaremos, más precisamente como posición femenina.

Las mujeres entran en hostilidad con la exigencia del imperativo superyoico de la cultura. No se trata de la hostilidad histérica, de la que habla Freud en “El tabú de la virginidad” y Lacan en el Seminario 17, sino hacia el imperativo de goce.

Es una hostilidad a favor del nudo deseo – goce – amor.

Dice Freud que lo que el hombre “usa para fines culturales (aquí superyoico) lo sustrae en buena parte de las mujeres y de la vida sexual: la permanente convivencia con varones, su dependencia de los vínculos con ellos, llegan a enajenarlo de sus tareas de esposo y padre”.

Lo femenino responde en este punto a la cuestión del padre como modelo de la función, revelando a esta altura lo que formuló en el último capítulo de “Psicología de las masas y análisis del yo”, respecto a que el amor a una mujer, al igual que el síntoma, tiene un valor disgregativo del efecto masa, y tiene el más alto valor en la existencia humana, ya que atraviesa todas las limitaciones nacionales, de origen, de religiones, etc.




***


El otro gran aporte es el referido al mandamiento “ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Las paradojas de este mandamiento lo van a llevar a formular tanto la dimensión del hombre como lobo del hombre y a su debate con los comunistas y los socialistas. Respecto a los primeros, debate la conceptualización de que la propiedad privada corrompe la naturaleza humana, pero al mismo tiempo Freud formula que “la posesión de bienes privados confiere al individuo el poder, y con él la tentación de maltratar a sus semejantes, los desposeídos no pueden menos que rebelarse contra sus opresores, sus enemigos”.

Y respecto a los socialistas, reproduzco el párrafo: “Paréceme también indudable que un cambio real en las relaciones de los seres humanos con la propiedad aportaría aquí más socorro que cualquier mandamiento ético; empero, en los socialistas, esta intelección es enturbiada por un nuevo equívoco idealista acerca de la naturaleza humana”. El equívoco socialista es creer que este cambio en relación a la cuestión de la propiedad eliminaría las pasiones oscuras. Pero esto último en su pluma, no invalida la cuestión de que ese cambio en las relaciones de propiedad tendría más efecto que un mandamiento ético.

Dice Freud que: al mismo tiempo hay hombres que se “permiten habitualmente ejecutar lo malo que les promete cosas agradables, cuando están seguros de que la autoridad no se enterará o no podrá hacerles nada, y su angustia se dirige solo a la posibilidad de ser descubiertos”. Estos hombres, en la Argentina, se llaman desaparecedores y torturadores.

La cultura no resuelve las pasiones oscuras. La Alemania de la que surge el nazismo, era la sociedad más culta del mundo.

Incluso, Freud va a formular que forzar a los individuos a ser mejores que lo que su naturaleza le permite, lleva a lo peor.

Ninguna educación, formación solidaria, eliminará la pulsión de muerte. Es más, todo forzamiento en ese sentido solo albergará el imperativo categórico kantiano y llevará a lo peor.

Es mi punto de vista, y que de lo que se trata es de crear las condiciones sociales que inhiban, que no posibiliten que se realicen en el mundo las pasiones oscuras bajo el modo de la crueldad, la tortura, el asesinato.

Una sociedad más justa, democrática, con pleno desarrollo de las funciones del Estado, garantizando salud, educación, vivienda, trabajo; permitiendo construcción de proyectos individuales y colectivos, permite la sintomatización de los modos de satisfacción pulsional.

Una sociedad donde no se garanticen los derechos ciudadanos, donde se promueva como ideales las figuras del cínico y el canalla, capturada en la ley de hierro que impone la relación de la ley del mercado con el desarrollo científico-tecnológico, no da lugar a la sintomatización, sino que promueve las prácticas directas de goce, sin la operatividad de los recursos simbólicos e imaginarios, para vérselas con lo real pulsional.

Una sociedad burocrática y totalitaria, que tome a lo diferente como hostil, como enemigo, imponiendo una uniformidad que aplaste lo singular y realice un empuje a la masa, se transforma en una cruel pesadilla.




***


Finalmente, el otro gran aporte. Respuesta fundamental al primero: a la no satisfacción plena por obstáculo interno, lo imposible.

Ese aporte es el superyó.

La paradoja del superyó, en tanto que a mayor renuncia de satisfacción pulsional, mayor incremento de la severidad superyoica.

Esta fórmula, perfectamente observable en ciertos fenómenos clínicos y comportamientos sociales, abreva en la primera construcción teórica de la cuestión que dice así: la renuncia de lo pulsional crea la conciencia moral.

Pero la segunda fórmula, nos habla de la renuncia de una satisfacción agresiva, vengativa.

“El superyó entra en posesión de toda la agresión que como hijo, uno de buena gana habría ejercido contra ella (la autoridad paterna)”. Se trata de la sofocación no de una moción libidinal, sino de una agresión.

Esta segunda fórmula es más acorde a nuestros días, ya que la primera ha estallado por los aires a partir del imperativo de goce del neoliberalismo. El actual es un imperativo sin deuda y sin culpa. Es un imperativo correlativo a la declinación del Nombre del Padre.

Pero cuál es el encono que alberga este superyó en su segunda fórmula. Encono contra esa autoridad inhibidora dice Freud. No se trata ya del padre. ¿Entonces? Es un encono superyoico contra lo imposible, pero la angustia permanece testimoniándolo.

Finalmente, respecto al último párrafo del texto: querido Sigmund Freud, lamentablemente el desarrollo cultural no logró dominar la “humana pulsión de agresión y autoaniquilamiento”. Pero su legado, el psicoanálisis, se presenta como aquello que revela que la pretensión psicopolítica de “intervenir hasta lo profundo de nuestra psique y explotarla”, se topa con lo imposible.

Además, su deseo ha venido a ocupar el lugar de la causa, para mí y para mis colegas psicoanalistas. Encontrarme con su palabra le dio un vuelco decisivo a mi vida, e impidió el pasaje al acto de mi empuje al sacrificio militante. Querido Sigmund Freud: le estoy muy agradecido.





Huellas freudianas en la conceptualización lacaniana de lo real

I. Introducción


Lacan, en su Seminario 23 llamado El sinthome, va a decir:

En la medida en que Freud hizo verdaderamente un descubrimiento (suponiendo que este descubrimiento sea verdadero) puede decirse que lo real (la categoría de lo real, que es justamente de lo que retrata en este seminario sobre Joyce) es mi respuesta sintomática. (1)

Lacan va a caracterizar a lo real como su respuesta a la elaboración freudiana del inconsciente. Respuesta que también le permitió decir que su único invento es la escritura de lo real, en la medida de responder a la disyunción en Freud de lo simbólico y lo imaginario. En la disyunción entre ambos, lo real, los anuda pero no los une.

Esta formulación realizada en los finales de su enseñanza, constituye en sí misma todo un programa de investigación. Las diversas conceptualizaciones, y los distintos modos de producción teórica al respecto, son solidarios de otras elaboraciones.

Implican tanto las diversas conceptualizaciones de lo que Freud llamó aparato psíquico, como las distintas orientaciones de lo que él mismo llamó “dirección de la cura”, y formulaciones respecto a la cuestión del final de análisis, y de lo “inatrapable” del invento freudiano: el analista.

Por lo tanto, las “huellas freudianas” las hallamos en diversos giros de la conceptualización de lo real, y cuando de la “mano de Joyce” parece desprenderse de Freud, nos encontramos –como ya fue dicho–, con la llamada “respuesta sintomática”.

Debemos considerar además, que en los diferentes momentos de elaboración doctrinal, hay “disonancias” fecundas respecto a los conceptos privilegiados.

Estas “disonancias” y el estatuto de “respuesta sintomática” a la elaboración freudiana del inconsciente, implican que no hay una modalidad hegeliana de producción conceptual, como etapas que se superan unas a otras, más allá del “privilegio” acordado al llamado orden simbólico en un momento, y su depreciación posterior.




II.


Si como se ha dicho, la conceptualización de lo real por parte de Lacan, es su respuesta sintomática al descubrimiento freudiano, veamos muy sucintamente ciertas huellas freudianas al respecto.

En principio, hallamos en Freud diferentes rupturas de las categorías kantianas de espacio y tiempo. Pese a las críticas en su momento por parte de Lacan al esquema freudiano del aparato psíquico en el texto “El yo y el ello”, que Oscar Masotta lo denominó “un llamado a la topología de Lacan”. (2)

Los tres freudianos de “Inhibición, síntoma y angustia” hallarán su preciso lugar en el Seminario 22. El primero, como intrusión de lo imaginario en lo simbólico; el segundo, con la represión de la pulsión y la “extraterritorialidad”; y el tercero, tomando la referencia de “Lo siniestro”.

La cuestión del yo y el cuerpo atraviesa la dimensión de la superficie en su estatuto de narcisismo, refiriéndose a las experiencias dolorosas como modalidad de “tener un cuerpo”, ordenando el caos autoerótico, sin suprimirlo.

Por su parte la urvergrängt, va a dar cuenta de lo real como imposible, y la realidad psíquica y el Edipo como cuarto, que anuda real, simbólico e imaginario.

La represión primaria articulada a la identificación primaria, escupe un nombre, dando cuenta de la nominación real. Ambos conceptos freudianos son articulables por Lacan, para dar cuenta de la institución del sujeto.

Por su parte, los llamados restos sintomáticos, dan cuenta de un nombre de lo imposible en el final de análisis, y responden a las fijaciones tempranas pero no nombradas como fixierung (fijación) sino como niederschrift (transcripciones), tal como las de la “Carta 52”. Estas fijaciones (niederschrift) son primeras transcripciones de las percepciones. No hacen cadena S1 – S2. Su estatuto es de letra.

Sostienen, en términos freudianos, las condiciones del spielerei (jugueteo de significantes, sin articulación y que no están destinados a comunicar nada a nadie).

Ese es el verdadero estatuto del sueño, y su referencia es la escritura china como materia prima. En Freud, el sueño no quiere comunicar nada a nadie, su spielerei es una ganancia de placer “autística”.

Se trata radicalmente de la diferencia entre lo escrito y lo dicho.

En esta perspectiva, la referencia de los restos sintomáticos es la letra.

Otra importante referencia, es lo que Freud en el texto “Recordar, repetir y reelaborar” va a denominar: piezas de vida real (stick realen lebens).

Estas piezas, que se presentan en el tratamiento, no son recuerdos efectos del retorno de lo reprimido, y son la causa del agieren (actuar en transferencia). Pueden tener el estatuto de transferencia negativa, y si el analista realiza un forzamiento simbólico de las mismas, la respuesta será la reacción terapéutica negativa.

Las referencias de esas “piezas”, no son ninguno de los que Freud agrupa en la “Psicopatología de la vida cotidiana”, ni el sueño, ni las fantasías, ya que no dan cuenta de un conflicto de instancias. Sino el deja vu, el deja raconte, el retorno de los restos visuales y auditivos del texto “Construcciones en psicoanálisis”, los instantes traumáticos de la “Conferencia 32” de Freud.

Pueden ser abordados desde “La negación” y el deja raconte del fenómeno alucinatorio del “Hombre de los lobos”.

Los “instantes traumáticos” a los que refieren, no son escenas traumáticas, sino que dan cuenta de los efectos de lalengua en el cuerpo.

Estas “piezas”, anticipan el concepto del “ello freudiano” y nombran un real diverso a aquel enmarcado por el retorno de lo reprimido. No es un real como imposible, como carencia de material simbólico, como atestigua por ejemplo el ombligo de los sueños.

En estas referencias freudianas, a la conceptualización de lo real por parte de Lacan, puedo mencionar el historial del Hombre de las ratas como paradigmático, aunque no exhaustivo. Aunque es un historial publicado en 1909, por lo tanto anterior al gran giro de 1920, hallamos en estado práctico, numerosas producciones que anticipan los desarrollos posteriores y que han nutrido la última enseñanza de Lacan.

La represión de la pulsión, como beneficio primario, el modo de defensa llamado regresión como desligadura pulsional, el síntoma en su dimensión de extraterritorialidad, la “conciencia” como zona erógena, el yo como síntoma, la prohibición mortificante del superyó, el inconsciente económico y la dimensión compulsiva, la irrupción de la angustia ante la conmoción de la nominación imaginaria. La transferencia dando cuenta de la doble perspectiva del objeto (anal el de la demanda, escópico el del deseo), el masoquismo del fantasma con el significante ratten como fustigador.




III.


El modo en que Lacan aborda la dimensión de lo real, en los inicios de su elaboración, presenta diversas aristas. Quizás la que más se prestó a desorientación y equívocos, es aquella en la cual nos presenta el término “realidad”.

Este término suficientemente desplegado por la psicología y las ciencias sociales, sin embargo se presenta diverso en las primeras reflexiones de Lacan.

Incluso difiere en un índice con respecto al principio de realidad freudiano. Ya que, como el mismo Lacan lo formuló, en Freud se trata de la continuidad del principio placer-displacer.

Muy tempranamente, en el “Seminario sobre el Hombre de los Lobos”, la sexualidad se presenta como una realidad que se escapa a la simbolización, nombra un fracaso en simbolizar ciertas relaciones simbólicas.

Vemos por lo tanto, que esta realidad, se define por su no captura simbólica y que además refiere a la sexualidad. Ya en este punto difiere de la referencia psicológica de realidad.

En la misma perspectiva, en el Seminario 1 (3), la “realidad pura y simple”, previa a la construcción de la vida fantasmática por parte del sujeto, objetos, instintos, deseos, tendencias, en una modalidad caótica y originaria.

El punto quizás más preciso, lo vamos a hallar en la clase 8 del mismo Seminario 1, en referencia al delirio alucinatorio. Cuestión ésta, que tendrá un destino luminoso en toda la obra de Lacan.

Respecto a una observación de la señora Lefort, va a decir:

Si la palabra alucinación significa algo, es ese sentimiento de realidad. En la alucinación hay algo que el paciente asume, verdaderamente, como real. (4)

Vemos aquí con total precisión, el deslizamiento realidad-real.

El sentimiento de realidad en el fenómeno alucinatorio, excluye en forma taxativa cualquier referencia psicológica del mismo.

Para no agotar referencias, indico las que ubico en “Variantes de la cura tipo”, (5) cuando en la página 113 Lacan formula: “No hay, en efecto, más realidad que ese toque de la muerte cuya marca recibe al nacer”. Y en la misma página, para el sujeto “la realidad de su propia muerte no es ningún objeto imaginable”, más bien da cuenta de que es un ser prometido a la muerte. Cuestión a asumir en el curso de un análisis.

Jacques-Alain Miller va a tomar esta perspectiva, en su curso “El ser y el Uno”, cuando da cuenta de la manera en que Lacan trata a lo real, como aquello excluido de la experiencia:

[…] en tanto lo real-realidad está excluido de lo simbólico, lo que resulta wirklich, lo que se muestra como real eficaz, lo real en tanto de él se desprenden efectos. (6)

Voy a aportar aquí, como lo demostraré luego, que es el fenómeno alucinatorio lo que da la matriz necesaria a tal fin.

Por su parte, en el curso Sutilezas analíticas (7) Miller, hablando de la experiencia en un análisis, se va a referir a otra realidad, que surge como piezas sueltas y perturba el relato de la realidad (digamos imaginaria) por parte del analizante.

Se trata, en palabras de Miller, de la narración que toma a su cargo lo que quedó como agujero en la realidad del sujeto. Hystorias que el sujeto se cuenta a partir del traumatismo de lalengua.




IV.


En el punto II me he referido a las “piezas de vida real”, ubicadas por Freud en “Recordar, repetir y reelaborar”. La puse en serie, entre otros, con el deja raconte, e hice mención del deja raconte del episodio alucinatorio del “Hombre de los lobos”.

No solo que es un episodio sin Otro, sino que al relatarlo se le presenta el fenómeno de “lo ya contado”.

Dije que solo podría ser abordado por los juicios de existencia y atribución del texto de Freud “La negación”, ya que no era un efecto del retorno de lo reprimido. Lacan, muy al comienzo de su enseñanza, se va a referir a un real que se presenta erráticamente, sin ley, respecto al fenómeno alucinatorio. No es un efecto de la verdad del inconsciente reprimido ni llama a la interpretación. No es hystorizable, ni opera con las leyes de la metáfora y metonimia, ya que es algo que no fue simbolizado. En este caso la castración genital efecto de la verwerfung, que Lacan traduce como expulsión, rechazo, cercenamiento, forclusión.

La alucinación señala, por el contrario, un real que supera lo verdadero, un real que surge en lo verdadero. La alucinación es el fenómeno o la manifestación de un real surgiendo en la verdad. (8)

Va a dar cuenta de un “sentimiento de irrealidad”, como fenómeno de franja.

Miquel Bassols va a afirmar que el fenómeno forclusivo, que Lacan llama retrancheé, en sus inicios, no se expresa solo en los fenómenos alucinatorios sino en otros episodios, como por ejemplo en el acting out.

Fundamentalmente, al generalizar el concepto de forclusión, hacemos de la neurosis una modalidad de suplencia, producida a través de la significación fálica (9).

Ese sujeto de la castración, nos dice Freud, no quería saber nada en el sentido de la represión, er von ihr nichts wissen wollte im sinne der verdrängung. Y para designar este proceso emplea todo el término “cercenamiento” (retranchement). (10)

Se trata, en verdad, de que un sujeto puede rehusar el acceso a su mundo simbólico, a pesar de ser algo que ha experimentado.

Puedo por lo tanto señalar que aunque Lacan utilice en su momento el término realidad como homólogo a real, a partir centralmente del fenómeno alucinatorio del “Hombre de los lobos”, su real tiene una especificidad por fuera de cualquier referencia a la realidad de la psicología y por fuera del principio de realidad. Este último da cuenta del inconsciente reprimido, de lo que existe como símbolo. La condición del principio de realidad es la bejahung (afirmación).

Pero además el real que formula en la “Respuesta al comentario de J. Hyppolite”, es un real que se presenta fuera de toda ley, de todo orden, lo hace erráticamente. Esta característica tendrá un relieve fundamental en la última enseñanza de Lacan.

Pero además de este modo errático de presentarse este real, Lacan va a formular que “el hombre de los lobos”, en el episodio alucinatorio:

No se animaba a decir nada a su criada que estaba solo a unos pasos de él; se dejó caer sobre un banco y permaneció así, incapaz de lanzar una mirada más a su lado. Al fin se calmó, miró bien su dedo y –¡fíjense nomás!– estaba totalmente indemne. (11)

Ambos caracteres, el presentarse erráticamente y el sin Otro – sin Otro, en tanto la alucinación no está en la trama simbólica, en la articulación significante, en la operatividad de la metáfora y la metonimia, ni puede historizarse.

Vemos de este modo cómo la “realidad”, en tanto lo que queda por fuera de la experiencia (simbólico-imaginario) nos habla de un real localizado de este modo.




V.


A partir del Seminario 7, La ética del psicoanálisis, Lacan comienza a coordinar el concepto de lo real con el goce. Son notables las referencias a la elaboración freudiana de la denominada segunda tópica.

Se trata de un retorno a Freud diverso del de la primera época, que tenía como huella a la “Interpretación de los sueños”, “Psicopatología de la vida cotidiana” y “El chiste y su relación con el inconsciente”.

El giro freudiano de 1920 reordena el conjunto de la teoría, la orientación de la cura, la concepción del final de análisis y la posición del analista.

A esa altura, ya no se trataba de dar cuenta de cómo se producía una cura, sino cuáles eran los obstáculos para tal finalidad.

Si la clínica con las pacientes histéricas le permitieron a Freud construir su hipótesis del inconsciente, la tarea especialmente con las neurosis obsesivas implicó la necesidad de un giro completo de toda su elaboración.

El aparato psíquico pasa a estar regulado desde el más allá del principio de placer, cuestión que implica la producción del tercer modelo pulsional: pulsión de vida, pulsión de muerte. El problema del masoquismo como primario, las resistencias estructurales (del ello y del superyó) que llevaron a modificar la concepción del aparato psíquico: la necesidad de castigo en el núcleo del síntoma, la reacción terapéutica negativa, la respuesta estereotipada de los mecanismos de defensa, el factor compulsivo del síntoma localizado tempranamente por Freud, alcanza un relieve paradigmático; tanto es así, que la tendencia al conflicto no va a estar sostenida ni en lo reprimido, ni en la fantasía, sino en el llamado fragmento de agresión libre, fundamento de goce irreductible, incurable.

El das ding freudiano que se presenta como extraño y siniestro, será localizado por Lacan por fuera de lo simbólico y lo imaginario, por lo tanto su referencia será real.

Incluso el imperativo categórico kantiano, que siendo un enunciado simbólico, en su valor de superyó freudiano, se presenta como real.

El goce como real es inaccesible a no ser por una trasgresión. Lo simbólico y lo imaginario funcionan como barreras para alcanzar lo real.

Que el goce sea real, y que se ubique en oposición al placer, va a determinar una disyunción absoluta del significante y el goce; a partir de ahí no habría posibilidad de articulación entre la dimensión del goce y la del Otro que, construido a partir de los primeros Seminarios, encuentra aquí un impasse en su formalización.

El bien y lo bello tienen el estatuto de barreras frente al goce.

Lacan afirma, por otra parte, que:

Mi tesis es que la ley moral se articula con la mira de lo real como tal, de lo real que puede ser la garantía de la Cosa. Por eso les incito a interesarse en lo que podamos llamar el acmé de la crisis de la ética, que les designé, ya de entrada, como ligado con el momento en que aparece La crítica de la razón práctica. (12)

Al mismo tiempo, si el bien es un obstáculo, para que el sujeto logre coordinarse con su deseo, lo bello no engaña, ya que más bien tiene una función de despertar, en la medida que su estructura es de señuelo.

Pero tanto lo simbólico como lo imaginario se instituyen como semblantes, haciendo las veces de barreras ante lo real.

Como ya he formulado, con “Recordar, repetir y reelaborar”, Freud va a anticipar el giro de 1920 a partir de separar dos modos de retornos en el curso de una cura, con un doble carácter de la insistencia repetitiva.

Los recuerdos que retornan como retorno de lo reprimido, vía la producción inconsciente que tiene como límite la represión primaria como un nombre de lo imposible, es un retorno que tiene una ley, un orden.

Por otro lado, da cuenta del retorno de lo que llama “piezas de vida real” (stick realen lebens) que son los que sostienen el agieren, el actuar en transferencia.

En el Seminario 11, que es donde se formaliza el invento del objeto petit a, Lacan va a dar cuenta de este modo de retorno bajo las especies de lo que va a denominar tyché y automatón, siguiendo las categorías aristotélicas. El encuentro fallido con lo real y el automatón de la insistencia significante. Lo real es nombrado objeto a, a pesar de que en la época del Seminario 11, lo real da cuenta de lo que vuelve siempre al mismo lugar, “las piezas de vida real” van a dar cuenta de un real que solo en sus últimas elaboraciones van a adquirir el estatuto del real sin ley.

Para Miller, con el Seminario 11, Lacan da cuenta de que

Se empieza por el cuerpo fragmentado de las pulsiones parciales, por las zonas erógenas, que son autónomas y que no piensan más que en su propio bien; y luego, por el contrario, hay una integración que se realiza gracias al goce pulsional, goce automático obtenido en el trayecto normal de la pulsión, en su ida y vuelta, sin transgresión (13).

Miller lo va a nombrar “elementalización de la cosa”. (14)

La repetición va a dar cuenta de la insistencia significante a partir del retorno de lo reprimido. Repetición nombrada como automatón.

Por otra parte, la tyché va a estar sostenida conceptualmente por los conceptos freudianos de trauma, el in effigie in absentia freudiano, y el paradigmático sueño del capítulo VII de La interpretación de los sueños, conocido en la literatura analítica como “padre, ¿no ves que estoy ardiendo?”.

La crucial diferencia freudiana de “Recordar, repetir y reelaborar”, va a permitir nombrar la tyché como:

Lo real como encuentro –el encuentro tanto que puede ser fallido, en tanto que es, esencialmente el encuentro fallido- se presentó primero en la historia del psicoanálisis bajo una forma que ya basta por sí sola para despertar la atención– la del trauma (15).

Por lo tanto, lo real adquiere el nombre de lo inasimilable. Pero es un real con una regularidad, una ley. Lo que nombramos como “piezas de vida real” en términos freudianos van a implicar un real sin ley.

La tyché, como real, será el soporte de lo que “no cesa de no escribirse”.

“El trauma es lo real, lo inasimilable, es un exceso de goce que escapa a la simbolización”. (16)

Aquí se hallan las bases de lo que Lacan desarrollará en Seminarios posteriores, como el 16, De un Otro al otro, y el 17, El reverso del psicoanálisis.

El objeto a, como plus de goce, se presenta como un suplemento de la pérdida de goce, articulado a los discursos. La repetición, como repetición de goce, viene al lugar que en el Seminario 7 ocupaba la transgresión. El plus de goce es articulado por Lacan tomando como referencia la plusvalía marxista.

Como dato fundamental de esta conceptualización y que tendrá un fundamental desarrollo futuro, es la articulación decisiva entre repetición y síntoma. Miller habla en los citados paradigmas del goce, de una constancia que difiere de la del fantasma fundamental. “Es una constancia, amplia, duradera”. (17)

En el crucial capítulo XIII del Seminario 16: De un Otro al otro, Lacan va a definir a lo real como el goce absoluto, en tanto vuelve siempre al mismo lugar,

[…] y así revela (la histérica) la estructura lógica de la función del goce. […] Justamente, la histérica es rechazada por plantear el goce como absoluto, por no poder responder más que desde el ángulo de un deseo insatisfecho respecto de ella misma. (18)

El goce como real, y definido a esta altura como un absoluto, es lo que se encuentra en los límites freudianos para la conclusión de la cura, tanto respecto a las resistencias estructurales (la del ello y la del superyó) como, y fundamentalmente, respecto a lo que en “Análisis terminable e interminable” se definirá como la “permanente injerencia de un fragmento de agresión libre” y los restos sintomáticos.

Pero esta conceptualización de goce como real, nos permite precisar de la mejor forma el historial clínico del “Hombre de las ratas”. La represión de la pulsión como beneficio primario, la regresión como desmezcla pulsional, el síntoma como lo extraterritorial, la conciencia como zona erógena, la paradoja de la prohibición superyoica, el inconsciente económico como sostén de la dimensión compulsiva, el aparato psíquico gobernado por el más allá del principio de placer (formulado antes del giro de 1920), la irrupción de la angustia ante la conmoción yoica (desestabilización de la nominación imaginaria).

La fijación (anal) orientada por las deudas del padre, la transferencia dando cuenta de la doble perspectiva del objeto (de la demanda: anal; del deseo: escópico), la pregunta por la existencia como un velo del matrimonio con la muerte, el fantasma masoquista en tanto hacerse golpear por los significantes (ratten), como ya he dicho.




VI.


El esquema del capítulo II del texto de Freud “El yo y el ello”, da cuenta tanto de una construcción por fuera de las categorías kantianas de espacio y tiempo, como de una figura en perspectiva topológica.

Es fundamental destacar en esa figura “surrealista” las líneas del inconsciente y el ello, que va a adquirir un gran relieve en el último Lacan.

Sabemos que el “ello” llega a Freud a través de Groddeck, proviniendo de Nietzsche.

Pero puedo destacar aquí que el antecedente en Schopenhauer. La “cosa en sí” kantiana, fue llamada por éste último “voluntad”. Esta voluntad, retomada como “sí mismo” por Nietzsche, llegará a Freud como “ello”. (19)

Ya para Schopenhauer, el cuerpo va a ser lo único en el mundo dado como voluntad.

Es este “ello”, que en el Seminario 20, Aún, de Lacan, se presentará como “eso habla, no sabe lo que dice pero goza”, y posteriormente “eso no habla, goza”.

Para Nietzsche, detrás de las ideas y los sentimientos reside el “sí mismo”; y este sí mismo es el cuerpo. Este “sí mismo” que reside en el cuerpo, explica Schopenhauer, da cuenta de una inmutabilidad en la vida de un individuo, que implica un camino absolutamente singular. Un forzamiento de ese camino determinado por la voluntad, solo puede aparejar situaciones desgraciadas. (20)

Pero es necesario aclarar que la voluntad no tiene sentido, en verdad el sentido es una respuesta a su presencia acéfala.

Aunque para T. Mann la curación psicoanalítica se inscribe en la Ilustración, por el servilismo del espíritu respecto de las pasiones, y aunque en el último Lacan no hallamos en el final de análisis un saldo de saber, sí hay producción de un significante nuevo, por fuera de la repetición como síntoma, por fuera de un sentido gozado.

Esa producción de un nuevo significante se inscribe en el debate de la Ilustración, no por la vía del ser, sino por la ex-sistencia. Ya no es falta ontológica, sino que es una cuestión óntica.

Este giro se produce a partir del capítulo 8 del Seminario 20, Aún, donde el objeto petit a de ser la referencia misma de lo real, va a advenir al estatuto de semblante, produciendo así la formalización topológica de lo real.

Por último, lo simbólico, al dirigirse hacia lo real, nos demuestra la verdadera naturaleza del objeto a. Si antes lo califiqué de semblante de ser, es porque semeja darnos el soporte del ser. (21)

Si en el Seminario 11, Lacan había formulado que el estatuto del inconsciente no es óntico sino ético, esa ética es la que va a permitir y más allá del embrollo de lo verdadero, dar lugar a la dimensión óntica del “ex-siste”.

La lectura que va a realizar Jacques-Alain Miller, es que la formulación del goce femenino, por parte de Lacan, hace caer la ya formulada ontología.

La generalización del goce femenino abre la puerta del último Lacan. Ya que la generalización del goce femenino, en verdad nombra al goce como tal, y por lo tanto el advenimiento del a como semblante y lo real como ex-sistencia.

Ya no se trata del goce edípico marcado por la castración, la prohibición y alcanzado “hegelianamente”, sino de un goce reducido al acontecimiento del cuerpo. (22)

En el Seminario 23: El sinthome, la referencia ya no va a ser Freud, sino Joyce, para dar cuenta con total precisión del punto de arribo:

La buena manera es la que, habiendo reconocido la naturaleza del sinthome, no se priva de usarlo lógicamente, es decir, de usarlo hasta alcanzar su real, al cabo de lo cual él apaga su ser. (23)

La palabra uso se encuentra así destacada, ya que da cuenta del estatuto pragmático en juego en relación a la cuestión de lo real y el sinthome.

El sinthome, escrito de este modo, viene a dar cuenta del cuarto nudo que anuda real, simbólico e imaginario. Cuarto nudo, que ya había formulado en el Seminario 22: RSI, siguiendo las huellas freudianas de “Inhibición, síntoma y angustia”. Cuarto nudo que había referido tanto al Edipo como al concepto de realidad psíquica.

Recordemos que, por ejemplo, esa formación del inconsciente que es el sueño, anuda lo hipernítido pulsional con el ciframiento inconsciente y la puesta en imágenes (RSI). Formulación que le va a permitir dar cuenta de las pulsiones como el eco en el cuerpo del hecho que hay un decir.

A su vez, en su última enseñanza, Lacan va a decir que:

Esto es lo que caracteriza la letra con la que acompaño este objeto, a saber, la letra a minúscula. Si reduzco este objeto a, a esta a minúscula, es precisamente para marcar que la letra no hace en esta oportunidad más que mostrar la intrusión de una escritura en tanto otra (autre), con una a minúscula. La escritura en cuestión, viene de otra parte que del significante. (24)

Cuestión fundamental para dar cuenta de los restos sintomáticos como un nombre de lo imposible al final del análisis. Restos de los cuales va a dar cuenta Freud en “Análisis terminable e interminable”, productos de la niederschrift (transcripción), primera transcripción de las percepciones en la “Carta 52” de Freud, que no constituye el inconsciente. Su estatuto es de letra. El inconsciente es una respuesta, arma cadena y otorga sentido.

Tomo esta referencia para dar cuenta del último escrito hallado de Lacan (25), donde habla del esp del lap en cuanto se refiere a lo que va a llamar inconsciente real, inconsciente que habla para sí. Tan sin Otro como el Hombre de los lobos en el episodio alucinatorio.

J.-A. Miller, en su curso inédito del año 2011, va a dar cuenta del paso del “eso habla, no sabe lo que dice, pero goza” del Seminario 20 de Lacan, al “eso no habla pero goza”, a partir del concepto freudiano de ello, como ya lo formulé. Como va a decir Freud, el “ello” es la sede de las pulsiones mudas.

Destaca que el ello freudiano no es un ser sino el silencio de las pulsiones. Tampoco es el goce imaginario del narcisismo.

Destaco aquí algo muy preciso del “El yo y el ello”, y es la cuestión que Freud formula acerca de que se constituye el cuerpo y por lo tanto el yo, a partir de algo semejante a una experiencia de dolor. La llamada nominación imaginaria que instituye al yo como operación respecto al autoerotismo, tiene como referencia la pulsión de muerte.

Miller destaca como cuestión fundamental, en el curso mencionado, que la fórmula freudiana es: “wo es war, soll ich werden”, y no “wo das es war, soll ich werden”. El “es”, el “ello”, no está presidido por el artículo das (el). O sea, no está objetivado. Y es este “ello” el que permite captar la autonomía del goce del cuerpo.

La cuestión es, por lo tanto, que a partir de separar el inconsciente del ello, ¿cómo podría operar el lenguaje sobre el cuerpo? Más aún, si la doctrina clásica de la interpretación hace existir esa defensa que hoy llamamos inconsciente transferencial, que es el inconsciente freudiano dinámico. De este modo el ello, es goce y no quiere decir nada. Por lo tanto la cuestión es óntica.




Bibliografía


Bassols, M., Lógica y clínica de las suplencias, Eolia, España, 2000.

Freud, S., “La interpretación de los sueños” (1900), en Obras completas,  t. IV y V, Buenos Aires, Amorrortu, 1987.

Freud, S., “Psicopatología de la vida cotidiana” (1901), en Obras completas, t. VI, Buenos Aires, Amorrortu, 1987.

Freud, S., “El chiste y su relación con el inconsciente” (1905), en Obras completas, t. VIII, Buenos Aires, Amorrortu, 1987.

Freud, S., “A propósito de un caso de neurosis obsesiva” (1909), en Obras completas, t. X, Buenos Aires, Amorrortu, 1987.

Freud, S., “De la historia de una neurosis infantil (Caso del ‘Hombre de los lobos’)” (1918), en Obras completas, t. XVII, Buenos Aires, Amorrortu, 1987.

Freud, S., “El yo y el ello” (1923), en Obras completas, t. XIX, Buenos Aires, Amorrortu, 1987.

Freud, S., “La negación” (1925), en Obras completas , t. XIX, Buenos Aires, Amorrortu, 1987.

Freud, S., “Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis. Conferencia 32” (1933), en Obras completas, t. XXII, Buenos Aires, Amorrortu, 1987.

Freud, S., “Análisis terminable e interminable” (1937), en Obras completas, t. XXIII, Buenos Aires, Amorrortu, 1987.

Freud, S., “Construcciones en psicoanálisis” (1937), en Obras completas,  t. XXIII, Buenos Aires, Amorrortu, 1987.

Freud, S. , “Fragmentos de la correspondencia con Fliess” (1950), en Obras completas, t. I, Buenos Aires, Amorrortu, 1987.

Lacan, J., “Respuesta al comentario de J. Hyppolite” (1978), en Escritos II, Siglo XXI editores, Buenos Aires, 1980.

Lacan, J., “Variantes de la cura tipo” (1978), en Escritos II, Siglo XXI editores, Buenos Aires, 1980.

Lacan, J., El Seminario, Libro 1, Los escritos técnicos de Freud, Paidós, Buenos Aires, 1981

Lacan, J., El Seminario, Libro 20, Aún, Paidós, Buenos Aires, 1981.

Lacan, J., El Sminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1986.

Lacan, J., El Seminario, Libro 7, La ética del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1988.

Lacan, J., El Seminario, Libro 16, De Otro al otro, Paidós, Buenos Aires, 2008.

Lacan, J., El Seminario, Libro 23, El sinthome, Buenos Aires, Paidós, Buenos Aires, 2009.

Lacan, J., “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11”, en Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012.

Lacan, J., El Seminario, Libro 23, El sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2012.

Lacan, J., Seminario “El hombre de los lobos”. Inédito

Masotta, O., Escansión Nº 1, Paidós, Buenos Aires, 1984.

Miller, J.-A., “Los seis paradigmas del goce”, en Revista Freudiana N° 29, Buenos Aires, 2000.

Miller, J.-A., Sutilezas analíticas, Paidós, Buenos Aires, 2011.

Miller, J.-A., El ultimísimo Lacan, Paidós, Buenos Aires, 2013.

Miller, J.-A. Curso “El ser y el Uno”. Inédito

Nietzsche, F., Así habló Zaratustra, Sarde, España, 1984.

Schopenhauer, A., El mundo como voluntad y representación, Círculo de lectores, Buenos Aires, 2003.

Zack, O., “Tyché y automatón”, en Un real para el siglo XXI. Scilicet, Grama ediciones, Buenos Aires, 2014.

1 (#ulink_cdb37d2b-66c0-577b-a117-e4c29f2f7ecc)- Lacan, J., El Seminario, Libro 23, El sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 130.

2 (#ulink_2b8962d3-b075-5dea-9411-063c00633b3e)- García, G., “Oscar Masotta (1930-1979)”, en Escansión Nueva Serie (Vol. 2 Octubre), 1990.

3 (#ulink_08184faa-6784-57e1-aff5-0eb42f4068a8)- Lacan, J., El Seminario, Libro 1, Los escritos técnicos de Freud, Paidós, Buenos Aires, 2007, p. 128.

4 (#ulink_1b7c37f5-3f3d-5287-a52b-1f506eb88a16)- Ibíd., p. 163.

5 (#ulink_f8ecf56c-5450-5756-bd76-d39278ef1347)- Lacan, J., “Variantes de la cura tipo”, Escritos 1, Siglo XXI editores, Buenos Aires, 1987, p. 113.

6 (#ulink_ef896cbf-e413-598d-95e7-e74f111e30c8)- Miller, J.-A., Sutilezas analíticas, Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 258.

7 (#ulink_8d8edac9-d11d-5079-89a2-c1fceb7ee361)- Ibíd.

8 (#ulink_bddf3367-1ec8-5b22-90d7-491a049ff249)- Miller, J.-A., El ultimísimo Lacan, Paidós, Buenos Aires, 2014, p. 48.

9 (#ulink_f2f8a6e8-413d-514a-a0e0-b85b0b85116f)- Bassols, M., Lógica y clínica de las suplencias, EOLIA, España, 2000, pp. 172-173.

10 (#ulink_3acd8047-0cb6-513b-9100-e686d9343aac)- Lacan, “Respuesta al comentario de J. Hyppolite”, Escritos 1, Siglo XXI editores, Buenos Aires, 1987, p. 147.

11 (#ulink_fd28ce9e-545e-567c-8a04-7d02feeab30e)- Ibíd., p. 150.

12 (#ulink_8d38a6e6-222a-5e90-aa0c-76c4283471d1)- Lacan, J., El Seminario, Libro 7, La ética del psicoanálisis, op. cit., p. 95.

13 (#ulink_9efb67df-66b1-58d2-a243-80e5c477d1dc)- Miller, J.-A., “Los seis paradigmas del goce”, en El lenguaje, aparato de goce, Colección Diva, Buenos Aires, 2000, pp. 27-28.

14 (#ulink_3e8c945e-6652-5adb-b32e-b78df2d4a6b3)- Ibíd., pp. 31.

15 (#ulink_f9f0ecf2-d45a-5d69-bb87-2cabfcb2566a)- Lacan, J., El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1999, p. 63.

16 (#ulink_97d9d4fc-59c2-5527-9305-e664e8a43243)- Zack, O., “Tyché y automatón”, en Un real para el siglo XXI. Scilicet, Grama ediciones, Buenos Aires, 2014, p. 364

17 (#ulink_29af6fff-3931-520f-8823-9faec3d8644e)- Miller, J.-A., “Los seis paradigmas del goce”, op. cit., p. 40.

18 (#ulink_b4713768-f812-5b0a-b346-7fcba2ed44c5)- Lacan, J., El Seminario, Libro 16, De Otro al otro, Paidós, Buenos Aires, 2008, p. 195.

19 (#ulink_465886ee-d6bf-55f5-9a8a-4948cd35889d)- Nietzsche, F., Así habló Zaratustra, Sarde, España, 1984.

20 (#ulink_201506f0-5d6e-564b-83a0-8527cebd1754)- Schopenhauer, A., El mundo como voluntad y representación, Círculo de lectores, Buenos Aires, 2003.

21 (#ulink_7336512c-231a-51d9-8032-ed5f4336a995)- Lacan, J., El Seminario, Libro 20, Aún, Paidós, Buenos Aires, 1981, p. 114.

22 (#ulink_958fa8a8-f5ba-5ab9-ab50-ebfd0e13a22a)- Miller, J.-A., Curso “El ser y el Uno”. Inédito.

23 (#ulink_459cff4f-3e09-5a84-a4bb-532bc40277c7)- Ibíd.

24 (#ulink_ca7c66c9-de78-59ef-9753-18c547dbdfc2)- Lacan, J., El Seminario, Libro 23, El sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 143.

25 (#ulink_e1a3ebe9-4dd0-5976-a02a-641bebfa69fc)- Lacan, J., “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11”, en Otros escritos, Paidós, Buenos Airs, 2010.




Конец ознакомительного фрагмента.


Текст предоставлен ООО «ЛитРес».

Прочитайте эту книгу целиком, купив полную легальную версию (https://www.litres.ru/osvaldo-delgado/leyendo-a-freud-desde-un-divan-lacaniano/) на ЛитРес.

Безопасно оплатить книгу можно банковской картой Visa, MasterCard, Maestro, со счета мобильного телефона, с платежного терминала, в салоне МТС или Связной, через PayPal, WebMoney, Яндекс.Деньги, QIWI Кошелек, бонусными картами или другим удобным Вам способом.


