O sea que el amor era esto
Álvaro González de Aledo Linos


&quot;Dibupoemas", la cuarta dimensión de la poesía. Si ya es difícil compaginar la rima, el ritmo y la métrica para conseguir un todo armonioso, bello y que transmita un sentimiento, ahora además hay que amoldar el texto para construir con él un dibujo. Y puede ocurrir que haya que rehacer la poesía porque alguna letra no encaje en el dibujo, con lo que el proceso creativo se alarga casi hasta el infinito. Este reto lo aborda Álvaro en su segundo libro de dibupoemas.En el anterior, La sonrisa de Mikel. Dibupoemas de supervivencia, publicado por este mismo sello, la inspiración eran los niños de oncología de su actividad de vela solidaria «Carpe Diem» en Santander, y su cercanía con la enfermedad y la muerte.En el actual libro O sea que el amor era esto. Dibupoemas de amor, deja fluir sentimientos más universales, los amores dados y recibidos a lo largo de su vida, principalmente inspirados por las mujeres a las que amó. Pero el amor es más que eso, y también aparecen otros tipos de cariño igual de fuertes y positivos o igual de dolorosos. Un libro que admite dos lecturas, y ello en sentido literal, no figurado: la estándar por las estrofas escritas, y la «nueva» recorriendo los trazos de los dibupoemas.







O SEA QUE EL AMOR ERA ESTO.

DIBUPOEMAS DE AMOR







ÁLVARO GONZÁLEZ DE ALEDO LINOS

O SEA QUE EL AMOR ERA ESTO.

DIBUPOEMAS DE AMOR

EXLIBRIC

ANTEQUERA 2016


O SEA QUE EL AMOR ERA ESTO. DIBUPOEMAS DE AMOR

© Álvaro González de Aledo Linos

© Diseño de portada: Dpto. de Diseño Gráfico Exlibric

Iª edición

© ExLibric, 2016.

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ISBN: 978-84-16110-72-8

Nota de la editorial: ExLibric pertenece a Innovación y Cualificación S. L.


ÁLVARO GONZÁLEZ DE ALEDO LINOS

O SEA QUE EL AMOR ERA ESTO.

DIBUPOEMAS DE AMOR


A las chicas que me inspiraron,

y especialmente a Ana, la mejor

y definitiva, el alisio que convirtió

en un soplo asmático

todo lo anterior.


Índice de contenido

Portada (#uafb5b836-4137-5535-8a18-297b1fc8cb3e)

Título (#u2a10d5f1-56ff-5b89-81e6-091d8589ee80)

Copyright (#u30d6392c-adba-5db0-bcf8-7faaefaa45c6)

Dedicatoria (#uce5a4d08-1cab-546a-a7ac-f96e8a7ec2a9)

Índice (#ua1257e7d-8f0b-5dff-b208-462b2ff0330f)

Prólogo (#u353aafb6-196f-5074-9022-ec85675d6ec7)

Quiero quedarme contigo toda la noche (#uc16d8b30-7be3-5da7-9f5e-44533f3c8fac)

Acaricié el volcancito de tu pecho (#u4b9afdb4-4e4e-5fa4-a2a9-5f2ca85e3ac7)

Si hubiera que dar un nombre a lo de esta noche (#u0ff68c4e-4714-573e-b8a8-8e8a8874edb2)

Te fuiste en un tren pequeñito, como tú (#u818563b0-c12f-5984-b254-c35420346c7b)

Poema 300 (#u299f5af3-4c09-5efe-8f21-baa50ab6286e)

La niña de los muñecos (#uf52c9cbb-6123-5fe8-b612-914bab66302c)

Porque quiero que seas feliz como mereces (#u9971e627-5d30-5444-83c5-a9663309fb41)

Mira, la boca está caliente (#u5e3622e1-9dd3-57e2-9478-b190053141e2)

Te regalé un gato de chocolate (#u386d8c74-475f-5ace-9c3c-c636be78f5bd)

Fresón (#u3b964c50-4571-595b-ad3c-5b2e290cfea6)

Qué bien, tesoro mío, empezamos el año (#uf7b7422a-a205-547a-a721-8fc7db613c64)

La camiseta del esquiador (#u22637099-6e60-5671-a2a2-8f4412678fb4)

Eres un sueño de libertad nunca perdida (#uc80c0cd0-a539-587e-b7c1-7b6047537120)

Trece meses (#u612fad07-6cb9-5ca6-8593-3097959dd48f)

Yo amé a la vez a dos mujeres (#ud6fff123-10d0-5408-a54f-50ba091d3610)

No quiero que recuerdes de mí nada bonito (#u66418a7e-f376-59ca-971c-7b567be3214a)

Te quiero, Pilar, aunque no serás mi suegra (#uae66893f-be43-5aa0-85e9-8acbeb362ef4)

Vuelvo a estar solo, sin su concupiscencia (#u3a27eb6d-257e-5ac2-a331-19569a4f870b)

Un escueto nombre humano y divino (#ud1caa965-329a-5527-89a3-6d6d4358056c)

No pudiendo disfrutar de ti (#uef82c033-3d4e-5564-b083-c22733e2b40d)

Recuérdame siempre (#ua105adc7-58dd-5d7a-b5ec-bd568753655f)

Sí, es posible que anoche fuera nuestra última vez (#u4c11e36d-ea78-50b9-8185-7022c83756fd)

Esta soledad que me hace imaginar tonterías (#u8bbc11e2-1779-550e-afb6-166d3faaa300)

Estábamos en la cama tres (#ue8a577d4-173e-585f-9a8c-25bd40985a18)

Los Reyes de Oriente me traen un hijo (#ua0e05535-0b6d-59df-af77-f7991032dfbe)

¿Sabes, compañera... (#u685d408c-6264-59a9-8677-ec6bde04073e)

Lo que más me gusta de esta ciudad gazmoña (#u721b0909-8954-5f40-9492-0e3158e4128b)

Te amo vestida (#u7564ec2a-97b6-5693-88b0-9a1fd5f849ed)

En los arenales de Santander (#u44ff1bcb-86d2-5baf-801f-c403a118cfc4)

El día que cumplas tres años... (#u20fe4f30-65c1-5324-9ec9-a3376ecdf568)

Amo los ojos negros de Lucas (#u4552bef7-5fd7-544d-8c76-2930b6886879)

La superficie del mar (#u90dfc50f-b602-56a0-9cc3-f617b01b0e4c)

Entre brindar (#u67c8017a-1454-5834-a77c-f7034dee6244)

Albricias (#u1d3f5fbf-746b-5fb6-b9ed-fe0d60471fc2)

Las lágrimas de Carol (#u7963b093-aa6e-5d0f-bf7c-9bd805f256a1)

El viaje de Lucas (#u5c7c953b-72d5-58cf-bed4-e8f309bcff44)

La de la 105 nos vuelve a sonreír (#u40c63db8-304e-5101-95d7-31cb8815f7ea)

El reloj ha transformado (#u0b371e3c-fd5c-52e3-acb1-6e443f93bad3)




Prólogo


Indulgencia, mucha indulgencia es lo que tengo que pedir al lector. Porque estos dibupoemas abarcan un periodo de muchísimos años, casi toda una vida, e incluyen desde los amores ingenuos de la adolescencia hasta el amor a un hijo que se va del país y tienes que callar el dolor con un poema que además le transmita algo, pasando por el amor a una madre que ya se despide, a una niña que se hace mujer, y otros más. Por lo tanto muchos tipos de amor y expresados de formas diferentes. Y también porque he tenido que cambiar algunos detalles, formas, y la cronología de los versos, para que no se reconozcan las mujeres, las fechas o las situaciones que ahora, fuera de su contexto, podrían interpretarse mal y causar dolor a alguien por los malentendidos. Para que quede solo su valor literario y no sean el reflejo de una biografía, la mía, que prefiero que permanezca en el misterio, revueltos los aciertos y los errores, las cumbres del amor y sus pozos más hondos. Lo que tengo claro con la perspectiva del tiempo es que, aunque parezca contradictorio con la literalidad de algunos de los dibupoemas, las amé a todas.




Quiero quedarme contigo toda la noche


Quiero quedarme contigo toda la noche

juntos en el silencio de nuestra casa,

aquí donde te olvidas de que la vida pasa

por esta ciudad fantasmagórica y oscura,

aquí donde el corazón pierde su cordura

y se libera, grita, sueña y canta,

y dice por mi boca cosas de loco,

aquí donde tú y yo debajo de la manta

nos estamos amando poco a poco,

aquí, cariño, donde he comprendido

este amor simplicísimo y dorado,

aquí donde tantas veces nos hemos recorrido,

y donde tan tiernamente nos hemos besado,

quiero decirte que te quiero, Ana,

me quiero quedar contigo hasta mañana.



En esta cama pequeña y oscura

donde nos hemos emborrachado de ternura.









Acaricié el volcancito de tu pecho


Acaricié el volcancito de tu pecho

y sorbí la miel de tus pezones,

creé la música de miles de canciones

y resumí mil versos en un verso,

y resumí mil cuerpos en tu cuerpo.



Todo el amor del mundo se juntaba

en el cuartito mísero y estrecho

donde yo torpemente te robaba

pizcas de amor del desolado pecho,

y donde te decía

todo lo que mi tonta cabeza discurría.



Todo estaba sembrado con amor:

desde el corcho hasta la última baldosa,

la luz de la bombilla temblorosa

y la oscuridad de la tímida ventana,

mas sobre todo tú, pequeña Ana,

acostada a mi lado,

recogiendo calor del cuerpo mío,

acariciando mi pelo, mi costado,

y de punta a punta mi cuerpo enamorado.



Tú eras el alma de la tarde, amada,

eras tú quien movía mi sangre enamorada.









Si hubiera que dar un nombre a lo de esta noche


Si hubiera que dar un nombre a lo de esta noche

yo elegiría uno robusto y femenino:

robusto como el loco sexo de medianoche,

tierno como el amor del lecho matutino.

¡Vaya desinhibida y loca madrugada,

sorprendente, renacida, enamorada!.

Sorprendente y renacida me amaste ayer,

me devolviste la alegría de vivir, mujer.



Fue una noche de esas inolvidables, tiernas,

de las que te enloquecen de puro inesperadas,

el rito de un altar de interminables piernas,

de esquizofrénicas frases musitadas.

Noche de acariciar lo plano y lo convexo,

noche de morder lo blandísimo y lo duro,

de decir tonterías al calor de tu sexo,

de amar tu pecho blando, de amar tu vientre oscuro.



Noche mojigata,

noche de vela en la ciudad dormida,

en esta ciudad anacrónica y beata,

la de la ingenuidad de la niñez perdida.



En ella resucitamos nuestros amores pequeños,

esos que nunca pudimos confesarnos,

y entre risas, locuras, recuerdos y sueños

pudimos al fin amarnos.



Toda la noche brilló la luz de una bombilla

en la oscuridad de la villa provinciana,

la que alumbró tu joven desnudez, chiquilla:

la única cosa viva de la noche holgazana.

La que no trascendió de la ventana,

la que alumbró el despertar del sexo renacido,

la que me vio besar tu pecho desvalido,

¡hermosa redondez de porcelana!



¡Cuánto amé, cuánto amé tu desnudez enflaquecida,

cuánto amé tu larga historia desgraciada,

cuánto amé tu osadía enamorada

al derrotar mi timidez rendida!

¡Cuánto amé tus pechitos ateridos,

cuánto amé tus caricias escogidas,

cuánto amé tus mordiscos contenidos

y tus sonrisas locas y partidas!



Nunca olvidaré tus dedos en la boca,

tu forma de besar con la lengua y los dientes,

y nunca olvidaré las frases sorprendentes

que me dijiste en esa noche loca

de Los Inocentes.



No olvidaré esta continuación de nuestra historia

aunque otras cosas más sabias y prudentes

se me puedan borrar de la memoria.



Siempre recordaré esta noche tan bonita,

esa sorpresa inesperada, esa faldita.









Te fuiste en un tren pequeñito, como tú


Te fuiste en un tren pequeñito, como tú,

como tu nombre corto, austero,

pero pesado, potente y duro

como el amor enfebrecido y puro

con que te quiero.



Compré tus cigarrillos al salir de la estación,

mi amor, aunque ya no ibas a fumarlos,

y los puse en la mesa del salón

para acordarme de ti al mirarlos;

Y ahí los tendré, con polvo y solitarios,

como tendré la casa: como tú la dejaste,

cada mueble, cada adorno, cada rincón.

Incluso yo, como cuando te marchaste,

dejando a la vida torpemente pasar,

quieto y petrificado estaré en el balcón,

frente al mar.



Y te echaré de menos

en esta temporada macilenta,

compañera sencillísima y sana,

hasta que vuelvan los momentos buenos

a despolvar mi vida polvorienta

cuando tú vuelvas, Ana.



Y dejaré la cama revuelta

conservando tu olor y tu ternura,

hasta tu vuelta.









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