Las disciplinas de una famila piadosa
Barbara Hughes

Kent Hughes


Las disciplinas de una familia piadosa cubre temas para establecer un sólido legado familiar, promoviendo el afecto entre los miembros de la familia, estimulando a los niños hacia la piedad con la disciplina apropiada, y enseñando a los niños a cultivar y enriquecer los buenos hábitos para toda la vida. Los Hughs también presentan algunas ideas para divertirse en familia y tomarse vacaciones asequibles, crear tradiciones familiares, e iniciar un libro de oración. Para aquellos que se les hace difícil criar a sus propios hijos, o preparar a otros padres para esta tarea, será difícil encontrar otra guía con sentido común que sea más práctica que esta.



















Las disciplinas de una familia piadosa

©2015 por Kent y Barbara Hughes

Publicado por Editorial Patmos

Miami, Florida, EE. UU.

Todos los derechos reservados

Publicado en inglés con el título Disciplines ofa Godly Family, por Crossway Books, una división de Good News Publishers, Wheaton, IL, USA

© 1995, 2004 por Kent and Barbara Hughes

Las citas bíblicas han sido tomadas de la Nueva Versión Internacional (NIV) publicada por la Sociedad Bíblica Internacional.

Cuando se han utilizado citas de la Versión ReinaValera Revisada se les identifica con las siglas RVA.

Categoría: Familia / Niños

e-ISBN: 978-1-64691-111-0

Conversión a epub: Cumbuca Studio





ÍNDICE




1            Portada (#uecb8687f-6c5a-53ab-af33-9e3d3938ca8d)

2            Portadilla (#u89ce5020-8f9d-570c-890b-9896470c9088)

3            Creditos (#ued38b58f-68b6-51f0-a62e-877f0a45b377)

4            Prefacio (#u930a3046-2930-56b5-a4e9-3b2db4cb8caa)

5            Introducción: El concepto cristiano de lo que es la familia   (#uda229188-92d9-5bf4-ba04-1b80f844ee96)

6            CÓMO CONSTRUIR UNA FAMILIA (#u06385386-e479-506f-9455-6a3515f1ed29)1 La disciplina de establecer una herencia (#u256806a8-27ec-5eff-b955-49ac1dfeaba8)2 La disciplina de promover el afecto familiar (#u89da799e-f77d-5bf8-9452-01282f6db2d2)3 La disciplina de comenzar tradiciones familiares   (#uddfee1ef-4a43-53d2-b308-f0a222bb57b6)

7            LA ESPIRITUALIDAD (#u78ebe3be-8fb8-5ab1-9d1b-b3e256e6f124)4 La disciplina de cultivar el alma (#u03396878-4636-579d-a9c5-5e31a9523ed2)5 La disciplina de orar con dedicación (#u796126db-2c76-513c-a2d0-9503ada59564)6 La disciplina de procurar un ministerio familiar (#u4104a564-53fc-5061-943d-fde380094843)7 La disciplina de inspirar un saludable concepto sobre uno mismo   (#u55424ac4-eb86-594e-8105-30bfa5b2583b)

8            LA VIDA DIARIA (#u8046f28d-837e-5e45-a9a7-dd7d2835af51)8 Cómo utilizar una disciplina apropiada (#u571b4ca6-8d3d-5ed3-b311-64dd0d5a36c9)9 La disciplina de enseñar buenas modales (#ubbfdbec3-f31b-58f4-938e-66d96aa3b163)10 La disciplina de fomentar beneficios para toda una vida   (#ud24a24aa-b74b-5679-a69a-5e9ed9f4e701)

9            PALABRAS FINALES   (#uea7e92d4-4262-5a3f-aea1-341a1dd4ecce)

10            Notas (#udec05d24-11a9-5625-a1a6-38230d39bdf0)





Landmarks




1            Portada (#uecb8687f-6c5a-53ab-af33-9e3d3938ca8d)

2            Portadilla (#u89ce5020-8f9d-570c-890b-9896470c9088)

3            Creditos (#ued38b58f-68b6-51f0-a62e-877f0a45b377)

4            Índice (#u5df5caa6-bba5-5e58-ae86-35a69d5a76af)

5            Introducción (#uda229188-92d9-5bf4-ba04-1b80f844ee96)





PREFACIO


Aveces cuando observamos el álbum familiar nos detenemos en una foto en particular y nos damos a reflexionar. La fotografía es un testamento del potencial de cada familia cristiana. Cada hijo o hija es un alma eterna que llegó a existir por causa del amor de sus padres, algo que nunca podría ocurrirle a los ángeles no importa cuan grande sea su amor. Cada hijo es definitivamente único. Cada uno tiene una capacidad eterna de relacionarse y vivir para Dios. En el corazón de toda familia cristiana yace la esperanza de que sus hijos conocerán a Cristo en una edad temprana y de ahí en adelante le servirán plenamente.

Los rostros amados en nuestro álbum familiar nos recuerdan ciertamente que hay mucha vida por delante y, debido a que la existencia humana es una dura jornada, hay en ella pronunciados altibajos también. Pero recordamos no obstante que es una jornada enaltecedora por cuanto la disciplinada aplicación de la sabiduría de Dios en el devenir familiar, ha desarrollado a través de los años la capacidad espiritual tanto de los padres como de los hijos.

Disciplinas de una Familia Cristiana es, por sobre todo, el encomio de un punto de vista informado y bíblico de la paternidad y la familia. Lo que en estas páginas ofrecemos es sabiduría seleccionada a través de cuarenta años de matrimonio y crianza de hijos. Nuestros consejos son deliberadamente prácticos y provienen del círculo particular de nuestras vidas. Pero lo que expondremos hallará eco en los corazones de quienes intentan ser padres bajo la autoridad de la Palabra de Dios.

No fuimos padres perfectos con hijos modelos, aunque en el día de hoy todos ellos son cristianos ejemplares. El nuestro es más bien un testimonio elocuente de que personas imperfectas procedentes de trasfondos no perfectos, pueden -por la gracia de Dioscriar una familia cristiana feliz.

Lo que compartimos con usted es un álbum personal e íntimo de la crianza de los hijos. Es un regalo de nuestra familia, para usted.




INTRODUCCION: EL CONCEPTOCRISTIANO DE LO QUE ES LA FAMILIA


LA VIDA NO ERA FÁCIL para nosotros en el verano de 1963. Así es como Bárbara lo recuerda:

Kent era un estudiante de tiempo completo y un obrero que trabajaba un turno también completo en una factoría del este de Los Ángeles, y a mí me faltaban dos semanas para dar a luz nuestro primer bebé.

Aunque ahorrábamos mucho y gastábamos poco, los estudios eran tan costosos que según nuestros cálculos tendríamos sólo unos $160 dólares cuando llegara la criaturita, una suma insuficiente para cubrir los $250 dólares de hospitalización y otros $250 de honorarios del médico. No sabíamos qué hacer, excepto orar.

Lo que ocurrió entonces es para nosotros inolvidable.Yo fui al médico para el control de rutina. Cuando el médico -que no era un hombre que asistiera a la iglesia -miró mi historia, notó que Kent mi esposo planeaba asistir al seminario. Hizo un par de preguntas y luego como por casualidad comentó: “No les cobramos a los clérigos”, es decir a los predicadores. De modo que todo lo que ahora necesitábamos eran los $ 250 dólares para el hospital. Cuando llegó la noche en que yo iba a dar a luz a Holly nuestra querida hijita, Kent se puso su mejor vestido dominguero y me acompañó al hospital para el bendito acontecimiento. Tal vez el doctor sólo estaba siendo amable cuando dijo que mi esposo era el padre más emocionado que él había visto, pero a nosotros nos gusta pensar que era verdad.

Sólo había un problema: mi esposo tenía solamente $163 dólares en su billetera. Cuando regresó al hospital a reclamar a sus dos “chicas” y se paró nervioso frente a la cajera a esperar la factura, procuró pensar lo que le iba a decir para convencerla de que él pagaría la cuenta después. Entonces ella le presentó el gran total: $160 dólares. Le explicó que yo había sido admitida en la hora de cambio de fecha, de modo que nos cobraban un día menos. Con los tres dólares restantes en la mano Kent corrió de la caja a la floristería a comprarle a su esposa un hermoso ramo de flores.

Estos acontecimientos que acompañaron el nacimiento de nuestra primera hija, son no sólo un hito en la historia de nuestra familia, sino también una insinuación de los temas que discutiremos en este libro. Estos son algunos de ellos:

• La familia es el objeto del interés especial de Dios. Quizá pudiéramos afirmar que Dios está de lado de la familia en su lucha con las vicisitudes de la vida.

• Hablando con realismo, en un mundo caído como el nuestro, la familia se encuentra siempre en un estado precario (financieramente y en otros aspectos).

• Una familia cristiana depende de la gracia y el cuidado providencial de Dios para enfrentar las dificultades que son parte inevitable de la vida. Ninguna familia es lo suficientemente fuerte para manejar sus asuntos aparte de la provisión de Dios.

• En vista de todo esto, los padres deben acoger los altibajos de la familia como uno de los escenarios principales en los cuales pueden interactuar con Dios y entre sí mismos.

• Los padres deben organizar conscientemente la historia de la familia como una historia de providencia divina; no deben permitir que los acontecimientos de la vida familiar se pierdan o se olviden.

• Podemos confiar en que Dios bendice las familias de los creyentes. Con esto no negamos las terribles tragedias que afligen a algunas familias; solamente afirmamos que es parte de la naturaleza de Dios proveer y bendecir a sus hijos.

El 10 de agosto de 1963 se convirtió en una preciosa fecha de recordación para nosotros dos. Dios suplió milagrosamente nuestras necesidades dándonos a la vez una señal significativa de su sonrisa sobre nuestra familia. Y la durable alegría de esa ocasión se repitió tres veces durante los años siguientes, cada vez de manera más creciente. De hecho el nacimiento de nuestra primera hija fijó el tono de toda la experiencia de criar una familia de cuatro hijos, y de su crecimiento hacia la madurez. Esa experiencia ha sido una celebración continua.

Todos nuestros cuatro hijos nacieron antes de que Kent terminara los estudios de seminario; de modo que esos primeros años fueron de carestía. Aunque el médico que me atendió en el parto de Holly no cobró sus honorarios, ¡otros proveedores de servicios sí lo hicieron! Pero a través de esos tiempos, duros para nosotros mientras otros disponían de dinero, nos sentíamos felices y nuestra alegría era permanente. Hoy en nuestra madurez, con cuarenta años de matrimonio y dieciocho nietos podemos decir que nuestra familia, a pesar de todos sus altibajos, ha sido una fuente permanente de alegría. Sólo tenemos un motivo de frustración: no haber tenido más hijos.

Desde luego no todo el mundo siente lo que nosotros sentimos sobre la paternidad. Los personajes públicos de nuestros tiempos, desde Winston Churchill hasta Gloria Steinem, registran la tragedia de quienes tuvieron padres que, por una u otra razón, descuidaron su papel paternal. No es de sorprenderse por qué el padre de Churchill centrado en sí mismo haya sido tan descuidado con su hijo tan patéticamente necesitado, o porque la repulsión de Gloria Steinem hacia la maternidad estuviera relacionada con la condición necesitada de su madre. Dicho descuido es ahora un lugar común en nuestro mundo.

Lo que sí es sorprendente, sin embargo, es que un mal similar se encuentra a menudo entre los que profesan ser cristianos. Nosotros hemos aconsejado personalmente a hombres y mujeres a quienes sus padres, asistentes a la iglesia y lectores de la Biblia, les dijeron que deseaban no haberlos tenido. Otros han dicho que aunque los padres no se lo dijeron de manera tan directa, hicieron evidente que sus hijos habían frustrado su potencial. Un joven nos dijo una vez que no recordaba un día siquiera en el cual la madre, que había sido misionera, no le hubiera recalcado que ella había sacrificado su potencial misionero por tener una familia. Ella creía que los hijos le impedían volver al campo misionero. Pero lo más frecuente entre padres cristianos es una ambivalencia en el enfoque de lo que es la familia. Externamente elogian el privilegio de ser padres, pero en su interior mantienen la actitud de que la paternidad es una carga que se debe soportar.

1 TRAS LA CONFUSIÓN

¿Cómo es que se anidan en los corazones cristianos tales actitudes? En primer lugar muchas personas están cautivas por una cultura que determina la propia valía y la realización personal por la contribución, el nombre, la educación y el dinero. La sociedad aplaude más a quien diseña un edificio que a quien cuida de la arquitectura del alma de un niño. Nuestra cultura otorga mayor valor a un rostro conocido por el público que al semblante que reflejan los ojos de un niño.

El mundo da mayor prioridad a la consecución de un título que a educar una vida.Valora más la capacidad de dar cosas que darse a sí mismo. La cultura moderna ha enfatizado tanto este enfoque de la valía personal que éste se ha arraigado en muchos corazones cristianos, de tal modo que no queda espacio para otra persona, aún si ese otro es nuestro propio hijo o hija.

Otro factor que contribuye regularmente a la actitud de que la paternidad es una carga es la incomodidad que trae consigo el embarazo y la crianza de los hijos. Eric y Yuly habían estado casados durante tres años libres de preocupaciones cuando ella quedó embarazada. Ambos le dieron la bienvenida al hecho y lo anunciaron con orgullo recibiendo las congratulaciones de la familia, los amigos y la iglesia. Sin embargo, el entusiasmo inicial de Yuly pronto fue apagado por los mareos matutinos que para ella se convirtieron en algo permanente. Las náuseas dieron paso a una propensión a comer y comer, lo que hizo que ganara peso excesivo. Estaba embarazada y gorda, y se sentía fea, a pesar de las demostraciones de cariño de su esposo. Ninguno de los dos se sentía feliz. Su vida sexual se había afectado por sus achaques, y ahora, como era de esperar, no pasaba por su mejor momento.

Eric estaba secretamente resentido y Yuly aburrida y vagamente temerosa. Echaba de menos a sus compañeros de trabajo y cavilaba que también se iba a comportar en el parto. “Esa personita aquí adentro, ¡cómo ha cambiado las cosas!” -pensaba dentro de sí.

El nacimiento de su bebé, a quien llamaron Caleb, salió razonablemente bien, pero sufría de cólicos y era susceptible a infecciones del oído. Yuly y Eric soportaron durante meses las interrupciones de su sueño nocturno y las tediosas tareas y llegaron a resentirse. Desde luego ambos amaban a Caleb intensamente. Eso nunca cambió.

Pero Yuly no se consideraba una buena madre y comenzó a sentirse incompetente. De modo que hizo algo natural: minimizar y aún evitar lo que le causaba el sentimiento de incompetencia. Su infelicidad le hizo difícil mantener la dieta, de modo que el sobrepeso se mantuvo. Una mañana mientras abrazaba a Caleb, Yuly le dijo: “Tú me has costado mucho. Perdí mi figura por ti”. Esto fue algo que Caleb tuvo que seguir escuchando una y otra vez. Entre tanto Eric empezó a sentir un poco de celos de Caleb quien estaba recibiendo la atención que antes Yuly le dispensaba sólo a él.

La incomodidad inevitable que produce el embarazo y las preocupaciones de la crianza de los hijos han envenenado la perspectiva de muchas parejas jóvenes de hoy, aunque son hijos e hijas de la iglesia. No sólo son numerosos los padres que consideran la familia como una carga, sino que muchas parejas jóvenes están retardando el momento de comenzar una familia hasta haber logrado el éxito profesional para minimizar los inconvenientes con su dinero, o limitando la familia a uno o dos hijos.

Es necesaria una renovación de los principios fundamentales de la familia cristiana; principios sobre los cuales se puedan edificar las disciplinas que le son características. Sin un fundamento sólido estas últimas no florecerán. Y el fundamento correcto está cimentado en la Palabra de Dios.

LO QUE DICE LA BIBLIA ACERCA DE LA FAMILIA

Cuando nació nuestro primer hijo lo anunciamos con una alegre cita tomada de los Salmos: “Los hijos son una herencia del Señor” (Salmo 127:3). Esta declaración es una concisa expresión del antiguo valor que para el pueblo de Dios tenían los hijos. Ciertamente el primer capítulo de las Santas Escrituras registran la divina comisión de “sean fructíferos y multiplíquense” (Génesis 1:28), y los últimos capítulos del Génesis relatan la ansiedad de las estériles y la alabanza a quienes daban a luz. Sara, la vieja princesa de Israel, y su esposo Abraham llamaron a su primer hijo “Isaac” que significa “risa” porque grande fue su alegría por ese regalo de Dios.

Las Escrituras no sólo elogian a los hijos sino que consideran bendecido a aquel a quien se le dieron muchos. El Salmo 127:3-5 exclama:

Los hijos son una herencia del Señor,

los frutos del vientre son una recompensa.

Como flechas en las manos del guerrero

son los hijos de la juventud.

Dichosos los que llenan su aljaba

con esta clase de flechas.

El propósito de la familia: Glorificar a Dios

La declaración escritural de que los hijos son una bendición enfatiza su importancia para el pueblo de Dios aquí sobre la tierra, y resume lo que debe ser la actitud cristiana hacia la paternidad. Pero los hijos también tienen una importancia vertical, la cual a menudo se pasa por alto en las discusiones del día de hoy sobre la familia: esto es su objetivo de glorificar a Dios.

Después de una prolongada y equilibrada mirada a las Escrituras, los firmantes del credo de Westminster declararon en consenso que “el fin principal del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de él para siempre”. Este principio gobierna todas las relaciones humanas, pero comienza en la sagrada estructura de la familia, en donde se modelan más profundamente las personas. Desde luego Dios es glorificado cuando sus hijos reflejan su carácter, cosa que sólo el Hijo pudo hacer a la perfección porque “él es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es”. (Hebreos 1:3). Por cuanto Cristo representó perfectamente a Dios, también nuestros hijos pueden por la gracia divina irradiar más y más del carácter de Dios, si de veras se acercan a él con fe. Nuestra comisión celestial y gozosa es llevarlos a tener una relación con Cristo y luego influenciar su vida de tal modo que puedan andar y crecer en el camino de la gracia.

Esta es nuestra gran responsabilidad, tal como Robert Dabney escribió al respecto hace tiempo:

La educación de los hijos de Dios es la tarea más importante sobre la faz de la tierra. Es el propósito por el cual ella existe. A ese propósito se debe subordinar todo: la política, la guerra, la literatura, la consecución del dinero, todo se debe subordinar a él. Pero específicamente cada madre y cada padre debe sentir cada momento del día que junto con el cumplimiento de su propio llamado y elección, este es el fin por el cual Dios lo tiene vivo, que ésta es su tarea sobre la tierra.1

Qué inspirador es darse cuenta que su familia es el medio divino primario y básico ordenado por Dios para glorificarse a sí mismo.

Cómo influenciar realmente a la sociedad

Al respecto es, pues, la paternidad -y no la política, ni las aulas, ni los laboratorios, ni siquiera el púlpitoel medio de mayor influencia. Suponer algo diferente es dejarse llevar por el engaño del secularismo. Debemos entender que es a través de la familia cristiana que se comunica con mayor poder la gracia de Dios, la visión de él, la responsabilidad por el mundo y el carácter cristiano.

La Biblia indica repetidamente que cuando Dios quiso guiar a su pueblo en el Antiguo Testamento, buscó a una persona (ver Isaías 50:2, 10; 59:16; 63:5; Jeremías 5:1; Ezequiel 22:30). Un solo individuo puede ser la diferencia decisiva en este mundo. No debemos sucumbir antes las engañosas matemáticas de la forma mundana de pensamiento que considera la dedicación de nuestra vida a unos pocos en un lugar anónimo como un escandaloso desperdicio de nuestro potencial.

Padres, no abandonen su lugar de influencia. Todavía sigue siendo cierto que “la mano que mece la cuna gobierna al mundo”. ¡Créanlo!

Santificación

Pablo escribió en 1 Tesalonicenses 4:3 (RVR) que “...la voluntad de Dios es vuestra santificación...”. La paternidad es profundamente satisfactoria. Cuando nosotros nos casamos, la nueva relación descubrió espacios de egoísmo en nuestras vidas, y dentro de ellos puertas a otros compartimentos que a su vez contenían algo así como cubículos de escondido egoísmo. Esta revelación fue el comienzo de un proceso de limpieza interior que duraría toda la vida.Y la llegada de los hijos en realidad profundizó ese proceso. Las dificultades de la paternidad -el darnos a nosotros mismos, la oración, la dependencia de Dios, el crecimientopueden ser una experiencia sin par de santificación.

C. S. Lewis lo expresó de esta manera al explicar el amor en la familia: “Los perros y los gatos se deben criar juntos... ello amplía sus mentes”. 2 La disciplina de la paternidad puede ser el camino al engrandecimiento del alma, y la senda a alturas no imaginadas de desarrollo espiritual. Esa es la forma como Dios la planeó.

Las satisfacciones de una familia cristiana

Aquí podemos decir categóricamente que ningún otro logro profesional, ningún honor ni “éxito” se asemeja a la satisfacción de tener una familia. Desde luego nuestros hijos adultos no son perfectos. Después de todo tuvieron padres imperfectos: ¡nosotros! Ni miramos todas las cosas de la misma manera. Pero nuestros hijos han decidido navegar con Cristo en el mar de la vida, resistiendo los vientos contrarios de la cultura, y siguiéndolo a donde quiera que él los guíe. En ese aspecto son buenos marineros. ¿Qué si nos han dado satisfacción? Definitivamente sí.

Somos optimistas acerca de nuestra familia porque ella continúa siendo una fuente creciente de bendición, gloria, poder, santificación y satisfacción.

DISCIPLINE SU ACTITUD

Si usted ha sido presa de las actitudes mundanas acerca de los hijos, ¿cómo puede recuperar un sentido de cristiana alegría en el pequeño núcleo que Dios le ha dado para que lo críe? Los pasos siguientes quizá le ayuden a adoptar una perspectiva bíblica:

1. Personalización. En los espacios en blanco escriba los nombres apropiados para completar esta declaración:

__________ (nombre de su hijo, hija, o hijos) es/son una herencia del Señor. Los frutos del vientre de __________ son una recompensa. Como flechas en las manos del guerrero son __________ (aquí el nombre de sus hijos), hijos habidos en la juventud. Dichoso __________ (aquí el nombre del padre) que llenó su aljaba de ellos (Salmo 127:3-5)

2. Resolución. Decido ver siempre el cuadro completo –el fin principal de mi vidaque es la gloria de Dios. Conscientemente dedico mis oraciones, mi ambición y mis energías domésticas a la gloria de Dios.

__________

Nombre y fecha

3 Arrepentimiento y oración: Querido Padre: Confieso ante ti que hoy mi corazón ha sido cautivo del pensamiento erróneo que dice que lo que estoy haciendo como padre no es importante, que es un desperdicio de mis talentos. Me arrepiento de ello y te pido que me ayudes a pensar tus pensamientos en relación con el valor de mi tarea de cuidar y proveer para este hijo (o hijos). En el nombre de Jesús, amén.

Ó Señor, yo he permitido que las dificultades e incomodidades de la paternidad me hagan adoptar una actitud agria y me roben el placer de consentir a mis hijos como debo. Por favor líbrame de ella y lléname de satisfacción y alegría. En el nombre de Jesús, amén.

4. Gratitud. Dé gracias a Dios por sus hijos y pídale que le enseñe como usar el poder que él le ha dado para influenciar espiritualmente la vida de sus descendientes, de modo que cuando Dios busque a un hombre o una mujer para alguna tarea específica, pueda utilizar a uno de sus hijos.

A través de los años Kent ha tenido en sus brazos a centenares de bebés que sus padres han presentado al Señor ante la familia de la iglesia. Cuando presenta a un niño, a veces hace comentarios acerca de sus hermosas manitas creadas tan maravillosamente; de su asombrosa complejidad interior; del conjunto multicolor de venas y nervios; del pequeño y palpitante músculo cardíaco. Habla de que cada cuerpo es una creación nueva de Dios, dotado de inteligencia, de un alma, único en el mundo como sus huellas dactilares, con una capacidad igualmente singular para comunicarse y vivir en relación con Dios y para Dios.

En tal ceremonia oramos por los padres. Le pedimos a Dios que ellos puedan tener un vislumbre de la gloria y el privilegio de la paternidad, porque su actitud ante ella va a hacer toda la diferencia.

1 (#ulink_d6dc5d08-be1f-52a6-a0ca-7bb97b1f5c4f) (aquí el nombre del padre) que llenó su aljaba de ellos (Salmo 127:3-5)

2 (#ulink_d3f8accc-b2de-552a-be59-deabc9148f2a) Resolución. Decido ver siempre el cuadro completo -el fin princi-



CÓMO CONSTRUIR UNA FAMILIA




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LA DISCIPLINA DE ESTABLECER UNA HERENCIA

Un elemento vital en la edificación de una familia es inspirar un saludable sentido de herencia, un aprecio por las raíces de la familia, tanto en el sentido espiritual como terrenal. Cada vez se hace más común en nuestro mundo que los hijos no tienen ese sentido de continuidad o de aprecio por la historia familiar. Muchos se sienten como si hubieran venido de la nada y por lo tanto no están ligados a nada, y esto ocurre entre los cristianos también. La herencia familiar es un asunto descuidado que requiere de rehabilitación. Esta es una de las disciplinas de una familia cristiana.

En el Salmo 127:4 se compara a los hijos con flechas. Los padres son como tiradores o arqueros que lanzan a sus hijos hacia el futuro, procurando alcanzar un blanco distante. Algunos padres tienen claro su objetivo y dirigen bien sus flechas hacia él. Pero otros “hijos flechas” son disparados desde arcos indisciplinados por padres que, en el mejor de los casos, sufren de ambivalencia en cuanto a saber de dónde vienen, y de inseguridad en cuanto a cuál es su objetivo en la vida. Sus flechas siguen una trayectoria vacilante y finalmente sucumben ante la gravedad sin tener un blanco a la vista. Trágicamente comprueban el adagio que dice que, “si usted apunta a la nada, con seguridad hará blanco en ella”.

El sentido de herencia es un factor esencial para proveer dirección a nuestros hijos. Comprender de dónde venimos, pero más aún, apreciarlo, nos ayuda a fijar un rumbo apropiado y saludable.

Desde luego todas nuestras herencias tienen manchas, unas más que otras. Los hombres y las mujeres modernos son tan sensibles al respecto que muchos utilizan los pecados y faltas de sus padres como una excusa de sus propios pecados y de sus deficiencias como padres. Como escribió Robert Hughes en la revista Time, esto ha dado lugar al “surgimiento de la enseñanza terapéutica según la cual todos somos víctimas de nuestros padres, que cualesquiera sean nuestras tonterías, nuestra venalidad o nuestros crímenes, no somos culpables de ellos pues venimos de familias con algún tipo de desorden funcional”.3

Hemos conocido familias de cristianos de segunda y tercera generación que trágicamente se han creído esta lógica errónea y extraviada. Alimentan amarguras interiores porque, por ejemplo, sus padres fueron rígidos, legalistas o hipócritas. Estas heridas se convierten en excusas convenientes para las torcidas trayectorias de sus propias vidas. Y luego, por causa de su propia desviación, dirigen mal sus propias preciosas flechas, produciendo hijos que van por la vida tambaleando sin estabilidad ni dirección.

La realidad es que todos nosotros, en cada generación, vivimos en familias con desórdenes de funcionamiento en diversos grados. Todos cometemos errores; todos pecamos contra nuestros hijos y ellos pecan contra nosotros. La vida es a menudo (tal vez la mayor parte del tiempo) injusta e incluso cruel. Aunque no somos culpables de las acciones de otros en contra nuestra, debemos asumir la responsabilidad por nuestras propias acciones y fracasos. Centrar la atención en las injusticias es aportar una herencia corrosiva y horrenda para la siguiente generación.

LA DISCIPLINA DE CONSTRUIR UNA HERENCIA POSITIVA PARA SU FAMILIA

Las familias pueden ser muy hábiles para alimentar una amargura producida por una acción incorrecta que han sufrido. Considere el caso ficticio de la familia Doe. Desde muy temprano cada hijo descubre que el Tío Ted, tío de su padre, no puede ser nombrado sin provocar una reacción negativa. “Es el tacaño más miserable del estado de Iowa” -se dice. En verdad hace algunos años se negó a hacerle un préstamo a su hermano. Pero el tío tiene un gran sentido del humor y lleva a sus sobrinos a pescar y es bastante cariñoso con ellos. Sin embargo, el amargo calificativo parece imposible de olvidar. El Tío Ted parece condenado a ser el “cicatero” a ojos de la familia sin importar lo que haga.

La disciplina del perdón

La disciplina del perdón es esencial para edificar su familia y establecer su herencia. Siendo una niña, Bárbara aprendió algunas lecciones importantes acerca del perdón a través de las difíciles experiencias con su padre. Esto es lo que recuerda:

Yo tenía exactamente catorce años de edad ese cálido día de junio. Estaba alistándome para mi graduación de la enseñanza secundaria. Me disponía a recibir una beca de la organización femenina nacional “Hijas de la Revolución Americana” como premio al servicio en mi escuela y debía hablar en la ceremonia de graduación. Revisé nerviosa mis notas y alisé mi nuevo vestido azul que mi abuela Barnes me había confeccionado con cariño.

Cuando me dirigía hacia la plataforma una de mis amigas se me acercó corriendo y con una falsa risita me dijo: “¡Hay un borracho ahí afuera!” La ruidosa llegada de mi padre fue notoria e inolvidable. Tenía el vestido desarreglado y estaba tan intoxicado que a duras penas podía sostenerse en pie. La lucha de papá con el alcohol siempre había sido un motivo de temor y dolor en nuestra familia, pero ahora era además la causa de mi humillación pública.

Comencé a orar.Y esa oración me ayudó a sobrellevar la dolorosa humillación. Mis piernas temblorosas casi me fallan cuando me paré a hablar, pero en mi interior estaba ocurriendo algo sólido y bueno. Yo no tenía la suficiente experiencia para comprenderlo. Pero sí entendí que mi padre, mi papito, me estaba causando dolor y que mi Padre celestial me había enseñado a perdonar: “Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a los que nos deben” (Mateo 6:12 RVR). De modo que cuando el director me entregó el premio con su gloria un tanto deslucida, tomé una decisión: Por la gracia de Dios no voy a odiar a mi padre. Lo perdonaré. Luego comencé mi discurso.

Al final de la ceremonia, mientras nos congratulábamos los unos a los otros y nos expresábamos nuestras acostumbradas despedidas del verano, tomé a mi padre de la mano y lo presenté a mis profesores favoritos.

No había manera de que Bárbara supiera en ese momento la trascendencia de su decisión, pero su vida hubiera seguido un curso diferente si le hubiera dado lugar a la amargura. La gracia de Dios fue suficiente para ayudarle y por causa de su misericordioso perdón, su herencia no se hizo agria. Como cristianos debemos disciplinarnos y enseñarnos a perdonar y a olvidar las ofensas que nos hacen.

La disciplina de ser positivos

El perdón esta íntimamente relacionado con la disciplina de cultivar actitudes positivas. En los años que siguieron a la graduación de Bárbara, el alcoholismo de su padre tuvo un peso terrible sobre la familia. Su condición se deterioró en la ciudad de Los Ángeles en donde permaneció hasta que le diagnosticaron un enfisema avanzado. Entonces regresó al hogar como un inválido y su esposa cuidó de él durante once años hasta su muerte.

Esa década les permitió a nuestros hijos tener recuerdos de su abuelo. Durante ese tiempo decidimos enfatizar lo positivo del abuelo. Hablábamos acerca de su gran sentido del humor (era tremendamente divertido), el excelente chili que preparaba, y lo buen pescador que era. Reíamos de buena gana cuando cantaba imitando ciertos tonos o ciertas expresiones exageradas procurando tocar el viejo piano. O cuando bailábamos los pasos que él nos había enseñado años atrás. Hoy todos nosotros hacemos un alboroto con los bebés -con cualquier bebéen parte porque el abuelo lo hacía. Le encantaban tanto los niños pequeños y su dulzura que cuando queria, alzaba uno en sus brazos se sentía feliz.Y ese sentir nos lo transmitió a nosotros. También le gustaba la jardinería, algo que se convirtió en una pasión para Bárbara.

Esta es sólo una parte de su legado a nuestra familia. Nuestros hijos nunca supieron del incidente en la graduación de Bárbara hasta que fueron mayores y ya el abuelo hacía años que estaba en el cielo. Disfrutamos los beneficios que resultan de la disciplina de ser positivos acerca de la herencia de nuestra familia.

La disciplina de enfocar la atención en lo bueno

Cuando niño Kent sufrió un tremendo vacío en su crianza. Su padre Graham Hughes murió en un accidente industrial cuando él tenía tan sólo cuatro años de edad. Los recuerdos que él tiene de su padre son una visión borrosa de un hombre delgado con cabello rojizo y ondulado “dormido” en su ataúd. Fue privado de un modelo masculino y destinado a ser criado con su hermanito por su madre viuda, su abuela también viuda, y una tía que también lo era. De modo que no tuvo un varón que lo enseñara como varón.

El ser criado en un ambiente femenino pudo haber sido para Kent una gran desventaja, excepto por lo siguiente: Su madre, consciente del problema llevaba a sus hijos en cada verano a acampar en el Gran Sur y les enseñaba a pescar con las varas del abuelo y les permitió usar sus rifles cuando llegaron a la edad apropiada. Los padres jóvenes también se interesaron en Kent. Eddie que vivía al otro lado de la calle le enseñó como vestirse, y Jim, quien vivía con su joven esposa en el apartamento de atrás, le enseñó a construír aero modelos.Y por supuesto los hombres cristianos de su iglesia demostraron un interés especial en él durante sus años de adolescente: su pastor Verl Lindley; su padrino juvenil Howard Busse y Roberto Seelye quien lo pastoreó en sus años de universidad. Todos estos fueron beneficios divinamente preparados después de una terrible pérdida. Kent tiene una herencia cristiana única y envidiable que le ha permitido hacer suyas las palabras de David en el Salmo 68:5-6 cuando dijo: “Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa Morada. Dios hace habitar en familia a los desamparados”.

La disciplina de comenzar algo nuevo

Obviamente cuando nosotros dos nos unimos y comenzamos una familia no estábamos perfectamente equipados para tal tarea. Uno de nosotros no tuvo padre y el otro tenía lo que hoy se llama un padre no funcional. Tuvimos que empezar en donde estábamos y con lo que teníamos. Pero lo que teníamos era sustancial. Teníamos los ejemplos silenciosos pero poderosos de nuestras madres quienes día por día dieron sus vidas por nosotros, y las promesas que Dios hace a quienes le siguen. Comenzábamos una gran aventura y lo último que teníamos en mente era auto compasión o remordimiento por lo que no teníamos. Un nuevo horizonte se abría ante nosotros y estábamos pletóricos de esperanza.

En el día de hoy ministramos en una iglesia que tiene 130 años de antigüedad con una gran riqueza de herencia y tradiciones. Pero hace treinta años empezamos desde cero una iglesia totalmente nueva. Absolutamente todo lo que hicimos ese primer año fue “original”. Tuvimos el privilegio de decidir qué tipo de tradiciones practicaría la iglesia por muchos años en el futuro. Y lo vimos como una oportunidad de hacer un impacto en la iglesia durante las siguientes generaciones. Y esa es exactamente la forma en que visualizamos a nuestra familia. Teníamos que comenzar algo nuevo. Nuestra deficiencia fue el trasfondo de nuestra oportunidad.

Como esponjas secas absorbimos cada pizca de sabiduría que pudimos obtener de familias cristianas con más experiencia. Tuvimos muchas pruebas y cometimos muchos errores. Casi todo lo que hicimos fue imperfecto. No fue nuestra incompetencia lo que Dios usó para lograr sus propósitos en nuestra familia, y tampoco usará la suya. Pero la obra de Dios comienza en cada persona a pesar de sus circunstancias, con una actitud de disciplinada dependencia de él para lo cual es necesario vivir la vida cristiana. Las virtudes que acompañan tal dependencia son fe, oración y obediencia: fe en que Dios cumplirá y realizará lo que ha prometido; una vida dependiente de Dios en oración, y una decidida obediencia a la voluntad de Dios.

EDIFIQUE SOBRE SU HERENCIA ETERNA

Al construir su herencia los cristianos tenemos una gran ventaja sobre los que no conocen a Cristo. La Escritura dice: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es. Las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17 RVR). Con las cosas viejas se fue una vida dominada por el pecado y el poder destructivo de hábitos que inhiben en las relaciones una herencia saludable, y ha llegado un nuevo corazón, el Espíritu Santo que mora en nosotros, una nueva sensibilidad moral y un nuevo poder para hacer el bien. No importa cuál era su herencia pasada, todo es nuevo en Cristo. Los cristianos tenemos una vasta herencia de la cual podemos echar mano, cimentada no en lo efímero de la vida sino en la eternidad.

La herencia paterna

Como fundamento de nuestra herencia está la paternidad de Dios quien es nuestro Padre devoto y amoroso. Una señal indicativa de nuestra relación con Dios es el poderoso impulso interior que nos hace dirigirnos a él como nuestro querido Padre: “Y ustedes... recibieron el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: ¡Abba, Padre!” (Romanos 8:15). “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” (Gálatas 4:6 RVR). Esta consciencia de la paternidad de Dios inspira un sentido de continuidad y seguridad en nosotros como miembros queridos de la familia de Dios. Al respecto J. I. Packer ha escrito:

Si usted quiere saber la profundidad de la comprensión que una persona tiene de lo que es el cristianismo, averigüe qué importancia le otorga al hecho de que es hijo o hija de Dios y de que tiene a Dios como su Padre. Si este no es el hecho que impele y controla su adoración, sus oraciones y toda la perspectiva de la vida, ello significa que, después de todo, no comprende muy bien lo que es el cristianismo. Porque todo lo que Cristo enseñó, todo lo que hace al Nuevo Testamento, nuevo y mejor que el antiguo, todo lo que es distintivo del cristianismo se resume en el conocimiento de la Paternidad de Dios el Padre.4

Considerar a Dios su padre puede ser difícil para quienes han tenido padres humanos supremamente pobres, pero no es imposible porque todos podemos imaginar lo que es un buen padre. Como padres tenemos que hacer de esta bendita realidad una disciplina mental, esencial para nuestra herencia, aquí en este mundo, y ahora en nuestro tiempo.Y tenemos que creerla y estar convencidos de ella con todo nuestro corazón.

La herencia familiar

Con un disciplinado enfoque en Dios como nuestro Padre vamos a tener la experiencia de un creciente sentido de herencia en la iglesia, la cual es la eterna familia divina. Nuestra paternidad mutua, el impulso que compartimos de clamar “Querido Padre”, acrecienta nuestro sentido de pertenencia. Llamar a Dios “Padre” significa que en el cuerpo de Cristo tenemos hermanos, hermanas, padres, madres e hijos espirituales (ver Marcos 10:29-30), una herencia sublime que es superior a los nexos sanguíneos y que crece y se hace más dulce cada día.

Al orar por su familia en Éfeso Pablo pidió a Dios “que les fuesen iluminados los ojos del corazón para que supieran a qué esperanza los había llamado, y cuál era su gloriosa herencia entre los santos” (Efesios 1:18). El apóstol quiere que veamos que somos las riquezas de Dios: su gloriosa heredad, su herencia. La herencia de Cristo es la nuestra, y la nuestra es la de Cristo. Si esto no hace que nuestros corazones canten, ¿qué, entonces, los haría cantar?

DISCIPLINAS QUE LE AYUDARÁN A COMENZAR

Cualquiera que sea el trasfondo de su cónyuge -incluso si no tiene cónyuge y se siente irremediablemente solo o solausted puede edificar un fuerte sentido de herencia que se transmita a sus hijos y a los hijos de sus hijos. He aquí algunas disciplinas que le ayudarán a comenzar:

1. H aga una lista de las deficiencias e injusticias del pasado y decida iniciar una acción para perdonarlas. Las siguientes porciones escriturales le ayudarán a perdonar a los demás:

Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable, y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia, de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes. Colosenses 3:12-13. Olvidando lo que queda atrás, y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús. (Filipenses 3:13-14)

2. Cuando haya hecho esta elección no intente llevarla a cabo con sus propias fuerzas. Acérquese a la gracia de Cristo cada día de la cual le hablan pasajes escriturales como estos:

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses 4:13).

Pero él me dijo: Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades , para que permanezca sobre mí el poder de Cristo (2 Corintios 12:9).

El que los llama es fiel, y así lo hará (1 Tesalonicenses 5:24).

3. Haga una lista de las cosas buenas que ha recibido de sus padres. Aún si su situación fue totalmente destructiva, por lo menos recibió el color de sus ojos y cabello, sus rasgos sicológicos, sus capacidades innatas y la vida misma. Entonces agradézcale a Dios esos dones con versículos como los siguientes que llenen su consciencia:

Den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús (1 Tesalonicenses 5:18).

Dando siempre gracias a Dios el Padre por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo (Efesios 5:20).

En toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias.Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús (Filipenses 4:6-7).

4. Ahora haga una lista de todas las cosas que le gustaría pasar como legado a sus hijos y a sus nietos: actitudes, herencia espiritual, intereses, etc.

Como cristianos todos estamos en terreno firme delante de la cruz. Todos somos nuevas criaturas con un sentido de paternidad y de familia dado por Dios.

PARA PENSARLO UN POCO

¿Somos todos familias con desórdenes de funcionamiento? ¿Por qué? ¿En el mismo nivel?

¿Qué le sugiere a usted la frase herencia familiar? Si le preguntaran cuál es su herencia familiar en este momento, ¿qué diría? ¿Cuál le gustaría que fuera?

¿Qué le dice a usted sobre el perdón la historia de Bárbara?

¿Por qué tienen los cristianos una ventaja sobre los demás cuando se trata de edificar una herencia?

¿Qué le revelan Romanos 8:15 y Gálatas 4:6 acerca de la esencia de su herencia? ¿Qué le dice a usted personalmente el título que se da a Dios en ellos?




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