La espera más violenta
José Humberto Montes de Oca Lira


En los versos de este libro se nota el oficio de un poeta que pasa tiempo ecualizando palabras, igual a quien manipula los graves y los altos en un aparato de sonido. Así alcanza registros sutiles como en «Sé que has pasado delante de casa, / lo sé por los ojos imprudentes de mi puerta» o «El adiós es uno y nos rodea».

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Gracias a Humberto Montes de Oca esos paisajes no se pierden en el silencio ni entre el ruido cotidiano. Además, celebro que su escritura no parta de certezas, sino de una búsqueda constante, según se oye en los versos «Toco tu piel como se toca a un hijo muerto. // Y permanezco quieto». Por esa exploración sé que el trabajo de Montes de Oca seguirá concitando emoción en los lectores.













La espera más violenta

Colección Lumía

Serie poesía

D.R. © Textofilia, 2020.

D.R. © Humberto Montes de Oca Lira, 2020.

D.R. © Diseño de interiores y portada: Textofilia S.C., 2020.

TEXTOFILIA

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Primera edición.

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A mis padres,

por todo su apoyo.

A mis amigos, mi familia,

por el amor brindado.

A mis compañeros, Premalata y José Antonio Matesanz,

Jesús Nieto, Lola Horner y Jorge Pablo Graue,

por ser parte de mis primeros pasos literarios.

A mis maestros, Julia Santibáñez, Hernán Bravo Varela y Pedro Pablo Martínez,

por mostrarme el pulso de las palabras.


CLARABOYA

En este aullar de boca seca,

las ventanas son el candado de las nubes

donde el asombro del valle

se convierte en el diálogo

frente a la temporada del sordo.

La tierra del piso escupe la sarna de un perro,

el polvo ingiere al ganado.

Nos rodea la lengua azul del viento.

La movilidad del bosque espera en las sombras prohibidas de la

[casa.

Nos adentramos en la vigía de las columnas,

al tintineo de tasas húmedas,

en el desenfrenado roce de la alfombra,

en el tildar de la mantequilla,

al paisaje del encierro.


LOS LAMENTOS

Escampan sobre los puños de mi celda.

Son crías de grandes gotas del verano.

En el deseo de pájaros hambrientos,

en la flama muda del aire,

la boca del llanto los repite.

Descalzos caminan,

sobre el dolor espeso de una condena.


TEMBLOR DE BOCA

Mis dientes sulfuran las hojas de un libro,

hunden escafandras iluminadas,

caminan por el filo de las escobas,

escombran en la tela de una mujer,

arrojan fuertes pisadas a su vientre,

conversan sobre el sabor de las servilletas,

rasgan los bostezos,

imitan la postura del concreto,

son vapor gris de estatua,

tirantes claros de jabón,

piel titubeante.

Han absorbido las venas de la lluvia,

cerrado las esquinas del heno,

han sido homónimos del olvido.

Han abierto los pies de un fruto,

masticado, triturado, saboreado,

limado la mímica de las palabras.

Se transforman en frío,

en manjar del desierto,

en torres sin fondo,

en gravedad de espejos,

en papel mojado,

en tela humeante,

en zapatos corroídos.

Se tergiversan mis palabras

al surcar un manojo de dientes.


ESCUCHAN LO NUEVO, LO YA CALLADO

Quiero saber dónde se esconde la ansiedad de los peces

cuando el crujir del mundo respira sobre un barco.

En cada ola pretenden sembrar la corriente.

Tienen un nacimiento encerrado en sus bocas,

el derrumbe del presente, la sordera del futuro.

Conocen el nombre de cada pescador,

los observan con expresión de encuentro.

Golpean los anzuelos con su cráneo:

cáscara de un animal que se desprendió de la tierra,

lento manjar del océano.


[ ENTRE EL FONDO DE TI

Y EL RESTO DEL DÍA ]


LA CENSURA DEL VINO

Hay un golpe tras de ti,

un gemido de luz disipa el pueblo,

expone nuestros rostros al vidrio.

Tu saliva recorre el aire de mi mano,

quiebra el rumor del polvo,

se estrella contra la piel del techo.

Nos arrastra la órbita del cuarto.


HAS ABIERTO UNA PUERTA

Los sonidos de tus nervios,

nocturnas luces,

nos derrumban.

Escuchamos en un bostezo

los nudos de la mañana.

El oleaje en tu vientre:

catedral infinita,

vendrá en enero

y partirá contigo en septiembre.




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