Género, cuerpo y psicoanálisis
Gustavo Dessal

Irene Greiser

Osvaldo L. Delgado

Gerardo Arenas

Alejandra Antuña

Edit Beatriz Tendlarz

Angélica Marchesini

Andrea Cucagna

Alexander Stevens

Solana González Basso

Paula Husni

Jean-Claude Maleval

Silvia Salvarezza

Silvia Bermúdez

Patricio Álvarez

Fabián Fajnwaks

Margarita Álvarez

Blanca Musachi

Débora Nitzcaner

Carolina Rovere

José Manuel Ramírez


La transexualidad, ¿a qué lógica obedece? ¿De qué manera se sitúa este problema de identidad sexual en relación a los diferentes registros real, simbólico e imaginario, y la sexuación en juego? Poder situar lo heterogéneo y singular de cada trans será una de las maneras de poder trabajar en esta nueva clínica. Ser un hombre, ser una mujer, es ser esa mujer, ese hombre en particular. Tener una conducta adecuada en función de ciertas normas sociales impide que cada quien pueda reconocerse a sí mismo como hombre o como mujer. Esperamos que con la lectura atenta de cada uno de ustedes se logren elaborar ciertas respuestas que se centren en los casos y su relación con el axioma de estructura que está en el origen de las diferentes soluciones de la ausencia de una relación sexual e incluso motive a seguir interrogando e investigando acerca de lo trans.







Género, cuerpo y psicoanálisis


Género, cuerpo y psicoanálisis

Edit Beatriz Tendlarz

(autora y compiladora)


Índice de contenido

Portadilla (#u0299276b-05a6-5977-922e-f2571ccdf44c)

Legales (#u81d84307-2c07-5ef9-b330-78b35a2d0204)

Agradecimientos (#ulink_c02e350c-c44e-5203-912f-96274e501d6c)

Prólogo. Angélica Marchesini (#ulink_a1de8df3-745c-5424-af66-be0e4a395cec)

La cuestión trans en nuestra época. Edit Tendlarz (#ulink_21f31784-5677-5630-a2f8-28c6e585a677)

Across de universe sin salir de Manhattan. Gustavo Dessal (#ulink_731bf228-9b57-5d13-863f-cb16178c9e4c)

Yo soy yo. Irene Greiser (#ulink_df2ab967-1c3d-5c50-a51b-1562bf7c7ae3)

Cuerpos trans. Alejandra Antuña (#ulink_bf17e4a2-27e3-574f-981f-8e7a5afab4fb)

El ombligo de Lacan. Gerardo Arenas (#ulink_c90b9f08-afe7-5a7a-bc0b-54725d2e5dd7)

Sueños y escritura. Andrea Cucagna (#ulink_21a3d663-4ddd-51d7-9884-182f1d9ccb77)

Comentarios clínicos sobre el caso “S”. Alexandre Stevens (#ulink_ca600048-5604-544d-b5a4-a6346c01f6ef)

      El acontecimiento Butler, una cuestión de escritura. Solana González Basso 

      Entrevista a Miquel Bassols 

      Lógica freudiana de la sexuación. Osvaldo L. Delgado 

      Cuerpos Trans. Paula Husni 

      Del fantasma de cambio de sexo al sinthome transexual. Jean-Claude Maleval 

      Fuera de Género. Silvia Salvarezza 

      Infancias trans un nuevo modo de nominalismo. Silvia Bermúdez 

      La clínica transgéneros. Entrevista a François Ansermet. Por Edit Tendlarz 

      La elección inconsciente del género. Historia del género y el transgénero. Patricio Álvarez 

      El impacto de la época en los cuerpos. Luis Tudanca 

      Lo que el sujeto trans enseña al psicoanálisis. Fabián Fajnwaks 

      ¿Hacia un paradigma trans? Margarita Álvarez 

      Ser sexuado en el siglo XXI: ¿empuje a lo Trans? Blanca Musachi 

      Decisión inconsciente - Consentimiento de goce. Débora Nitzcaner 

      ¿Qué hay de nuevo en las sexualidades? Carolina Rovere 

      Una nueva clínica para el tratamiento del transexual. José Manuel Ramírez 





© Grama ediciones, 2020

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© Edit Beatriz Tendlarz, 2020

Digitalización: Proyecto451

Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del “Copyright”, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático.

Inscripción ley 11.723 en trámite

ISBN edición digital (ePub): 978-987-8372-34-1


Agradecimientos

Este libro no hubiese sido posible sin la confianza de los psicoanalistas que, desde diferentes ciudades han enviado sus artículos y han autorizado su publicación en este volumen.

Quiero agradecer muy especialmente al espacio de Discusiones Clínicas que coordina Verónica Carbone, quien ha permitido que se presente el Aperiódico Psicoanalítico dedicado al tema que nos convoca en la EOL; a Reina, espacio que coordina Silvia Salvarezza en Neuquén donde también ha sido presentada la publicación; a Silvia Raggi, con quien compartimos el Capítulo de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM) llamado “Géneros”; a Cecilia y Claudia Mastropierro, con quienes hemos realizado las Jornadas en Chivilcoy del Capítulo que presido en la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), ”El impacto de la época en los cuerpos” y donde también se presentó el Aperiódico Psicoanalítico.

Este año, justamente el Aperiódico Psicoanalítico cumple 20 años, y las últimas ediciones de esta publicación han sido dedicadas monográficamente al tema de los trans y del género desde una perspectiva psicoanalítica.

Quiero agradecer a mis pacientes que me enseñan día a día y me causan a seguir investigando sobre esta nueva clínica.

Agradezco también a todos mis alumnos de diferentes instituciones de altos estudios por trabajar conmigo desde hace tantísimos años.

A Mónica Chiesa, por sus enseñanzas de francés y su corrección de este libro.

A Leonardo Gorostiza, Luis Tudanca, Samuel Basz, Angélica Marchesini y Roberto Mazzuca, porque siguen alentándome y de quienes sigo aprendiendo.

A Éric Laurent, por su apoyo en este emprendimiento.

Por último a Teresita Mourlaás, a mi gran amigo e interlocutor Manuel Ramírez, a mi compañero Daniel Wainerman, a mi madre Aida Reif, a mis hijos Deborah y Jonathan, a Mariela y a mis dos grandes amores: mis nietas Abril Landesman y Emma Arias.

Edit Beatriz Tendlarz


Prólogo   Angélica Marchesini

Cuando se embarque en la lectura de los textos contenidos en este volumen, compilado por Edit Tendlarz, el lector tendrá la oportunidad de adquirir una vasta aproximación a la temática del transexualismo. También, al mismo tiempo, explorar en cada uno de estos artículos la orientación de Lacan acerca de cómo podría entenderse la clínica de la transexualidad y ahondar en ella. Todos los textos tienen un denominador común: nos muestran a los transexuales como sujetos que pueden enseñarnos sobre las posiciones sexuadas, en las que la naturaleza no nos sirve de norma.

Dentro del universo contenido en este libro, hay artículos que estudian el tema desde diferentes aristas y, por ello mismo, resultan referencias contemporáneas muy valiosas para el abordaje de la materia. Algunos trabajos centran su enfoque desde la sociedad contemporánea, el capitalismo y la transfiguración de los cuerpos. Otros, ponen la mirada en una perspectiva más clínica: cómo se da la relación del transexual con su propio cuerpo. Y, dentro de esa perspectiva, encontrarán casuística de transexuales o sujetos que, por distintas contingencias, fueron sometidos a reorientaciones en la elección del sexo.

Este libro también nos permite abordar la temática desde el tema diagnóstico: “no hay ninguna relación entre la transexualidad y una de las estructuras clínicas” sino, más bien, el hecho de que cada transexual puede ser neurótico o psicótico. De esta manera, el psicoanálisis hace su aporte para despatologizar la transexualidad.

Las posiciones abordadas por los autores –que parten de la última enseñanza de Lacan– apuntan a la no patologización de este fenómeno trans. Varios coinciden en relativizar, en buena medida, el uso del diagnóstico.

Freud fue pionero en poner en escena la distinción entre el sexo anatómico y el sexo psíquico, y fue un inspirador clave de lo que, más tarde, serían los estudios de género. Los interrogantes emplazados sobre el género, lo queer, el movimiento LGTB, el feminismo y otros temas afines son abordados no sólo por los colegas de la Escuela de la Orientación Lacaniana, sino también por profesionales de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.

Las referencias de estos trabajos aluden a textos tanto actuales como clásicos sobre el tema, como los aportes de los estudios de transexualismo desarrollados por R. Stoller y Harry Benjamín, o la contribución fundamental de J. Butler quien, en su libro El género en disputa (1990), diferencia entre el sexo y el género, proponiendo subvertir el orden de la diferencia sexual.

Uno de los artículos que dan cuerpo a este libro subraya que lo que hoy llamamos “género” se define en el campo de las identificaciones, no en el de la identidad. “Podemos decir que lo femenino es transgénero, que es lo transgénero por excelencia, aquello que no se deja ni se dejará atrapar nunca por la lógica de las identificaciones de los llamados géneros”. “El transgenerismo es solidario de la ilusión de autonomía del sujeto actual, de liberación de cualquier sujeción o límite, del rechazo de toda división”.

Otro de los abordajes escogidos es retomar para su crítica, el binarismo hombre-mujer en los impasses de la teoría freudiana. Así, lo “queer” resulta aquello que no puede definirse por un binarismo, que escapa a esa lógica binaria de la diferencia mínima entre dos significantes. Lo “queer”, en el campo de la sexualidad, se instala como una anti-categoría: es la categoría de los que no tienen categoría, desarrollada por la perspectiva deconstructivista de Judith Butler, una de las principales referentes teóricas del movimiento queer.

Frente a la propuesta de “identidad de género”, surgida a partir de los estudios de género, la perspectiva del psicoanálisis se plantea la clínica de la sexuación, y no la de género. Todos los autores coinciden en la crítica a un supuesto destino anatómico, a la insuficiencia de la noción de género, al papel de las identificaciones. También acuerdan al definir la sexuación a partir de la elección del sujeto asociada a su modo de goce.

François Ansermet es, probablemente, el psicoanalista que se ha constituido en un punto de referencia para quienes investigamos la cuestión transexual. Entrevistado por Edit Tendlarz, la compiladora de este libro, Ansermet sostiene que los psicoanalistas debemos permanecer en esta clínica y seguir la solución de cada sujeto. “Más que entrar en las consideraciones sobre el género, abocarse más bien a las soluciones de cada uno. Cada uno tiene su bricolaje, su solución. Un mundo nuevo se inventa”, sostiene Ansermet.

Y es a partir de esos goces múltiples donde las identidades se multiplican. La creencia puede tomar la forma de una certeza: por ese motivo, Ansermet nos invita a establecer una clínica diferencial de la certeza trans: “Una certeza extraña que, a veces, hace función de sinthome, de solución para el sujeto, de una solución fuera de la norma”. Todas soluciones en las que el psicoanálisis hace su aporte.

La pregunta central debería conducirnos a observar en qué arreglos con el goce procede un ser hablante para nombrarse sexuado más allá, a veces, de la armadura fálica. Desde ese enfoque, el binarismo psicoanalítico, basado en la diferencia sexual, no se sostiene. En las recientes 49èmes Jornadas de la Ecole de la Cause freudienne en París, Eric Laurent sostuvo que “existe, más bien, un unarismo del goce”. Con ello, la lógica misma de dos tipos de goce diferentes, o la diferencia binaria entre fálico/castrado, defendida por Freud, ya no resulta válida en la perspectiva de la última enseñanza de J. Lacan.

La asunción del ser sexuado es un acto: no tiene un sujeto de enunciación que pueda decir Yo. El acto que supone la elección sexual implicaría salir de la incertidumbre, de la no decisión sobre el destino sexual. Es, en definitiva, una elección de goce.

Los procedimientos hormono-quirúrgicos no solucionan el problema de fondo del sujeto. Por ello, vale la prudencia a la hora de avalar la modificación definitiva e irreversible del cuerpo. La decisión trans y la intervención quirúrgica pueden resultar un posible apaciguador de goce, aunque no siempre es así. ¿Cómo puede el transexual tener un cuerpo y una consistencia imaginaria del cuerpo, a veces sin Otro? ¿Cómo puede hacer valer su imagen en el campo del Otro? ¿Cómo conseguir corregir el problema en la constitución de lo que se llama un fuera de cuerpo? La tentativa pretende recuperar un cuerpo otro, de dar a su cuerpo la apariencia del sexo reivindicado, eso que conocemos como “reasignación de sexo”. Aun cuando el transexual ha expresado su certeza de pertenecer a otro sexo, los psicoanalistas debemos plantearnos ser cautos en las intervenciones, ya que un cambio de sexo no siempre resuelve el problema.

En ese camino que acompañamos los analistas, no hay otra cosa que diversos cambios de discursos y reconfiguraciones de goces, que siempre tendrán como eje central al analizante.

Desde esa mirada, fue un gran placer haber accedido a cada uno de los trabajos que forman parte de este libro, cuya lectura constituye un aporte fundamental para reflexionar, comprender, debatir y continuar desarrollando nuevas perspectivas para el abordaje de la siempre compleja temática transexual.


La cuestión trans en nuestra época  Edit Tendlarz

Introducción

El tema de nuestro libro nos convoca a reflexionar desde la perspectiva del psicoanálisis de la orientación lacaniana, acerca de la variedad de elecciones sexuales que nos atraviesan en el vértigo de lo contemporáneo.

La transexualidad, ¿a qué lógica obedece? ¿De qué manera se sitúa este problema de identidad sexual en relación a los diferentes registros Real, Simbólico e Imaginario, y la sexuación en juego? Poder situar lo heterogéneo y singular de cada trans será una de las maneras de poder trabajar en esta nueva clínica. Ser un hombre, ser una mujer, es ser esa mujer, ese hombre en particular. Tener una conducta adecuada en función de ciertas normas sociales impide que cada quien pueda reconocerse a sí mismo como hombre o como mujer.

Esperamos que con la lectura atenta de cada uno de ustedes se logren elaborar ciertas respuestas que se centren en los casos y su relación con el axioma de estructura que está en el origen de las diferentes soluciones de la ausencia de una relación sexual e incluso motive a seguir interrogando e investigando acerca de lo trans.

Estamos en un mundo que coloca al psicoanálisis frente al desafío de lo contemporáneo. El psicoanalista debe considerar los cambios con que se encuentra en su clínica y estar a la altura de los tiempos que le toca vivir. Al decir de Lacan en Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis, “mejor que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época”.

Presentación del tema

El sexo para la ciencia está ligado a la reproducción y a la idea de que la relación sexual está programada por el instinto. Este saber instintual difiere notablemente de lo que sostenemos en psicoanálisis ya que tiene una inscripción genética pero no simbólica en tanto no pasa por el lenguaje. Tiene un fin que es la reproducción.

En los años 70 Stoller publicó “Sex and gender “, publicación donde la función de la sexualidad queda ligada a la reproducción. El define la diferencia sexual sosteniendo que existen dos sexos: uno macho y otro hembra, determinados por cromosomas, órganos genitales externos e internos y caracteres sexuales secundarios.

Para Stoller el sexo biológico se divide en dos clases señaladas por rasgos distintivos.

¿Cómo hizo Stoller que leyó a Freud y se interesó por él para conservar sus definiciones biológicas de un sexo ordenado por la reproducción? ¿De qué manera estudió casos de transexuales, enigmáticos para los científicos? ¿Cómo lo hizo sin tener en cuenta el lenguaje?

Lo que hizo fue justamente introducir la noción de género: femenino o masculino siguiendo la lógica de la clase y la dualidad.

Con lo cual Stoller definió el género como independiente del sexo biológico articulándolo a la noción de identidad.

Lo dice de esta forma: “El género es la cantidad de masculinidad o de femineidad que se encuentra en una persona”. Pero, ¿Cómo poder definir estas cantidades? Es decir, la cantidad de masculinidad o femineidad en alguien. Stoller sostiene que se trata de una sustancia cuantificable.

En Stoller, el sexo es cuantificable y la identidad de género comienza a partir del conocimiento y la percepción, ya sea consciente o inconsciente, de que se pertenece a un sexo y no a otro.

La referencia principal de Stoller es entonces la conciencia íntima del sujeto de pertenecer a un sexo y no a otro. El género es la identidad de género y la identidad de género es la conciencia de pertenecer a un sexo.

Esta identidad se construye antes de los tres años considerando que la misma sería asignada por sus padres.

Lacan nos habla de una elección de sexo, de una identificación sexual más que de una identificación sexuada.

En los años 70 Lacan hace un corte entre lo que es el ser humano “Parlêtre” y el animal por fuera del lenguaje.

¿Parlêtre? Es el ser que habla, el ser parlante, es el ser que tiene su ser justamente por el hecho de hablar. Entonces Lacan nos precisa este corte entre el animal, fuera del lenguaje, y el Parletre, dentro del lenguaje.

Para Lacan, el sexo y la diferencia de los sexos están ligados a la lógica aristotélica, es decir a una lógica de clases. Utiliza, lo que él llamó las fórmulas de la sexuación.

En los años 70, Lacan es radical en su formación y sostiene que la relación sexual que la biología escribe en el animal, no existe para los seres parlantes. Esto no quiere decir que no hay acoplamiento entre los sexos humanos.

El acto sexual en los seres humanos no responde como en el campo animal “a cada una su cada uno” donde prima lo instintual sino que responde a algo totalmente distinto.

Y con relación a esto Lacan formula su tesis donde sostiene que el ser parlante ha perdido su relación sexual. Pero justamente lo que sí tiene es un goce privilegiado, que no tienen los animales y es lo que llama muchas veces goce sexual ligado al acto sexual y coordinado a un significante único que es el falo.

Esto nos lleva directamente a preguntarnos sobre lo que es el cuerpo en el ser parlante.

El cuerpo imaginario es en principio una envoltura, en el sentido de una bolsa. Es una imagen llamada “imagen del cuerpo” que figura como una unidad. Cuando el ser parlante se mira al espejo el cuerpo parece uno, esto responde a un momento llamado de unificación que se produce en el estadio del espejo.

La tesis de Lacan, muy precoz en su enseñanza, es lo que le da unidad al cuerpo en ese momento electivo del estadio del espejo donde el sujeto se identifica a una imagen, la imagen de otro, que no es él pero que le da la posibilidad de parecer uno en el espejo.

Esto se vuelve posible a partir de la intervención de un tercero. Este momento del estadio del espejo estructura el cuerpo como forma imaginaria.

En la misma época Lacan afirmaba que no tenemos un cuerpo, sino que nos es otorgado por el lenguaje. El cuerpo simbólico sería esta incorporación del lenguaje en el cuerpo. Y tenemos el cuerpo real, que es en principio el cuerpo que goza. Un goce que no entra en ninguna normalidad. El género que se tiene en la mirada del otro no remite a ninguna naturaleza ni a nada del orden convencional. Es una cuestión de un deseo de ser o no ser, pero también de goce que pone en juego el cuerpo.

A partir de estas primeras nociones y distinciones podremos ir metiéndonos de a poco en el tema que nos convoca: el transexualismo.

Lacan en su seminario “De un discurso que no sería del semblante” comenta el libro de Stoller del que ya hemos hablado “Sexo y género”.

Es un libro que nos interesa por la casuística que aporte sobre el transexualismo e incluso sobre los casos llamados intersexuados que son casos de personas anatómicamente no definidas por razones biológicas.

Stoller parte de que el sexo toma una definición biológica. Sin embargo, los casos de transexuales que dicen ser de un sexo opuesto al anatómico producen escollos en la teoría del clínico. Va a tener sujetos en los cuales el género está de acuerdo con el sexo y otros en los cuales el género difiere del sexo.

Entonces, si bien es cierto que Stoller describe un gran número de casos clínicos muy apasionantes, esta distinción entre género y sexo no es de gran ayuda para nosotros.

Lacan va a seguir un camino diferente. Parte de los dichos de los transexuales, como lo hace Stoller, pero orientándose hacia lo que él denomina en el Seminario 18 el “error común de los transexuales”.

Perspectiva psicoanalítica

Siguiendo la orientación de Francois Ansermet podemos ubicar algunos rasgos que nos orientan en la actualidad de nuestra época. En primer lugar el vértigo que nos producen las modificaciones sobre las diferencias de los sexos que, aunque no es algo nuevo, presentan transformaciones importantes.

La cuestión del origen implica un enigma para cada quien. Un real difícil de subjetivar. ¿Por qué soy yo y no soy otro? ¿Por qué nací en esta época y no en otra? ¿Por qué nací en un cuerpo de mujer y no en otro?

Todas estas y otras cuestiones nos dicen de la arbitrariedad del origen.

Algunos sujetos dicen haber nacido en un cuerpo equivocado. Otros afirman que el cuerpo no es el equivocado. Sin embargo se sienten que pertenecen a otro sexo y no el que sería acorde al cuerpo que tienen.

¿De qué se trata todo eso? Seguimos a Ansermet cuando nos dice: “Esta certeza sorprende, intriga precisamente en la medida en que no interroga al sujeto”. ¿De qué se trata? ¿De una convicción? ¿De una creencia? ¿Una creencia en lo que va a ser posible a partir de tener ese otro sexo que no es el suyo?

Y sin embargo el origen sigue siendo un enigma. Como sostiene Ansermet, en su nuevo posicionamiento frente a la diferencia sexual, lo interesante sería no quedar sometido a un origen que se precipita sobre el sujeto, sino por el contrario, ir hacia un origen reinventado. En estas cuestiones fundamentales se trata de ir, a través de un origen recreado, hacia un nuevo modo de ser en el mundo

Estamos en la práctica del malentendido y tocar la diferencia sexual es tocar la cuestión del lenguaje. Poder interrogar todo lo que sabemos en psicoanálisis y dejarnos enseñar por aquello que el sujeto inventa.

Podríamos sostener que hoy se trata de una práctica a partir de lo que cada sujeto construye. La importancia de estar atentos a esas soluciones, puntualizando que la enseñanza de lo transgénero es una clínica de las soluciones originales de cada quien.

La apuesta central para el psicoanalista es abrirse sin dejarse engañar por el discurso común entrando en la lengua particular de cada uno y siguiendo el camino singular donde cada quien invente su manera de estar en el mundo.

A continuación presentaré una viñeta clínica a fin de mostrar fenómenos que atañen a la transformación de un muchacho en su devenir mujer.

Una viñeta clínica: Un femenino original

La paciente D llega luego de su despido laboral, pidiendo una escucha a su padecimiento que se centraba especialmente en la cuestión que ella consideraba su alejamiento del trabajo como producto de la discriminación.

En el transcurso de las entrevistas despliega el camino que tomó hasta convertirse en trans. En su infancia su madre le dejó el cabello hasta la cintura en respuesta a una promesa hecha a una virgen para que puedan “mudarse de barrio”.

Luego recuerda haber escuchado en palabras de su abuela que la madre deseaba una niña y llegó un varón refiriéndose a la paciente. D lo cuenta con una sonrisa y rápidamente se le caen algunas lágrimas. Cuando se le pregunta qué son esas lágrimas responde rápidamente: “Ahora soy una mujer como quería mamá”.

Apenas asomaba la adolescencia D se convierte en un muchachito gay. Es allí donde comienza su recorrido por la prostitución. Al tiempo prefiere travestirse. Hoy digo trans ya que ella misma dice no ser mujer. Ante mi pregunta por la mujer responde que las mujeres tienen hijos y vagina. Ella no va a desprenderse de su pene. Es de esta manera que si la demanda del Otro lo requiere ella lo puede ofrecer.

Al querer saber cómo fue el proceso de hormonización dice: “Nunca tomé hormonas. La depilación definitiva fue mi solución”. Actualmente va a operarse para tener, al decir de la paciente, “unas buenas lolas” y continúa diciendo “es lo que le gusta a los hombres: tetas y un buen órgano. Para poder ser penetrados por alguien femenino”.

Quiere ser única y lo expresa de esta manera: “Única y bien femenina. Diferente a todas las mujeres con quienes están casados o de novios. Yo tengo mi buen órgano y eso es lo que buscan”.

Esta viñeta ilustra de modo significativo el bricolage que arma D para construir la solución a su nueva identidad. “Una trans. No una mujer” dice cada vez que nos vemos. Es lo que busca todo el tiempo: un imaginario femenino que la sostenga de pie en la vida.

La intervención que surge desde la analista ahora que terminó con el juicio y ya recibió su indemnización es: ¿por qué continuar con las entrevistas? “Te quiero como testigo de mi vida”, es su respuesta.

No es cualquier hombre a quien ella dirige su seducción sino a aquellos heterosexuales comprometidos con una mujer. Eso es lo que le permite ser la única. También será la única como trans en relación a las mujeres. Su modalidad de goce implica claramente una relación centrada en el órgano como medio de satisfacción del Otro.

Ella encarna el objeto que hace gozar al Otro y tiene un saber hacer en relación a eso y además en muchas ocasiones se hace pagar por sus servicios.

D es trans y quiere ser la más femenina. Su preocupación constante es verse femenina acentuando sus formas, su imagen, su atuendo. Exacerba su arreglo y goza de ese mostrarse y exhibir su femineidad. Estudia maquillaje y no sale de su casa si no está bien producida. Incluso se ocupa de que su voz suene muy femenina, toma clases de canto.

Para concluir intentaré acercarles algunas apreciaciones acerca de la viñeta clínica.

Para Lacan ser es un ser hecho de palabras que se oye a través de una enunciación. El ser lacaniano está atado a la palabra proferida. En D nos damos cuenta del alcance de las palabras de los padres sobre los hijos.

Fue su madre quien le dejó el pelo largo haciendo de esa manera que parezca una niña. Su madre deseaba una niña.

El paradigma de la diferencia de sexos en el psicoanálisis conduce a una lógica inconsciente que hace que el sujeto esté marcado por la manera en que fue deseado o rechazado por el Otro. A partir de lo cual podemos sostener que la anatomía de nuestra paciente ha sido reinventada por ella misma a partir de la construcción de ese nuevo cuerpo femenino. Se puede entonces ser un varón anatómicamente hablando e identificarse a una niña, desde que tenemos relación con el Otro.

Son estos acontecimientos de palabra que trazan el camino en el ser y lo conducen a identificarse inconscientemente a lo que se dice de él. La palabra introduce una marca contingente porque es impredecible y singular. La humanización del niño pasa por un deseo no anónimo.

La pregunta que surge es ¿El Otro ha inscrito a D como sujeto? ¿D encontró en el Otro un deseo por él? D rechaza el cuerpo que le tocó en suerte y encuentra una salida, una solución propia, armado de un nuevo cuerpo: el de una “chica muy femenina”.

Bibliografía

Laurent, E., L´envers de la biopolitique. Une Écriture pour la jouissance, Navarin, Le Champ Freudien, París, 2012.

Leguil, C., L´être et le genre. Homme/Femme après Lacan, Ed. Puf, 2018.

Tendlarz, E., “Aperiódico Psicoanalítico, 30, Trans género”, marzo 2018.

Tendlarz, E., “Aperiódico Psicoanalítico, 31, Género y Tras”, abril 2019.


Across de universe sin salir de Manhattan  Gustavo Dessal (New York, mayo de 2019)

I

Walt Whitman, el gran poeta americano cuya obra sigue ejerciendo una enorme influencia aún en nuestros días, nació exactamente hace dos siglos. Como tantos otros artistas, en sus inicios fue ignorado o incluso despreciado por un público que tan mal toleraba las innovaciones. Su empleo del lenguaje, la métrica y el ritmo, eran el anticipo de un mundo que habría de agitarse. Mientras Norteamérica se fracturaba en el debate sobre la esclavitud, Whitman cantaba a la libertad y el amor, hablaba de la inclusión universal y sembraba la semilla de una transformación en la vida erótica que cambiaría la historia de Occidente. En 1969, ciento cincuenta años después del nacimiento de Whitman, un bar gay en el sur de Manhattan llamado Stonewall Inn fue el lugar donde se encendió la mecha de un polvorín que sacudió los cimientos de la moral normativa. Una serie de revueltas y protestas contra la policía que intentó allanar el bar se extendió por todo Nueva York y el resto del país. El movimiento LGBTQ cobró carta de ciudadanía y desafió las leyes existentes, luchó por afirmar sus derechos y adquirió una fuerza política que sigue avanzando. Entre el nacimiento de Whitman y el giro histórico del movimiento LGTBQ hay mucho más que un alineamiento de fechas. No sin dolor ni resistencia, la lucha por el reconocimiento de los derechos del goce -que en definitiva ha sido siempre el motor secreto de los derechos civiles- es una constante en la historia humana, aunque sólo ahora comienza a apreciarse su verdadero alcance y gravitación en los cambios sociales y políticos. Las fuerzas que retuercen, tensan y hacen estallar los discursos hegemónicos no son exclusivamente económicas, porque la economía es inseparable de la dinámica libidinal, de las exigencias que el goce impone a los seres hablantes cuya diversidad desafía la simetría conservadora del discurso del amo, guardián de la homeostasis y el automatismo moral.

II

Un agujero negro es una zona del espacio gobernado por una fuerza gravitatoria de tal magnitud que ninguna porción de materia puede sustraerse a su poder de atracción. Si abandonamos el terreno de la astrofísica, el fenómeno bien puede servir como metáfora de lo que el capitalismo es capaz de lograr: la absorción y reciclado de todo lo que surge como antítesis de sus principios. El capitalismo fabrica compost con cualquier cosa, incluidas aquellas luces que se encienden para iluminar, denunciar y combatir su lógica. El capitalismo crea sus propias contradicciones, promueve los discursos que lo cuestionan, hasta que finalmente sus anticuerpos los devoran, los digieren y los convierten en un nuevo plus de gozar que acaba cotizando en bolsa. El carácter circular del discurso capitalista tal como Lacan lo ha formulado es exactamente eso: la capacidad del sistema para convertirlo todo, incluso sus fuerzas críticas, en material aprovechable, es decir, en mercancía reutilizable. Lo que nace como gesto subversivo puede ir a parar a las ofertas de Amazon o e-Bay. Así funciona la cosa, y la erótica humana no es una excepción. Los movimientos LGTBQ, antes corridos a bastonazos, son hoy bienvenidos en todos los salones de negocios, en las plataformas on-line y en los Ayuntamientos de cientos de ciudades que han descubierto los ingresos turísticos del Gay Pride. Los LGTBQ no pueden bajar la guardia, porque el agujero negro no los dejará escapar.

III

Todavía puede verse en los Estados Unidos, y tal vez en algunos núcleos comerciales de Londres: el hombre-anuncio. El hombre-anuncio es posiblemente el primer prototipo del sujeto mercantilizado. Hoy en día, en la era de internet, ya estamos informados de que la industria Big Data nos ha convertido a todos en subjetividades comerciables. Pero el hombre-anuncio tiene una larga historia, que comenzó en el Londres del siglo XIX, cuando los carteles en la vía pública quedaron sujetos al pago de fuertes impuestos y la competencia por el espacio en las calles se tornó feroz. Con su ácido sarcasmo, el hombre del “anuncio-sándwich” fue descrito por Dickens como “un trozo de carne humana entre dos rebanadas de cartón”. La “economía de la atención” nació hace mucho tiempo y, aunque resulte extraño, los métodos de propaganda bípeda aún siguen empleándose. Los comercios y empresas han multiplicado los trucos añadiendo variaciones en la contienda por atraer la mirada de los transeúntes y conductores. Actualmente esto se ha extremado aún más, y tras una serie de experiencias con tatuajes publicitarios temporales (que pueden quitarse) por los que algunas celebridades deportivas cobraron interesantes sumas, se tiene constancia de que un tal Jim Nelson vendió en 2003 un trocito de la superficie de su nuca para un tatuaje indeleble en el que se promocionaba una empresa de páginas web. A partir de entonces, la venta de parcelas corporales para la publicidad mediante tatuajes se ha extendido tanto que en la actualidad la oferta ha superado la demanda. Como curiosidad vale la pena mencionar BuyMyFace (“Compra mi cara”), un site creado por dos graduados de la Universidad de Cambridge (la página ya no existe), quienes todos los días colgaban fotos de sus rostros en los que con tinta lavable escribían anuncios para recaudar las 60.000 libras que debían por las matrículas de sus carreras.

La conquista del espacio estratosférico es apenas un minúsculo capítulo en la voluminosa enciclopedia del capitalismo. No hay espacio social, individual o colectivo, real o virtual, que no sea empleado por ese discurso. El hombre marcado en los campos de concentración fue un experimento (no consentido por el usuario) que preparó la conciencia social para lograr la trazabilidad moderna de los cuerpos. Se alquilan, se venden, se intercambian, y sobre todo los cuerpos se trafican bajo múltiples formas, algunas que todavía provocan una objeción crítica y otras que se van normalizando como ya sucede con los chips que se insertan en las personas como en perros y gatos para identificarlos y almacenar sus datos. La conquista del espacio mercantil adquiere proporciones inimaginables. En una suerte de horror vacui, hasta el más mínimo centímetro cuadrado de superficie urbana se aprovecha para anunciar y vender algo. Me llama la atención las estaciones de metro en Nueva York donde las barras de metal que forman los molinetes de acceso están envueltas en adhesivos que llevan impresos diferentes anuncios. El frenesí comercial es un virus que se expande y coloniza toda la superficie del mundo circundante, lo parasita y penetra en cada poro de la realidad física y espiritual.

El capitalismo, como todos los sistemas sociales y productivos que han existido, es un tratamiento y gestión de los cuerpos conforme al lugar que ocupan en la escala pública y privada. Cuerpos esculpidos, atléticos, obesos, anoréxicos, intoxicados, triunfantes cuerpos erectos o miserables carnes derrotadas, el paisaje urbano lo contiene todo. Sorprende el empuje a la mujer de los psicóticos que deambulan por las calles, desamparados de cualquier atención psiquiátrica, y que se esfuerzan por regular su goce mediante la mímesis de una femineidad sobreactuada. Travestismo imaginario, mascarada alucinatoria, clownismo de la gestualidad y la voz, drag queens sin oropeles que viven en la calle y dedican su actuación a una multitud indiferente que apresura el paso al compás de la música que suena en sus auriculares. De vez en cuando, algunos transeúntes detienen un segundo su marcha para observar cómo los servicios paramédicos recogen a alguien que ha alcanzado su límite.

IV

Las Naciones Unidas informan que un millón de especies animales y vegetales se encuentran amenazadas, una destrucción sin precedentes en la tragedia de la historia del mundo. Pero por cada una que se pierde, el sistema añade una nueva a la fauna humana. Mezcla de ágora, circo romano, bazar de maravillas, reserva natural de la teratología, manicomio de puertas abiertas, Nueva York es a la vez infierno y paraíso, espejismo del principio del placer y deleite de Tánatos, yo ideal y cuerpo despedazado. Aquí todo es absolutamente pragmático. Practical philosophy es una escuela que dicta cursos sobre filosofía de la felicidad: “Aprende a gestionar tu vida para que todos tus deseos se realicen”. Su mensaje se anuncia por todas partes, incluidos los vagones del metro. Miro su página web y descubro que fue fundada siguiendo las enseñanzas de Maharishi Mahesh Yogi, el gurú que adoctrinaba a los Beatles. Ahora denominan mindfulness a lo que en aquella época se llamaba “meditación trascendental”. El pragmatismo americano tiene también su lado naïf. Sorprende esta curiosa mezcla de racionalidad técnica y creencia en la espiritualidad de Oriente. La ingenuidad se extiende a la moda de lo “orgánico”, otra fabulosa industria del capitalismo para quien pueda pagar un dólar por una mandarina. Todo es ahora organic, incluyendo los productos de limpieza que emplean las tintorerías. Burger King y McDonalds se convierten en cadenas minoritarias que alimentan a las mayorías formadas por las clases bajas y pobres. Comer sano, no fumar, no beber alcohol, son las normas de regulación de goce en las clases medias y altas. Para que la cosa no sea demasiado aburrida, se admite espolvorear con cocaína los alimentos, porque incrementa la productividad y mejora el estado de ánimo. La creencia en la salud convive de manera curiosa con la sobredosis de opioides consumidos a niveles masivos. El capitalismo contemporáneo es trans, porque opera mediante un simbólico que, al desfallecer, transfigura los cuerpos de un modo nunca antes conocido. Bajo el imperio del simbólico antiguo, los cuerpos eran torturados por el amo. En la actualidad el sujeto entrega su cuerpo al goce del Otro, quiere recibir una nueva redención, pero la busca en un simbólico que se ha corrompido, un simbólico descompuesto que trans-torna y enferma los cuerpos, los perfora, los retuerce, sin imponer la fuerza, porque el cuerpo lo permite y lo goza. Es un simbólico que no está gobernado por el Nombre del Padre, sino por el superyó, que es el Padre sin Nombre, la voz anónima que no desea nada, sino que aumenta las posibilidades de la experiencia hasta alcanzar los límites de la muerte. Es el Padre que empuja al desafío, a la selfie en el borde de la azotea, a la fiesta toxicómana, o al mass shooting.

Una mujer obesa camina desnuda por Times Square en pleno mediodía. Solo lleva una pequeña braga, unos enormes auriculares conectados a su smartphone, un par de sandalias y unas gafas de sol. Algunos caminantes (todos con aspecto de turistas) se dan la vuelta, tratando de descifrar si se trata de una broma, si hay alguna cámara oculta, pero los más siguen su camino, indiferentes a la anomalía de ese cuerpo. La mujer sonríe, se la nota tan alegre que puede deducirse un estado alucinatorio crónico. A poco que repita su paseo desnuda por la plaza acabará incorporándose al paisaje, como el ejecutivo de Wall Street que ahora luce traje pero sin corbata, o el programador de Facebook que gana diez veces más que él, prefiere el uniforme pseudo-hippie, y calza Nike de seiscientos dólares. La gorda también tendrá su nicho de mercado. Acaba de estrenarse, y muy pronto todo el mundo podrá hacerse la foto abrazado a ella. Esa foto, ¿acaso no vale un par de pavos? No perdamos esa oportunidad.


Yo soy yo  Actualidad del transexualismo, transexualismo y actualidad  Irene Greiser

La actualidad del yo soy

Lacan convoca a los analistas a unirnos al horizonte de nuestra época y esa recomendación presupone una relación entre la época y los síntomas a contraer.

Violencia de género, pornografía, abuso sexual infantil y transexualismo son síntomas de nuestra actualidad que desde el psicoanálisis leemos como respuestas al malentendido entre los sexos.

La época de Freud no era la de Lacan y la época de Lacan no es la nuestra. Cuando el padre oficiaba como semblante de la ley y agente de la castración imponía la restricción del goce y la norma heterosexual. Lacan vivió la época del mayo francés cuyo slogan era prohibido prohibir y esa época promovió el sexo libre; la época actual donde todo parece estar permitido desde el orden medico-jurídico no trae aparejado una liberación sexual sino que justamente esa libertad pone de manifiesto una cierta banalización del sexo. Como señala Laurent, “asistimos a una desconfianza en el padre en tanto universal, en el padre que distribuye el goce según la norma heterosexual. Lo que prevalece en su lugar son los modos de goce, produciendo una multiplicidad de nominaciones que provienen del sujeto mismo”. Yo soy gay, bisexual, alosexual, drag, etc.

En cuanto a la identidad sexuada una variedad de elecciones se nos presentan en la actualidad. Muchos quieren ser mujer, otros convertirse en hombres, cambiarse de nombre, otros vestirse de mujer. Estamos en una época en la cual el sujeto asume una serie de nominaciones que parten del sujeto mismo bajo la modalidad del yo soy.

¿Pero podemos a todas estas diversidades nominativas ubicarlas como posiciones sexuadas?

Freud descubrió a través de la histeria de conversión una complacencia somática que convierte al síntoma en acontecimiento del cuerpo, pero las histéricas freudianas eran complacientes a la lectura del síntoma que develaba un sentido que giraba en torno al amor al padre. Hoy en día se pone de manifiesto ciertos usos del cuerpo que más que una complacencia somática dan cuenta de un rechazo del cuerpo que se tiene y los jóvenes, a su vez, no sólo dan cuenta del rechazo del cuerpo sino también de un rechazo a la lectura del sentido del síntoma. Ciertos síntomas de la actualidad ya no son tan charlatanes.

Esas formas de rechazo van desde las anorexias hasta una nueva modalidad en la cual los niños desde muy pequeños ponen de manifiesto un rechazo al cuerpo que tienen y se los escucha decir que han nacido en un cuerpo equivocado.

Si Freud en su época planteó un debate con el discurso médico-cientista hoy se suma otro debate fundamental con los Derechos Humanos.

Los significantes del feminismo de hoy tales como empoderamiento cosificar, cuerpa, opresión, objetalización, discriminación, tu cuerpo es tuyo son significantes preponderantes de nuestra actualidad y no lo eran de la época freudiana. La pregunta histérica soy hombre o soy mujer toma en el fenómeno trans la certidumbre de haber nacido en un cuerpo equivocado.

Hay una brújula de orden ético para un analista: el equívoco es del orden del lenguaje no del cuerpo. El cuerpo no habla, el hombre habla con su cuerpo. Ese cuerpo funciona como caja de resonancia porque es un cuerpo pulsional que se hace eco de un decir que no es lo mismo que plantear que el cuerpo hable, que el cuerpo pida, el cuerpo no habla, el hombre habla con su cuerpo. No es lo mismo el eco de un decir que el eco genético. El equívoco es del orden del significante no del cuerpo.



Transexualismo

Lacan es quien introduce el término “transexualismo”, que no encontramos en Freud. Lo que sí Freud nos aporta contradiciendo la frase napoleónica que la anatomía no es el destino: la pulsión es asexuada, y si hay diferencias psíquicas respecto del sexual anatómico, esas diferencias requieren de un sujeto que las lea.

El transexualismo lacaniano nos servirá de guía para efectuar una lectura de este fenómeno en algunos casos de la actualidad, me refiero en especial a quienes deciden operarse porque hay muchos trans que no quieren pasar por la cirugía alegando que es una mutilación a la cual no están dispuestos a prestarse.

Una cuestión que se nos impone en relación con la transexualidad es la relativa a su ubicación diagnóstica, y no por un afán de poner etiquetas sino para orientarnos: si es una psicosis y apelamos a la clínica de las suplencias, si se trata de fenómenos mixtos, incluso como pensar la certeza transexual.

A los fines de abordar la problemática, cabe mencionar dos precisas indicaciones de Lacan para diferenciar si se trata del “empuje a la mujer” o del “pasaje al Otro sexo”. Una referencia la tomaré del Seminario 18. De un discurso que no fuera del semblante (1) y otra del Seminario 19, …o peor. (2) En el Seminario 18 Lacan, al tiempo que recomienda la lectura del libro de Stoller, Sex and Gendler, realiza una crítica sobre la obra, basada en que el autor, carente del concepto de forclusión lacaniana, elude por completo la cara psicótica de los casos tratados. No obstante, en el Seminario 19. Lacan se ubica desde otra perspectiva y aborda el transexualismo desde de la locura.

“Su pasión, la del transexual, es la locura de querer librarse de ese error común que no ve que el significante es el goce y que el falo no es más que el significado. El transexual ya no quiere ser significado por falo, por el discurso sexual que, lo enuncio, es imposible. Su único yerro es querer forzar mediante la cirugía el discurso sexual que, en cuanto imposible, es el pasaje a lo real”.

Ahora bien, es preciso aquí diferenciar una falla de un error. La falla está referida a la falta “en ser” que habita a todo ser hablante, en tanto no hay inscripción ni de lo femenino ni de lo masculino en el inconsciente. Esta falla es común y no privativa del transexual. No hay inscripción de hombre ni de mujer, porque la relación sexual no existe y no existe para todos. Por ello, Lacan afirma irónicamente que se trata de “un error común”.

François Ansermet en la “Elección del sexo” dice que en el transexual se trata de una identidad sexual provisoria que le ocasiona sufrimiento y la vive como un error a la espera del cambio de una identidad sexual que subsane ese error y que todo el tema del transexualismo se dirime alrededor de la certeza.

La relación con el falo es lo que fundamentalmente se pone en juego en estos sujetos.

En este contexto, podemos identificar un detalle clínico que funciona como contrapunto entre el transexual y el travesti. En el travestismo, la relación con el falo se torna imperiosa, hay una sobre investidura fálica. El travesti, siendo hombre disfrazado de mujer, busca al partenaire con su falo escondido bajo las ropas, es decir que no escamotea el encuentro sexuado. En cambio, el transexual, que exige la intervención quirúrgica, al no falicizar el órgano se le torna un obstáculo. Existe determinada casuística que verifica que, muchas veces, luego del “paso al Otro sexo”, algunos transexuales no buscan el encuentro sexual; muchos de ellos aseguran que no gozan “como hombres”.

Transexualismo y actualidad

Si en la época freudiana el temor a la castración resguardaba el falo, hoy parecería que acontece todo lo contrario.

La conjunción del avance tecno –científico y la ideología de los derechos humanos confluyen en un supuesto que, basado en la democratización de los lazos y la autodeterminación del sujeto, se puede realizar la elección del sexo. La ciencia posibilita y la ley legitima.

El significante de la época de haber nacido en un cuerpo equivocado nos permite plantearnos la siguiente pregunta

¿Cabe la posibilidad de nacer en un cuerpo acertado? ¿O cada quien debe hacerse su propio cuerpo .

Un nuevo capitulo se introduce en la materia de biopolitica de los cuerpos a través del adagio del individualismo democrático que pregona “sé tu mismo”, “tu puedes” y ”tienes derecho a elegir tu sexo” tomando la forma de un orden de hierro que obliga al sujeto a hacerse su propio sexo ¿Se le posibilita elegir o se impide elegir?

Es claro que en tanto analistas ciudadanos celebramos el avance en materia de los derechos de las minorías trans, lesbis, homos pero esos avances en el terreno jurídico no nos llevan a equiparar la igualdad jurídica con la disparidad sexuada.

Un sujeto puede hacerse un cuerpo a través de la cirugía y otros encontrar una nominación a través de la nueva de identidad de género. Otros preservar sus derechos en el trabajo sexual y no hay argumentos desde el psicoanálisis para ir en contra de estas adquisiciones, pero sea cual sea la elección sexuada para el psicoanálisis no se trata de un mero enunciado proferido desde el yo sino que a tañe a una elección de goce y la misma es inconsciente. Para Lacan se trata del gosoy, neologismo que apunta al goce y no al yo.

En “La ciencia y la verdad”, Lacan afirma al psicoanálisis como escolta de la ciencia. Escoltar a la ciencia no es lo mismo que enarbolar su bandera, no se trata para un analista tampoco de ir en su contra sino de ver como la escoltamos de acuerdo no sólo en cada época sino también en cada caso. Hay sujetos que a través de la cirugía consiguen hacerse un cuerpo y otros casos que solo con el cambio de documentación es suficiente. Para la ciencia y el capitalismo no hay limite “Tú puedes hacerte el cuerpo que quieras: convertirte en metrosexual, quitarte los pechos, ponerte un pene o una vagina”, ¿Y si se llegara a pedir dos brazos, una vagina y también un pene?

¿Qué aportes podemos hacer respecto de la democracia de las diversidades sexuadas? ¿Qué podemos decir los psicoanalistas respecto de lo auto-percibido?

En relación a la ley de identidad de género se impone un análisis respecto del auto percibimiento que merece un comentario desde el psicoanálisis. También la inmediatez que saltea el tiempo de comprender.

El “Yo soy yo”, “yo me auto determino” de la actualidad plantea una identidad consigo mismo, pero esa mismidad fue desmentida por Lacan tanto en lo referente a la captura especular como también a la identificación simbólica. El único núcleo indiviso del sujeto esta marcado por ese goce opaco del síntoma allí donde el sujeto no puede reconocerse bajo un yo soy sino que Lacan allí utilizo el yo-gozoy.

El sujeto requiere del otro para hacerse un cuerpo, para identificarse y para sexuarse también.

Por otro lado respecto de la sexualidad en Freud, la misma requiere de un proceso que culmina en la pubertad y la latencia es esa interrupción entre la primera infancia y la metamorfosis de la pubertad en la cual se asienta el tiempo de comprender. Pareciera que hoy en día con el calificativo de infancias trans se le impide al niño ese tiempo de comprender y se concluye anticipadamente en una nominación a partir del instante de la mirada.

En una época en la cual todo lo auto se impone, la autodeterminación del sexo, el consentimiento autoinformado, la voluntad procreacional, el autopercibimiento que refuerza el yo soy libre. ¿No habrá que mostrarle al sujeto sus ataduras? ¿Los lugares en los cuales está determinado por las marcas del Otro? ¿Frente a esa aparente libertad no habrá que recordarle a los padres que los hijos le pertenecen? ¿Esa supuesta libertad, liberada de las marcas del Otro que no impone ni el rosa ni el celeste libera o condena al sujeto?

Si hay algo preliminar para cualquier abordaje del cuerpo en psicoanálisis es señalar que no se es un cuerpo sino que tenemos un cuerpo. El cuerpo biológico para un analista no es biología a secas es biología lacaniana, es decir un cuerpo que goza.

No se trata de ponernos en contra de los avances científicos porque en muchos casos la cirugía puede ser un alivio y una solución para un sujeto, pero ello no implica seguir ciegamente un orden de hierro que empuja al sujeto a ser él mismo. Todos los testimonios de trans se asientan sobre la base del sufrimiento y allí los analistas podemos alojar ese padecimiento con nuestra escucha antes de precipitar al sujeto a un empuje al corte.

Cómo situarnos desde el discurso analítico en relación a estos avances de la ciencia, constituye verdadero desafío.

En el texto El reverso de la biopolítica, Laurent se pregunta ¿Quién sabe lo que le ocurre a un cuerpo? Y responde el saber no es del cuerpo, es del inconsciente.

La diferencia entre ser un cuerpo y tener un cuerpo se torna fundamental para una lectura del transexualismo en la actualidad.

Lacan a partir de Joyce afirma que el LOM, (el hombre) tiene un cuerpo y no tiene más que uno. “El hombre tiene un cuerpo, cree que lo tiene, y no tiene más que uno”.

Nadie es idéntico a si mismo: identificación y sexuación no son sin el lazo al Otro Desde Freud sabemos que la anatomía no es el destino, pero también que esa diferencia sexual anatómica debe ser leída por el sujeto. Por ello Lacan habló de sexuación implicando no solo la elección del sujeto en cuanto a su elección sexuada sino también, que esa elección lo es en relación a su modalidad de inscripción en relación al goce y ello nunca es sin las marcas que le vienen del Otro.

Quizás frente a los avances médico –científicos y la ideología de los derechos humanos a los analistas nos quede el esfuerzo de poesía para acompañar con nuestra escucha el sufrimiento de los sujetos que dicen haber nacido en un cuerpo equivocado y frenar el empuje al quirófano a sabiendas que aún obteniendo un cuerpo en el quirófano la posición sexuada requiere del consentimiento subjetivo a la causa sexual que siempre viene del Otro, nunca es autónoma.



1 (#ulink_f3f97af1-208c-5110-b861-cb4af2e4bd13)- Lacan, J., El Seminario, Libro 18, De un discurso que no fuese del semblante, Paidós, Buenos Aires, 2009, p. 30.

2 (#ulink_f3f97af1-208c-5110-b861-cb4af2e4bd13)- Lacan, J., El Seminario, Libro 19, …o peor, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 17.


Cuerpos trans (1)  Alejandra Antuña

Voy a tomar la ley de de identidad de género y comentarles algunas cuestiones que pueden extraerse del texto de esa ley porque considero que es un lugar privilegiado para sacar algunas conclusiones respecto a la época en la que vivimos y, en particular, de la concepción de sujeto y de ser sexuado que de allí se desprende y de su relación al cuerpo. Tomaré estas concepciones para hacer un contrapunto con lo que enseña el psicoanálisis y con lo que nos ha ido mostrando la casuística que fuimos recopilando en el Observatorio de género, bipolítica y transexualidad. (2)

La ley de Identidad de Género fue producto de la militancia de las organizaciones sociales LGBTI, tributarias de los estudios de género y los estudios queer, que –como es sabido‒ consideran a la sexualidad y al sexo como construcciones sociales y sostienen una política en la que cuestionan la heteronormatividad tomada como un hecho “natural”, donde la noción de identidad es central, sea para deconstruirla o para afirmarla según los casos.

Esta ley está basada en dos puntos centrales.

Por un lado, establece la identidad de género como un derecho, y esto es lo que hace a la novedad y a la particularidad de la ley argentina respecto a otras legislaciones. Si la identidad de género es un derecho, no será necesario, para el cambio registral de nombres y de sexo ni para el acceso –que debe estar garantizado por el Estado‒ a los tratamientos médicos para la reasignación de sexo de ninguna instancia intermedia previa, bastará sólo con el consentimiento del sujeto. Esta ley, por lo tanto, “despatologiza” la “identidad de género”, convirtiéndola en un derecho.

Por otro lado, la ley se apoya en lo que llama la identidad de género “autopercibida”, definiéndola como “la vivencia interna e individual del género tal como la persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo”. Me interesa resaltar este último punto, que es lo que quiero interrogar.

Ya desde el psicoanálisis se puede cuestionar esta noción de identidad de género. No sabemos qué son el hombre y la mujer, dice Lacan. Estos se ordenan a partir de ese significante que es el falo y como tal es en principio un hecho de lenguaje, lo cual no quiere decir que no haya nada de real en juego. Nada podemos decir de ellos, de hombres y mujeres, en cuanto a cómo definirlos. (3) Es por esto que para el psicoanálisis no tiene sentido la noción de identidad de género. Siguiendo a Lacan en el Seminario 19, …o peor, podemos decir que el texto de esta ley se corresponde al forzamiento del discurso sexual que el transexual hace. (4)

Por lo que podemos leer en esta ley, hay una suposición en ella de una relación de transparencia entre el sujeto, el cuerpo y el goce, no hay aquí opacidad alguna entre estos tres términos. Y esto es justamente lo contrario a lo que demuestra la experiencia analítica.

Esta ley está basada en lo que en la Constitución Nacional aparece como el derecho a la llamada “autodeterminación” de las personas y en la idea de que todas las personas son iguales ante la ley y, por lo tanto, todas tienen los mismos derechos. Se trata de la autonomía del sujeto en la elección de su propia vida y su propio cuerpo, que es un concepto jurídico. Esto supone entonces un sujeto capaz de una “libre” elección, de cómo será nominado y de su sexo.

Aquí hay que situar una paradoja. Por un lado, esta ley es producto de una demanda de reconocimiento al Otro social por parte de la comunidad trans ‒lo cual tiene un efecto antisegregativo al promover la inscripción en el Otro social de esta comunidad, es el aspecto positivo de esta ley. Pero, por otro lado, hay un profundo rechazo a los significantes provenientes del Otro. Por lo tanto, lo que nos demuestra esta ley, que lleva al extremo la concepción liberal del sujeto, no es más que el rechazo al inconsciente que impera en la subjetividad de la época.

Esta ley testimonia entonces de una época en la que el individualismo promovido por el discurso capitalista supone un sujeto amo de su goce y de su cuerpo. Y si de individuos se trata, el “para todos lo mismo” será su contracara. La promoción de esta concepción liberal del sujeto es una contradicción y un efecto no deseado del discurso de los derechos humanos, que termina siendo solidario del discurso capitalista al cual pretende ponerle un dique. Creo que en este punto el psicoanálisis, frente a estos discursos puede hacer valer su concepción de sujeto, sabemos que esta parte de los efectos del lenguaje sobre el ser viviente, efectos que se traducirán en un modo de goce que no puede ser más que singular, y con el cual el sujeto deberá arreglárselas.

Pero hay que tener en cuenta también otro factor que es el tratamiento del ser sexuado que hace la tecnociencia. Como decía anteriormente, la repartición sexuada es un hecho de lenguaje y en ella intervienen criterios fálicos. Pero tanto el transexual como la ciencia coinciden en rechazar el falo como significante y reducen estos criterios fálicos a una cuestión anatómica.

Es por esta conjunción entre el discurso capitalista y la ciencia, que se empeña en eliminar lo simbólico para tratarlo como real, que Catherine Millot puede decir que el transexual es síntoma de la época. (5)

Eric Laurent, en “El reverso de la biopolítica”, señala que hay justamente un empuje en la actualidad a querer reducir el sujeto a su cuerpo y el cuerpo al organismo.

Lo primero que podríamos decir es que la relación del sujeto a su cuerpo es problemática. Y si hay algo que nos enseñan los casos de los transexuales es justamente eso: la extrañeza del sujeto respecto a su cuerpo. “Este cuerpo no es mío”, decía una joven que quería reasignar su sexo y esta podría ser la frase a la que puede reducirse lo que se escucha en varios de los casos presentados. En algunas presentaciones puede observarse como toda la cuestión gira en torno a cómo se busca establecer una relación imaginaria con el cuerpo y cómo se consigue cierta estabilización a partir del transexualismo.

Esto nos demuestra que no podemos reducir el sujeto al cuerpo. La ley supone además que este último daría la clave del sexo al cual pertenece el sujeto a través de la “vivencia personal” que se tenga de este. La ligazón entre el sujeto y el cuerpo no es obvia para el psicoanálisis.

Nos dice Lacan en el Seminario 23: “el ser hablante adora su cuerpo porque cree que lo tiene. En realidad, no lo tiene, pero su cuerpo es su única consistencia –consistencia mental, por supuesto, porque su cuerpo a cada rato levanta campamento”. (6)

Y sobre esta afirmación de Lacan, Eric Laurent, en El reverso de la biopolítica, agrega: “…como consistencia mental, se imagina [al cuerpo] como un lugar al que no le falta nada. Se piensa como receptáculo de las sensaciones ‘propioceptivas’, y de los afectos que le sobrevienen. Se convierte en depositario de lo que Lacan llama la ‘idea de sí’. Esta idea unificante, esta consistencia, pertenecen paradójicamente al dominio de lo ‘mental’, no al de lo corporal”. (7) Creo que esta idea de cuerpo como consistencia mental es la que subyace en el texto de la ley y, por el contrario, lo que la clínica demuestra es que muchas veces, no siempre, un cuerpo trans no es más que una solución, a falta de otro recurso, para apaciguar algo de esa extrañeza del cuerpo de la que testimonian con tanto dramatismo estos casos.

1 (#ulink_bf17e4a2-27e3-574f-981f-8e7a5afab4fb)- Trabajo presentado en el seminario del Departamento de estudios psicoanalíticos sobre la familia – Enlaces, “Azares del encuentro con el goce”, clase del 19 de septiembre de 2019.

2 (#ulink_67c88bee-19a3-540e-97c0-61ee574a049d)- Observatorio de género, bipolítica y transexualidad perteneciente a FAPOL (Federación Americana de Psicoanálisis de Orientación Lacaniana).

3 (#ulink_75e89f01-4364-5b89-86eb-23e22d1e4018)- Lacan, J., Hablo a las paredes, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 40.

4 (#ulink_75e89f01-4364-5b89-86eb-23e22d1e4018)- Lacan, J., El Seminario, Libro 19, …o peor, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 17.

5 (#ulink_0de57cdc-4cd1-5f3f-a7fe-e99bf4f65670)- Millot, C., Ensexo. Ensayo sobre el transexualismo, Catálogos, Buenos Aires, 1983.

6 (#ulink_74c9f5f9-f124-56a0-a7d6-bd7ff4d53965)- Lacan, J., El Semiario, Libro 23, El sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 64.

7 (#ulink_ca4072a2-e0e7-5464-ab3b-a01d39fd8dcf)- Laurent, E., El reverso de la biopolítica, Grama ediciones, Buenos Aires, 2016, pp. 18-19.


El ombligo de Lacan  Gerardo Arenas

Durero, Miguel Ángel y Tiziano se cuentan entre esos grandes renacentistas que no se privaron de pintar un ombligo en sus bellos Adanes. Idéntico detalle figura en innumerables mosaicos bizantinos. Inútil invocar inadvertencia: el ombligo de Adán caldeaba los ánimos desde el medioevo. Era un símbolo, un estandarte, un arma, y así debieron de entenderlo tanto los creadores de esas obras como los clérigos y mecenas que las encargaban y costeaban. En efecto, el pecado original sólo sirve de base para erigir una moral religiosa si la gente puede identificarse con Adán. Por lo tanto, ese ombligo plantea un serio dilema. Si el artista quiere ser fiel a las Sagradas Escrituras, debe omitirlo. Ahora bien, ser humanos parece inseparable de tener a una mujer por madre y a un hombre por padre; pero, en nuestra magna saga, Adán, Eva y Jesús son excepciones (¡bíblicamente certificadas!), y, si Adán es diferente de mí, ¿por qué habría yo de cargar con su pecado? La falta de ombligo, signo de la singularidad del primer hombre, obstaculizaría mi potencial identificación con él. Ergo, a fin de que la religión alcance a todos, la sacra biología deberá ser discretamente puesta entre paréntesis, y un ombligo habrá de coronar el vientre adánico. Las esculturas de Dalí y de Botero no dejaron de testimoniarlo.

Ahora bien, como un efecto directo (también indirecto, mediatizado por la cultura) de la ciencia moderna y, sobre todo, de sus aplicaciones técnicas, la lista de esas excepciones se ha extendido en gran medida. Los términos padre y madre perdieron la connotación natural de antaño, e incluso dejó de ser obvio que la pareja parental haya de ser heterosexual… ¡y esto cuando tal pareja existe! En consecuencia, las preguntas ¿Qué es un padre? y ¿Qué es una madre? se han tornado muy difíciles de responder.

Desde Freud en adelante, los psicoanalistas no hemos sido ajenos a este devenir, y, en la tarea colectiva de desmantelar la supuesta evidencia biológica de la maternidad y de subrayar el carácter esencialmente cultural de la paternidad, hemos aportado y seguimos aportando lo nuestro. En este sentido Lacan dio un paso de gran alcance al distinguir el padre imaginario, el padre real y el padre simbólico, y otro aún mayor cuando aisló esa original función que (para aprovechar sus resonancias religiosas, y acaso como un guiño a los conspicuos jesuitas que seguían su enseñanza) bautizó Nombre-del-Padre.

Definir esta función requiere partir del deseo. No el deseo en abstracto, sino el deseo del otro. Y no cualquier otro, sino ese Otro primordial del cual dependo y al cual debo, de entrada y con urgencia, descifrar e interpretar. Si por convención, costumbre o pereza decimos que ese Otro primordial es la madre (aunque, como dijimos, ello no sea ya un requisito indispensable y resulte cada vez más dudoso), nuestro punto de partida será el deseo de la madre, con su carácter enigmático y, al mismo tiempo, acuciante. ¿Qué quiere ella en lo que a mí respecta? Si no soy autista, este asunto, más que importarme, pronto pasa a ser el centro de mi atención, de mi mundo, de mi vida. ¿Bastará con adquirir un mínimo dominio de la lengua y lanzarle esta pregunta al Otro en cuestión, para luego esperar que, con buena voluntad, nos brinde la anhelada respuesta? Lamentablemente no. Por más empeño que ponga en respondernos, el Otro no podrá decirnos nada que no sean sus anhelos o sus aspiraciones, sus ideales o sus requerimientos. Jamás logrará formular lo que en sentido estricto denominamos su deseo, y no por accidente, negligencia o ignorancia, sino por causas estructurales.

Algunas imágenes ayudarán a comprender esta desgracia. El protagonista del Poema conjetural de Borges se lamenta: él, que estudió “las leyes y los cánones”, declaró la independencia y anheló “ser un hombre de sentencias, de libros, de dictámenes”, está a punto de ser asesinado entre ciénagas y por bárbaros. No obstante, “un júbilo secreto” de pronto lo invade cuando descubre lo siguiente:

A esta ruinosa tarde me llevaba

el laberinto múltiple de pasos

que mis días tejieron desde un día

de la niñez. Al fin he descubierto

la recóndita clave de mis años.

En otras palabras, todos los pasos que este hombre dio antes de acabar su órbita, todos esos giros de su vida dibujan, en su recorrido íntegro –cuando “el círculo se va a cerrar”, dice– lo que habrá sido su recóndito deseo.

Algo similar ocurre si enroscamos un alambre en torno a un anillo: tras repetir veinte veces el mismo movimiento, el alambre no ha dado veinte vueltas, sino veintiuna, pues además dio una vuelta al agujero central.

La relación entre las vueltas contadas y la no contada remeda la relación entre las respuestas del Otro (sus anhelos, aspiraciones, ideales o requerimientos) y su deseo. Por más que ese deseo suyo palpite en cada una de sus respuestas, no equivale a ninguna de ellas –cuya serie, empero, forma esa “vuelta no contada” que animó todo el movimiento.

Si dirijo al Otro la pregunta ¿Qué deseas en cuanto a mí?, pues, lo condeno a la impotencia, ya que todo lo que diga pertenecerá al registro de lo que espera de mí (sus demandas) o lo que quiere para mí (sus ideales), es decir, el de las vueltas contables, pero no al registro del deseo, que es la vuelta no contada. Esa respuesta, sea la que fuere, siempre falta. ¿Acaso mi pregunta quedará, pues, irremediablemente abierta? Tal vez sí, tal vez no…

En suma, el inarticulable deseo de la madre (abreviémoslo DM) es un término que falta en el Otro. Ahora bien, en ciertas condiciones puede ocurrir que un término distinto, que sí está presente en el Otro, funcione como una metáfora de aquel término faltante y, por lo tanto, asigne un significado –más o menos poético– a ese enigmático deseo.

Algo semejante ocurre cuando procuramos nombrar un sentimiento: no hay palabra justa que lo defina, por supuesto, pero si digo Arrancas de mí las mejores notas, mi partenaire se hará una idea de lo que me causa. La operación metafórica es, de ese modo, capaz de realzar el vago sentido de un término existente (amor, en este ejemplo) sustituyéndolo por otro. La magia de esa operación puede extender su influjo y dar todo su significado a un término estructuralmente inexistente. Y tal es el mecanismo mediante el cual DM, a pesar de que falta en el Otro, puede adquirir una significación.

El término capaz de metaforizar el inarticulable DM es lo que Lacan, hace unos sesenta años, denominó Nombre-del-Padre (abreviémoslo NP). Y con sólo decir esto hemos vuelto, desde otro ángulo, a nuestro punto de partida. En efecto, ya habíamos señalado el forzamiento y la reducción que entrañan igualar el Otro primordial a la madre. Y en esta irrupción del término padre cuando lo que está en juego es nombrar aquello que opera la metáfora del deseo materno –pero ¿por qué materno?, ¡la metáfora del deseo del Otro!–, ¿no hay acaso un forzamiento y una reducción de la misma especie?

Hace décadas que hablamos de la operación por la cual NP deviene metáfora de DM. Sin embargo, por más que, en la época en que esa operación fue formalizada, ser humanos seguía pareciendo inseparable, según dijimos, de tener a una mujer por madre y a un hombre por padre, las configuraciones familiares contemporáneas en absoluto se condicen con lo que los términos padre y madre –más y más vaciados de sentido a medida que avanza nuestro siglo– pretenden subsumir. Conservarlos en esa metáfora ya es una concesión comparable a la de los ombligos adánicos de Durero, de Miguel Ángel o de Tiziano. ¿Por qué no llamarla, entonces, el ombligo de Lacan?

Es hora de interrogar, más a fondo aún, los términos con que caracterizamos los aspectos centrales de las estructuras subjetivas. Esa tarea redundará en una ganancia conceptual que, de por sí, bastará para justificar el empeño. Y, por sobre todas las cosas, ella preparará al psicoanálisis para acoger las nuevas formas del malestar en la cultura y permitirá al analista deshacerse de los prejuicios que aún lastran la teoría de su práctica. ¿Cómo empezar? Aquí también, como es usual, los artistas nos llevan la delantera. Pero no es imprescindible recurrir a las irónicas distopías futuristas de Houellebecq. A este respecto puede enseñarnos mucho el sólo hecho de estudiar los desafíos cotidianos que Mitchell y Cameron, la pareja gay de la serie televisiva Modern family, enfrentan en la crianza de su hija. Perfecto paradigma de los vástagos de familias homoparentales, esta niña presenta todos los caracteres que la teoría atribuye a quienes han construido una metáfora paterna lograda. ¿Significa esto que algún miembro de la pareja parental debe ser considerado “madre”, y el otro, “padre”? En caso de que uno fuese “madre”, ¿debe por ello (o para ello) estar en una posición femenina? ¿Es posible que DM sea sostenido o encarnado por dos personas? ¿Qué funciona como NP en ese caso? Las preguntas relevantes –y pertinentes– se multiplican. Esto pone de manifiesto que, así como dos mil quinientos años después de Sófocles el complejo de Edipo ya no puede seguir siendo lo que era, tampoco podemos aceptar sin cambios la metáfora que Lacan formalizó hace tan sólo medio siglo.

A sabiendas o no, los psicoanalistas hemos ido pintando ombligos en diversos puntos de nuestros desarrollos. Sin embargo, no saltan a la vista. Habrá que descubrirlos.

Bibliografía

Arenas, G., La flecha de Eros, Buenos Aires, Grama ediciones, 2012, cap. 18.

Borges, J. L., “Poema conjetural”, en Obras completas, Emecé, Buenos Aires, 1974.

Lacan, J., “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, en Escritos, vol. 2, Siglo Veintiuno, Buenos Aires, 2009.

Lacan, J., El Seminario, Libro 5, Las formaciones del inconsciente, Paidós, Buenos Aires, 1999.

Laurent, E., El reverso de la biopolítica, Grama ediciones, Buenos Aires, 2016.


Sueños y escritura  Andrea Cucagna

Conversamos con Alexandre Stevens el caso del joven S, que me consultó por su tristeza.

El trabajo con los sueños y con la escritura, demostró tener cierta eficacia en este caso.

Relato entonces, algunos ángulos del material, y a continuación, el comentario que Alexandre Stevens me hizo llegar luego de la video conferencia antes mencionada.

S afirma que siempre fue triste, y que la tristeza no se solucionará con el cambio de identidad de género. Desde que comenzó a enamorarse, el amor le ha traído tristeza, porque se enamora de chicos que no valoran la dedicación, el tiempo que él les regala.

Aun dándose cuenta de estos ciclos que se repiten, no puede evitar sufrir, cada vez.

Sueños y escritura

Concurrió regularmente a las entrevistas hasta que llegaron mis vacaciones, le sugiero entonces que me escriba. Le entusiasma la idea y me envía el relato de varios sueños.

En la presentación del libro Notas sobre belleza y exilio, Kuky Mildiner nos recordaba las teorías sobre la escritura en la enseñanza de Lacan. Escritura como transcripción del habla, como precipitación del significante.

En tanto que en su segunda concepción, Lacan considera la escritura como un hacer que sostiene el pensamiento.

Durante mis primeras vacaciones, me escribe correos, cartas, en la que relata sus sueños.

Una chica-zombie asusta a otra chica. La segunda teme que le contagie su condición de muerta-viva.

En la segunda parte del mismo sueño, él se corta los pies y la tapa de la cabeza, sin perder la consciencia y le pregunta a su madre si tiene el cerebro bien puesto.

Segundo sueño

Sueña con una madre de la cual dice “es una pelirroja natural” que tiene cara de estar feliz.

Sus hijos son un varón y una mujer y tienen su misma cara.

Entre el primero y el segundo sueño

S vuelve a decir que la ayuda que obtiene del dispositivo analítico y de la medicación de la psiquiatra no modifican su desvitalización. Tiene la tentación de entregarse a esa caída libre, dejarse llevar por sus no ganas.

En esta ocasión lo sorprendo invitándolo a internarse si considera que ese movimiento sí puede frenar su caída, S se niega. Es entonces que trae a las entrevistas el sueño de la madre y los hijos con el mismo rostro, feliz.

Así como en el sueño, destaca el carácter “natural” de la madre, y sus hijos con la “misma cara”, describió con el mismo significante “natural”, un encuentro con jóvenes.

Relata que estaba junto a su madre, esperando una consulta médica, y ve un grupo de jóvenes con “cara de felices”. Allí tuvo la súbita convicción de que los jóvenes varones son felices, y que él era uno de ellos, que había estado confundido.

Si bien repito sus dichos, no se le genera división alguna, no entran en contradicción con su afirmación según la cual, la tristeza no desaparecerá con el cambio de género.

Hasta el momento

Empieza a considerarse no binario. De inmediato introduce la posibilidad de incorporar a su vida relaciones con “poli amor”.

Es entonces cuando sueña que está en un edificio, junto a un chico que lo atrae y a una amiga. El edificio se derrumba, pero alcanzan a salir ilesos los tres.

En el primer sueño se puede señalar el miedo al contagio: una chica zombi, contagia a otra. En el último sueño, la madre “contagia” su misma cara de felicidad. La hija y el hijo tienen exactamente, la misma cara.

Bibliografía

Video Conferencia realizada con Alexandre Stevens en el marco del Curso de formación “Avatares de la clínica en la época”. Octubre 2019.

Kuky Mildiner. Comentario al libro Notas sobre belleza y exilio de Andrea Cucagna. Inédito.




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